martes, 21 de enero de 2025

Confirmado: Los Corraleros de Majagual no se cansan

(Esta crónica la publiqué el 8 de septiembre de 2024 en el periódico Vanguardia, de la ciudad de Bucaramanga)

Todo era oscuridad y silencio. Hasta que un día, hace 62 años, se juntaron las voces de leyendas como Calixto Ochoa, Eliseo Herrera, Julio Ernesto Estrada ‘Fruko’, Lisandro Mesa, Chico Cervantes y Alfredo de Jesús Gutiérrez Vital (Sucre, 1943). Ahora son Dino, Walfredo y Alfredo, tres de los 12 hijos del triple rey vallenato, quienes mantienen vivo el nombre de Los Corraleros de Majagual, la agrupación que puso a bailar durante dos horas a más de 650 asistentes a la clausura de la XXII Feria del Libro de Bucaramanga, de la Universidad UNAB.

Pronunciar esa cuatro palabras es caer de inmediato en la tentación de subir el volumen para gozar el Festival en Guararé, La paloma guarumera, La burrita, El vampiro, Cumbia saramuya, Del tingo al tango, Pajarito platanero y Los sabanales, dentro de un repertorio interminable de éxitos que suenan sin cesar tanto en diciembre como en cualquier mes u ocasión del año y que se han transmitido por generaciones de costeños y cachacos que van a la fija cuando en sus juergas Los Corraleros de Majagual mandan la parada.

Horas antes de acostarse en la tarima del Gran Salón de Neomundo para divertirse al estilo desparpajado de su padre interpretando uno de los ocho acordeones marca Hohner que trastean a cada presentación, Walfredo se sentó al lado de Dino para contar recuerdos y secretos de un combo al que no le faltan astutos imitadores que se promocionan como si de los originales se tratara.

Avión, bus, chalupa o caballo los han llevado por todos los rincones de la geografía nacional desde sus inicios en 1962, alentados por Antonio Fuentes (fundador de Discos Fuentes) y adoptando esa denominación como un homenaje a la Plaza Majagual, de Sincelejo (Sucre), y las famosas corralejas de cada 20 de enero.

“De niñitos era frecuente ver a Calixto, Eliseo y Lisandro ensayando en un quiosco del patio de nuestra casa y convivir con ellos. Eso sirvió de mucho porque cuando fuimos llamados a Los Corraleros de Majagual había una familiaridad con esa música”, afirma Dino.

De forma espontánea y a capela tararean: “Pupún-sipigapa Ripi-ripiyopo Mepe-quepe-mopo Lapa-ropo-papa Popo-repe-sopo Mapa-nohe-pelapa Mepe-quepe-mopo Lapa-ropo-papa Sipigapa ripi-ripiyopo Fue por loco quepe-mopo Sipigapa ripi-ripiyopo Meque-mopo la-ropapa”. Es la letra de “La adivinanza”, que en la cadencia de su jeringonza significa: un cigarrillo me quemó la ropa. Una tarea que le queda al oyente porque en la canción no lo dicen explícitamente.

“Hay que entender que el formato de Los Corraleros de Majagual es único e inigualable en la historia musical de Colombia, porque es un grupo en el que no hay un solista nada más sino varias figuras. Imaginen juntos a tantas estrellas que compaginaban de tal manera y que hicieron que la agrupación siga tan vigente con sus éxitos como si hubieran salido ayer”, señala Walfredo.

Son tantas las canciones que para cada concierto deben rescatar, investigar y ensayar incontables letras que conservan sus fanáticos en sencillos o discos de larga de duración que se hacían en vinilo, las cuales les reclaman en Bogotá, Santander o México, país en el que cuentan con miles de seguidores. Solo a modo de referencia hay que decir que del 15 Festival Nacional de la Mejorana, el distrito panameño de Guararé ya va por la edición 75. “Tendrían que invitarnos a siete Ulibro más para que pudiéramos medio tocarles el grueso de nuestro repertorio”, dice Walfredo y después suelta una carcajada.

Lo corralero es una combinación de la música de bandas y la de acordeón sabanera, según sostienen entendidos como Darío Blanco, quien atribuye a esta agrupación un papel protagónico en la difusión y adopción de la música caribeña colombiana en Latinoamérica, con Alfredo Gutiérrez a la cabeza. Aparte del acordeón, los otros instrumentos que hacen posible su parranda en ciudades como París, Bruselas o Ámsterdam son trombón o bombardino, saxofón, bajo electrónico, congas, caja vallenata, guacharaca, timbal, platillos y cencerro.

