viernes, 14 de diciembre de 2012

El gran libro de los páramos


Una obra que debe ser leída por niños y adultos de estas zonas y su área de influencia, pero también por quienes siguen hipnotizados con el espejismo de la megaminería en manos de las multinacionales.
Tras cuatro años de gestación, Brigitte LG Baptiste parió al que podría ser considerado el más hermoso de sus hijos: ‘El gran libro de los páramos’.
 
Y no es para menos. En una edición de lujo de 206 páginas a todo color, la directora del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt busca poner en manos de profesores, estudiantes y comunidad paramera en general, el conocimiento que investigadores y científicos han sistematizado, en el afán de contribuir al reconocimiento del páramo como ecosistema estratégico de un país llamado Colombia.

 
Se trata de “una inmensa cantidad de miradas que sobre el páramo se han hecho desde el saber local, la historia, la biología, la antropología y la geología, en un intento por mostrar la complejidad de un ecosistema habitado desde hace más de quinientos años y considerado por muchos como un paisaje cultural”, manifiesta Baptiste.

 
“A medida que fue desarrollándose como proyecto, se hizo evidente que hacía que todo aquel que lo leyese sintiera de nuevo esa emoción privilegiada que nos ha dado el roce húmedo y peludo de los frailejones, la sensación contradictoria de querer estar frente a un fogón bebiendo agua de panela caliente al tiempo que enfrentando la ventisca y la llovizna gélida, la maravilla de la niebla que abre y cierra en segundos el universo de la montaña y que incita a conversar con los dueños misteriosos de las alturas para ganarse el derecho a conocer el mundo desde los picos helados”, dice la directora del Von Humboldt, a sabiendas de quien tenga el mínimo contacto con el libro, encontrará “la excusa para ir a verificar en persona lo absolutamente mágico que es tener páramos en Colombia”.
 
Pero así como los habitantes de territorios sagrados como Santurbán o Almorzadero son los directos destinatarios, esta ‘enciclopedia’ debe ser leída en serio por los tomadores de decisiones y por todas aquellas personas interesadas en conocer de primera mano y en un lenguaje accesible, las particularidades y maravillas de la alta montaña ecuatorial de Colombia. También por aquellos ‘abogados del diablo’ que se ponen del lado de las empresas auríferas sin saber, por ejemplo, que el agua vale más que el oro.
 
El concepto técnico emitido en 2011 por el Instituto Von Humboldt fue vital para que el Páramo de Santurbán se salvara de las retroexcavadoras, volquetas, explosivos y cianuro sódico que la multinacional canadiense Greystar Resources Ltd. (hoy Eco Oro Minerals Corp.) pretendía utilizar en su Proyecto Angostura de minería a cielo abierto.

 
Ahora esta bióloga se luce con un trabajo que la consagra como “La escudera de Santurbán” y de todos los páramos del país. La gracia y el valor del libro radican en que permite comprender de una vez por todas que la maravillosa biodiversidad de Colombia, “representada por la variabilidad de seres vivos, ya sean terrestres o marinos y las estructuras ecológicas que los soportan como los bosques, arrecifes, humedales, sabanas y páramos, es la que garantiza en gran medida nuestra sostenibilidad como país”.

 
Sencillo: “Es sobre los medios naturales que está soportada la producción de alimentos, la provisión de agua, la materia prima de casi todos los productos de los que dependemos y numerosos servicios ecosistémicos a menudos imperceptibles pero fundamentales”.

 
Pueda ser que un considerable porcentaje de colombianos haya disfrutado o al menos oído hablar de los incomparables paisajes de los páramos, pero lo que este ‘Gran libro’ consigue es dejar al descubierto que en nuestro país aún desconocemos este patrimonio natural, sus características y los servicios que brinda a comunidades campesinas, indígenas y urbanas; a industrias y empresas, a hidroeléctricas, por ejemplo. Una condición que no ayuda a valorarlo y a cuidarlo.

 
Por esa razón es que el lector se sorprenderá desde la primera a la última página con hechos y cifras que jamás sospechó. Y es que los páramos colombianos albergan 4.700 especies de plantas, 70 de mamíferos, 154 de aves y 87 de anfibios, sin contar los microorganismos. Además, la capacidad de sus suelos y vegetación para almacenar y luego liberar reguladamente el agua, hace de estos ecosistemas el lugar de origen de lagunas, quebradas y ríos. De allí que aproximadamente el 70% del agua que llega a las grandes ciudades de los Andes, provenga de los páramos, incluyendo por supuesto a Bucaramanga y su área metropolitana que sin ese suministro que le obsequia Santurbán, difícilmente podría sobrevivir. Y Bogotá, a la que el Páramo de Chingaza le entrega 16 metros cúbicos de agua por segundo, abasteciendo el 70% de la demanda de la capital de la República.

