domingo, 8 de diciembre de 2013

John Sudarsky, carta 'verde' a la Presidencia de Colombia

Entrevista al senador y precandidato que dice que su colectividad pasa por una etapa crucial: reiterar su identidad o en las alianzas con otras fuerzas, desvanecerse y desaparecer.


Desde el mismo momento en que a los ‘verdes’ les dio por juntarse con Álvaro Uribe, el senador John Sudarsky Rosenbaum y la representante Ángela María Robledo conformaron la disidencia, inspirados en aquel principio mockusiano que dice: “No todo vale”.

Sudarsky es hoy además de parlamentario, precandidato presidencial por Alianza Verde, nadando contra la corriente, porque además alega que sus conmilitones fijaron unas reglas y después las cambiaron.

Ingeniero industrial con doctorado en educación de la Universidad de Harvard, exprofesor de la Universidad de los Andes, exasesor de Planeación Nacional, expresidente de Industrias Spring, quindiano de 66 años y origen judío, ayudó a detectar crasos errores en el fracasado proyecto de Reforma a la Justicia que tenía como fin beneficiar a varios congresistas, logrando tumbar ese ‘orangután’.

Una de sus iniciativas bandera es la de Participación Ciudadana, que crea mecanismos de empoderamiento para los colombianos y se encuentra en estudio de constitucionalidad. “El clientelismo impide que una buena solución se lleve a cabo, porque usted tiene que llamar a esa solución un fracaso para poder sacar la clientela del anterior y meter la suya, y como usted comienza otra vez de nuevo y el periodo es muy corto… Con el clientelismo no existe solidaridad comunitaria, sino roscas”, reflexiona Sudarsky.

Después de Clara López Obregón, del Polo Democrático, continúa la serie de entrevistas a quienes se enfrentarán con el candidato-presidente Juan Manuel Santos en los comicios de 2014.


La última vez que nos vimos, los ‘verdes’ respiraban un aire de victoria y Antanas Mockus estaba a punto de ser el siguiente inquilino de la Casa de Nariño, pero todo eso se esfumó. ¿Qué quedó de esa ilusión y de ese sueño?

Quedaron una ilusión y un sueño. El golpe de gracia final se lo dio Enrique Peñalosa con la entrada de Álvaro Uribe a sostener el micrófono y ahí se acabó el Partido Verde y se acabó la Ola Verde. Luego decisiones erradas, unas detrás de otras, nos llevaron a una situación de postración tal que temíamos perder la personería la jurídica y estábamos muy preocupados por no llegar ni siquiera al umbral. Ahí hicimos una táctica que el partido hace muy a menudo y es que en vez de volver a sus principios, busca salvadores. En este caso quien tuvo que entrar de salvador fue la coalición entre el movimiento de Sergio Fajardo (gobernador de Antioquia) y Progresistas (Gustavo Petro, alcalde de Bogotá)  para llegar a una condición en la cual el Partido Verde pudiera sobrevivir pero entrando en alianza con ellos dos. Se había hablado desde el comienzo y lo habían puesto como condición los de Compromiso, que el tema de Petro se dejaba por fuera, pero los Progresistas lo metieron y entonces los señores de Compromiso se retiraron y quedó un partido terriblemente cargado hacia la izquierda, con todos los problemas de una izquierda muy ortodoxa, con unos conceptos que corresponden mucho más a un partido de izquierda de los años sesenta (por ejemplo prestación universal de servicios para todos a costa del Estado, sin reconocer que existe un problema de sostenibilidad fiscal). Luego vino el congreso y éste aprobó que hubiera una consulta popular, que ahora Carlos Ramón González está tratando de embolatar, haciendo trampa. Pero cuando se tomó la decisión de hacer la consulta, inmediatamente me di cuenta que eso iba a ser una competencia entre Peñalosa y (Antonio) Navarro, que son básicamente la derecha y la izquierda, con lo cual se iba a acabar el Verde en el que tantos colombianos creyeron, volviéndose en un partido de izquierda como los demás, de esos que asumen la oposición a ultranza, que en vez de hacer la diferencia y aprobar leyes buenas cuando se pueda, pues no lo hacen porque son de oposición. Yo soy más de la línea de independencia deliberativa, que les suena muy extraña a todos ellos.

