sábado, 15 de diciembre de 2012

La confesión de Carlos


Los tiempos de ‘Felipe Torres’ quedaron atrás. Entrevista exclusiva a este bumangués que llegó a la cúpula del ELN, cayó preso, pagó condena y hoy regresa al país para reconstruir su vida, sin claudicar en sus ideas. (Primera parte)


La cita era a las 5 en punto de la tarde en el café OMA del Centro Andino, ni un minuto más ni un minuto menos. Así que tuve la precaución de llegar cuatro minutos antes, pero él ya estaba allí, sentado, apurando su tercer sorbo de un café expreso cuyo aroma se esparcía por los pasillos hasta las escaleras eléctricas.
Atrás quedó ‘Felipe Torres’, el guerrillero que llegó a formar parte del Comando Central del Ejército de Liberación Nacional, ELN. La entrevista de hoy es con Carlos Arturo Velandia Jagua, el bumangués de 59 años de edad que estudió en el Colegio Santander y la UIS, se dejó seducir por las ideas de izquierda, recorrió palmo a palmo las montañas del sur de Bolívar y el nordeste antioqueño, fue capturado en 1994, pagó diez años de prisión, salió al exilio en España durante siete años y hace tres meses regresó a sobrevivir en Bogotá.

La última vez que lo había entrevistado fue en 1998, cuando al lado de ‘Francisco Galán’ estaba recluido en la cárcel de máxima seguridad de Itagüí (Antioquia) y los dos fungían de portavoces del ELN, en tiempos en que el Gobierno del conservador Andrés Pastrana Arango abría las compuertas para una eventual negociación con la insurgencia y recibía el desplante de Manuel Marulanda en el Caguán. Por esos días ‘Felipe Torres’ no le temía al encierro sino a lo que pudiera hacer el narcotraficante Leonidas Vargas, archienemigo del ELN y ocupante de la celda por la que cada mañana debían pasar los dos jefes ‘elenos’.

Hoy, 13 años después Velandia Jagua muestra en su rostro las huellas de la vida, se protege del frío con una chaqueta gringa marca Timberland y lo único que le acompaña es una bolsa con un par de pantuflas.

Le advierto que si le molesta alguna de las 38 preguntas que le voy a ‘disparar’, bien puede pararse e irse. Empieza la entrevista.

¿Al mirarse en el espejo ver a una persona sensata o a un cobarde?

La sensatez es una característica que he tratado de cultivar. No siempre uno atina a actuar con sensatez, pero en términos generales los actos de mi vida sí han estado en esa línea. Fundamentalmente me he movido con convicciones muy sólidas.

¿Entonces dónde quedaron esas proclamas de ‘Revolución o muerte’ y ‘Ni un paso atrás, siempre adelante’? ¿O eran simples frases de batalla?

No, para nada. No tiene nada que ver con que sea un eslogan. Esto lo lleva uno muy por dentro y es como parte de los patrones con los que uno dirige su vida. Para mí siguen teniendo tanta validez como desde el momento en que los asumí. No me los aprendí; los asumí, los interioricé y los sigo conservando.

Traducción: ¿Adentro suyo sigue existiendo un ser inconforme, un revolucionario?

Total. Soy un revolucionario y un ‘eleno’ hasta la muerte. Ahora, hago la aclaración: ¿qué es ser un ‘eleno’? Ser un ‘eleno’ es luchar y entregarse por una causa como la que planteó el Ejército de Liberación Nacional con grandes transformaciones, la construcción de un país más igualitario, con dignidad y como se dice coloquialmente, donde podamos estar todos sin estorbarnos y sin estar matándonos porque pensamos distinto. Por eso soy revolucionario, por eso soy ‘eleno’.

Ahora, la lucha armada ha sido un periodo en mi vida. Ya no la desarrollo, no la ejerzo, pero sigo siendo un ‘eleno’.



