martes, 25 de diciembre de 2012

Fausto, más que un cantante del ayer

El nombre de Luis Javier Piedrahita Gaviria puede pasar desapercibido, pero no el de Fausto, el intérprete y compositor medellinense que en los años 70 llevó el romanticismo y la nostalgia a miles de hogares colombianos, en donde al lado del tocadiscos no podía faltar el acetato con canciones como ‘Susana’, ‘Los abedules’, ‘Soñando con el abuelo’ o ‘Beber, para qué’.
 
Con 59 años a sus espaldas bien disimulados, y unos seguidores que donde lo reconocen saltan a pedirle un autógrafo, Fausto empezó esta conversación definiéndose como “un hombre que ha vivido toda su existencia de la fe, de hacer cosas desde la fe, no en una esperanza contemplativa, sino en una esperanza activa y que cree que eso involucra a todas las filosofías, las ciencias y las religiones, y con mayor razón a todos los seres humanos”.
 
Reconocido como ‘Fausto de América’, su voz permanece en la mente de una generación que le apostó al amor y no a la guerra, que vestía pantalones bota campana y zapatos de plataforma, y que se niega a morir sin antes ver un mundo menos bárbaro e intolerante.
 
¿Qué es la vida?
 
Un continuo servir. Cuando uno no sirve, entonces no hay vida. Mientras tenga la posibilidad de servir, tengo vida y la capacidad para evolucionar y buscar nuevas fronteras. Todo lo que tiene que ver con la música, la literatura y la integración de la cultura para mí es muy importante, un objetivo permanente.
 
¿Cómo sobrevivir a eso tan pasajero llamado fama?
 
Eso sí es muy difícil, porque de todas maneras uno tiene egos y en el principio es complicado controlar el ego porque uno ni siquiera sabe que lo tiene. Luego empieza a detectarlo y saber cómo funciona, pero si los psiquiatras y los psicólogos tienen problema con él, imagínese los que puede tener uno con esa circunstancia. Es mirarse en un espejo y verse simplemente como un ser humano, como una célula que forma parte de un cuerpo, que somos todos y actuar en consecuencia.
 
¿Y en un país como éste en el que hoy se es ídolo y mañana villano?
 
He tenido la oportunidad de vivir unas circunstancias y otras. No sólo he tenido el privilegio de que las personas me estimen y por lo tanto tenga unas prebendas que no tiene todo el mundo, pero también he recibido el desprecio y que me ignoren porque uno llega a establecer relaciones con sigo mismo que tienen unos objetivos: llevar mi música y mi poesía y con esto mantener mi vida.
 
¿Cómo Fausto se vuelve músico y no un habilidoso comerciante o un narcotraficante?
 
Los paisas tenemos una condición muy particular y es que todo el mundo nos ve como comerciantes, y cuando llegamos a cualquier lugar siempre nos están ofreciendo mercancías. Yo caí en esto en varias oportunidades y traje compañías a Colombia, porque además mi carrera en el momento en que comenzamos no nos podía aportar lo suficiente para poder hacer todas las cosas que teníamos que hacer, una de ellas grabar. Fui el primer artista que salí de Colombia a hacer grabaciones en mi época y eso era muy complicado, porque conseguirse cien mil dólares para hacer una grabación… Era preste aquí, hable con el amigo, traer productos, financiarse. Fue toda una odisea para poder hacer lo que tenía vocación para hacer.
 
Unas de estas experiencias fueron exitosas y otras de fracaso, pero me fue bien y pude hacer grabaciones y trabajos con personas del exterior muy importantes que produjeron éxitos conmigo que hoy me mantienen con la vigencia que tengo.
 
¿En qué momento decide dedicarse a la música e intentar vivir de ella?
 
Muy joven. En mi casa los estímulos para esa vocación fueron desde los tres años y medio. Había una profesora llamada Gabriela Restrepo y me acuerdo que en la libreta de calificaciones invitaba a mis papás que me pusieran en danzas, música o pintura, porque ella veía que yo tenía una inclinación hacia el arte, así que desde muy niño comencé a cantar. En mi casa todos cantamos, incluidos mi mamá y mi papá, que fue organista de una iglesia en La Ceja (Antioquia). Había mucho vínculo con la música de la iglesia y mi padre trabajaba con varios sacerdotes de la familia, aunque él era contador.
 