Entonces yo me estoy lanzando como candidato con una propuesta del ‘verde verde’ y con una intención de hacer conocer la propuesta de reforma al sistema electoral, que es la madre de todos los problemas de clientelismo y corrupción. Hay unas personas que son muy corruptas, pero en realidad es todo el mundo que está en este sistema electoral y que se quiere reproducir políticamente, porque los incentivos están para que usted se nutra, prede y arrase como un buitre pedazos del Estado. Antes hablábamos de clientelismo y corrupción, de contratos y de puestos; hoy no. Lo que le dan es: ‘Coja el Banco Agrario, doctor; coja el ICA, coja lo que sea’, sectores del Estado… y la propuesta –que por ejemplo incluye Senado por regiones y Cámara por departamentos– está encaminada a romper ese problema. Obviamente con todos los obstáculos y dificultades que ello representa. Ya por lo menos en Comisión Primera de Senado fue aprobada y vamos a ir a debate, aunque posiblemente esto no tenga éxito. Pero no es un problema, porque aquí lo interesante es que la gente encuentre cuál es la causa y cuál es la solución, para que no se enrede en los problemas que no son. El problema no es de personas, sino de sistema, que está construido de esa manera para que los ciudadanos no sepan quién es su representante, no lo puedan llamar a cuentas, sean campañas costosas y ellos se pueden mover con libertad utilizando la ‘mermelada’ del Gobierno, que este Gobierno de (Juan Manuel) Santos es aboslutamente dedicado a eso.  Hay un piso completo en el Palacio que se dedica a eso y el Partido Verde cayó en eso. El Partido Verde en esto no se salva de nada.

¿Por qué permitieron entonces que un Carlos Ramón González y un Rodrigo Romero se les colaran en sus filas?

Es que un González y un Romero se colaron porque eran los dueños de la personería jurídica. Nosotros esperábamos que en este proceso de alianzas se pudiera, pero llevamos cuatro años ya y Carlos Ramón González sigue siendo quien tiene la personería jurídica, y seguramente Rodrigo Romero es el candidato a ser presidente ejecutivo. Entonces el proceso de negociación con Compromiso se rompió porque Carlos Ramón no aceptó salir y el fue  el culpable de que este proceso abortara y que pudiéramos aparecer con la frente en alto a crear un partido realmente alternativo con respecto al tema del clientelismo y la corrupción. Ellos no es que se hubieran colado; es que nunca se salieron. Y un poco el acuerdo ahora es que de alguna manera por lo menos ya hay un cambio en la secretaría general que va a quedar en manos de Progresistas; hay un vocero que es Antonio Sanguino, quien ha mostrado un inmenso liderazgo en todo este proceso, pero todavía está por definirse la dirección ejecutiva. Romero lo que pasa es que es senador y si usted es senador no puede ejercer un puesto ejecutivo, pero ahí está.


¿Cómo se entiende la carta de Fajardo sacando ‘los cueros al Sol’?

Él saca los cueros al Sol porque es la realidad de lo que pasa en el partido y, por ejemplo, no cumplen los acuerdos. Lo que hizo Fajardo fue pedir que se firmaran por escrito los acuerdos. Ahí jugó un papel nefasto el representante a la Cámara, Alfonso Prada, porque tenía la vocería y hoy lo vemos como en el famoso cuento de Salomón en el que dos mamás están pidiendo a un niño, y Salomón dice que lo corten y le den la mitad a cada una. Eso le pasó a Alfonso Prada con el partido: quería acabarlo y ahora está en el Gobierno.