El periodista cultural, escritor y moderador Juan Carlos Garay Acevedo, de la Radio Nacional de Colombia, lo subraya: “Los Corraleros de Majagual no son solamente una orquesta del pasado, sino que está muy viva y presente”, rememorando sus raíces descomplicadas y alegres.

Se agotarán primero el infatigable conejo rosado y las pilas Duracell que los integrantes de Los Corraleros de Majagual. Dino, Walfredo y Alfredo, con su ‘manager’ Tony Cabarcas y los demás integrantes, tienen cuerda para sobrepasar con tanto derroche de energía los 81 años de su padre, ‘El rebelde del acordeón’.

“¡Nos fuimos!”, dijo hace décadas Chico Cervantes, y lo repite Dino, cabeza del equivalente a La Sonora Matancera, como fue el sueño de Antonio Fuentes. Su legado perdurará con la fundación musical que funciona en Sincelejo, con el propósito de sembrar esa semilla de la Dinastía Gutiérrez en niños de 5 a 15 años a quienes acogen con los brazos abiertos.

Se agotarán primero el infatigable conejo rosado y las pilas Duracell que los integrantes de Los Corraleros de Majagual. Dino, Walfredo y Alfredo, con su ‘manager’ Tony Cabarcas y los demás integrantes, tienen cuerda para emular con tanto derroche de energía los 81 años de su padre, ‘El rebelde del acordeón’.



Gente de todo el mute

(Columna de Óscar Domínguez Giraldo publicada en el periódico El Colombiano, de la ciudad de Medellín, el 27 de junio de 2024)

Como los santandereanos están de moda por el triunfo del Atlético Bucaramanga, decidí recordar a algunos de mis colegas y amigos búcaros:

A los 97 años, Gonzalo Castellanos, hecho en Málaga, es una fiesta. Ha brillado como cronista y reportero purasangre en prensa, radio y televisión. A su edad, sigue tarareando a sus compositores preferidos, leyendo y fumando. A los médicos que le piden que deje el cigarrillo Pielroja les responde que han debido decírselo en sus quince. Es de una modestia apabullante.

Lo han buscado de editoriales para publicarle sus crónicas. Se ha negado diciendo que no valen la pena. Los hay que escribimos un párrafo y nos sentamos a esperar el Nobel. En Estocolmo cubrimos la entrega del Nobel a García Márquez. También compartimos el avión de la FAC ametrallado desde tierra cuando estaba próximo a aterrizar en el aeropuerto de Managua. Mientras unos rezábamos, Gonzalo y su camarógrafo grababan un informe para su noticiero.

Historiador y periodista, Antonio Cacua Prada, de 92 febreros cumplidos, pertenece a la cofradía de los que se agachan y se les cae un libro. Son más los libros que le faltan por escribir. Hace rato pasó de los cien publicados. Alguna vez me nombró miembro de la Sociedad Sanmartiniana de Colombia que presidía. Decliné el nombramiento porque en ese momento, del Libertador de Argentina, Chile y Perú, sólo sabía que montaba muy bien a caballo. No me aceptó la renuncia.

Mi única amiga atea es santandereana. Como atea no se cambia ni por Dios mano a mano. Se le puede aplicar este aforismo de Jardiel Poncela: El ateo cree que él mismo es Dios. Se llama Nohra Parra, fue reportera estrella de El Tiempo y ennietece en París. Cuando la abuela Nohra habla francés saltan pedazos restos de mute en todas direcciones.

¿Quién no ha dicho alguna vez: “Yo también tuve veinte años” del maestro José A. Morales? ¿A quién no se le arruga hasta el pasaporte oyendo la melancólica música para piano del maestro Luis A. Calvo?

Eduardo Durán Gómez tiene más hoja de vida que una mujer fatal. Es periodista, columnista, escritor, abogado, viajero, notario, historiador. Durán, actual director de la Academia Colombiana de la Lengua, es el único santandereano zen que conozco. Los demás son más bien atravesados. Compartí en Colprensa con “pingos” como Sonia Rodríguez, Pilar Cadena, Mario Hernández, Alvarángel Pabón, Pastor Virviescas y Carlos “Cachetada” Gracia.

