martes, 28 de abril de 2026

Una amistad con mucha química

(Columna publicada por Felipe Antonio Zarruk el 29 de marzo de 2026 en el periódico Vanguardia (Bucaramanga, Colombia)

En el barrio Cabecera, donde el sol cae como sentencia a las cuatro de la tarde, suele aparecer Luis Aurelio Prada, a quien en el gremio bautizaron hace décadas como Químico Lucho. No es apodo gratuito: ha hecho de los productos químicos y los perfumes un oficio, y del oficio, una ética. Entre matraces invisibles y fragancias que huelen a memoria, levantó empresa y carácter.

Conocí a Lucho hace casi 40 años, en casa de unos amigos de mis padres, cuando todavía discutíamos de fútbol con la misma pasión con la que hoy discutimos una tilde. Porque si algo le importa, además de un buen clásico dominical, es la ortografía. Corrige con elegancia, como quien acomoda la defensa en un tiro de esquina. Lee con disciplina monástica y resuelve crucigramas como si estuviera descifrando el ADN del idioma.

Está cerca de los ochenta, pero camina con la prisa de un juvenil en final de campeonato. Ha recorrido casi treinta países, y de cada viaje trae una historia, un aroma, una palabra nueva. Dice que el mundo es un laboratorio y que uno nunca termina de aprender la fórmula exacta de la amistad.

A veces hablamos más de la vida que del deporte, pero siempre regresamos al punto de partida: la lealtad. Lucho es de esos amigos que no se evaporan con el tiempo. Como los buenos perfumes, permanece. Y en esta cancha larga de la existencia, tenerlo en el equipo ha sido, sin duda, mi mejor fichaje.

Mi vida como escritor empezó en Barranquilla, siendo niño; veía a mi bisabuelo Felipe Santiago Rosado Martínez construir sus artículos para los diarios de La Arenosa. Conservador como ninguno, era poeta de nacimiento y declamaba con fervor. Recordaba en sus escritos nostálgicos, las cinco veces que ocupó la silla como primera autoridad de la capital del Atlántico y también sus duelos orales en el Teatro Emiliano Vengoechea con su gran amigo Julio Flórez, el poeta chiquinquireño. En las tardes calurosas de la tierra que vio nacer a mi recordada madre, ingresaba a su estudio privado, lugar sagrado para leer y jactarse de sus innumerables libros, para extrañar a mi bisabuela Maria Luisa Magri con esta hermosura de estrofas: “Hermosa como el sol de mediodía, como una virgen oriental a cuestas, te vi una noche reina de la fiesta, exhibiendo tus gracias a porfía. Te vi en un baile y mi corazón latía, al verte en los compases de la orquesta, como una palma cimbradora enhiesta, derramar tus fulgores y ambrosía”.

Estoy seguro que mi bisabuela, una hermosa samaria de origen italiano, cayó rendida en los brazos del espigado y buen mozo bisabuelo con el remate del poema: “No he podido olvidarte aún parece, que te admiro danzando en mi delirio, y que tu imagen no se desvanece. Rubia del corazón, rubia querida, si trocaras en gozo mi martirio, no sé lo que te diera, ¡hasta la vida!” En mi corta vida como escritor menor, he tenido grandes maestros como correctores de estilo; son ellos: Eduardo Muñoz Serpa, Pastor Virviescas, José Oscar Machado y Alberto Galvis Ramírez. No soy García Márquez, ¡pero me doy mis lujos! El otro, es Luis Aurelio, “viejo triple querido”, como le digo con cariño. Nuestras tertulias en su oficina están acompañadas de un café, una torta o una mestiza de El Maná. Las risas y carcajadas son el pan nuestro de cada reunión junto a sus adorables hijos. Es más, yo me siento como uno de ellos; siempre lo saludo con un tierno beso, al cual le costó trabajo acostumbrarse, pero lo logró. Me corrige con respeto y sabiduría, estudia mis textos y les dedica tiempo. Eso es amor, amor de amigo, de esos que se extinguen poco a poco.

Mamador de gallo como ninguno, encontró su otro yo, en mí. Me siento halagado con tu amistad y tus silencios. Fíjate que esta vez no te tuve que llamar para corregir mi escrito; espero que lo haya hecho bien. Te mereces estas palabras, porque la amistad se basa en la química que brota del corazón. Te quiero mucho, no lo olvides.

Ese amor

(Columna publicada por Donlado Ortiz Latorre en el periódico Vanguardia (Bucaramanga, Colombia) el lunes 27 de abril de 2026)

"El amor a la tierra es superior”, dijo el anarquista y cineasta español Luis Buñuel. Lo dijo paseando por el sur de España, tan pobre, con tanta miseria, viendo que, a pesar de eso, la gente no se iba a buscar nuevos mundos, como en una época lo hizo Pizarro, el conquistador analfabeto que criaba cerdos allá en Extremadura. Y tenía razón: es un amor superior.

Un mundo parecido lo conocimos en la Mesa de los Santos, que tiene zonas áridas y olvidadas, semejantes a las de Extremadura y Andalucía, en España, donde el sol no da tregua y los veranos parecen eternos. Zonas que el turista no conoce ni tolera en su falsa comodidad.

Fuimos a visitar a una paciente con Pastor Virviescas, escuchando en el camino La Marsellesa, que animaba el paisaje y la conversación. Al fin llegamos, después de una carretera llena de polvo (no barro), por donde la camioneta patinaba. En medio de la soledad del paisaje, llegamos a la casa de la señora, que nos esperaba con su rostro inescrutable, su piel morena marcada por profundas arrugas que le daban dignidad e inspiraban respeto.

Logramos apreciar la aridez: “Hace dos años por aquí no cae una gota de lluvia”, dijo la señora, que nos recibió con su esposo, quien no hablaba. Ella llevaba la conversación, mientras el señor callaba, sentado en una vieja silla que se hundía. El agua que vimos en una pileta era amarilla. Nos dijo que, cuando estaba deprimida, salía a caminar y se le pasaba toda tristeza, porque con ese calor se le secaban hasta las lágrimas.

