domingo, 20 de noviembre de 2022

Coronel vs. coronel

(Nota de Alberto Donadio Copello publicada en la edición 2.111 de la revista Semana (12 al 19 de noviembre de 2022)

Un coronel del Ejército que combatió a los paramilitares fue esencial para condenar al coronel de la Policía y exgobernador de Santander, Hugo Heliodoro Aguilar Naranjo.

Se sabe que Hugo Aguilar se alió con grupos paramilitares para ser elegido gobernador de Santander entre 2004 y 2007. La Corte Suprema de Justicia lo condenó a 108 meses de prisión por ese delito. Pero casi no se sabe que fueron unos paramilitares los que dieron la primera voz de alerta que llevó a la condena de Aguilar.

En 2007 se realizaron operativos en San Rafael de Lebrija, corregimiento de Rionegro (Santander), en que fueron capturados varios desmovilizados de las autodefensas. Como acusaron a políticos, se abrió una investigación en la Corte Suprema de Justicia. Los desmovilizados señalaron que si los magistrados querían saber de paramilitarismo en Santander, entrevistaran al comandante del batallón Luciano D’Elhuyar “que nos dio muy duro”.

Fue entonces cuando la Corte citó al coronel del Ejército Julio César Prieto Rivera. Prieto llegó en diciembre de 2003 a San Vicente de Chucurí (Santander) como comandante del batallón, que lleva el nombre de un prócer de la independencia de padres franceses. Estuvo dos años como comandante. “Cuando yo llegué era muy marcado el contubernio que existía entre los paramilitares y la fuerza pública –Policía y Ejército–, y con vergüenza lo digo. Casos donde miembros del batallón les suministraban los datos a los paramilitares de quiénes habían entregado información, y esas personas eran asesinadas”, dijo Prieto al periodista Pastor Virviescas.

Cuando llegó a la región, Prieto mandó a imprimir 20.000 tarjetas personales de presentación con su celular personal y su correo electrónico, y las repartió entre la población. La gente se refería al batallón como el batallón de los paracos o el batallón del cartel de la gasolina. Los paramilitares robaban gasolina del poliducto. Por la emisora del batallón, Prieto afirmaba que “la guerrilla y los paramilitares eran prácticamente lo mismo, que cometían las mismas fechorías y delitos, que la única diferencia era la supuesta causa que los motivaba; a los primeros, la igualdad de clases y a los segundos, la seguridad del pueblo”, recordó en su libro “Desenmascarando al hombre que mató a Pablo Escobar”.

No se movía una hoja sin el visto bueno de las autodefensas, dice el libro. Ellos cobraban 400 pesos por cada cerveza que se vendía, 200 pesos por gaseosa, 10 pesos por kilo de cacao producido, 5.000 pesos al año por cada cabeza de ganado y 20 por ciento por cada compraventa de inmuebles.

Prieto empezó a darse cuenta de que el batallón estaba infiltrado, pues los operativos de captura de paramilitares fracasaban porque recibían preaviso. Trajo entonces soldados del Catatumbo. Supo que un sargento viceprimero acompañaba a los paramilitares a romper el poliducto para hurtar gasolina y que el suboficial abrazaba el tubo diciendo: “Mi amor, papito” y le daba besos.

Menos de dos meses después de su posesión, cinco campesinos visitaron a Prieto en su oficina y le pidieron la devolución de equipos de comunicaciones incautados a paramilitares. Alegaron que ellos tenían una ONG y mencionaron a un individuo que era cabecilla de un frente del bloque Magdalena Medio de las autodefensas. Dijeron que ese cabecilla, Alfredo Santamaría Benavides, no quería enfrentarse al Ejército, sino trabajar con los militares y que podía pagarle al coronel Prieto 40 millones mensuales y cinco muertos con fusil, es decir, cinco falsos positivos. Prieto les contestó que iba a hacer de cuenta que no había escuchado nada y que él iba a combatir a todo el que estuviera por fuera de la ley, indica el libro.En las veredas, a Prieto le decían: “Coronel, esa causa suya es una causa perdida, los paracos tienen el apoyo de los políticos que mandan en la región, siempre ha sido así”.

