lunes, 17 de diciembre de 2012

Un día inolvidable, Botero en Bucaramanga



Hacía muchos años que Fernando Botero Angulo (Medellín, 1932) y su tercera esposa, Sofía Bari, no soportaban tanto calor y empujones como el miércoles 26 de enero de 2011, cuando arribaron al Parque San Pío provenientes del aeropuerto Palonegro.

Con una hora y 35 minutos de retraso porque el acto estaba programado para las 10:30 de la mañana, la caravana con el alcalde Fernando Vargas al frente llegó al lugar donde eran esperados con ansiedad por decenas de seguidores del pintor y escultor antioqueño,  artistas criollos, policías, una ‘nube’ de reporteros, fotógrafos y camarógrafos, así como un grupo de músicos y bailarines que se quedaron ‘con los crespos hechos’ porque dada la tardanza no pudieron mostrar sus habilidades al invitado.

Sorteando la alcantarilla que no tiene tapa, caminaron directamente a la escultura, pasando a escasos centímetros del tronco de un frondoso árbol talado para darle visibilidad a ‘La Gorda’. Luego se dirigieron a una carpa, donde Vargas Mendoza le dijo que estaba orgulloso de recibirlo en estos parajes, le volvió a agradecer el gesto de venderle una de sus esculturas y le habló de la importancia que ese hecho tiene para esta capital ‘competitiva y global’.

El alcalde le manifestó que ‘quien pisa tierra santandereana es santandereano’ y procedió a entregarle una hormiga culona de oro elaborada por joyeros locales, recalcándole que por probar este insecto tendría garantizados al menos cien años de vida.

Entre los detalles también le tenía a su esposa un collar ‘hecho en Bucaramanga’, tras lo cual le pasó el micrófono para que ella con su pronunciación extranjera y una erre arrastrada apenas atinara a dar las ‘grrrrrrracias’.




El turno del micrófono le correspondió a Botero Angulo, padre del ex ministro de Defensa en el Gobierno de Ernesto Samper Pizano, Fernando Botero Zea. Con el peso de 79 años de edad por cumplir en abril próximo, el pintor manifestó que se sentía dichoso, que no habían podido escoger mejor lugar para exponer su trabajo y que le encantan los espacios públicos porque a diferencia de los museos el contacto con el arte está abierto a todo tipo de personas.

Estos breves minutos fueron aprovechados por Vargas Mendoza para secar con un pañuelo el sudor de su cara y después abrir un ‘conversatorio’ con artistas y personas que quisieran decirle algo a Botero, entre los que se destacaron la directora del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga, Lucila González, así como un pamplonés que exaltó su producción y le pidió, abriéndose su chaqueta, un autógrafo en su pecho.


Otros artistas le propusieron que reviviera el Premio Botero a los nuevos talentos pero que lo otorgara en Bucaramanga, uno más no le dijo otra cosa que pedirle un abrazo, y alguien le pidió que rememorara una anécdota de cuando Botero intentó -sin suerte- ser torero.

Botero -de chaqueta- y su elegante esposa -de traje enterizo- fueron entonces convidados por Vargas Mendoza a dar una vuelta por el parque, la cual tuvo que ser breve dada la cantidad de personas que le pedían un autógrafo en un libro, en una hoja de cuaderno, en una reproducción barata y hasta en fotocopias de sus pinturas.

Botero, que no accedió a comprar un helado de coco que le ofreció un vendedor ambulante, fue trasladado en medio de empellones y escoltado por media docena de agentes que intentaban abrirle paso, hasta la escultura para dejarse tomar la foto de rigor, sin que ‘el maestro’ pudiera notar que las baldosas están quebradas por el peso del montacargas que en diciembre instaló ‘La Gorda’ y que el pedestal quedó grande en la parte de atrás y angosto en la parte delantera.

Acalorados por la emoción pero sobre todo por la alta temperatura, Botero y su esposa Sofía, así como el alcalde acompañado de su esposa Omayra Nelly Buitrago, se subieron a la camioneta blindada que los llevó a degustar un almuerzo típico, como ordenan los cánones de la ‘santanderianidad’.

Difícilmente en Barcelona, Zürich o Pietrasanta (a la que el ex embajador Myles Frechette se refiriera con tanto sarcasmo durante el llamado ‘Proceso 8.000’), Fernando Botero Angulo volverá a experimentar una experiencia tan alucinante y menos se enterará que hay vecinos del sector que a partir de la fecha ya no darán su dirección sino que como guía para ubicar su oficina o residencia expresarán, como se lo dijo a 15 el propietario de un alquiler de trajes de novio: “A 120 metros al suroccidente de la nalga izquierda de ‘La Gorda’”.


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