Le preguntamos por qué no se iban, pero su respuesta fue contundente: “Ni muertos. ¿Irnos para Bucaramanga a morirnos en un apartamento, viendo televisión y sin poder salir para que no lo roben o lo maten a uno, y perdernos los sonidos del campo, el canto del búho, de los grillos y de los pájaros (porque aquí también hay), para acabar oyendo pitos y ruido de motos?”. En silencio, le dimos la razón, mientras al fondo dos camuros raquíticos, que lamían las piedras, se movían lentamente. Era un campo lunar lo que veíamos, a 40 minutos de Bucaramanga.

Les entregamos el mercado que les llevábamos y una pierna de cabro que compramos en el camino, y nos devolvimos escuchando de nuevo La Marsellesa, mientras pensábamos cuánta razón tenía Buñuel, que también dijo: “La realidad, sin imaginación, es la mitad de realidad”.

Nota: El País de España publicó que la mejor hamburguesa del mundo se come en España: Hundred Burgers. “La hamburguesería, con locales en Valencia y Madrid, se consolida en la primera posición del ranking ‘The World’s Best Burgers’ por segundo año consecutivo”. ¿Y no que Bucaramanga era la capital de las hamburguesas?

martes, 16 de septiembre de 2025

Jaime Garzón, el duelo imposible

(Esta nota la escribí para el periódico Vanguardia (Bucaramanga) y fue publicada el 18 de mayo de 2025)

En una bellísima y conmovedora novela gráfica está el más sentido homenaje al periodista y humorista bogotano acribillado por pronunciar tantas verdades incómodas.

"Que este libro conceda a Jaime el deseo de no morir para la historia”. Esta es la dedicatoria que escribe Verónica Ochoa Sánchez después de mirarme fijamente, observar durante siete u ocho lentísimos segundos la hoja en blanco y empuñarcon firmeza su estilógrafo.

Ella y Alfredo Garzón Forero son los autores de “Jaime Garzón, el duelo imposible”, una joya de libro hecho con el alma y el arte de estos dos seres que entre su amabilidad esconden el dolor no solo por el asesinato de su cuñado y hermano, respectivamente, sino por la impunidad que ha campeado sobre este crimen de lesa humanidad cometido aquella desgraciada mañana del 13 de agosto de 1999.

El Consejo de Estado condenó al Ministerio de Defensa (Ejército Nacional y extinto DAS) por su responsabilidad agravada en el homicidio deJaime. La Sección Tercera del alto tribunal probó que el exsubdirector de Inteligencia del DAS, José Miguel Narváez Martínez, y el exjefe de Inteligencia de la Brigada XIII del Ejército, general Jorge Eliécer Plazas Acevedo, no solo realizaron seguimientos contra Jaime, sino que compartieron la información con el excomandante paramilitar Carlos Castaño Gil, a quien sugirieron ordenar el homicidio y éste a su vez conminó a miembros de la banda criminal “La Terraza” para que cometieran el magnicidio.

Durante cinco años Verónica y Alfredo, con la ayuda de Laura Nepta, Álvaro Duarte, Sergio Palacio, Alejandro Guarín, Daniel Martín, Lucía Duarte y Juliana Ocampo se metieron de lleno a documentar para luego escribir y dibujar una historia que comienza donde el lenguaje no alcanza o quizás en esa carpeta verde en la que reposan, entre tantas cartas e imágenes, el informe forense y las fotografías del cuerpo de Jaime el día que el terror pretendió silenciar el sentido de las palabras.

Son 564 páginas sobre estos dos hermanos que crecen durante el Frente Nacional, que luego se hacen maestros de escuela con el sueño de cambiar el sistema de cosas, las cuales fueron editadas por Rotundo Vagabundo, una asociación que al descrédito de las ideas y al imperio de la emoción opone el humor como herramienta argumentativa, capaz de dispersar las más tóxicas cortinas de humo.

“Buscamos expandir la mirada e indagar en prácticas que desencadenen la alegría, la escucha, la solidaridad y la construcción de utopías”, confiesan, al tiempo que afirman que “somos una partida de vagos hacendosos que se ocupan de dar forma a propuestas que mezclan humor con política y de poner en pie espacios de pensamiento e investigación que den vueltas en torno a la comedia como herramienta para el cambio narrativo, la construcción de imaginarios de futuro y el levantamiento de bancos de semillas de memoria”.

“No es pasar la página”

Alfredo es el responsable de los “Cartones de Garzón” que cada domingo durante los últimos 43 años han puesto a pensar a los lectores del diario El Espectadorechando mano del silencio y la síntesis.Con su voz pausada que conserva de aquellos tiempos de jesuita que recorría las calles del barrio San Martín, de Bucaramanga, el hermano de Jaime manifiesta que en principio pensó hacer una novela policíaca pero optó por este formato de novela gráfica que fue presentado con gran acogida en la reciente Feria Internacional del Libro de Bogotá.La razón tiene que ver precisamente con la eficacia de la imagen como elemento para la comunicación, explica.

Luego afirma: “Nuestra verdad no es la verdad judicial, en donde no hubo justicia para Jaime porque hay dos condenados solamente. Uno de ellos fue Carlos Castaño, que cuando lo condenaron por lo de Jaime ya tenía encima 26 condenas y no había estado un solo día en la cárcel. El otro es José Miguel Narváez, que hoy en día tampoco está tras las rejas porque vive repartiendo su doctrina en el Batallón de Comunicaciones del Ejército en Facatativá (Cundinamarca). Hemos hecho todo lo posible a través de los grupos de abogados que nos han ayudado en esta lucha para que él vaya a una cárcel normal y no ha sido posible. Todos los que desviaron la investigación, el director del DAS en Antioquia y diez agentes más, andan campantes por la calle”.Eso sin hablar de la cantidad de muertos del lado de la delincuencia y de testigos que hablaban de una élite empresarial y política determinadora del crimen de Jaime y de otros defensores de derechos humanos, eliminados para ocultar las conexiones por lo alto, señala.

Hastiado de ese sistema que parece diseñado para garantizar la impunidad, Alfredo enfatiza: “nosotros como artistas decidimos contar la historia de una manera bella y poética, y de esta forma sembrar esperanza para que esta sea una sociedad de derechos”.

A su turno, Verónicaseñala que “el duelo no consiste en dejar ir y pasar la página, sino en convocar a los muertos, volverlos a escuchar, rescatar los rituales que hagan que sus voces estén presentes”.