El mes siguiente a la posesión de Prieto, se presentó a la base militar de El Carmen de Chucurí el diputado Luis José Arenas Prada con varios comerciantes. En su libro, Prieto señala que el diputado le dijo que ellos estaban preocupados, pues él como comandante había llegado con ideas contrarias a las que se habían manejado en la región y que no se debía perseguir a campesinos que habían sacado a la guerrilla y que Santamaría Benavides había hablado con ellos para que hablaran con Prieto.

Según el libro, Prieto contestó que no le interesaban las relaciones con personas al margen de la ley y que el diputado era tan autoridad como él y que ambos tenían como misión “combatir a los ilegales y no actuar a favor de ellos”. Meses después, monseñor José Antonio Arenas Prada invitó a almorzar al coronel Prieto en el Club del Comercio de Bucaramanga. Monseñor le dijo a Prieto que era hermano del diputado, señala el libro, y que quería invitarlo a una reunión con su hermano para limar asperezas. Prieto cuenta que le preguntó al clérigo si podía confesarse. Monseñor replicó: “Coronel, a eso no vinimos”. Prieto recuerda que le dijo: “No importa, monseñor, deseo confesarme con usted. Monseñor, su hermano Luis José es un político aliado de los paramilitares, su hermano Luis José me ha buscado y me ha hecho ofrecimientos en nombre de los paramilitares, su hermano es un hombre malo, que se ha convertido en mi enemigo porque yo estoy combatiendo a los paramilitares que tenían sometida la región”. Luis José Arenas Prada es actual concejal de San Vicente de Chucurí.

A mediados de 2004, el gobernador Hugo Aguilar convocó a una reunión en la V Brigada en Bucaramanga. Allí, el secretario de gobierno de Aguilar, Óscar Josué Reyes Cárdenas, le dijo al coronel Prieto en voz baja, según cuenta el libro: “Coronel, usted es un tipo muy joven, muy inmaduro, usted no conoce de la vida todavía, no busque problemas, hombre; no joda tanto en esa región, no se meta con esa gente, hombre; tenga la gente contenta, mire que hasta lo pueden trasladar”. En 2012, el exsenador Reyes Cárdenas fue condenado por el delito de promover grupos armados al margen de la ley.

En septiembre de 2004, en una visita del presidente Álvaro Uribe Vélez a El Carmen de Chucurí, en presencia de la comunidad, el gobernador Hugo Aguilar le pidió al presidente el traslado del coronel Prieto a otra región. No fue trasladado, aunque tres meses antes el comandante del Ejército, general Martín Orlando Carreño Sandoval, le contó a Prieto que el presidente en tres ocasiones le había pedido ese traslado. Las presiones de los políticos de Santander llegaban a la Casa de Nariño.

En 2006, cuando ya Prieto había terminado su misión en Santander, Uribe Vélez dijo en un consejo de seguridad en Barrancabermeja: “Él hizo una gran labor porque fue un hombre eficaz e imparcial, del coronel Prieto no se puede decir que es aliado de la guerrilla, ni que es aliado de los paramilitares, es un hombre imparcial”. En la misma reunión, el padre Francisco de Roux señaló: “Todo el mundo le creía a Prieto, y le creía porque Prieto fue muy duro con las autodefensas y muy duro con la guerrilla”.

En una sentencia, la Corte Suprema de Justicia señaló: "Tanto fue el compromiso, apoyo y patrocinio del grupo paramilitar por los líderes políticos de la época que pretendieron torpedear la labor que desarrolló el coronel Prieto". Pero esa labor no fue premiada con el ascenso a general.

jueves, 20 de octubre de 2022

"Postales Bumanguesas": la ciudad revelada

(Nota de Belkis Paola Esteban C. publicada en la página 28 del periódico Vanguardia, de Bucaramanga, el domingo 16 de octubre de 2022)

Las hojas amarillas del Búcaro se extienden por las aceras cuando caen cualquier día de octubre: el mito dice que Bucaramanga se llama así en honor a este maravilloso árbol. "Manga" significa algo como tierra o potrero, y había tantos en este territorio que no quedaba más remedio que llamar a la ciudad de esta forma.

Es posible que hagan falta muchos años más o que nunca se sepa a ciencia cierta el origen de la palabra Bucaramanga: el famoso Búcaro ni siquiera estaba aquí cuando la ciudad fue nombrada, fue traído después, en el siglo XVIII.