Dejé algunos denarios en Barichara. Protesté ante el párroco porque el reloj de la iglesia da la hora cada quince minutos. Esa forma de notificar que Dios existe no deja dormir. No, no le jalo a las afrodisíacas hormigas culonas de Santander. Me toca repetir con un amigo: Si no me alcanza para la fidelidad, muchos menos para la infidelidad.

viernes, 17 de enero de 2025

Cinco canciones

(Nota publicada en Lima el 05/10/24 por el laureado autor Gustavo Rodríguez Vela en jugo.pe, una cooperativa de escritores y divulgadores que ofrece un extracto diario de temas actuales)

Rodríguez Vela es escritor y comunicador. Ha publicado, entre otras, las novelas "La furia de Aquiles", "La risa de tu madre" (finalista del Premio Herralde), La semana tiene siete mujeres (finalista del Planeta-Casamérica), "Madrugada" y "Treinta kilómetros a la medianoche"; y libros infantiles que se leen en las escuelas. Su libro "Traducciones peruanas" reúne gran parte de sus artículos en el diario El Comercio. Ganó el Premio Alfaguara de novela 2023 con "Cien cuyes".

Si alguien le pidiera cinco canciones importantes en su vida, ¿cuáles elegiría?

Hace unas semanas estuve en una feria literaria en Bucaramanga, Colombia, sabiendo que iba a participar de un conversatorio bajo el ambiguo tema de “música y sociedad”. Lo que no sabía es que para perfilar la sombra de ese paraguas amplísimo, el carismático moderador —Pastor Virviescas— nos iba a pedir a los entrevistados, sin mucha anticipación, una lista de cinco canciones para hablar de ellas. Imagínese usted la cantidad de canciones que ha escuchado en su vida —un estudio dice que en la actualidad cada persona escucha en promedio 368 canciones a la semana— y ahora decida en solo unos minutos qué cinco de todas ellas soltará para definir su identidad.

Yo entregué mi lista con muchas dudas, e imagino que lo mismo le ocurrió a Juan Manuel Ruiz, el periodista y escritor que me acompañó en el estrado. No obstante los nervios, el intercambio resultó cálido, emotivo, y Juan Manuel y yo hasta coincidimos con un músico, el número cuatro de mi lista. Si ahora comparto aquí esas canciones es porque no se me ha ocurrido algo mejor sobre qué escribir esta semana, pero también lo hago porque es probable que a usted le provoque también recorrer su vida musicalmente y conectar sus vivencias con sus emociones.

Tocata y Fuga en re menor, Johann Sebastian Bach

Los niños de mi generación que no tenían padres melómanos, al menos tenían acceso a los dibujos animados para escuchar música clásica: quienes hayan visto los cortometrajes de Looney Tunes jamás podrán separar al barbero de Sevilla de Bugs Bunny. Por esa época, a mí me tocó emocionarme adicionalmente cuando en la televisión peruana transmitieron una serie animada europea titulada Érase una vez el hombre que, en cada capítulo de media hora, contaba cronológicamente la historia del ser humano en la Tierra. Recuerdo que la secuencia de presentación empezaba con el Big Bang y que avanzaba raudamente junto con la inmortal composición de Bach: a la altura del Renacimiento, cuando un monigote de Leonardo se encontraba pintando su Mona Lisa, mi piel ya se había erizado de emoción sin saber exactamente la razón.

Tal vez la tutela de Bach me ayudó a presentir que la historia del ser humano es una larga batalla entre sus grandezas y bajezas. O quizá ya empezaba a definirse lo que hoy sé con absoluta claridad: que destierro al barroquismo frente al minimalismo cuando se trata de decorar mi propio hogar, pero que me fascina cuando se trata de contar historias; pues soy partidario de que los dramas y los placeres humanos se transmitan con toda la intensidad y exageración posibles. 

Chega de saudade, Antonio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes

No sé por qué me emociona tanto el bossa nova, pero en aquel conversatorio en Colombia me arriesgué a proponer que quizá se deba a mi admiración infantil por mi tío Iván, quien fuera hermano de mi madre. Recuerdo que una vez mis padres y yo fuimos a visitarlo desde Trujillo a su departamento en una unidad vecinal en Lima y me la pasé viéndolo pintar por encargo un retrato de Napoléon mientras escuchaba música en su habitación atiborrada de discos.

Mi tío, además de pintor autodidacta, tenía una voz melodiosa que había hecho pública en las onda radiales cuando en los años cincuenta formaba parte del quinteto Os reis do samba.

Quién sabe si ese mejunje de fado, samba y jazz que Jobim embaló para el mundo, con la guitarra y voz nostálgica de Joao Gilberto en este caso, no me habla de mi infancia ida, de los laureles que mi tío no pudo ceñirse en las sienes, de la melancolía que siempre he escondido desde chiquillo y que a veces camuflo detrás del humor.

Back on the chain gang, The Pretenders

Hace unos años se hizo público un estudio que encontró que las canciones que un hombre escucha a los 14 años marcarán su gusto musical de por vida, y que en el caso de las mujeres la huella se inicia a los 13. Así, esta canción de Pretenders rubrica el hecho de que soy un hombre promedio, así como la importancia del pospunk en mi educación sentimental.