 
Lo que igualmente ignoran quienes con tanto ahínco defienden la ‘locomotora’ de la gran minería que arrasa y solo deja grandes montañas de escombros, es que la vegetación de los páramos, sus suelos y sobre todos sus turberas pueden retener 10 veces la cantidad de carbono que un metro cuadrado de bosque tropical. De otra manera, este carbono estaría en la atmósfera aumentando el calentamiento global, advierten los autores.

 
Los páramos solo se encuentran en la zona ecuatorial del planeta, en alturas generalmente superiores a los 3.000 metros sobre el nivel del mar, y nuestros antepasados indígenas veían en ellos la morada de dioses y espíritus creadores del mundo y protectores del cosmos, aunque los invasores españoles y de otras nacionalidades se empecinaran en convertirlos en enormes, tristes y helados camposantos, en una especie de país de las nieblas.

 
En el páramo los suelos generalmente son ‘jóvenes’ -comenzaron su formación entre el Plioceno, 5 millones de años atrás, y el Holoceno, 10.000 años atrás)-, delgados y almacenan grandes cantidades de agua y nutrientes. El color negro se debe a la acumulación de materia orgánica (en parte es carbono), que por las bajas temperaturas se descompone muy lentamente. Estas características y la compleja interacción de los elementos que lo forman, le dan a los suelos del páramo la estupenda capacidad de recoger agua y regular su flujo. Sus suelos son como esponjas de altísima calidad, explican los entendidos del Von Humboldt.

 
Una pista que ayuda a comprender el valor del preciado líquido es que aunque éste ocupa cerca del 70% de la superficie terrestre, solo el 3% es dulce, es decir, es apta para el consumo humano, pero como si fuera poco, no toda ella está disponible pues la mayoría se encuentra en los hielos polares, el suelo y el subsuelo.

 
La regulación del agua en los páramos se debe principalmente a que llueve con mucha frecuencia pero con baja intensidad. Esto permite una entrada lenta del agua al sistema y una acumulación así mismo lenta y regulada, favorecida por la buena capacidad de infiltración de los suelos. Adicionalmente, la niebla, el rocío y el agua atrapados por la vegetación agregan una cantidad importante de agua al sistema hidrológico de la alta montaña.

 
Así como el río Magdalena nace en el Páramo de las Papas, en los departamentos de Huila y Cauca, el río Orinoco comienza a formarse en el Páramo de Chingaza (Cundinamarca) y el río Arauca nace en el Páramo del Almorzadero (Santander).

 
En las alturas de los páramos la temperatura diaria puede variar radicalmente desde el punto de congelación (cero grados centígrados) hasta los 30 grados, por lo que la constante es mucho calor en el día e intenso frío en la noche. Como quien dice, “un verano cada día y un invierno cada noche”.

 
En sentido estricto, señala ‘El gran libro’, los páramos son exclusivos de América Ecuatorial y los encontramos en Venezuela, Colombia, Ecuador y al norte del Perú en la Cordillera de los Andes, y en otros complejos separados: la Sierra Nevada de Santa Marta, Costa Rica y Panamá. En otras partes del mundo como África (Etiopía, Uganda, Kenia y Tanzania), Asia y Oceanía (Malasia, Taiwán, Indonesia y Nueva Guinea) existen ecosistemas con características equivalentes a los páramos americanos en términos de formas de crecimiento y estructura de la vegetación, precisamente porque allá se dan las dos condiciones básicas: gran altitud en la franja ecuatorial.

 
Colombia tiene 34 complejos de páramos: 16 en la Cordillera Oriental; 7 en la Central; 7 en la Occidental y 3 entre los departamentos de Nariño y Putumayo. Suman un área equivalente al 1,69% del territorio continental nacional (unos 19.330 kilómetros cuadrados).

 
El llamado Distrito de Páramos de los Santanderes comprende los Complejos Jurisdicciones-Santurbán (con una extensión de 82.664 hectáreas entre los 3.000 y los 4.290 metros sobre el nivel del mar, 85 lagunas y 441 hectáreas de turberas asociadas a las lagunas), Tamá (7.110 hectáreas), Almorzadero (125.120 hectáreas) y Yariguíes (812 hectáreas).

 
El Distrito Santanderes se considera una estrella fluvial pues aporta agua a las áreas hidrográficas del Caribe, Magdalena, Cauca y Orinoco y es también el nacimiento de ríos como el Zulia y el Lebrija. De aquí es que se surten de agua Cúcuta, Bucaramanga y otros 17 municipios de Santander y Norte de Santander.

 
Para acabar de maravillarnos, el Instituto Alexander von Humboldt precisa que la cuenca del río Zulia oferta un caudal total (sector Santurbán) de 1.586 millones de metros cúbicos por año (50,6 metros cúbicos por segundo), mientras que la cuenca del río Lebrija (subcuenca Suratá), oferta un caudal total de 304 millones de metros cúbicos por año (9,6 metros cúbicos por segundo).