¿Ese galimatías lo entienden en el Comando Central, Coce?

No lo he preguntado, pero igual tengo y deseo que ellos me vean como el revolucionario que siempre he sido, aunque no desarrolle la lucha armada.

¿Entonces usted no es un traidor?

Para nada. No he traicionado absolutamente nada ni ninguna causa; solamente he dejado la lucha armada.

¿Le da miedo que una noche le aparezca el espíritu del ‘Cura Pérez’ y le tire ‘las patas’ por no haberse vuelto al monte cuando quedó en libertada padecer el rigor al que están expuestos sus compañeros?

No, de ninguna manera. Ni el ‘Cura Pérez’ va a venir a halarme ‘las patas’ y si viniera tampoco lo haría, porque sabría que ni he defeccionado de la lucha revolucionaria, ni he pasado pues una vida tan cómoda como a veces se supone. No necesariamente para pasar una vida de sacrificios hay que estar en la montaña. He estado en la prisión durante diez años, he estado siete años en el exilio y allí no es que se viva con mucha comodidad. He estado incluso aquí en mi país en unas condiciones donde la seguridad es de una precariedad impresionante. No tengo trabajo, no tengo comodidades, no tengo finca, no tengo casa, no tengo carro… ¿De qué disfrute se puede estar hablando? ¿Cómo lo puedo estar pasando bien? Lo paso bien es si encuentro amigos, escenarios, lugares con los cuales pueda compartir la lucha por una Colombia mejor. Ahí sí la paso bien.

¿Alberga entonces la posibilidad de morir de viejo y no de ‘plomonía?

Ojalá me dejen, pero tampoco me atormenta la idea de morirme de ‘plomonía’. Si fuese así, no habría regresado a mi país.

Hay analistas que dicen que la guerrilla colombiana en un comienzo tenía una ideología y unos principios, pero con el paso del tiempo éstos se fueron desdibujando y hoy no son más que un grupo de antisociales? ¿Está de acuerdo con ese análisis?

Es totalmente falso. Eso es una matriz que se ha creado y un discurso con el que gratuitamente se quiere quitar toda noción política, ideológica e incluso inteligente a quienes están luchando por transformaciones profundas. Es una manera de animalizar al contradictor, y al mayor contradictor que existe para este tipo de sistemas. Entonces dicen: ‘son brutos, perdieron toda ideología, y lo único que son es unos criminales y unos terroristas’.

Hace cuatro años entrevisté en Costa Rica al presidente de ese país y Premio Nobel de la Paz, don Óscar Arias, quien me preguntó si la insurgencia colombiana sabría que el Muro de Berlín hace rato se cayó. ¿Usted ya se notificó de este hecho o sigue pensando que persiste la ‘Guerra Fría’? 

Claro que lo sabemos, pero el problema es que el hambre, las desigualdades que vive el pueblo colombiano no tienen nada que ver con el Muro de Berlín. Éste se cayó para los berlineses y bien por ellos, pero aquí tenemos unos muros insalvables que aparentemente no son visibles, pero que existen, y es esa gran brecha entre ricos y pobres, entre los que acumulan absolutamente todo y los que no tienen absolutamente nada. Ese es el Muro de Berlín que yo sí quiero derribar.

Cuando estaban en la cárcel ustedes hablaban de la ‘Convención Nacional’ bajo el lema ‘Paz con justicia social’. ¿Ese planteamiento sigue vigente?

Totalmente. La paz con justicia social es el punto común donde podemos encontrarnos la totalidad de los colombianos. ¿Cómo entendemos que podemos desarrollar unas relaciones de convivencia justas, una economía justa y sobre todo con un sentido humano? Igual una educación justa, una explotación de nuestros recursos justa. Tenemos que encontrar el punto de equilibrio donde podamos sentirnos justamente como colombianos echando este país para adelante.