Esta es una de las revelaciones que hace Pastor Virviescas Gómez, curador de la exposición "Postales Bumanguesas 400 años", que permacenerá abierta hasta diciembre en la Casona de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, UNAB, ubicada en la calle 42 número 34-13, y de la cual hacen parte veintiocho fotografías antiguas de la ciudad.

El fotógrafo Saúl Meza Arenas, heredero del oficio de su padre, fue resguardando estas fotografías a lo largo de cuarenta años: un documento visual que revela la transformación de la ciudad a través de los momentos que marcaron su historia.

"En realidad", explica Pastor Virviescas moviendo sus manos para enfatizar, "Bucaramanga era el nombre de un cacique Guane llamado 'Cacique Bucaramanga', según cuenta Armando Martínez. Dice que como ningún cura doctrinero ni nadie se dio a la tarea de elaborar un diccionario en español de la lengua Guane, "jamás sabremos qué significa Bucaramanga".

Armando Martínez Garnica, presidente de la Academia Colombia de Historia y de la Academia de Historia de Santander, fue uno de los historiadores consultados por Pastor Virviescas y Saúl Meza para dar un contexto a las fotografías. La más antigua data de 1891: el día que se inauguró el alumbrado público, a las siete y treinta de la noche, el 30 de agosto. Los otros expertos abordados fueron Gabriel Gutiérrez Giraldo y Gabriel Pabón Villamizar.

Saúl Meza dice que, en los años ochenta, uno de sus amigos cercanos en la Universidad Industrial de Santander (UIS), le regaló un paquete de fotografías antiguas de la ciudad. Iban desde la mitad del siglo XIX hasta comienzos del siglo XX. "Eso me impactó porque esa Bucaramanga no la conocía. Bucaramanga era un pueblito muy pequeño, que se asemejaba más a Girón".

Y explica: "Me crié en el centro y empecé a darme cuenta de que en las fotografías se veían edificios que aún existen. Es impresionante", cuenta Meza.

La mayoría de las fotografías son del italiano Quintilio Gavassa Mibelli, pero también hay varias de otros fotógrafos, nacionales y extranjeros, que retrataron los cambios de la ciudad.

Saúl Meza estima que el total de su archivo se compone de miles de fotografías, lo que eleva la importancia del proceso curatorial de esta exposición. Relata que teniendo varias fotografías antiguas tomadas por Quintilio Gavassa, se acercó para conversar con Edmundo Gavassa Villamizar, heredero del archivo de la familia, y a partir de entonces se dieron a la tarea de recopilar las fotografías existentes.

En los comienzos de la fotografía esta se hacía en las casas, pues era la costumbre que la familia llamara a un fotógrafo para hacer un retrato de sus integrantes. No se acostumbraba a tomar imágenes de la ciudad.

"Duramos un año yendo casa por casa. Yo llevaba una mesita para reproducir, con dos lámparas y con un lente macro", cuenta Meza. Y agrega que en determinado momento se encontró con algo especial, "las señoritas Carrizosa tenían una serie de veinte fotografías tamaño carta con una calidad extrema". Y ese fue un gran descubrimiento.

Al hacer la selección del material, Saúl Meza y Pastor Virviescas explican que hay varias revelaciones sobre Bucaramanga a través de este paseo histórico. "Hubo ciertos momentos, por ejemplo los Juegos Nacionales, que cambiaron por completo la ciudad", explica Pastor Virviescas. Los V Juegos Atléticos Nacionales se realizaron en Bucaramanga entre diciembre de 1941 y enero de 1942, promoviendo la construcción del Hotel Bucarica -hoy sede UIS Bucarica-, la Unidad Deportiva 'Alfonso López' y la pavimentación de las calles, que hasta esa época eran empedradas o en tierra.

Virviescas concluye que esta exposición es una forma también de reconocernos como bumangueses: "no nacimos como la gran urbe. Somos un pueblo de indios lavadores de arenas auríferas -como ha investigado y documentado Armando Martínez Garnica-, que fue creciendo y se fue extendiendo desde la quebrada Bucaramanga -La Rosita- hacia el oriente y después hacia el sur y el norte".