Su aspiración es que cada persona que lo tenga en sus manos sea atravesada por el libro. “Cada vez que eso ocurra estaremos venciendo a los asesinos y haciendo justicia”, dice con su voz quebrada.

“Cada día sin justicia es un día más en que Jaime es asesinado, un día más en que los asesinos vencen… Y aquí los asesinos no han parado de vencer”. Esta sentencia –que acompañauna viñeta en la que aparece la fachada del Cementerio Central de Bogotá con la frase “La vida es sagrada”–, da paso a un recorrido no solo por la vida y los personajes creados por Jaime Garzón, sino también por el acontecer nacional con capítulos tan dolorosos como la masacre de tres líderes de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC) y de la periodista Silvia Duzán, cometida por paramilitares en Cimitarra (Santander) en 1990, con la complicidad de un canasto de manzanas podridas en las filas del Ejército y la Policía.

Apesadumbrado, pero jamás resignado con la desaparición de su amado hermano, Alfredo cierra: “Este libro es una forma de justicia. Es la justicia que yo puedo ofrecerle”.

Jaime, ayudado por Heriberto de la Calle, Dioselina Tibaná, Néstor Elíy hasta por Godofredo Cínico Caspa, ha movido su cadena de afectos para que “El duelo imposible” sea un éxito editorial.

Sergio Rodolfo Marchi, el confidente de Charly García y Gustavo Cerati

El periodista argentino Sergio Rodolfo Marchi tira la piedra y no esconde la mano. Es un fiel exponente del género ‘periodismo de apnea’, en el que el reportero se sumerge a las profundidades insondables de la persona sobre la cual va a escribir, sin dejar de explorar uno solo de los recovecos que tienen esos seres incomprendidos llamados músicos.

Marchi ha sido el confidente de sus archifamosos paisanos Charly García y Gustavo Cerati –estrellas del rock latinoamericano–y del británico Roger Waters, para solo citar tres nombres. De ellos ha publicado con Editorial Aguilar los libros “No digas nada”, “Algún tiempo atrás” y “El cerebro de Pink Floyd”, respectivamente.

Baterista por naturaleza y periodista de 62 años con 42 de trayectoria, Marchi combina la brevedad con la gracia, cualidades que al subirse a la tarima de la XXIII Feria del Libro de Bucaramanga entran en ebullición y atrapan a un público de todas las edades que goza cada uno de sus apuntes y se asombra con la chispa que va diciendo cosas, revelando secretos o soltando mensajes entre líneas para que los más avispados capten de qué está hablando. “No es necesario mencionar la palabra cocaína, pero está entre líneas… o entre rayas”, acota.

Por ejemplo, de Charly García afirma que “necesitaba un libro loco porque él es un poco loco”, acompasado por una narración que va hacia adelante, hacia atrás y hacia los costados. Windows 95 se le apareció como un ángel de la guarda y resultó definitivo para pasar de lleno de la máquina de escribir al computador. Ese sistema operativo le permitió cortar y pegar, así como guardar en archivos. “Aluciné. Y dije: cortar y pegar es lo que hace Charly con la música, que agarra una cosa de acá otra de allá, las mezcla, y les pone un piano, un bajo… Eso es lo que yo puedo hacer con la escritura. Entré en trance y en seis meses el libro estuvo listo”, recuerda.

“Cada libro tiene su propia vida y te va pidiendo determinadas cosas o vos te vas dando cuenta qué falta y qué sobra. Entendí que es perdido buscar un modelo patrón o un metro para adaptarlo a un libro que uno esté haciendo.Tenés que encontrar tu estilo y tu modo. Yo no sé cuál es mi estilo; yo simplemente escribo. No tengo nunca el síndrome de la hoja en blanco, producto de los años de periodismo, porque no soy un escritor sino un periodista quehace libros. Escritor es el que hace ficción e inventa un mundo y eso ya lo estoy haciendo, pero los mundos me salen un poco chuecos, así que tengo que practicar un poco más. El instinto es muy importante en esto”, explica sin alardes de grandeza.

De su paso por los medios impresos, radiales y televisivos aprendió una lección que debería servir a tantos colegas y novatos: en los periódicos y revistas jamás publicarán excusas, así que más le vale a cada quien hacer su trabajo, regresar con lo que le encargaron y plasmarlo de la mejor forma.

¿Cómo logra ensamblar esas historias para construir un relato no solamente desde los recuerdos sino también desde los testimonios?, le pregunta su interlocutor Diego Londoño. “No tengo la más puta idea…”, responde y sonríe como un niño que acaba de hacer una travesura delante de más de 200 asistentes.

Entonces cómo hace para no perder en la narración al ser hombre y dejarse llevar por el mito difícil de alcanzar, le repregunta. “Ahí está la distancia que se debe tomar. Yo escribí un montón de historias de músicos, porque me interesaba desde el punto de vista musical, pero después me interesé por el punto de vista humano. Porqué tantos músicos terminan arruinados, muertos, presos, en el manicomio, por qué se pegan tantos tiros en los pies, porqué se autosabotean”, señala, precisando que esas figuras tienen los mismos problemas de las demás personas y entendiendo eso el mito es el mito.

Advierte Marchi que desde 1993 se convirtió en la sombra de Charly García y de esa aventura donde lo vio todo y lo vivió todo, haciendo las veces de confidente, baterista, mánager, psicólogo y enfermero, resultó una biografía diversa, divertida y divergente que sirve para descifrar al genio llamado Carlos Alberto García Moreno, ese volcán que es considerado junto a su compatriota Luis Alberto Spinetta como una de las figuras musicales más sobresalientes que ha parido este continente. No por error García fundó la banda Sui Generis e integró agrupaciones como “La máquina de Hacer Pájaros” y “Serú Girán”, que se convirtió en una piedra en el zapato para los dictadores que abundaban por esa época del siglo XX en el país austral.

Las biografías escritas por Sergio Marchi son para leer con el libro en una mano, una copa de vino en la otra y al fondo el sonido de “Rasguña las piedras”, “Canción para mi muerte”, “Demoliendo hoteles”, “Yo no quiero volverme tan loco”, “Los dinosaurios”, si es por el lado de Charly García, o “De música ligera”, “En la ciudad de la furia”, “Cuando pase el temblor”, “Prófugos” y “Trátame suavemente”, si la onda está del lado de Gustavo Adrián Cerati, el guitarrista, vocalista y compositor de la banda Soda Stereo, que el 14 de septiembre de hace 11 años dijo “Adiós”… y se marchó para siempre.

