lunes, 6 de mayo de 2013

El poderoso trino de Vladdo y el escándalo financiero de Interbolsa


"Tres tristes trinos transparentes totearon trampa tapada", dijo en Twitter el caricaturista y periodista Vladimir Flórez, quien a través de las redes sociales le reveló al país el mayor escándalo financiero de los últimos años en Colombia, el de Interbolsa.


Ese abominable hombre de las caricaturas autodenominado Vladdo, fue ‘el primero que vio la mecha’ del escándalo de Interbolsa.

Con su cara de seminarista quindiano, Vladimir Flórez se encargó de destapar -vía Twitter-, esa olla podrida del mundo financiero colombiano en la que se han esfumado miles de millones de pesos. “Pasó de presunto responsable de un delito a ser el vigía más alerta del sistema financiero”, dice de él Alberto Donadio en el libro “El cartel de Interbolsa. Crónica de una estafa financiera”.

Esta es la entrevista de 15 no con el padre de Aleida, sino con el periodista que tuvo la osadía de arriesgar su pellejo y su reputación a cambio de soltar esta ‘chiva’.

¿Qué lo llevó a meter el dedo en la llaga de Interbolsa?

Si uno tiene una información que afecta a la comunidad de alguna manera y teniendo en cuenta que el callar esa información es más perjudicial que divulgarla, uno no tiene otra salida que divulgarla. Si uno pretende que el periodismo sea un servicio público, un servicio social o cívico, como se le quiera llamar, si uno pretende ejercerlo desde esa perspectiva en estos casos es cuando esa intención se pone a prueba y si la información está verificada uno no debe guardársela.

¿Conocía la magnitud de la ‘bomba’ que tenía entre sus manos?

Yo tenía bastante claro que era un tema muy delicado. Cuando uno habla del 34 por ciento del mercado accionario del país pues es una cosa preocupante, pero tenía también la convicción de que si lo que yo decía no era como lo decían mis fuentes, ese podía ser como un estrellón de mi carrera profesional y de mi credibilidad contra una pared. Entonces era consciente de que era una cosa muy grande, pero indudablemente salió mucho más grande y más complejo de lo que llegué a imaginar inicialmente.

¿Cuántas milésimas de segundo transcurrieron entre el envío su primer ‘trino’ y el momento en que sintió culillo?

No, desde antes estaba bastante nervioso, precisamente por eso, porque inclusive con algunas de las fuentes que hablé antes de publicar el primer ‘trino’, cuando le pregunté ¿esto qué?, me dijo ‘eso es gravísimo’. Yo le dije esa no es la pregunta, es ¿qué credibilidad le puedo dar? Y me respondió: ‘Eso es verdad, pero si usted publica eso mucha gente se puede quedar sin trabajo’. Le insistí: ¿Pero es verdad o no? Y me dijo ‘¡sí!’, y es una persona que conoce el sector. Eso me dio tranquilidad, pero cuando uno tiene una gran noticia se alcanza a sentir vértigo.


¿Atreverse a denunciar ‘pesos pesados’ lo puso a dudar si soltarla o no, sobre todo calculando que después se la cobren?

No porque yo no tengo negocios de inversiones ni de nada. Mis únicos ingresos provienen de mi trabajo como caricaturista, ilustrador, diseñador, conferencista y presentador de un programa de televisión, pero no provienen de ningún negocio. No manejo ni negocios de usura, ni soy intermediario financiero de nada, ni le pido favores a nadie, ni le he pedido ningún puesto ni le debo nada a ningún político, ni a ningún empresario que yo diga es que estoy en deuda con fulano de tal. Entonces eso me dejaba tranquilo y me deja tranquilo siempre mi trabajo. Yo no tengo compromisos con absolutamente nadie. Alguna yo hablaba con el Presidente de la República y le decía: Usted no se preocupe que nunca le voy a pedir un puesto, ni le voy a pasar hojas de vida, y por eso me siento en libertad de hablar con usted, cara a cara, sin echarle cepillo o sin dejar de criticarlo para ver si usted de alguna manera me retribuye para que yo deje de decir lo que sea… Yo digo las cosas porque las creo y punto.