¿Eso no significa refundar el país? ¿O cree que los multimillonarios van a entregar parte de sus alforjas para que se las repartan a los desarrapados? ¿Eso implicaría redistribuir la riqueza?

Totalmente, pero no significa que el rico va a dejar de ser rico; simplemente que el rico va a ganar lo que justamente debe ganar, no lo que exorbitantemente absorbe a costa de los pobres. No, lo que estamos buscando es que los pobres puedan acceder a lo que acceden los ricos.

¿El momento por el que está pasando el país es como para sembrar semillas de paz?

¡Sí! Hace cerca de año y medio las guerrillas de las Farc y ELN le ofrecieron al presidente electo, Juan Manuel Santos, la rama de olivo y lo llamaron. ‘Alfonso Cano’ -recién fallecido-, le dijo ‘hablemos’. El Comando Central, en la voz de ‘Gabino’ -Nicolás Rodríguez Bautista-, le dijo: ‘Retomemos los diálogos donde los dejamos en el Gobierno anterior y démosles continuidad. El presidente Santos habló de una puerta y de una llave. Se ha creado con ese intercambio de voluntades la mayor oportunidad que es posible entender y ver que es cuando las partes quieren hablar de paz. Yo sí creo que son tiempos para hablar de paz, aunque en el escenario inmediato dadas las circunstancias de la muerte del ‘Comandante Cano’ pareciera que no.

¿En el caso del ELN tomaría la decisión de sentarse en este mismo instante a levantar las bases de un eventual diálogo?

El ELN siempre ha tenido esa disposición y esa voluntad de trabajar por la búsqueda de caminos que conduzcan a la solución política del conflicto político, social y armado. Obviamente para eso se necesita dialogar, y ellos tienen toda la disponibilidad de hablar con todos los gobiernos. Desde la época de César Gaviria de manera ininterrumpida se ha hablado con todos los gobiernos. Aun se habló con los dos gobiernos del presidente (Álvaro) Uribe, que era considerado el ‘demonio’ y que nadie quería hablar con él, pero el ELN mantuvo la disponibilidad de conversar y conversó hasta donde la mesa se pudo sostener.

¿Qué pasó con esa amenaza que ustedes le hicieron a Uribe Vélez al considerarlo ‘objetivo militar’ desde cuando era gobernador de Antioquia?

Eso ya se diluyó en el tiempo, y hoy en día son otras las preocupaciones y otra la manera de entender las luchas políticas en el país. No, el ELN no está ya detrás de esa situación y lo que está haciendo es formular propuestas muy interesantes para el país, y obviamente en sus documentos es crítico sobre la situación que se vive en el país y sobre la clase política gobernante, pero de ahí a que se hagan anuncios de esa índole hay una gran distancia.

¿Qué es el ELN hoy? Se ha especulado que son 2.800 o a lo sumo 3.000 hombres en armas. ¿Cuál es el peso real del ELN modelo 2011?

No, yo creo que eso es irrelevante. No podría contestarlo porque en primer lugar no lo sé. Quienes más presumen saberlo son los organismos de inteligencia militar. Recientemente escuché al general Alejandro Navas -comandante de las Fuerzas Militares- en una conferencia de prensa con motivo de la muerte del ‘Comandante Alfonso Cano’, decir que el ELN tenía 2.200 hombres. Parece ser que si él tiene mucha información, esa puede ser la cifra, pero no tengo información sobre eso.

¿Añora la Serranía de San Lucas (sur de Bolívar), en donde usted se movía como pez en el agua?

Totalmente, y la vida en el campo, en la montaña. Eso hace parte de las experiencias vitales y esto queda muy marcado. A veces sueño e incluso a veces estando aquí hay momentos de nostalgia y uno tiene sus añoranzas porque la vida en el monte la disfruté a pesar de ser muy dura.

¿Los combates, los heridos, los muertos lo dejan dormir o de vez en cuando tiene pesadillas?