Sergio confiesa que quedó traumado de los boleros y “las orquestas espantosas de música ligera” que oía su madre melancólica, pero fue la película “Help”, de los Beatles, que se convirtió en los años setenta en la puerta de entrada a un mundo del que no ha podido salir y,a la vez, en su antidepresivo. The Rolling Stones y Led Zeppelin le darían el empujón que faltaba y el remate fue oír cantar a sus vecinos las tonadas de Sui Generis, descubriendo que había rock argentino. “Y así, como quien no quiere la cosa, terminamos acá”.

Por primera vez está de paso por Colombia y le vienen los recuerdos de cuando de joven leyó a Gabriel García Márquez y “Cien años de soledad”. También de las clases de geografía y la sonoridad de palabras como Aracataca, Tamalameque o Bucaramanga. “Y ahora que estoy acá me gusta la gente, el café, las mujeres… me gusta todo. Así que pórtense bien y no hagan que mi fantasía se diluya”, apunta.

Sabía y tararea que Santa Marta tiene tren pero no tiene tranvía y que el caimán se va para Barranquilla porque las escuchaba en las emisoras de Buenos Aires–, lo cual alimentó su ilusión por conocer este país.

Dice que las aventuras de Sandokán, escritas por el italiano Emilio Salgari, sirvieron de inspiración para las 622 páginas de la biografía sobre Charly García, que se planteó como un libro de acción…de piratas. Tardó mucho en entender a Jorge Luis Borges, pero fueron Julio Cortázar y el estadounidense Henry Miller quienes primero lo atraparon.El rock, por su parte, le dio muchas herramientas y lo educó.

Aprovecha para aclarar que la gente piensa con frecuencia que los músicos se sientan al piano, les viene una ola de felicidad y componen sus grandes obras. “No, el músico sufre como un hijo de puta y yo también sufro cuando hago mis libros. Porque no conseguí a fulano, porque no me sale bien esta frase, porque esto que escribí es muy estúpido, porque esto es muy rebuscado o porque es muy larga la oración”.

Con estos brochazos se pinta el retrato de quien en su más reciente edición de “No digas nada” expresa: “Continúo vistiendola camiseta del afecto para con Charly, pero ya lejos de su hechizo veo las cosas diferentes, con menos distorsión y con la experiencia que te dan los años. No me confunda, señor, por favor. Yo solo soy uno más bajo el sol. Y el astro rey de estas páginas es Charly García”.

Sergio es de quienes en este mundo de hipocresía, trapisondas y cambalaches aún creen que la mejor manera de ser amigo de alguien es no mintiéndole. “Que yo me haya distanciado de Charly no significa que le pierda afecto”.

Charly García (que en octubre cumplirá 74 años), Gustavo Cerati (q. e. p. d.) y Sergio Rodolfo Marchi, su biógrafo, seguirán brillando. 

De Dolores Reyes y libros censurados en Argentina

Cada palabra, cada frase, cada párrafo que sale de la boca de Dolores Reyes transmite dolor, impotencia, angustia, denuncia y verdad. Por esa razón es que esta escritora, profesora y feminista argentina resulta tan incómoda para quienes no quieren a oír o de plano niegan el aberrante delito de los feminicidios, las agresiones y el acoso a las mujeres.

Dolores, nacida en Buenos Aires hace 47 años, está en la XXIII Feria del Libro de Bucaramanga, hablando de sus libros “Cometierra” y “Miseria” (Editorial Alfaguara), novelas que han provocado la ira del presidente de Argentina, Javier Milei, de su vicepresidenta Victoria Villarruel, y de su séquito que no cesa con sus alaridos de “¡Viva la libertad, carajo!”.

Esos ‘libertarios’ no soportan que Dolores Reyes haya puesto el dedo en la llagade la violencia de género, ligada a una sobredosis de impunidad. El suplemento cultural Babelia, del periódico El País (España), la catalogó como una “revelación lectora” y un medio del calibre del estadounidense The New York Times ha dicho que se trata de dos de las mejores novelas latinoamericanas recientes.

“El secretario de Cultura de la Nación (Leonardo Javier Cifelli) dijo en conferencia de prensa que ‘Cometierra’ es un libro degenerado y para degenerados. Cuando los periodistas le repreguntaron sostuvo que en realidad no lo había leído”, asevera Dolores.Una estigmatización que se convirtió en un búmeran para el régimen, llevando a popularizar estas obras e incluso que las personas del común las compren para obsequiar a sus amigos o que sean leídas en aulas de escuelas y universidades.

De Milei sostiene que es “un payaso que emula muy espantosa y burdamente todo que lo hace el rey del norte” y afirma que su vicepresidenta la acusó en las redes sociales de escribir pornografía infantil e incluso citó fragmentos que no son de su pluma sino de “Las aventuras de la china Iron”, de su compatriota Gabriela Cabezón Cámara (quien visitó Ulibro en 2024). De paso, se produjeron más de 600 intimidaciones y amenazas de muerte: “Te vamos a quemar a vos y a tu libro. Me mandaban fotos de la puerta de mi casa. Me decían que esto se termina con un balazo para mí y para mis hijos. Una virulencia que pocas veces vi y me hizo entrar en schock”, dice Reyes, con la voz quebrada, en su conversación de Ulibro 2025 con la periodista Claudia Morales Medina.

Una campaña de desprestigio con la que pretendieron meterle miedo a ella, a sus lectores y a los docentes que mencionen estos libros, pero –como dicen en Charalá– ‘tacaron burro’.

Visceral y urgente

“‘Cometierra’‘ha elegido dos cosas: un barrio nuevo y no volver a usar su poder adivinatorio nunca más. Rodeada de desconocidos, va saliendo poco a poco de su encierro y aprende a manejarse en su nuevo entorno, al tiempo que aguarda el nacimiento de su sobrino, hijo de su hermano Walter y de la novia de este, Miseria. Es precisamente esta última quien, al ver en el don de ‘Cometierra’ un lucrativo potencial económico, la anima a recuperar las visiones que le permitían encontrar a gente desaparecida. Para ello, tendrá que resolver casos recientes y antiguos, desvelar secretos de su historia familiar y poner su vida en las manos de una bruja más poderosa que ella”, dicen las elogiosas reseñas de esta mujer que es madre de siete hijos y le saca tiempo al tiempo para escribir sobre una cruda realidad que se da en Argentina, pero también en México, Colombia y otras latitudes.