Aquel verano, que fue el de 1983, me enamoré por primera vez, fui un mocoso que traicionó a un compañero de clase a causa de sus hormonas, fui abandonado por un tipo mayor, más alto y aplomado; y me convertí en un borracho circunstancial que planeaba patrullar la casa de su ex tras buscarla en algunas fiestas. 

Curiosamente, en Bucaramanga el auditorio no conocía esta canción. Una pena, les dije, ya que todo patetismo adolescente sale mejor parado si lo acompañan Pretenders, The Cure y Roxy Music.

El padre Antonio y el monaguillo Andrés, Rubén Blades y Seis del Solar

Este año se cumplieron 40 años del lanzamiento del álbum que acoge este tema, y lo sé bien porque también se cumple el mismo tiempo desde que salí del colegio. Quien sea latino, tenga mi edad y no haya bailado Decisiones en su fiesta de promoción, no ha existido.

Ha sido sin embargo la penúltima canción del disco, la que habla del asesinato del sacerdote Andrés y de su monaguillo —inspirada seguramente en la muerte real de Óscar Arnulfo Romero—, la que ha terminado por estrujarme el corazón cada vez que la escucho.

Provengo de una familia práctica, apolítica y que nunca tuvo sobremesas trascendentales, y es por ello que mi ubicación ideológica en el mundo proviene de mis lecturas, de mis circunstanciales intercambios sociales y de la cultura popular. Luego de haber paporreteado sin entender un carajo la Teología de la Liberación en mi colegio, escuchar esta historia ficcionada por Blades y sentir pena inmensa por un niño inocente que no conoció a Pelé fue una de mis puerta tempranas para atisbar la inconmensurable injusticia que rodea a nuestras sociedades.

Existe un testimonio de Blades sobre cómo fue recibida esta canción cuando la cantó por primera vez en Uruguay: recomiendo verlo aquí.

Inconsciente colectivo, Charly García

Como le ha ocurrido a muchos hispanohablantes de mi edad, la primera vez que supe que se podía ser un rockstar y cantar en español fue al toparme con Charly García a los catorce años.

Ocurrió cuando escuché No bombardeen Buenos Aires en una radio A.M. del norte del Perú y la fascinación me persigue hasta ahora. Hubo un momento, sin embargo, que cuenta como uno de los más extraños y hermosos que me han ocurrido en mi relación con la música: me encontraba lavando platos en mi primer departamento de casado, a los veinticuatro años, en compañía de una radio portátil, cuando el flaco empezó a cantar Inconsciente colectivo. Y, no sé por qué, arranqué a llorar. No se me había muerto nadie. No estaba peleado con nadie. Es como si la canción hubiera destrabado una puerta de la que ni me había percatado.

Aquello solo me ha vuelto a ocurrir una vez más, ya no escuchando una canción, sino ante un cuadro de Picasso en un museo de Yale: un recordatorio de que los artistas, los de verdad, alcanzan en el resto frecuencias que no sabíamos que existían. 

Así ‘naufragó’ nuestra Flota Mercante Grancolombiana

(Esta nota la publiqué el 29/12/24 en el periódico Vanguardia, de la ciudad de Bucaramanga, Colombia)

Un marino socorrano revela la historia detallada, salpicada de desatinos y horrores, de la que fuera una de las empresas insignias de este país.

Por un instante, piense que el gerente de una compañía ignora los fundamentos del negocio, que por sus trabajadores estar de jolgorio se daña una de las máquinas o que no cobran los cheques con que sus clientes les pagan sus servicios...

Sí, una lista interminable de hechos inverosímiles, de decisiones erróneas, más torpeza y falta de olfato, fueron los factores que llevaron al hundimiento de la Flota Mercante Grancolombiana (FMG), un gigante que durante décadas tuvo en sus manos el negocio del transporte de carga desde y hacia Colombia, que estuvo exento de impuestos y del pago de derechos portuarios, y sin embargo fracasó.

“La patria en los mares”, ese fue el lema de una empresa creada en 1946 con un capital de 35 millones de dólares, y de la que inicialmente fueron socios tres países (Colombia, Venezuela y Ecuador). Su primer gerente fue el veleño Álvaro Díaz Sarmiento, quien condujo con pulso firme el timón de la Flota durante los siguientes 38 años.

La FMG alcanzó a tener 25 buques propios y 80 alquilados y tocar 147 puertos de 50 países. La Flota hizo posible que nuestro café llegara a lugares tan remotos como Japón e incluso se dio el lujo de contar con oficinas de 1.500 m2 en el piso 16 de la Torre 1 del desaparecido World Trade Center de Nueva York, una excentricidad que muchas corporaciones americanas ni siquiera podían soñar.