Yo no sé si ser pesimista u optimista, pero sí sé lo que estoy haciendo, que es ir por el país, contando la propuesta de reforma al sistema electoral, haciendo que los colombianos sean conscientes de cuál es su problema, dando las luchas que toca dar en los frentes que se puedan dar, y estoy en esas. ¿Optimista o pesimista? No lo sé; depende. Yo estoy un punto por encima de Álvaro Uribe cuando comenzó su carrera a la primera Presidencia, y tengo el tres por ciento del reconocimiento público. Hay una cosa importante y es que el ganador de las encuestas recientes fue el voto en blanco, que sacó el 32 por ciento. ¿Por qué se vota en blanco? Porque es un voto de castigo, de rechazo, pero finalmente no tiene una propuesta concreta con qué reemplazar el tema. Yo tengo la aspiración, con todas las dudas objetivas por estar inmerso en un partido que se dedica a hacer trampas. Hace poco salieron en RCN las declaraciones de Carlos Ramón González en la Dirección Nacional, diciendo cómo les hacemos trampa a Peñalosa y a Sudarsky, y dio tres o cuatro hipótesis de cómo hacerlo, y cómo llenar eso de candidatos y después decidir qué hacer, todo para manipular al partido para que después por aclamación elijan a Antonio Navarro Wolf en una consulta interpartidista que tiene el enorme problema de que para ser interpartidista tiene que haber otros y Navarro no ha hablado con Clara López. Entonces él está hablando de una consulta interpartidista que está en su cabeza. Los de la ASI han dicho que no van en esa alianza. ¿Entonces con quién se va a aliar? ¿Con el vicepresidente Angelino Garzón, que ya tiene gente metida? ¿O con Jorge Iván Ospina, el exalcalde fatal de Cali por el nivel de corrupción que tuvo en su administración? Entonces la pregunta es interpartidista con quiénes.

Si ustedes los que tienen la posibilidad de conformar una tercería no se ponen de acuerdo, ¿entonces el mensaje que le están mandando al país es escoja entre el menos malo: Juan Manuel Santos o el uribista Óscar Iván Zuluaga? 

Nosotros tenemos el compromiso de tener un candidato a la Presidencia, como lo decidió la Dirección Nacional, pero lo vamos a hacer con reglas ciertas y resultados inciertos, o la preferencia de Carlos Ramón González que es ver cómo les tuerce el pescuezo a las reglas para lograr lo que él quiere. Y si quiere le mando la transcripción de lo que dijo.

¿Le suena la posibilidad de que Mockus encabece una lista para el Senado?

Él mandó una carta ya, y es básicamente la propuesta de Claudia López, quien plantea que todos los candidatos nos retiremos y nos metamos en la misma lista al Senado. Hay varios problemas: que no es una decisión individual, y tiene que ser el partido el que acepta eso. Yo no he visto esa inclinación, sino al partido metido en otras cosas. Por ejemplo Iván Name puede terminar encabezando la lista al Senado, que es el político más tradicional de todos y fue elegido con diez mil votos.

Entonces lo que propone Claudia es que nos vayamos todos a esa lista y Antanas contestó que sí, pero lo que hay que garantizar es que la lista al Senado sea de gente ejemplar. Él ahí dijo que yo no acepté esa propuesta y yo sí la acepté, pero dije que tiene que ser una decisión colectiva, porque qué gano yo diciendo que sí y dejarle el espacio a Navarro y a Peñalosa, y además el partido aceptar esa lista, pero no creo que el partido lo vaya hacer.

Dado el caso que el partido aceptara, ¿usted se tragaría ‘el sapo’ y apoyaría a Navarro o a quien saliera escogido?

Lo que quiero ver es a Navarro haciendo una evolución en su discurso. Ellos hablan de que se están moviendo hacia el centro, pero cuando uno le pregunta a Navarro cómo va a cambiar las cosas, dice que quiere cambiar el modelo; que es la mejor manera de no responder nada. Y es que hasta los liberales Horacio Serpa Uribe y Cecilia López Montaño hablan de cambiar el modelo. ¿Qué es lo que van a cambiar del modelo? ¿Hacia una propuesta de irresponsabilidad fiscal o de responsabilidad fiscal? Esos son los ejes de lo que tiene que cambiar. ¿Van a apoyar una reforma al sistema electoral y cómo la implementarían? ¿Entonces voy a aceptar la propuesta de Antonio Navarro, que no sé qué es lo que está proponiendo? Mi apoyo sería ideológico y programático.

Con esta experiencia suya en el Congreso, donde ha visto tanta porquería, ¿por qué no dejar eso a un lado y dedicarse nuevamente a ser profesor o gerente?