“Una novela redonda en la que Reyes vuelve a ofrecernos una prosa visceral y poética, unas imágenes bellas y desgarradoras, una literatura comprometida con la comunidad”, dijeron en el periódico español El Mundo. “(Reyes) abrió desde la literatura un potente camino para hablar de la lacra de feminicidios que asola el mundo desde universos simbólicos tan sugerentes como femeninos. La tierra, la magia, los saberes tradicionales de la adivinación sustituyen, en esta metáfora infinita, a los métodos científicos y forenses”, consignó la revista Vogue.

Tal es el compromiso y valor de esta mujer nacida en la terrorífica época de la dictadura de Jorge Rafael Videla y la Junta Militar, que Dolores Reyes tiene tatuada en su pierna izquierda un revólver y la frase “¡Basta ya de chic@smuert@s!”.

Las mujeres son las protagonistas de una novela como “Miseria”, en la que los hombres, a menudo ejercen la violencia, abandonan o adquieren matices monstruosos.“Me había jurado no volver a comer tierra y ahora me quema la lengua y me ruge el estómago reclamándola. La tierra está llena de secretos, pero no para mí. Vuelco la botella arriba de la mesa y levanto un puñado para llevármela a la boca y me voy llenando de saliva. Mi corazón hierve de amor a la tierra pero también de miedo. Cierro los ojos y dejo una mano apoyada sobre ella. (...) Siento sus ojos desesperados fijos en mí mientras la tierra se va apoderando de mi cuerpo como una droga. Trago otro puñado y ya empiezo a sentir que quiere contarme. Me arrastra. El negro absoluto empieza a iluminarse y se arman sombras nuevas. Me acerco y veo mejor, hay dos pibes chiquitos. Se persiguen, se empujan, juegan carreras. Escucharlos es un alivio enorme. ¡Escondidas!, propone el mayor, que empieza a contar apoyándose en una pared que no había visto hasta ahora. Como si ese muro fuera la espalda de una persona, ni bien lo toca alguien grita desde adentro. (...) Abro los ojos y antes de anunciarle a la Tina que sus hijos están vivos, sigo disfrutando del gusto y el peso de la tierra. Con la lengua busco sus restos adentro de mi boca para saborearla un rato más”.

Cuando era una niña, Cometierra tragó tierra y supo a través de una visión que su madre había muerto asesinada por su padre. A esa revelación le siguieron muchas más, y con cada cucharada de tierra engullida, Cometierra fue descubriendo el trágico destino de muchas mujeres desaparecidas que, como su madre, eran víctimas de la violencia, pero también, del silencio institucional y la injusticia. Pero tener un don adivinatorio implica una responsabilidad difícil de sobrellevar: conocer la verdad y saber qué hacer con ella. Es por eso que, después de haberse llenado el estómago de tierra, y los días y las noches con las brutales visiones de las desaparecidas, Cometierra elige marcharse de su barrio y no volver a usar su poder, relata en sus 336 páginas este éxito literario que ha sido traducido a más de 15 idiomas.

Prosa elegante con elementos de realismo mágico, visceral, urgente… Así es el estilo de Dolores Reyes, quien con frecuencia ha sido vista en una cafetería de su barrio bonaerense machacando las teclas de su computador, derramando una y otra lágrima, secando sus mejillas, tomando un aliento y regresando a casa donde le esperan sus siete hijos que ahora esperan el regalo que les lleve su madre desde Bucaramanga y la próxima novela que hará despelucar a ese energúmeno Javier Gerardo Milei que odia a sus padres, pero que clonó a su mastín inglés Conan, del que obtuvo cinco cachorros a los que llama sus “hijos de cuatro patas”.

Una historia paralela que está contada en “El Loco”, un libro publicado por Editorial Planeta y en el que Juan Luis González revela las charlas del ‘libertario’ con el animal muerto a través de una médium y de su hermana telépata (Karina Elizabeth) y las conversaciones con seres muertos y con “el número Uno”, como llama a Dios, el que le encargó ‘la misión’ de ser presidente de Argentina y con ello le habría concedido los poderes para condenar al infierno a Dolores Reyes y sus novelas, en un país austral en el cual durante la dictadura el 30 de agosto de 1980 en un baldío de Sarandí quemaron un 1,5 millones de libros, pretendiendo extirpar el comunismo y silenciar la libertad de pensamiento. Una hoguera que ardió durante tres días seguidos…

“Por eso yo entiendo que al Gobierno de Milei le molesten tanto mis libros, porque nuestra vicepresidenta hace campaña activa por liberar a los genocidas de la dictadura que están presos por crímenes de lesa humanidad… Un libro que tiene un personaje que busca desaparecidos les molesta muchísimo”, concluye Dolores.

Las heridas y el perdón del cura Antún, sobreviviente de la masacre de Bojayá (Chocó)

“Mi nombre es Antún Ramos Cuesta. La primera vez nací en Bagadó, Chocó, el 28 de agosto de 1973, hijo de César Ramos y Carmelina Cuesta. La segunda vez nací en Bellavista, Bojayá, el 2 de mayo del 2002, a mis 28 años, hijo de un Cristo roto, de una iglesia destruida y de niños y mujeres y hombres muertos”.

Así, con un estilo descarnado e hipnótico, narra en su libro “Bojayá. Relato del sacerdote que sobrevivió a la masacre” (Editorial Sin Fronteras) los combates entre guerrilla y paramilitares que se produjeron del 1 al 4 de mayo de ese año, los cuales desencadenaron en la destrucción de la iglesia del pueblo y la muerte de 79 personas –la JEP habla de más de cien contando los hechos precedentes y posteriores– tras la explosión de una pipeta bomba lanzada por las Farc. Es la guerra de la que no quiso huir, sino a la que le ha dado la cara.