Uno de los principales implicados en este escándalo es Juan Carlos Ortiz, esposo de Viena Ruiz, presentadora de televisión. ¿Por ese lado tampoco le dio temor que ella pueda apelar a sus amistades en el mundo de la farándula y lo ‘destruyan’?

Lo que pasa es que en el trecho inicial de la investigación de Interbolsa, Juan Carlos Ortiz ha podido o pudo de alguna forma sortear la cosa porque él estaba peleado con la gente que estaba manejando Interbolsa, entonces él no estaba llevando los destinos de esa firma y hacía rato no estaba involucrado directamente. Pero más allá de eso, yo en esos momentos hago a un  lado mis amistades y mis posibles relaciones con gente afectada, porque quiero mucho a mis amigos, pero quiero más al periodismo y quiero más a la verdad.

Si uno se pone a pensar en cada cosa a quién conoce, no puede hacer nada; porque si hace una caricatura entonces resulta que él es amigo de fulano de tal, primo, relacionado, cercano… y entonces siempre termina uno conociendo al incriminado y le toca a uno quedarse dedicado a mirar pa’l techo. Yo no pienso en esas cosas.


Ver la caricatura que usted hizo del barco de Interbolsa zozobrando, en la tapa del libro “El cartel de Interbolsa” -de Alberto Donadio-, ¿le llevó a pensar que su trabajo tiene un impacto mayor al de una caricatura que a la semana siguiente ya está archivada?

Hay caricaturas que tienen tal impacto que eso hace que trasciendan en el tiempo y que permanezcan en la memoria del lector. Entonces cada tanto hay unos temas que son de tanta relevancia para la comunidad y para los colegas, que se lo recuerdan a uno. Por ejemplo la caricatura de un marranito de alcancía con la cara de (Ernesto) Samper, que tiene una ranura en el espinazo y dice: “Si entró dinero de los narcos fue a mis espaldas”. Esa caricatura hoy en día todavía mucha gente la tiene súper bien catalogada. Pero es por el impacto y por el tamaño del tema que esas cosas se quedan, entonces cuando Alberto Donadio me pidió que le colaborara con esa caricatura pues me sentí muy complacido y de una vez hicimos el trámite para que la revista Semana la autorizara.

¿Pararán los escándalos financieros en Colombia?

Una de las características del fenómeno de Interbolsa es que ellos siempre, y ha sido también una ‘cualidad’ de Juan Carlos Ortiz, han estado en el límite de lo permitido, en el límite de lo prohibido, en el límite de lo legal… y entonces qué pasa: aquí tendemos a decir que hecha la ley, hecha la trampa, y si no hay ley pues con mayor razón es más factible que haya trampa. Parece que en el mundo financiero se aplica mucho aquello de que todo lo que no está prohibido, está permitido. Entonces si yo puedo ir hasta cierto punto, por qué no, y esa es la vida de ellos: es especular, es ‘cañar’, es como un póker permanente.

Creo que cada vez irán legislando más sobre ciertos temas para ejercer controles, pero siempre habrá algún hueco, algún vacío, una interpretación confusa, que esta gente que se dedica a hacer plata a como dé lugar, la aprovecha para sacar adelante sus planes y sus negocios.

¿Quienes invirtieron su dinero en Interbolsa son inocentes, ingenuos, ambiciosos, ‘aviones’…?

Creo que hay de todo, porque hay inversiones que Interbolsa hizo contándole a la gente que había un riesgo, pero sabían, y además si a uno le pagan tanto es como el famoso cuento del bobo: de esto tan bueno nunca dan tanto. Entonces por qué éste me paga tantos intereses y allí no me pagan tanto, entonces yo meto la plata más bien en Interbolsa porque estos me dan más. ¿Y por qué? La gente dirá que ni siquiera se lo pregunta.