Un día sin que yo lo pensara comencé a componer y a cantar en lugares donde la gente me veía y me decían ‘¿usted por qué no graba?’. No era apasionarse con ser un artista que tuviera nombre, sino tener la posibilidad de agarrar una guitarra y decir cosas.
 
El primer poema que escribí lo hice un día que mi papá no tenía con que darme el dinero para comprar el regalo para mi mamá, y le hice una poesía influenciada por lo que era la mitología de esa época. A partir de ahí hubo estímulos, que si bien no fueron tan determinantes para que construyera una carrera artística, con el tiempo, con los amigos, con las incursiones en los escenarios donde se hacían canciones de todo tipo, me encontré con un grupo de ciegos en el que uno de ellos era organista en La Candelaria, en Medellín. Con ellos cantaba baladas en un lugar de tangos, cuando no había clubes nocturnos ni hoteles que presentaran ya eventos artísticos. No me ganaba nada porque me volaba de la casa para poder estar en la noche allá, porque eso era lo que me apasionaba.
 
Fue así como me fui vinculando con esto que es mi talento, lo que Dios me regaló y siento que tengo la necesidad de prestar un servicio.
 
¿Entonces le reconoce algo a un ser creador que le echó sus polvitos celestiales y no todo son méritos propios?
 
No pienso que haya polvitos celestiales; creo que hay seres que están mucho más evolucionados que nosotros, que se convierten en nuestros maestros cuando queremos escuchar, y son la opción después de haber vivido experiencias desde el ego, la prepotencia y la estupidez de creerse que soy fulano de tal.
 
Desde muy joven estudié a Goethe, y por esa razón me puse el nombre de la novela más importante de él. De su mano fui descubriendo qué es uno y qué tiene uno, y en el preguntarse quién soy yo, para dónde voy, qué vine a hacer aquí, se encuentra con que  todo esto no está fabricado por una tecnología humana o por una ciencia humana, sino que es como una oportunidad de amar, a partir de servir y de hacer lo que es correcto, y hacer lo correcto es trabajarle a lo que uno tiene como talento. Uno no puede elegir una carrera en la que voy a ganar mucho dinero, sino una carrera en la que sé que con esto que estoy haciendo soy feliz, primero que cualquier cosa.
 
La experiencia del tiempo y del espacio desaparece cuando estoy en un escenario, en un estudio o componiendo, y descubro otra cosa muy distinta que es el ser y comienzo a trabajar desde mi ser, que condiciona mi alma, que condiciona mi mente y por lo tanto mi propia fisiología y todo mi entorno.
 
¿Sacrificó amoríos, amistades o a su familia por estar metido de lleno en el espectáculo?
 
Sí hubo momentos de esos, no una constante porque desde joven tuve que viajar solo a muchos lugares y esa fue una oportunidad muy grande para ser autónomo como fui desde muy pelado. Por esa razón le doy gracias a la vida. Mi padre y mi madre son lo más grande que puedo considerar porque a través de ellos llegué a este planeta y a esta experiencia de vida, pero no puedo decir que sea una persona muy apegada o que dependo de estar ahí para poder ser alguien. Donde esté, ellos están conmigo y cada una de las personas que veo en la calle no son cosa distinta que mis propios hermanos, parte de un mismo ser en el que estoy involucrado con su voluntad todo el tiempo.
 
¿Cuál es su principal fuente de inspiración?
 
Podría decir un exabrupto para la gente que compone y es que estudié música -que no estudié música- o tal aspecto de la literatura para poder elegir un camino, pero no; comencé a vivirlo de una manera espontánea y cuando sentía que tenía que escribir sobre un tema simplemente lo hacía. A veces el motivador fue una historia personal con alguien; otras veces fue la historia que vi de unos amigos y otras fui por el camino de componer una canción como ‘Soñando con el abuelo’, pensando que cualquier de nosotros la pudo haber bajado como una revelación y expresarla en palabras. No me programé para escribir eso, pero en el momento en que me llegó le hice caso a mi intuición y a la capacidad que tenemos de comunicarnos con las cosas que son superiores. Somos como canales por los cuales ese tipo de mensajes llegan. Las canciones no son nuestras, y menos cuando ya se le entregan al público y pasan a pertenecer a todos. Ahí es cuando una canción puede tener o no relevancia, porque cuando uno canta las cosas que verdaderamente la gente está viviendo o está afectada por ellas, es más importante que cuando simplemente canta canciones que uno quisiera que fueran éxito pero que están contando una historia de amor que es muy individual, muy de fulano de tal.
 