A la salida, el espectador se lleva un souvenir: una colección de diez postales con las fotografías de la exposición.

domingo, 18 de septiembre de 2022

Postales bumanguesas

(Columna del psicólogo y profesor universitario Gonzalo Ordóñez y la Fundación Participar, publicada el sábado 17 de septiembre de 2022 en el periódico Vanguardia, de la ciudad de Bucaramanga)

Con motivo de los 400 años de Bucaramanga, la UNAB ha regalado a la ciudadanía una selecta muestra de “Postales Bumanguesas”. Una exposición fotográfica que se puede visitar actualmente en la Sala del Campus “Rafael Ardila Duarte”. Un homenaje a los 20 años de labores de Ulibro, los 70 de la UNAB y los 400 años de “el poblado de indios lavadores de arenas auríferas que evolucionó hasta convertirse en esta pujante e indómita metrópoli de Bucaramanga”, referenciado así por Pastor Virviescas Gómez, curador y autor de los magníficos textos que acompañan las fotografías.

Las imágenes expuestas son una auténtica celebración, ya que permiten comprender los múltiples sentidos de lo que fuimos, lo que perdimos y lo que pudimos ser como ciudad. Bucaramanga contó con un Centro de Bellas Artes creado en 1907. En los años cuarenta, la ciudad tenía 19 imprentas y nueve librerías; una ciudad pobre y con pocas personas con educación superior, que paradójicamente, tenía una vida cultural tan estimulante que, en 1915, Jaime Barrera Parra escribía: “Bucaramanga es una ciudad tan interesante como París”.

En cuanto a la educación, en el año 1910 se creó la Sociedad Pedagógica de Santander, conformada por maestros de la Escuela Normal y otros colegas. Cada mes se publicaba la revista Lecturas, dedicada a temas educativos y culturales. Los maestros fundaron “El Club de Soto” (hoy Club del Comercio) con el propósito de promover el espíritu de la ilustración.

La celebración acontece cuando el pasado se funde con el presente, y de ese encuentro emerge un sentido de unidad, según el cual los bumangueses poseemos hilos conductores que constituyen nuestra identidad como comunidad. Por encima de las diferencias tenemos una historia de amor por el trabajo, por el arte y la cultura y, sobre todo, una ciudad preocupada por la educación. Dan testimonio de ello los 147 de La Escuela Normal Superior de Bucaramanga, los 131 de La Presentación, los 74 de la UIS, los 70 de la UNAB y los 20 años de Ulibro.

domingo, 4 de septiembre de 2022

Ulibro 2022

(Columna de Felipe Antonio Zarruk Diazgranados, publicada en el periódico Vanguardia (Bucaramanga) el domingo 4 de septiembre de 2022)

Finaliza hoy Ulibro, una de las ferias del libro con más renombre en el continente, evento organizado por la Universidad Autónoma de Bucaramanga desde hace 20 años y la cual le rindió un homenaje a nuestra querida ciudad con motivo de sus 400 años. Junto a Ruth Gélvez, mi compañera de micrófonos en la emisora La Cultural 100.7 F.M., compartimos diálogos y charlas maravillosas con escritores, artistas, periodistas, cantantes y músicos de sencilla estirpe, cineastas, fotógrafos, historiadores, personajes y cientos de amigos con los cuales disfrutamos de una semana llena de múltiples sensaciones que conmueven el alma y sanan el espíritu.

En medio de novelas y libros autografiados tuve la oportunidad de volver a ver a un maestro del periodismo investigativo, Alberto Donadío, con quien bastó un beso y un abrazo para reconocer que es nuestro padre a la hora de realizar tareas investigativas con la rigurosidad que exige el género, ese que tanto defendió su esposa Silvia Galvis, a quien se le rindió un bello homenaje en medio del premio de periodismo que lleva su nombre. Las palabras del maestro Donadío hacia quien escribe, conmovieron hasta las lágrimas. De paso pude darle un cariñoso abrazo a Sebastián Hiller Galvis el cual se hizo presente en el homenaje a su recordada madre.

En medio de los cantos de sirenas como Neira, que es la mismísima encarnación de Mercedes Sosa o de Leonor González Mina y de Na Morales -la esposa de Jaison Neutra- cuya voz es similar a la de Mily y Los Vecinos, compartimos charlas con cineastas como el bumangués Alberto Gómez, quien realizó un documental extraordinario sobre la vida del cantautor Pablus Gallinazo y de paso nos invitó al estreno el 22 de septiembre en las salas de Cine Colombia. También interactuamos con el joven director caucano Julián Casanova, quien dirigió la película La Matriarca grabada en Zapatoca junto a su esposa Luminixa Gómez, quien es una de las protagonistas del largometraje que se estrena en diciembre.