Los que tenían plata en cuentas en el exterior, que no tenían declaradas aquí, obviamente estaba obrando a conciencia y sabían los riesgos que podían correr a pesar de que probablemente quienes les recibieron el dinero les dijeron que no había ningún problema, pero sabían que estaban jugando con candela.

Y por otra parte, con la reputación que había cultivado Interbolsa en la última década sobre todo, para mucha gente era difícil sospechar que hubiera una sombra de duda.

Entonces hay de todo. Hubo gente ingenua como este último grupo; hubo gente ‘aviona’, y hubo gente engañada a la que le dijeron vamos a hacer esto y en realidad estaban haciendo otra cosa con su plata.

¿Para qué leer “El cartel de Interbolsa”?

El principal motivo por el cual es bueno leer “El cartel de Interbolsa” es ver la debilidad del Estado frente a ciertas conductas que son ambivalentes en cuanto al control que deben ejercer las entidades financieras, y porque plantea el interrogante de la puerta giratoria -que se ve en muchos sectores, no solamente en el financiero- entre la empresa privada y el sector público, entonces uno ve personas que fueron por ejemplo ministros de Minas,  adquirieron una cantidad de información y terminan trabajando en una multinacional minera. O señores que fueron fiscales, jueces, magistrados, y después terminan de abogados de tal o cual personaje, asesorando jurídicamente a empresas o personas cuestionadas. Esa puerta giratoria se ve acá con varios funcionarios que eran cercanos al Gobierno actual y al Gobierno anterior, que conocían, que sabían y que uno no sabe hasta qué punto ‘se hicieron los de las gafas’.

A mí me da curiosidad y me parece complicado el hecho de que alguien como Frank Pearl, por ejemplo, hubiera estado prestando sus buenos oficios como intermediario entre Interbolsa y Davivienda a ver si le daban una mano a Interbolsa, y él mientras tanto está de negociador con las Farc. Eso no tiene presentación.

Cuando hablé con él a propósito de lo de Interbolsa, me dijo: “No, es que no soy funcionario del Gobierno”. Puede que legalmente no sea empleado del Gobierno pero está prestándole servicios al Gobierno, está asesorando al Presidente de la República, y listo, si antes había trabajado con Interbolsa vaya y venga, pero estando en esta función y seguir en lo otro a mí no parecía de muy buena presentación, por decir lo menos.

Esa puerta giratoria se cuestiona en el libro, y por qué no hubo controles, por qué le falto a tal o a cual funcionario estar más vigilante sobre una materia, y es muy difícil saber si eso tenía que ver con su relación anterior con Interbolsa o con amigos de Interbolsa, o no. Es bastante complicado.

Como esta grabadora no se desactiva sin hablar del ‘innombrable’, ¿será que él ya perdió sus cabales?

Ha llegado a una situación patética. Hasta cierto punto como muchos dirigentes políticos que son generadores de opinión, pero él ya terminó convertido en ‘degenerador’ de opinión. Me parece que ese interés y ese deseo de llevarse por delante al presidente (Juan Manuel) Santos, lo ha empujado a una situación en la que no mide las consecuencias de nada de lo que dice, y está siguiendo su ejemplo Francisco Santos, a quien la Sexta División del Ejército le tuvo que desmentir la masacre de 33 soldados en el Putumayo anunciada hace unos días en Twitter por el exvicepresidente, y el Ministerio de Defensa tener que cuestionar: “Con la vida y la sangre de nuestros soldados NO se juega. ¿A quién beneficia publicar información falsa sobre supuestas muertes en emboscadas?”. Pero a ellos ya no les importa, no verifican nada, no revisan nada. Pongámosle que se tiran el proceso de paz con las Farc, van a seguir es por Juan Manuel Santos, y si en el camino se tienen que llevar la economía, la institucionalidad del país, la unión relativa que puede haber alrededor del proceso de paz, la buena atmósfera que se pueda respirar, a ellos no les importa.