¿Es consciente de que puede llevar al público de la euforia a la tristeza y de ahí a la depresión?
 
Soy consciente de eso y creo que cuando se produjo el fenómeno de la canción de Nicolás todos estábamos involucrados por las noticias y porque nos habían hecho apersonarnos de ese niño como si fuera un familiar nuestro. El poema lo escribí sin música, en medio de una fiesta y mi hija fue el motivador porque ella entró llorando, a los cinco años, y me dijo: ‘Papi, ¡Nicolasito se murió!’. Cuando ya llegó la hora de las fiestas de Cartagena, el maestro Aníbal Ángel, que conocía el tema, me pidió que le hiciera un arreglo y lo cantara. Cuando lo hice me di cuenta que no solamente habíamos sido nosotros como familia, sino todo el país el que había tenido ese dolor por la muerte de un niño, que si no se hubiera divulgado por la radio pues de pronto no nos habría afectado tanto. Así como dice la misma canción: no nos afecta tanto y somos indiferentes cuando la historia es de otros. No vemos al que es mendigo o una piltrafa que sea parte de nosotros como cuerpo, pero aprendí y lo practico todos los días que cualquier persona que me encuentro forma parte de mi mismo y que soy tan responsable de él como lo es él mismo si permito que las cosas en él sean desordenadas o asuntos que puedan afectarnos socialmente.
 
¿Qué siente cuando llega de anónimo a un lugar donde hay gente reunida y nadie lo reconoce?
 
Hay dos circunstancias: el ego siempre le dice a uno, ‘oye, no te reconocieron y aquí no sos nadie’, pero cuando uno tiene consciencia de lo que es y de lo que está haciendo, muchas veces entra en un lugar así y se siente muy feliz y se relaja porque puede tener algo que se pierde cuando uno es un artista y es esa privacidad con la que uno puede ser un ser humano.
 
¿Cuál es la canción qué más le llena?
 
La obra de Beethoven en la Novena Sinfonía es uno de esos temas y la obra de Bach, especialmente el Evangelio según San Mateo, pero también hay muchos autores que han hecho obras clásicas. Como he estado en esa búsqueda todo el tiempo de cuál es no solo la definición teórica de libertad, sino en dónde puedo experimentar realmente la libertad sin afectar a nadie, estas son canciones que me llegan. Por ejemplo hay una canción de Alberto Cortéz que me gusta mucho y que dice: ‘Quiso volar igual que las gaviotas…’, porque eso somos los seres humanos, que nacemos en una realidad y comenzamos a vivir en un sueño y cuando llega el último momento comenzamos a darle valor a la realidad y nos damos cuenta de que ese sueño desaparece. Estamos en manos de lo que la gente llama Dios, ejerciendo una voluntad que es él, de la que no nos podemos sustraer, porque el ser humano ha ido evolucionando y la evolución se ve más frecuentemente a partir de la tecnología que de la espiritualidad. El ser humano vive mucho mejor cuando encuentra la posibilidad de hacer silencio, de asombrarse con todas las cosas que hay ya elaboradas como visiones en la naturaleza hablando de lo físico, o como experiencias del ser y del espíritu que pasan por encima de la mente y que nos dejan llenos por mucho tiempo sin saber por qué. Cuando uno es capaz de hacer silencio descubre que esa realidad que está ahí tiene un valor mucho más grande que cualquier cosa que uno pueda hacer en un tránsito de vida.
 
¿De dónde saca el aliento para que a estas alturas tenga deseos de levantarse cada día a sonreírle a la vida y no terminar en un bar de Manrique escuchando tangos y llevado por el alcohol?
 