En 1994 mandaron a construir dos modernos barcos portacontenedores de última generación en los astilleros de Hyundai (Ulsan, Corea del Sur), que diseñados al gusto del comprador y alcanzados a marcar con los nombres de “Providencia” y “Álvaro Díaz”, jamás navegaron con las insignias nacionales porque a la hora de su primer zarpe desde las oficinas de Bogotá ordenaron venderlos por necesidades económicas de la compañía a unos griegos por el precio de 34,2 millones de dólares cada uno, siendo rebautizados “Thermaikos” y “Dorikos”.

Fue tal la abundancia de la FMG que uno de sus presidentes, el político nortesantandereano Enrique Vargas Ramírez, en 1989 en la costa de Manhattan al ver el yate de lujo del magnate (hoy reelecto mandatario) Donald Trump, se antojó y por poco manda a comprar uno similar para no quedarse atrás.

Su músculo financiero era tan robusto, que hasta dio para meterse en un negocio paralelo del que no tenían la más remota idea: el transporte de pasajeros. Por esa razón es que el “Crucero Express”, que iría a Cristóbal (Panamá) y vendría a Cartagena, resultó en un estruendoso fracaso en la administración de Luis Fernando Alarcón Mantilla, al tener 150 tripulantes, dos orquestas y 12 despampanantes bailarinas rusas, con una capacidad para 750 pasajeros pero que realizó viajes con apenas 30 usuarios, dejando pérdidas estimadas en más de 40 millones de dólares.

La FMG también fue aprovechada por delincuentes que utilizaron camarotes, extintores y ‘torpedos’ soldados a los cascos de motonaves para llevar cargamentos de marihuana y luego de cocaína a Norteamérica y Europa, forzando a los sabuesos gringos a crear un comando de buzos expertos en sumergirse para detectar los alijos y por los que más de una tripulación se vio en aprietos con la Guardia Costera, debiendo la Flota pagar cuantiosas multas.

Cuesta trabajo entenderlo, pero la FMG registró accidentes como el del buque “República de Colombia” que debido a una falla en el timón colisionó con uno de bandera americana, en cercanías al Triángulo de las Bermudas, sin que el oficial de guardia en el puente y el timonel alertaran de este siniestro que llevó a la muerte de un ingeniero y daños por más de un millón de dólares. O el barco “Ciudad de Pasto” que se salió de rumbó y encalló en la zona protegida de corales de la Florida, mientras en cubierta celebraban un coctel para agasajar a un candidato presidencial (Virgilio Barco Vargas). O el mismo “Ciudad de Pasto” que navegando entre Los Ángeles y Yokohama (Japón), fue golpeado por una ola que hizo que entrara el agua a su sala de máquinas, generando escenas de pánico que llevaron al capitán y a su primer oficial a abandonar el buque y su tripulación en una actitud vergonzosa que iba contra todo principio ético.

Episodios que parecen sacados de una película surrealista pero que narra con lujo de detalles Guillermo Sierra Barreneche, un marino socorrano de 81 años, que durante 32 navegó sin parar y que desde su lugar de retiro en Piedecuesta se atrevió a contar indelicadezas y desatinos de quienes llevaron a que la FMG se fuera a pique.

“Gloria y Naufragio de un Coloso” es el libro de 323 páginas que llega a su segunda edición, en el que Sierra Barreneche –formado en la Escuela Naval de Cartagena– tiene la memoria para revivir los años de prosperidad de la naviera, así como las decisiones erradas, con nombres y apellidos, lo mismo que la interminable cadena de desaciertos que condujeron indefectiblemente a su liquidación ordenada por la Superfinanciera en el año 2000, como las concesiones onerosas a los pliegos de peticiones de los sindicatos, su exagerada burocracia o los barcos multipropósito hechos en Polonia con motores sobredimensionados que consumían más del doble de combustible que lo normal.

Colegas y amigos le recomendaron que no lo hiciera porque se granjearía la enemistad de los protagonistas –algunos de ellos paisanos–, pero él sacó los bríos suficientes para contarles a quieres conocieron el calado de la FMG, cómo fue que se llegó a su hundimiento a pesar de registrar años como el 1992 con 173.000 millones de pesos de utilidades.