La iglesia, dice, no solo como templo sino como todos los seres humanos que llegaron a refugiarse del cruce de disparos de fusil, entre ellos los asesinados “y enterrados en una fosa común que no escucharon los llantos de despedida, que no tuvieron un rezo, a quienes les fueron negados incluso los ritos del adiós final”.

Ese año 2002, además le trajo a Ramos Cuesta otras dos desgracias: el fallecimiento de su madre a causa de un infarto durante un hostigamiento de las Farc y el secuestro de su hermano Álvaro, por cuya liberación el ELN pedía 300 millones de pesos y terminaron tranzando por 40 millones que ayudaron a pagar amigos y vecinos.

Sin clériman que lo identifique como religioso, pero con una réplica del Cristo negro y mutilado de Bojayá ante la cual oró el Papa Francisco en su visita a Colombia en septiembre de 2017, el corpulento cura Antún vino a la XXIII Feria del Libro de Bucaramanga donde se refirió sin tapujos a la barbarie y el drama acontecidos en su pueblo, así como a la maldita violencia que no cesa en este país y en otros rincones del planeta como Palestina.

“Me encontrarán siempre en la tierra que amo, que se llama Chocó. Me encontrarán siempre en la casa de Dios. Y espero que me hayan encontrado aquí, en esta historia que nunca puede repetirse”, reza el último párrafo de su libro de 186 páginas, en cuyo prólogo el columnista Ricardo Silva Romero señala: “La masacre de Bojayá resumió una cultura aniquiladora que ha permitido que las personas sean reducidas a daños colaterales”.

Ramos Cuesta –hoy oficiando en el poblado de Tutunendo (Chocó)–, conversó durante una hora con el docente de la Universidad UNAB, Javier Augusto Ferreira, contó lo que fue tal como fue, sacudió los corazones del centenar de asistentes y luego de plasmar sentidas dedicatorias en los ejemplares vendidos, se tomó un capuchino y concedió esta sobrecogedora entrevista que dejará horrorizado a más de uno.

¿Para qué atormentarse leyendo su libro?

Este libro atormenta y es doloroso, pero también es esperanzador y está lleno de optimismo y frente a todo lo que se está viviendo en el país, la convulsión que podemos estar experimentando aquí y en otras partes del mundo, mi libro es un bálsamo para toda esta situación.

A un joven que tenga menos de 23 años al que se le mencione la masacre es probable que nunca haya escuchado la más mínima referencia. ¿El país ya se olvidó de Bojayá?

Yo diría más bien que la clase política. Las víctimas hemos tratado de no dejar que Bojayá muera, no tanto por revictimizarnos ni por generar lástima, sino porque estos hechos dolorosos hay que tenerlos sobre el tintero para que no se repitan.

¿Cuál fue la razón principal que lo llevó a atreverse a escarbar los fantasmas del pasado?

El libro es una terapia sanadora que yo hago y que invito a otras personas que lo hagan, porque quien lea el libro no es igual después de hacerlo. Nosotros nos quejamos de cosas menores: que si llueve, que no tengo que comer, que no tengo ropa, que tengo deudas, las cuales son cosas menores frente a lo que se narra en él. Frente a todo lo que pasa allí, Antún y su comunidad es resiliente. Nosotros logramos sobreponernos a todas las dificultades y por ello no hay que dejar que Bojayá muera. Ahora estamos dando cátedra de paz y de reconciliación a través de este libro.

¿Cómo toma la iglesia Católica, que por momentos es tan ortodoxa para no decir que goda, su osadía de cuestionar a políticos y actores armados y hasta se atreva a ventilar conductas de expresidentes de Colombia y de generales? ¿Ya lo excomulgaron o está a punto de que le den el empujón?

No, yo sigo siendo sacerdote activo y actual. Creo que siempre y cuando estemos hablando con claridad, no mintiendo y no diciendo lo que no es, la crítica es también a lo interno. Hemos criticado incluso presupuestos de la iglesia y ahora con la muerte de un senador hubo mucho amor y mucha fraternidad, lo que no se ve con las víctimas del común, así sean cincuenta o cien. No puede ser que la iglesia se preste para que haya víctimas de primera, de segunda y de tercera clase. Las víctimas deben dolernos todas, independientemente de que sean políticos o nietos de expresidentes.

¿Hablar en ese tono aquí en Bucaramanga pero tener que volver a su olvidada y selvática región le genera temor de que al regresar de uno de estos viajes lo ‘borren del mapa’?

Siento que el miedo es el que nos mantiene a ratos mudos e inermes en cuanto a lo que está pasando. Yo trato de ser prudente, pero mi prudencia no me puede hacer cobarde. Yo estoy en medio de los actores y trato de mediar estando en el lugar, pero también si algo se viniera pues también se asume.

¿Cuál es la imagen del bombazo que por más que haya intentado no ha podido borrar de su mente?

Que la primera persona que me viene a pedir socorro es alguien balbuceante que me dice: “Padre, ¡ayúdeme¡ ¡ayúdeme!” y era hermano de un guerrillero. Su hermano en su libre albedrío decidió meterse a la guerrilla, pero éste era un muchacho trabajador de ahí del pueblo. Murió porque tenía la cabeza abierta. Entonces era muy irónico que las Farc lancen la pipeta y al primero al que golpee sea el hermano de un combatiente.

¿Usted ha superado el estrés postraumático? ¿Puede dormir o con frecuencia lo despiertan esas pesadillas?

Sufrí. Por mucho tiempo sufrí de estrés. En Bojayá hay mucha gente que después de la caída de la pipeta no ha logrado reponerse, mucha gente que perdió la fe, mucha gente que no volvió a Bojayá y mucha gente que está enferma. Yo, a Dios gracias, tuve acompañamiento de psicólogos, psiquiatras, sacerdotes, gente del común y además estuve interno. Entonces siento que eso agilizó un poco mi recuperación y no quedé tan loco.

Hay quienes con facilidad hablan de perdón, justicia, reparación y no repetición. Usted es sacerdote y en el seminario le enseñaron a perdonar, pero hay otros seres que están en todo su derecho y no perdonarán jamás.