A mi el tango me gusta mucho y en Manrique no es el único lugar donde se escuchan tangos, pero yo me levanto todos los días con una oración en la que hay mucha fuerza, porque la oración del universo, la que cantan los pájaros, el aire y los ríos forma parte también de lo que soy. Me levanto feliz porque sé que tengo cosas por hacer, porque si hay alguien que en algún momento yo pueda hacer un tema en el que esa persona encuentre un verso para seguir viviendo con alegría, ese instante solo ya justifica mi existencia.
 
¿Y cómo reacciona cuando en la calle una secretaria o un ejecutivo se le acercan emocionados a pedirle una estrofa de ‘Susana’? ¿O a estas alturas eso le ‘resbala’?
 
Eso me sirve para verificar que lo que he estado haciendo tiene un valor para esas personas, y si lo veo desde ese punto es motivo de regocijo, pero qué tan difícil sería encontrarme con la gente y que me digan lo contrario, que lo que estoy construyendo es basura y haciéndoles daño. Eso sí sería difícil de encarar; lo demás lo vivo como vive una célula del cuerpo hasta que hay una radiación y se muere porque el lugar en el que estaba era un cáncer. Soy muy amigo de la vida y no soy enemigo de la muerte, porque la muerte también es vida cuando descubrimos que al ver ese contraste tomamos la determinación de vivir muertos o tener una vida real y encontrar una razón detrás de lo que hago. Hoy en día trabajo por eso último y cada vez quiero que el ego mío esté menos afectado por ese tipo de circunstancias. Por eso cuando una persona se acerca a uno es lindo saber que ese ser humano es alguien que se tocó en una parte que nosotros no vemos pero que es lo más grande de él y es su alma.
 
Hay otro tipo de personas que se arriman y me dicen ‘¡Qué verraquera tus canciones! ¿Me prestás diez mil pesos?’ Eso es otra cosa distinta.
 
¿Sus manejadores le han llamado la atención cuando le da por cantar gratis para una obra benéfica?
 
Claro, me han regañado ellos y quienes trabajan en las gerencias de producción artística, porque muchas veces lo he hecho y me dicen que eso no es negocio. Les respondo que vivir con esa felicidad de haber participado en un bienestar para alguien es mucho más que cualquier pago en dinero.
 
¿Pinta bodegones por encargo? ¿Compone al mejor postor?
 
Cuando siento que me estoy inspirando, prefiero hacer una canción que sea un motivador, que ayude a vivir, que ayude a buscarse y reconocerse a sí mismo, a escribir una canción que simplemente me está motivando a hacer ejercicio de algo porque viví una emoción y entonces me enamoré de una mujer y me tengo que ir a la cama con ella. Eso no tiene sentido. Es preferible actuar más con sabiduría que con inteligencia. Un hombre inteligente puede ser ignorante, pero un hombre sabio actúa con sabiduría y evita ser ignorante. Eso es lo que hay que diferenciar, porque cuando uno es capaz de discriminar entre lo que es eterno y lo transitorio, comienza a buscar la sabiduría y encuentra tips de los que uno no se puede pegar para vivir eternamente con ellos pero sí se da cuenta que hay cosas que van mucho más allá de lo transitorio.
 
¿Le cambió algo el haber conocido al maestro Gustavo Gómez Ardila, una de las principales figuras de la música coral de Colombia?
 
Sí, porque el maestro Gómez fue uno de los hombres que en Colombia tenía primero como músico algo que es muy escaso en la gente del ambiente cuando ya los llaman maestros y es que nunca perdió el norte como ser humano, y siempre tuvo esa humildad que lo caracterizó para seguir incluso haciendo oficios como los de aquellos maestros que cogen a la gente que no tiene ningún conocimiento y comienzan a orientarlos para que ellos mismos se encuentren a partir de descubrir los talentos que tienen para el arte.
 
Fue además una experiencia muy bella porque él nunca permitió que nadie tocara sus músicas para ponerles letra y él mismo me pidió que le pusiera letra a una obra suya que yo quiero dejar como un recuerdo porque define mucho lo que es la vida de una persona en un pueblo como Zapatoca, en ese entorno nativo en el que se desarrolló su personalidad y toda su vivencia como ser humano. Una canción que dice: ‘Cuando al morir la noche, vuelve el sol y se llena de aromas mi ilusión, recuerdo con ternura naturalezas puras que formaron la cuna de que hoy es mi inspiración. He vuelto por tu calle a recorrer, tras el niño que yo solía ser, feliz de haber nacido en mi pueblo entre rocas, mi amado Zapatoca, mi viejo Santander. Al volver a vivir la pasión del primer amor, que a escondidas robé en los labios de aquella flor, me parece vivir que en su cuerpo vibraba y temblaba mi voz, son los aires de mi tierra que se funden con las flores y en pasillos y canciones siembra amor’.
 