De la Flota Mercante Grancolombiana, que tuvo un barco bautizado “Ciudad de Bucaramanga”, solo queda la nostalgia entre quienes la conocieron y los pleitos de cientos de oficiales y tripulantes que al día de hoy siguen reclamando el pago de sus derechos pensionales, ante una Federación Nacional de Cafeteros que sacó provecho de la FMG y cuando debe responder por esa carga prestacional simplemente responde que no lo puede hacer porque se asfixiaría económicamente, así el Tribunal Superior de Bogotá y la Corte Suprema de Justicia le hayan ordenado que debe responder económicamente a quienes en su vejez se niegan a morir en el abandono.

El otro vestigio es el bambuco “Almirante”, compuesto por Alberto Acosta Ortega e interpretado en violín y guitarra por Jaime y Mario Martínez Jiménez, Los Hermanos Martínez.

La FMG fue un coloso cuya partida de bautismo la firmaron hace 78 años con la pluma del propio Libertador Simón Bolívar los presidentes Alberto Lleras, Rómulo Betancourt y José María Velasco, pero que recibió un entierro de tercera categoría.


El salto al vacío de ‘Napoleón V’, un búho rescatado en Bucaramanga

(Esta crónica la publiqué en el periódico Vanguardia -Bucaramanga, Colombia- el 17/07/24)

Esta es la historia de un polluelo de búho de anteojos rescatado por vigilantes de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. La imponencia de su plumaje y a la vez su ternura genera noticia en la comunidad educativa.

Hay hijos que, si sus padres se descuidan, permanecerán en casa hasta los cuarenta o cincuenta años, pero otros como Napoleón V a la sexta semana de nacidos aprovechan la oportunidad para intentar el primer vuelo que les permita alcanzar su independencia.

Napoleón V no pertenece a la raza humana y mucho menos a los jóvenes “Bon Bril” que abundan en esta meseta, sino a la familia de las aves de rapiña nocturnas y su nombre científico es Pulsatrix perspicillata. Para él las reglas de la vida son diferentísimas.

Este polluelo protagonizó una caída en barrena cuyo estropicio de inmediato llamó la atención de los vigilantes de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, UNAB, quienes por esta época del año se han venido acostumbrando a ver empollar durante 35 días a una pareja de llamativos búhos de anteojos, nativos de las selvas y bosques de México hasta el norte de Argentina.

De una altura de 18 metros, Napoleón V aprovechó un descuido de sus progenitores y se lanzó del hueco del árbol donde tiene su hogar, pero en lugar de tomar altura cayó al suelo para ser rescatado por quienes se han convertido en sus guardianes, como ha venido ocurriendo desde cuando hace más de siete años recogieron al primer pichón en aprietos.

Su imponente plumaje blanco, su corpulencia (así de pequeño mide 20 centímetros) y su firme mirada enmarcada dentro de un disco facial negro los llevó a bautizarlos con el nombre del emperador francés, generando expectativa entre los amantes del avistamiento de aves, integrantes de la comunidad universitaria y vecinos del barrio El Jardín que se van enterando de este regalo de la madre naturaleza.

Además, el sitio escogido para anidar parece hecho a propósito. Está a pocos pasos de la quebrada La Flora y en las noches hay abundante presencia de insectos, ranas, pequeños mamíferos y murciélagos, pero quizás lo más llamativo es que se encuentra frente a la Biblioteca ‘Luis Carlos Galán’, alimentando el imaginario de los que ven en búhos y lechuzas a esas aves de la mitología griega asociadas con Atenea, la diosa de la sabiduría, o en países como Japón a un símbolo de la prosperidad.

Recuperado del porrazo después de unas horas de reposo, Napoleón V giró su cabeza 270 grados en ambas direcciones y en un santiamén se fue a la rama de un caracolí para buscar a su madre, que no veía la hora de volverlo a tener a su lado.

Antes de su primer cumpleaños este tierno copo de nieve de ojos amarillos lucirá una banda pectoral pardo-negruzca con timoneras y remeras de tono café grisáceo. Su “uaaau” se mezclará con el “bup-bup-bú-bú-búbúbú” de sus padres, en un canto similar al que se oye cuando se agita una radiografía. Ya se acerca la luna llena y anhela saber qué es eso de cazar por su propia cuenta.

Gabriela Cabezón Cámara, la escritora y la subversiva

(Esta nota la publiqué el 23/08/24 en ulibro.com y otros portales de la Universidad UNAB)

"Tan aguda, tan urgente, tan valiente, Gabriela Cabezón Cámara es una de las voces más auténticas escribiendo en español en este momento, y de todos sus talentos hay uno cada día más difícil: no solo hurga y desafía, no solo se anima a la oscuridad, sino que entrega a cambio la subversiva valentía de pensarnos más humanos, más vivos y luminosos que nunca”. Esto dice la reconocida escritora argentina Samanta Schweblin de su colega y compatriota que es una de las figuras internacionales invitadas a Ulibro 2024.