Yo sé hacer varias cosas, y como legislador he hecho lo que he querido, aunque reconozco que algunos de mis objetivos son demasiado ambiciosos y lo son porque eso es lo que hay que cambiar, y si lo logro me voy al Cielo, a la gloria, pero estoy en la lucha. Los partidos es muy difícil crearlos, eso toma décadas y los pasos que se dan son pequeños para llegar a donde uno quiere, pero ha sido una experiencia terriblemente desencantadora. Yo me la juego porque uno debe hacer lo que toca hacer, para poder decir después ‘yo hice lo que tocaba’.

Que no llegue al cielo, pero al menos que no pase por esta vida como un cobarde.

Eso es muy importante, ni como un inútil o como una persona irrelevante. Por suerte he recibido una excelente educación, he tenido oportunidad de hacer una fortuna personal, y me he asociado con gente maravillosa como Antanas Mockus y todos los ‘visionarios’. Esa fue mi salvación. Yo estaba en el Partido Liberal y Ernesto Samper en un momento me dijo que debería estar con Antanas… y me hizo un gran favor, porque dentro del liberalismo pues pasó lo que pasó. Si de esta campaña queda un saldo pedagógico, me doy por satisfecho, y que la gente sepa cuál es el problema y cómo hay que resolverlo.


¿Por qué durante todos estos años los ‘verdes’ pasaron de agache en la defensa del páramo de Santurbán? ¿Asistiendo a la marcha del 15 de noviembre viene a recobrar esa banderas?

Soy de los que creen que no se puede ser un ambientalista radical, y dónde me pruebo como un ambientalista racional porque hay muchas decisiones complejas alrededor de eso. Por ejemplo, en este momento se está discutiendo el proyecto de El Quimbo, en el Huila. La hidroeléctrica es el sistema de producción de energía más verde de todos, puede que afecte las actividades y los ingresos de la gente pero no produce huella del carbón. En el caso de la mina de oro de La Colosa (Tolima) yo le hice el costo-beneficio y el país va a recibir 69 millones de dólares anuales por quince años de explotación, pero la mina deja un hueco de diez kilómetros de largo por tres de ancho y 600 metros de profundidad, y el agua que sale es contaminada-ácida. Ahora, ni pensemos en los costos de mantener una mina después de que las empresas las abandonan y desaparecen. Además me preocupa mucho que la estructura institucional que toma esas decisiones es demasiado débil y cargada a favor de las empresas mineras porque ellas son las que hacen los estudios geológicos y de impacto ambiental. Este puntualmente es un mal negocio para el país.

¿Sudarsky es tan valiente como el papa Francisco que hace unos días se puso la camiseta “Agua sí, oro no” o es de los que le pone una vela a Dios y otra al diablo?

Es que ese es un falso dilema. Hay que evaluar cuánta agua, a dónde se va, cómo se trata y se puede estar seguro que no contamina al resto. Y, cuánto oro, cuántos residuos deja y cuánto se recibe a cambio. Es un tema de costo-beneficio. En esta época preelectoral lo más fácil es decir sí, pero que tal que resultara que no fueran 69 millones de dólares al año, sino seis mil millones de dólares y que tuvieran un mecanismo de purificar el agua, entonces yo diría puede que sí porque con esos recursos se podría encontrar la solución a muchos problemas que Colombia tiene. En el caso de Santurbán no hay discusión, porque la zona de páramo no se puede explotar y mucho menos a cielo abierto. Santurbán es absolutamente intocable y la minería en páramos está prohibida.

Así que si a mí me muestran esa camiseta, voy a decir: agua depende cuánta y cómo se trate, y oro depende qué tan rica sea la veta, cuánto produce y cuánto recibe el Estado, porque el otro punto es que el 3,2 por ciento es muy poquito frente a lo que se llevan las mineras y frente al costo que va a tener el Estado para mantener la huella ambiental que dejan esas minas.


Sin embargo, no quiero ser un ambientalista radical, porque usted puede estar evitando las soluciones a los problemas por una visión demasiado cortoplacista.

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