Yo perdono e invito a que perdonemos. El perdón es un camino, más que una decisión. Y hay gente que lo puede hacer en un mes y otros que se demorarán años, pero hay que comenzar el proceso. Nosotros no perdonamos porque el otro se merezca ese perdón. Yo perdono porque quiero estar en paz conmigo mismo. Desde la fe entendemos que quien llena su corazón de rencor está enfermo. Uno lleno de rencor no fluye, no progresa, no se sana y las pastillas no hacen mucho efecto. Entonces haciendo la suma es mejor sanarnos y perdonar, así se mire como un acto de cobardía. Sanar no quiere decir olvidar, pero la sanación debe partir desde lo más profundo para sobreponernos a todo lo que venga.

Usted apunta algunas críticas al entonces presidente Andrés Pastrana Arango y asevere que hizo caso omiso de las alertas tempranas. ¿El expresentador de televisión se hizo el tonto?

Más que eso. Pastrana fue muy irresponsable y no hizo nada. Porque si a ti te llegan al despacho diez advertencias y tú puedes hacer algo… pero el Ejército llegó cinco días después de la masacre. Nosotros la primera alerta la mandamos el 19 de abril y de ahí para allá durante los diez días antes de la masacre estuvimos enviando alertas tempranas porque la guerrilla decía que iba a atacar y los paramilitares también decían que habían venido a posicionarse ahí. Eso lo hicimos para que el propio Estado nos protegiera como población. Nosotros con nuestra propia mano, más allá de la palabra que es nuestra herramienta de confrontación, no tenemos como sacar a ningún actor, pero el Estado sí lo puede hacer por las buenas o por las malas. Pero en este caso, bajo la Presidencia de Andrés Pastrana poco o nada se hizo por nuestra gente.

¿Qué papel cumplieron las Fuerzas Militares de Colombia en cuanto a la masacre?

Nosotros decimos que hay una responsabilidad tripartita: los primeros responsables son las Farc porque fueron quienes lanzaron la pipeta, con la advertencia que les hizo mucha gente de que no lo hicieran. Porque cuando vieron que estaban armando los tatucos les dijeron que no lo hicieran porque en la iglesia había gente. Lo hicieron con conocimiento de causa y después en La Habana (Cuba) ellos dijeron que la peor acción que cometieron en los 51 años de combate fue la masacre de Bojayá. Los paramilitares también fueron responsables en la medida en que nos toman como escudos humanos, como rehenes. Y el Estado también es responsable porque los paramilitares que llegaron a Bojayá salieron de Turbo, Apartadó, Chigorodó y Carepa, donde hay bases militares, y esas lanchas están prohibidas en el Atrato. También es responsable el Estado por su negligencia y por no haber protegido a la población.

¿Algún enemigo suyo lo tildará de guerrillero o paramilitar o que odia al Ejército o que es comunista? ¿Usted, aparte de cura, es algo de eso?

En mi corazón no hay espacio para el odio. Yo soy de la comunidad. No odio a la guerrilla, no odio a los paramilitares, no odio al Ejército. Sigo esperando que con todas estas reformas que le están haciendo a la Fuerza Pública encontremos un Ejército más civilizado, más humano y más cercano a la gente.

¿Le han dado la espalda algunas personas por decir lo que piensa o por atreverse a cuestionar la versión que con tanta facilidad repiten algunos periodistas desde la comodidad de Bogotá?

Yo invito a mi feligresía a que tengamos criterio. Cuando uno escucha medios tradicionales se da cuenta que no hay nada que escoger, porque uno ve que hay una narrativa de querer mostrarnos un país donde uno no puede salir a la calle. Bojayá pasó hace 23 años, cuando los que están hoy gobernando no lo eran. Hay que revisarnos y buscar un equilibrio de mostrar cosas malas pero también lo bueno que se está haciendo, sin querer decir que esto es Suiza o que estamos en paz. Faltan muchas cosas, pero se está caminando en una buena dirección.


Yannis Palavós, el griego loco que escribe cuentos

Quienes acudieron con la expectativa de toparse a un señor de barba y túnica blanca que hablara de Platón y nadie más, quedaron viendo un chispero. En su lugar se encontraron con un inquieto cuarentón, lampiño, calvo, de tenis color naranja y unas vistosas medias de nubes azules, amarillas y grises, que de su compatriota seguidor de Sócrates y maestro de Aristóteles no dijo ni mu.

El escritor, guionista y traductor griego Yannis Palavós viajó 10.323 kilómetros desde la cuna de la civilización occidental y de la democracia con el propósito de participar en la XXIII Feria del Libro de Bucaramanga y aterrizar en un terreno no apto para quienes sufren de bibliofobia (miedo a los libros y la lectura): responder por qué contar cuentos en el siglo XXI.Que fue la misma pregunta que le plantearon en el Festival de Literatura en Atenas el pasado mes de junio.

Con frecuencia le ha sucedido que al caminar por las calles de su natal Tesalónica o Heraclión, aquellos que conocen su obra lo abordan y lo felicitan por su seudónimo Palavós, pero él de inmediato les explica que así esa palabra signifique loco, es su apellido paterno. Otros le indagan cuándo va a pasar de los cuentos a escribir algo ‘más sesudo’ como una novela o un voluminoso ensayo, como si este fuera un género menor o una especie de Cenicienta. A estos últimos les dice que los cuentos son en realidad una forma muy difícil de literatura, que está mucho más cercana a la poesía que a la novela o a la prosa larga. “Es un lugar privilegiado y es lo suficiente corto para que lo puedas disfrutar y después ir a tomarte un café”.

La materia prima de su literatura proviene del norte de su país, donde creció, que no es necesariamente la Grecia estereotípica que podemos conocer por Anthony Quinn y Zorba, el griego, o por otras obras de la cultura popular, sino que es específico de esa zona. Entonces lo que hace es traer esa experiencia local y regional para comunicar un sentimiento universal.Palavós viene de las montañas y si se atreviera a nadar en el mar lo más probable es que se ahogaría.

El campo en el que se mueve como pez en el agua es tomando lo provincial y cavando profundo para llegar a las cosas básicas que constituyen su experiencia, como son la esperanza, el duelo, la nostalgia, la desilusión, el gozo y la alegría, así como los procesos impostergables de la vida: nacer, crecer y morir.