Exeditora de cultura del diario Clarín y ganadora del Premio Ciutat de Barcelona de Literatura en lengua castellana (2023), Gabriela vino a hablar de su novela “La niñas del naranjel” (Random House), en un diálogo de 45 minutos con el profesor del Programa de Literatura de la Universidad UNAB, Leonardo Gil, cautivando al público que se dio cita en el Auditorio de Neomundo con la apasionante historia de una adolescente monja vasca de familia noble que abandonó un convento de su país para viajar a América, donde le da un giro asombroso a su vida convirtiéndose en Antonio, un sanguinario alférez de la época colonial con centenares de muertos en sus espaldas y quien a la vez conservaba su himen como prueba de todo lo que se le vino en gana hacer.

De la perplejidad del obispo que oye la confesión de tan peculiar criminal y de la fantástica narrativa de la selva, así como de las fuentes que la inspiraron y de sus propios hábitos indisciplinados de escritura, Gabriela aceptó la invitación a adentrarse en otro territorio en el que se mueve como pez en el agua: el del activismo.

Sin ataduras que la silencien o la menoscaben, esta autora cuya obra ha sido traducida a once idiomas respondió a las críticas que les llueven a personas de su talante que son vistas como enemigas de lo que el orden global impone. “El desarrollo pensado en términos de megaextractivismo, de megaminería, de megamonocultivo no es desarrollo, es acabar con la posibilidad de la vida. Sin agua mostráme qué desarrollo vas a tener. Por otra parte, y esto es comprobable en toda Latinoamérica, si por ejemplo acá se encontrara petróleo los bumangueses no se van a hacer ricos como los noruegos; van a quedar contaminados y pobres como pasa en toda Latinoamérica y va a haber dos personas ricas. Además, aunque fuéramos todos ricos como los noruegos, cosa que los latinoamericanos estamos muy lejos, sin agua, sin aire limpio para respirar, sin tierra, qué vamos a hacer con el dinero: ¿nos lo vamos a comer?”.

Ignora si asumir ese tipo de posiciones radicales le cierra o le abre más puertas, pero esta feminista y socioambientalista enfatiza que: “estamos hablando de megaextractivismo, de escalas gigantescas, y nadie está diciendo que no utilizar recursos; estamos diciendo no utilizarlos así”.


Desde su punto de vista, la transición energética no es un aspaviento. “Está sucediendo y países como China están haciéndola en este momento, después de generar un nivel de contaminación bestial y con todos los bemoles que tiene China porque no estoy diciendo que me gustaría vivir en ese país. Están encarando la transición energética con determinación porque es necesaria, porque es urgente. De que podamos hacer la transición energética depende la supervivencia de nuestra civilización y no es una idea mía. No hay más que mirar los documentos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) para estar seguros de lo que estoy diciendo. Si hay alguien que sepa más que los científicos de las mejores universidades del mundo, yo no lo conozco y me parece que miente. Estamos yendo a un colapso climático y hay que pararlo. Tenemos hijos, aunque no tengamos hijos. Todos los niños son nuestros hijos de alguna manera. Lo mínimo que les debemos es un planeta habitable”, enfatiza.

“Están en riesgo todas las formas de vida complejas en el planeta y nosotros también. La mayor parte de nosotros, porque quedarán algunos… como siempre”, recalca esta periodista de 55 años autora también de las novelas “Romance de la negra rubia” y “Las aventuras de la China Iron”, entre otras.

Para cerrar la velada e irse a descansar tras un agotador viaje que la trajo de regreso del Festival EML24 realizado en Barichara, Gabriela no podía dejar a (Javier) Milei con cabeza y esto dijo del presidente de su país: “Es una bestia horrible la que nos gobierna hoy. Todos los días nos despertamos y no lo podemos creer. Es una cosa espantosa que habla en algún punto del fracaso de los últimos cuarenta años de democracia, porque esto de ser progresista en el discurso pero neoliberal en la economía tiene consecuencias y las estamos viendo”.

Ulibro 2024 contó con el esfuerzo de la Universidad UNAB y el apoyo del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, la Biblioteca Nacional, el Instituto Municipal de Cultura y Turismo de la Alcaldía de Bucaramanga, la Cámara de Comercio de Bucaramanga, la Gobernación de Santander, Coordinadora, ESSA, Delthac Seguridad, Centro Comercial Cacique, Banco de la República, El Espectador, RCN Neomundo, entre otras.