 
El Distrito Boyacá comprende el Complejo Pisba (81.481 hectáreas), cuya cuenca hidrográfica más representativa es la del río Chicamocha, y el Complejo del Cocuy (268.783 hectáreas), ubicado entre el norte de Boyacá, el oriente de Santander, el occidente de Arauca, el noroccidente de Casanare y el sur de Norte de Santander. Al menos 8 de los 24 picos del Parque Nacional Natural El Cocuy han perdido el glaciar (masa de hielo) en solo 12 años.

 
El ‘Gran libro’ admite que en los Andes es difícil establecer de manera exacta a qué altura termina el bosque altoandino y se inicia el páramo, ya que estos ecosistemas tienen zonas comunes determinadas por otros factores además de la altitud sobre el nivel del mar, como la humedad, la orografía (descripción de las montañas) y la actividad humana. Sin embargo, el páramo se considera el último cinturón de vegetación en la montaña.

 
La cantidad de lluvias puede variar entre 700 milímetros en los páramos más secos y 6.000 milímetros en los más húmedos. Durante el año se pueden presentar, según la ubicación geográfica, dos tipos de distribución de lluvias: monomodal, con un periodo seco y uno húmedo en el año, y bimodal, con dos estaciones y dos húmedas. Existen otras condiciones físicas extremas, como altos niveles de radiación ultravioleta del Sol, fuertes vientos, baja presión atmosférica y la presencia de fuertes heladas.

 
Los páramos se comportan como verdaderas islas, ya que su tamaño puede determinar el número de especies que se encuentran en cada uno de ellos, en tanto que la distancia entre estas ‘islas’ influye en el número de endemismos (especies que no se encuentran en otro lugar). Mientras más aislado el espacio, más específicas sus características y por lo tanto más exclusivas las especies que lo habitan.

 
En los páramos, la riqueza de la vida se muestra en la particularidad de cada uno de ellos y en la diversidad de las especies que los habitan, subraya el Von Humboldt. El frailejón (excelente refugio de insectos) es tal vez su planta más reconocida y su exclusividad se relaciona con el hecho de que sus semillas no tienen los ‘paraguas’ para ser distribuidas por el viento a grandes distancias y, por consiguiente, la extensión de su presencia es restringida. Pero también hay paja rabo de zorro, estrellitas, sietecueros arrosetado, plegaderas, achicoria y puya de los montes. Entre los mamíferos más representativos están el puma, el oso de anteojos, la danta, el venado de cola blanca y el conejo, que comparten su hábitat con 11 especies de lagartos, 4 de serpientes, 87 de ranas y sapos, 154 especies de aves (cóndores, águilas y colibríes) y 130 de mariposas.

 
Las plantas se han adaptado a las extremas condiciones del páramo y por ello generalmente son de baja estatura para protegerse del frío y del viento, a excepción de una especie de frailejón descubierta en Chingaza que alcanza hasta los 18 metros de altura. Muchas tienen pelos que las ayudan a guardar el calor y las hojas suelen ser gruesas, para evitar la pérdida de agua, y pequeñas, para exponer una menor superficie a los rayos del Sol.

 
Sobre este inmenso tesoro de los colombianos es que sobrevuela al acecho la gran minería de las multinacionales, que en palabras de los expertos causa graves prejuicios a las páramos ya que destruye la capa vegetal y el suelo, contamina las aguas con residuos muchas veces tóxicos, provoca fuertes daños en los acuíferos subterráneos y ocasiona la pérdida de la capacidad en los suelos para almacenar, infiltrar y regular el agua que alimenta quebradas y ríos. También la ganadería, que consume la vegetación y pisotea el suelo, alterando el ciclo natural de los nutrientes, y la agricultura, especialmente por los cultivos de papa que requieren altas cantidades de fertilizantes, insecticidas y fungicidas químicos.
  
 

‘El gran libro de los páramos’ es un esfuerzo del Instituto Alexander von Humboldt por poner en  manos de niños, profesores y comunidad el conocimiento que científicos e investigadores empíricos locales han producido sobre este ecosistema estratégico para Colombia.


La mitad de los páramos del mundo se encuentra en Colombia. Estos ecosistemas representan el 1,7% del territorio nacional y aportan agua al 70% de los 46 millones de habitantes. Nuestro país se considera uno de los 12 países megadiversos del mundo ya que, con una extensión del 0,7% de la superficie del planeta, alberga cerca del 10% de la fauna y la flora mundiales. Por ejemplo, es primero en aves (1.885 especies) y orquídeas (4.010 especies), segundo en plantas (41.000 especies) y anfibios (763 especies), tercero en reptiles (506 especies) y cuarto en mamíferos (479 especies).
 
 

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