“La razón para contar cuentos en el siglo XXI ha sido la misma que en toda la historia, porque los cuentos y las historias en general se tratan de dos cosas: el corazón humano y el lenguaje. Y si el lenguaje cambia de un lugar a otro, por fortuna están los traductores allí. Mientras que el corazón humano, por el contrario, siempre es el mismo. Si un cardiólogo estuviera aquí podría identificar nuestro corazón con el mismo del Homo sapiens, que vino después del Neandertal hace milenios”, contextualiza Palavós.

¿Pero para qué escribir cuentos en un tiempo en que tantos adultos y niños no leen, sino que están subyugados por las redes sociales? Yannis asevera que “la gente lee cada vez menos porque hay una competencia creciente contra la literatura que no existía hace 50 años, pero la literatura sigue siendo la mejor manera para entenderte a ti mismo y dar sentido a tu experiencia y al mundo. La principal herramienta de la literatura es el lenguaje y este no es solamente una herramienta que usamos, sino toda la estructura de nuestro pensamiento”.

Palavós, que atravesó medio mundo y llegó a una ciudad tan caótica como la capital griega para realizar esta charla en la Sala Editorial con el docente Leonardo Gil Gómez, sostiene queaunque tengamos sustanciales distancias de tiempo o espacio y seamos tan diferentes, el color de la sangre que corre por las venas de un ateniense y de un bumangués es el mismo y la experiencia humana es la misma. “Queremos entender, queremos dar sentido, queremos consolar…”.

Palavós no habla ruso ni nació en siglo XIX, pero cuandolee al cuentista y dramaturgoAntón Chéjovse ve a sí mismo.Lo mismo le pasa con el checo Franz Kafka o con el novelista estadounidense William Faulkner.

Sin incomodarse cuando se le interroga si su país es primer mundo’, Palavós expresa que “Grecia posa de ser primer mundo y así se presenta ante los demás, pero en realidad no lo es. Grecia está mucho más cercana en términos culturales, sociales y económicos a los países de los Balcanes o de Oriente Medio, pero los griegos trabajan muy duro para esconder esa realidad”.

Advierte que no es que tenga nada contra los países balcánicos o los de Oriente Medio, que de por sí son pueblos culturalmente ricos y diversos, pero que lo ocurre con los griegos es que hay un complejo de inferioridad que les hace voltear a mirar a sus ancestros y quedarse en el pasado o a sus vecinos ricos de Europa para mirarse en ellos.

La contraseña robada

De la cantera de Palavóses el cuento “Contraseña”, para el que no tomó ni una letra de la Inteligencia Artificial, sino que en su totalidad es fruto de la Inteligencia Humana. “Durante dos veranos enteros cuando me iba al pueblo de vacaciones le robaba Internet al vecino. Al principio lo tenía abierto, sin clave. Cuando descubrió que alguien se lo robaba, le puso contraseña. Un día, en la cafetería, le pregunté por su fecha de nacimiento con la excusa de que quería saber su signo del zodíaco. Volví a casa y tecleé los números. Dos veranos estuve descargándome música. Hasta pensé en mandarle una tarjeta de felicitación por su cumpleaños. Hoy, 12 de junio de 2009, en cuanto me han dado permiso en el trabajo he cogido el autobús para ir al pueblo. Llego y veo en la casa de enfrente un ataúd. Le hablo por señas a mi madre. Lo atropelló un coche, dijo. Una injustica. ¡Tan joven! Subí a mi habitación, encendí el ordenador y tecleé la contraseña… seguía funcionando”.

Yannis señala que en el momento de escribir no se puede decir qué se quiere decir o qué se está haciendo, porque es algo de lo que quien lo hace se da cuenta en retrospectiva, ya que cada quien está creando. “Lo que sabía que quería trabajar en la historia era esta tensión entre tragedia y comedia, y cómo a través de ella se podía hablar de los momentos en los que la vida puede tener poco significado y a partir de cosas aleatorias. Pero hay algo de verdad en esta historia y es que cuando yo era joven e iba a visitar a mis padres, que son granjeros y no tenían Internet y nuestro vecino sí contaba con ese servicio porque era rico, yo trataba desesperadamente de robarle Internet. En la vida real nunca pude encontrar la contraseña correcta, así que en la ficción lo maté en venganza”.

Palavós es un loco por la literatura, pero también un confeso ladrón de contraseñas que no les da consejos a quienes se atreven a ‘cometer’ cuentos y solo repite lo que suele decir el cantautor, poeta y novelista canadiense Leonard Norman Cohen cuando le preguntan de dónde saca sus excelentes melodías y álbumes: “No sé. Si supiera de qué lugar vienen las buenas canciones iría más seguido a esa fuente”.

Pero como queda tentado, el irónico y melancólico Yannis recalca que hay que leer mucho y estar perdidamente enamorado del lenguaje como para querer narrar la vida a través de la escritura. Y le agrega dos condimentos: la manera en que se remata un cuento, que puede subvertirtoda la estructura de la narración, así como que hay que ir directo a lo creativo, porque intentar ser intelectual con la escritura puede convertirse en un obstáculo en ese trasegar entre lo trágico, lo cómico y lo absurdo.

Estudió comunicación de masas y sus cuentos son leídos en las escuelas de su país, pero no pierde ni un minuto al día con las redes sociales, alejándose de paso del espectáculo. Así que las 78 fotografías de la jornada se irán al correo electrónico de su editor por si quiere publicarlas y de paso conservar la memoria de esta charla en una tierra donde uno de los últimos que habló de Platón –aupado por su hermano filósofo autodidacta– estuvo a un ‘pelo’ de ser elegido presidente de Colombia, pero hace un año viajó al otro mundo.

A lo mejor algún día Palavósse anime a escribir un cuento sobre el monte mitológico consagrado a Apolo y las Musas, del que insospechadamente halló una referencia en estas bravas tierras de Santander: el barrio El Parnaso, fuente de inspiración de tantos barranqueños no con las tonadas de la lira que tocaba el dios adivino de las artes, la música, la poesía y la luz, pero sí acompasados por la caja, la guacharaca y el acordeón del realismo mágico.

Nota: “Thankyou so much” al profesor del Programa de Literatura de la Universidad UNAB, Leonardo Gil Gómez, y al traductor Juan Diego Villamil por hacer posible la conversión del inglés al español, sin la cual esta nota –en otras manos–, no hubiese tenido más escapatoria que pasarla por una de esas tantas herramientas modernas que intentan hacer el trabajo de los humanos.