Premio Silvia Galvis a cinco periodistas que no tragan entero

(Esta nota la publiqué en ulibro.com y otros portales de la Universidad UNAB el 28/08/24)

"Silvia tenía claro qué es lo que era imperdonable de los poderosos y dónde había que pararse en este país frente a las injusticias, las mentiras o la violencia”. Esta frase la pronuncia María Teresa Ronderos Torres, quien no solo conoció su trabajo como periodista e investigadora, sino que además aprendió y fue amiga de Silvia Galvis.

Pues la bogotana Ronderos Torres recibió el Premio Nacional de Periodismo Silvia Galvis, de la Universidad UNAB, en reconocimiento a más de tres décadas de consagrada labor que la ha llevado a desempeñarse en medios nacionales como el diario El Espectador, El Tiempo y Semana, entre otros, o fundar el portal VerdadAbierta.com, haciéndose merecedora de galardones como el Premio Rey de España y el Maria Moors Cabot (Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, EE. UU.).


Ronderos Torres agradeció la distinción a su trayectoria, dijo que le eleva su compromiso con el oficio y afirmó que “lo nuestro es salir a influir en las sociedades, a empujar los cambios con las palabras, a hacer alharaca para que los caminos que nos llevan a los abismos se corrijan”, sin dejar de lado que “no buscamos el poder propio, sino que vigilamos el ajeno”.

Como si fuera la aguerrida Silvia que con sus columnas en los diarios Vanguardia y El Espectador o en la revista Cambio 16 se atrevió a desenmascarar a tantos corruptos y sacar a la luz innumerables asuntos que otros colegas prefieren guardar debajo de la alfombra, María Teresa hizo énfasis en su llamado cotidiano a verificar, confrontar versiones, exigir documentos, escarbar, documentar, indagar el contexto y los protagonistas, bajo “la ética de no tragar entero”.

Consciente de las amenazas y desafíos que representan fenómenos como las redes sociales y la inteligencia artificial, que llevan a colegir que el periodismo está moribundo, la directora del Centro Iberoamericano de Investigación Periodística (CLIP) aseveró que la labor que ejerció Silvia con tanto coraje demostró que “nada hay más arrollador que acercarse a la verdad con honestidad, sensibilidad y método”, extendiendo la invitación a los estudiantes, docentes y colegas presentes en el Auditorio del centro de Convenciones Neomundo para redoblar esfuerzos en la misión inclaudicable de hacer de este oficio algo aún más hermoso y más retador en tiempos de tanta mentira.

Otro de los ganadores del Premio Silvia Galvis entregados en el marco de la XXII Feria del Libro de Bucaramanga es un periodista costeño que tuvo el valor de revelar en La FM, de RCN Radio, los tentáculos de los paramilitares de la Sierra Nevada de Santa Marta en el negocio del turismo. Renán de Jesús Fontalvo Donado habló de esa gobernanza criminal y manifestó que hay una mafia que se apoderó del transporte de visitantes de la ciudad de Santa Marta al Parque Tayrona. “Ellos administran toda esa actividad y la Gobernación, la Alcaldía y demás entes gubernamentales lo saben”, acotó.


El reconocimiento en la categoría de opinión recayó en José Ramiro Celedón Ucrós con el trabajo “Matoneo subsidiado”, publicado en el Magazine Ojo Pelao’, el cual puso en evidencia el andamiaje corrupto de un clan político en el sur del departamento de la Guajira que se apoderó de millonarios recursos públicos para apalancar sus intereses privados, caso que está en manos de la Corte Suprema de Justicia. Por esa denuncia a José Ramiro intentaron silenciarlo dos sicarios que merodearon por su casa, pero sostiene que está y seguirá firme en su trinchera.

Valeria Acosta Velásquez y Paula Andrea Pérez Cárdenas, estudiantes de la Universidad de Antioquia, viajaron desde Medellín a recibir el galardón en la categoría de periodismo joven, al que se hicieron acreedoras con el trabajo “Los trapitos sucios se lavan en casa”. Este informe aborda la correlación entre la violencia sexual contra menores de edad y los embarazos de adolescentes.


En la séptima entrega de estos premios que llevan el nombre de la directora del entonces Vanguardia Liberal (nacida en 1945 y fallecida en 2009), el rector de la Universidad UNAB, Juan Camilo Montoya Bozzi, expresó la importancia que estos tienen para el Programa de Comunicación Social y la Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes. Destacó también el incremento en la participación de trabajos provenientes no solo de Santander sino de otros puntos de la geografía nacional, ya que fueron 63 las postulaciones (36 medios de comunicación y 13 universidades).

En esta ocasión el jurado calificador estuvo conformado por Ginna Piedad Morelo Martínez, Ana María Ferrer Arroyo y Margarita Martínez Escallón.