De vez en cuando. La guerra no es buena. La guerra es una circunstancia que tenemos que superar los seres humanos y principalmente los colombianos que llevamos más de doscientos años de manera ininterrumpida sin haber superado los conflictos totalmente. No hay una sola generación, ni la suya ni la mía, que haya podido nacer y morir en paz en Colombia en los últimos doscientos años. Desde los bisabuelos hemos vivido en una zaga de violencia y esto no nos deja dormir a todos los colombianos. El sueño de los colombianos no es tranquilo. Al menos el mío intento que sea lo más sereno, pero no lo es. Me mortifica mucho la situación de desamparo en que vive mucha gente; es que ni siquiera pueden dormir. Al menos yo puedo dormir en una cama; muchos no pueden hacerlo.

¿Usted se hastió de la guerra? ¿Se ‘mamó’ de vestir camuflado y cargar fusil?

No de esa manera. La guerra en términos políticos y sociales, por nefasta que sea, tiene una utilidad y tiene una razón de ser. A la guerra no se llegó únicamente por una actitud guerrerista de unas personas, sino que es el tipo de situación que le fue impuesta a una sociedad y fue para ese momento la respuesta única, el único camino que quedaba cuando todas las vías legales se habían agotado. Lo había dicho el padre Camilo Torres. Hay que preguntarse por qué el cura Camilo fue a la guerra. Él tenía la convicción de que lo habían hecho por todos los lados, a través de los votos, de las luchas legales, de memoriales, del Parlamento, por todas las vías legales, con la cédula en la mano, pero por ningún lado fueron escuchados. No tuvimos ni voz ni voto. Aquí fueron unas minorías las que se empotraron en el poder y las que usufructúan absolutamente todo. Había que buscar otras maneras, y estaban las vías de hecho, entonces la guerra fue impuesta.

Ahora, la desvinculación de la guerra es una situación que solamente me comprometió a mí y fue una decisión  que tomé con toda consciencia sobre todo porque sabía que esa lucha revolucionaria en la que ya no iba a participar más, tiene otras vertientes y una de ellas es la lucha política. Yo estoy en la lucha política y quiero estar muy junto al pueblo para trabajar alternativas en democracia, bajo el marco de esta Constitución, haciendo ejercicio de los derechos y cumpliendo con los deberes ciudadanos. Quiero jugármela para trabajar por cambios estructurales en nuestro país.

¿Descartado de plano volverlo a ver con un AK-47 al hombro?

¡Totalmente!

¿Cuál es el mejor homenaje que el ELN le puede rendir a la memoria de ese luchador social al sacerdote Camilo Torres Restrepo, muerto en Patio Cemento (Santander) en febrero de 1966 cuando apenas empuñaba su primer arma?

El mejor homenaje que puede hacerle el pueblo colombiano es trabajar por la revolución. La revolución son las grandes transformaciones, con bondad. Aquí no se trata de quitar a unos para montar a otros y usurparles sus bienes. De lo que se trata es de acceder al poder para establecer los términos de la justicia social.

¿Para conseguir la paz a Colombia solo le queda la vía armada o usted insiste en la necesidad de la negociación política? ¿O las dos combinadas?

No, la confrontación es la circunstancia que tenemos que superar y para eso debemos acudir con la mayor prontitud posible al diálogo y establecer una mesa de diálogo, y a través de él convenir y pactar los términos de superar la guerra sobre la base de que se va a construir una nueva situación. Ese cambio tiene que quebrar el statu quo imperante hasta el momento y dar la apertura para establecer una relación más justa.



Nota: En la segunda parte de esta entrevista, Carlos Velandia -exvecino del barrio Los Pinos de Bucaramanga-, hablará de los errores cometidos por el ELN, del llamado que le hace al Coce para que busque contactos con el Gobierno Santos, del significado de la muerte de ‘Alfonso Cano’ y la llegada de ‘Timochenko’ al comando de las FARC.

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