domingo, 16 de diciembre de 2012

Columna de Virginia Vallejo en la revista 6TO PODER de Venezuela




Por Virginia Vallejo (6TO PODER)
Si hubo alguien que se benefició con el boom de los carteles fue la familia de Fernando Botero; y si hay algo que echó a perder la genialidad de uno de los artistas más importantes del siglo XX fueron, justamente, los millones de sus clientes narcos. Pero, para entender la decadencia de Botero y las picardías de su progenie, debemos remontarnos al origen de ésta:
En los últimos 80 años, varias ilustres proxenetas han manipulado el poder en Colombia tras bambalinas. La primera de estas mádams fue Carlota Soto, dueña de El Rosedal, el burdel más famoso de Bogotá cuando era ésta una ciudad de apenas 300.000 habitantes con complejo de Atenas de Pericles. Siendo pobre y desconocido, Fernando Botero se casó con Gloria, la hija de la rica Carlota. A cambio de un dineral, Germán Zea -un cliente de El Rosedal que siempre vivió de prestarles servicios a otros, como los presidentes Lleras y López- le dio su apellido a la bastarda Soto. Gloria Zea y Fernando Botero tuvieron tres hijos: Lina, quien según los que las conocieron, es el vivo retrato de su abuela; Fernando, prófugo de la justicia; y Juan Carlos, vivo retrato del escritor Andrés Holguín, amante de Gloria Zea durante sus años de matrimonio con el pintor.
En los años 80, Luis Fernando Pradilla y Byron López de la galería El Museo de Bogotá se inventaron un negocio casi tan rentable como los burdeles: venderles cuadros a los narcos a precios astronómicos. Éstos no sólo necesitaban deshacerse de sus toneladas de cash en Miami, Nueva York, Los Ángeles y Madrid, sino que sus mujeres tenían otra gran cualidad: no podían distinguir entre un cuadro bueno y uno malo, y sólo habían oído hablar de dos pintores: Picasso y “el maestro” Botero. Cuando los marchands d’art conocieron a las sirvientas con 600 abrigos de piel y 800 pares de zapatos de Pablo Escobar y Gilberto Rodríguez, se dieron a la tarea de convertir una chorrera de cuadros mediocres y pintados a la carrera en “obras de arte” de millón de dólares. El negocio con Botero fue una mina de oro hasta que Pradilla fue detenido en Nueva York con un dineral en efectivo cuyo origen no pudo justificar ante los federales, y terminó en la cárcel.
En Colombia, los años 1994-1996 fueron los del Proceso 8000: los Rodríguez Orejuela del cartel de Cali habían aportado US$8 millones -en cash, claro- para la campaña presidencial de Ernesto Samper y, del Procurador para abajo, medio gobierno terminó encanado. Uno de los escándalos más sonados fue el del ministro de defensa Fernando Botero Zea: siendo gerente de la campaña de Samper, el insaciable nieto de Carlota se embolsilló ¡nada menos que el 10% de la contribución que los clientes de su padre le habían mandado a su amigo el presidente! El hijo del “maestro” pasó su detención en la Escuela de Caballería del Ejército practicando salto hípico y, cuando el juicio estaba a punto de iniciarse, dio un salto olímpico hasta México, donde había nacido y desde donde nadie quiso extraditarlo por lástima con el papá. Éste le regaló a Colombia 100 cuadros sobreros cuyo valor, según él, era de US$1,000 millones, es decir 10 por unidad. Pero el precio récord de un Botero es de sólo US$2.030,000 lo cual decir que, para obtener beneficios tributarios en el proceso de hacerse perdonar de un país ignorante, el pintor infló el valor de la “donación” (unos US$30 millones) a 1,000, que son un billion.



En diciembre de 2010, en medio de un espectáculo cantinflesco, se inauguró en Bucaramanga “Mujer de pie desnuda” de Botero: cuando llegó al parque, turbas enloquecidas de adoración y gratitud rodearon al artista porque, según el alcalde Fernando Vargas Mendoza, la pequeña escultura de 3.55 por 1.63 metros “valía millones de dólares pero, en un acto de magnanimidad para con la ciudad, el maestro había aceptado dejársela en la cifra simbólica de US$1.350,000”. El precio récord de una escultura de Botero -una excepcional y de tamaño monumental- es de US$1.142,500, a años luz de los US$104.3 millones en los que Christie’s subastó una de Alberto Giacometti: http://www.artk-nowledgenews.com/2009-11-18-23-00-31-christies-latin-american-evening-sales-totals-14691900-botero-leads-sale.html. Al despilfarro se sumaron más de US$300,000 en el transporte de la tonelada de bronce desde Pietrasanta, seguros, pasajes en primera clase de Botero y Sofía Vari desde Italia y las joyas de oro y plata para la mujer del “donante”, que es conocida en París por sus diseños de joyería.
Según Pastor Virviescas Gómez, del Periódico 15 de Bucaramanga, El Museo de Luis Fernando Pradilla recibió una comisión de US$350,000 y US$1.080,000 se giraron a la cuenta de Fernando Botero en Zürich, la 769749 de UBS (Unión de Bancos Suizos, paraíso de los grandes evasores fiscales). La suma de ambas cifras me da US$1.430,000, no $1.350,000. Y el 30% de comisión sobre ésta sería US$405,000, no US$350,000. Como ya es proverbial en el Binomio de Oro Botero-Pradilla, las cuentas no cuadran. Por eso me pregunto: ¿Qué se hicieron las diferencias de US$80,000 y US$55,000? ¿Qué porcentaje de todo esto le pasaron ese par de mercachifles a un alcalde arribista y embustero dizque por colocar a una ciudad colombiana de 525,000 habitantes “a la altura de las 19 más grandes del mundo” por obra y gracia de una estatua sobrera, mientras los contribuyentes bumangueses se encontraban sitiados por derrumbes e incomunicados con el resto del país por causa de las tragedias invernales más catastróficas en la historia de Colombia?
Derechos de autor: Virginia Vallejo para 6TO PODER de Venezuela, abril 3 de 2011.



4 comentarios:

  1. Que triste! Não sabia disso! O 'grande' Botero é 'pequeno'?!! Mais um artista supervalorizado e mais um corrupto como os que tem em meu país.

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