Ese primero de noviembre
Desde su cuenta de Twitter Vladdo lanzó la primera alerta en la mañana del primero de noviembre de 2012: “La firma corredoras Interbolsa, que maneja el 34% del mercado de acciones en Colombia, está en serios problemas”. Tres minutos más tarde escribió: “Fuentes que conocen el caso me dicen que podría anunciarse el cese de operaciones de Interbolsa el día de hoy, por problemas de iliquidez”. Luego remató así: “Al parecer Interbolsa trata de que Davivienda la adquiera para salvarse de un cierre”.

Rodrigo Jaramillo Correa, el presidente del grupo Interbolsa, inicialmente desmintió los pronósticos de Vladdo y los calificó de “irresponsables”. En diálogo con Portafolio, Jaramillo dijo a ese diario que estaba estudiando la posibilidad de demandar al caricaturista por pánico económico, delito consagrado en el Código Penal. Por Twitter también hubo quien consideró que Vladdo, que en una entrevista de 2006 -con el Periódico 15 de la UNAB- se declaró “antiuribista purasangre”, había incurrido en ese delito, en lo cual luego insistieron otras voces. En ese momento, diez de la mañana, ese jueves primero de noviembre, la acción de Interbolsa solamente perdía un 7%. Hacia las dos de la tarde el grupo reconoció las dificultades en este comunicado:  “La sociedad comisionista de bolsa afronta una restricción temporal de liquidez, frente a lo cual de manera responsables y proactiva se encuentra explorando todas las alternativas a su alcance para atender esta situación lo más pronto posible”. Según El Espectador: Fue a partir de ese momento cuando el mercado entró en pánico y la acción de este emisor terminó derrumbándose 30% hasta los $980”. En mayo y junio había bordeado los $3.000.

El comunicado de Interbolsa también descartó el cierre de operaciones y señaló que se encuentra “operando normalmente, cumpliendo todas sus obligaciones con el mercado”. Además, maneja “un nivel de solvencia de 21,72% muy por encima del 9% exigido por las autoridades”. Los medios de comunicación recordaron que Interbolsa “tiene un activo de $1,9 billones y patrimonio de $139.470 millones, de acuerdo con el informe a septiembre de este año, que reposa en la Superintendencia Financiera de Colombia”.

La primera información que se divulgó sobre lo que en poco tiempo se confirmaría como el mayor descalabro bursátil ocurrido en Colombia fue, pues, un tweet o tuit o trino de Vladdo, fundador del periódico antiuribista www.unpasquin.com A partir de ese primero de noviembre explotó un escándalo financiero de proporciones todavía no totalmente conocidas, que por su magnitud solamente puede compararse con la crisis financiera que estalló en junio de 1982 en las postrimerías del gobierno de Julio César Turbay Ayala, cuando fue intervenida Financiera Furatena de Félix Correa Maya, el financista antioqueño que tenía un ojo de vidrio.

Desde cuando Vladdo lanzó el primer tuit, el escándalo de Interbolsa se fue convirtiendo en una serie de explosiones todas graves y algunas gravísimas que dejaron en estado de pánico y de shock a los veinte mil clientes de la más grande comisionista de bolsa en Colombia y causaron una conmoción entre todos los clientes de las entidades financieras del país como no se veía desde 1982, cuando tras la intervención de Furatena se quebró el Banco Nacional y casi veinte compañías financieras más, al punto que en esos tiempos preInternet y preTwitter la gente temía abrir el periódico de la mañana porque ese día también podía anunciarse otra nueva quiebra. Apartes del libro “El cartel de Interbolsa. Crónica de una estafa financiera”, de Alberto Donadio (Editorial Sílaba).

1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo ese señor Ortiz es un ladrón y de los peores del mundo.Han tenido todo, y quieren obtener más, y de la manera sencilla.

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