¿Olvidó ya el poema que le dedicó a su mamá el día que su papá no tenía para el regalo?
 
Dice: ‘Mujer hermosa que llevas en el cuerpo un alma pura y un corazón bueno, siempre pensando en hacer con Dios de acuerdo todo lo que para tus hijos va en provecho. De las reinas fuiste tu la del Olimpo, la mujer más bella, la mujer primera, y cuando reinas hubo por el tiempo representaste tu la primavera. No mereció ni un Zeus el tenerte, por eso no apareces en la historia, pero para mi madre es el perderte, el vivir sin razón, perder la gloria. Y copiando aquella frase que dijera algún sentido escritor que no recuerdo, te digo lo siguiente pues lo siento: no me mueve mi Dios para quererte el cielo que me tiene prometido, me mueve sí, me mueve el ser querido porque me has puesto tú en la tierra para verte’.
 
¿Qué debe decir su epitafio?
 
‘Vivió’. Todo lo demás se muere y se lo lleva el tiempo. La historia está llena de basura, pero también de cosas que podemos tomar como ejemplo. Quisiera poder hacer la escisión entre una cosa y otra y encontrar que los clásicos en el arte y la cultura son ese ejemplo que deberíamos tomar como hilo conductor para seguir buscando ese norte que  hizo que algún escritor europeo dijera: ‘Cuando me muera me iré con los ángeles, y cuando me les muera a los ángeles aquello en lo que me convierta no puedes imaginártelo’.
 
Mientras vivamos en cuerpo, quiere decir que tenemos que cambiar y algo que modificar, porque cuando seamos perfectos ya no vamos a tener cuerpo.
 
¿La música hace falta para vivir o el dinero a montones es suficiente?
 
La música es tan necesaria como el agua, que es música; como el pájaro, que es música; como una nube que sin sonar es música; como el sonido de un aparato que alguien inventa y ese sonido para él se convierte en música. Hay una música que es diferente de otra. Cuando hace lo que tiene que hacer y está ejerciendo su talento, por el hecho de que es feliz y porque desaparece la experiencia del tiempo y del espacio, deja de preocuparse por lo que tiene que conseguir y eso le llega.
 
¿Fausto y Luis Javier dialogan de vez en cuando o no se encuentran jamás?
 
Todos los días, además porque todos los días me lo recuerdan. Hay gente que no puede evitar sacarme en cara las cosas en las que me equivoqué y en las que acerté, y unas a veces se las recrimina Fausto a Luis Javier y otras Luis Javier a Fausto.

2 comentarios:

  1. Buscando y buscando encontré esta entrevista, me encantó. Y quería decir que crecí adorando a este artista. Me encanta el hombre que es, amo su voz y amo su música. Fausto, o Luis Javier, gracias, gracias porque desde niña y aún hoy inspiras en mi bonitos sentimientos. Que el Todopoderos te guarde.
    Nancy Suárez Cuevas-Cali

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  2. Fausto al fin y gracias a Dios, sentado en un parque y rodeado de mis hijos, Dios me ha dado la dicha de saber de ti. Soy un cubano que ha tenido que sufrir durante toda su vida una terrible pesadilla, un serco ideológico que nos impedía conocer de los talentos y glorias de la canción de nuestra América y de cualquier otra manifestación artística que no fuera acorde al sistema en que vivimos. Hoy, a través del internet, dejas de ser para nosotros Evaristo y nace el Fausto de la canción El pescador, la canción más hermosa que be escuchado en mi vida y la única tuya conocida en nuestro país. Fausto, por esa bella voz y tan bello sentimiento, le doy a Dios vracias por ti. Que Dios te bendiga. Lazaro Martínez de Punta Brava, La Habana, Cuba.

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