Mientras en los pabellones se llevaban a cabo charlas y conferencias con invitados de la talla de Cristian Alarcón, recientemente galardonado con el Premio Alfaguara de Novela 2022, Martín Caparrós, Héctor Abad Faciolince, Juan Carlos Garay y muchos más, pudimos interactuar con Santiago Wills, escritor y periodista bogotano quien nos contó acerca de Jaguar, una novela que devora al lector en medio de la selva de letras y relatos inimaginables. También escuchamos el cálido y sentido relato de un socorrano como Guillermo Sierra Barreneche, quien escribió un libro cuyo título lo dice todo: Gloria y naufragio de un coloso, dedicado a la Flota Mercante Grancolombiana con la cual acabaron a mediados de los años 90, ¡como todo en este país¡ El editor de este libro es el connotado periodista Pastor Virviescas, quien aparte de ser un genio, ¡es un tipo genial! Pastor llegó acompañado del maestro de la fotografía Saúl Meza, quien nos regaló postales de su trabajo rescatando la memoria visual de nuestra ciudad, aquella que dejaron como herencia QuintilioGavassa y sus sucesores. Ni para qué describir la charla con Ivonne Rodríguez, una periodista que hizo parte de la Comisión de la Verdad. ¡Inolvidable!

Quedarán faltando palabras y elogios para una feria inigualable. A Juan Camilo Montoya y su gran equipo de trabajo, ¡Muchas gracias! Son una sinfónica. Nos vemos el próximo año, con el favor de Dios y les regalo esta frase que me encontré por ahí: “y ahora los declaro tinta y papel, puede abrir su libro y que lo que las letras han unido, no lo separe la pereza de leer”.

Chao y hasta la próxima.

domingo, 22 de mayo de 2022

Colombia en los mares

(Columna publicada por Alberto Donadío Copello en la edición 2.079 de la revista Semana (Bogotá, Colombia), del 2 al 9 de abril de 2022)

El buque hacía agua, Era de noche en el océano Pacífico, a 1.000 millas de Hawái. El cuarto de máquinas estaba inundado. Una bomba descargaba agua al mar, pero era más la que entraba. En el punte de mando del buque "Ciudad de Pasto" nadie entendía qué estaba pasando. El S.O.S. lanzado por la nave fue recibido en el guardacostas de Hawái, que se comunicó por teléfono con la Flota Mercante Grancolombiana en Bogotá. El agua llegó a la altura de los generadores de corriente.

Hubo que apagarlos. El generador de emergencia no arrancó. El buque quedó a oscuras. Al tercer día, el capitán y el primer oficial se lanzaron al mar en un bote salvavidas. Fueron rescatados. Un avión del servicio de guardacostas lanzó botes. Los demás tripulantes abandonaron la nave. Solamente quedaron a bordo dos marinos y el segundo oficial, Jorge Restrepo. Activaron el generador de emergencia y se comunicaron vía satélite con Bogotá. Era el 4 de febrero de 1992, hace 30 años.

Según Restrepo, el golpe de una ola rompió la lámina de acero del casco por la amura de estribor. Amura es el costado donde el buque se estrecha para formar la proa. Cuando el capitán y el primer oficial llegaron a Hawái, los entrevistaron los agentes de la Flota. Se supo la verdad. El ancla de estribor, que debe estar asegurada, se había soltado y al golpear el casco lo rajó a la altura de la cámara del propulsor transversal. Por esa fisura entró el agua.

Dos remolcadores condujeron el "Ciudad de Pasto" a Los Ángeles. El buque entró al puerto como un fantasma, sin luces, escorado o ladeado, cuenta Guillermo Sierra Barreneche en el libro que acaba de publicar con la asesoría del periodista Pastor Virviescas Gómez: Gloria y naufragio de un coloso, de itabooks.com.

El ingeniero Sierra, oficial de la Escuela Naval de Cartagena, trabajó 32 años en la Flota Mercante Grancolombiana, los últimos seis como gerente de buques. Es encomiable que el autor, en un libro de memorias personales, editado por él mismo, no por una gran editorial, haya incluido un repertorio de chambonadas e ilícitos de que otra manera no se habrían conocido nunca.

La compañía de seguros declaró el "Ciudad de Pasto" pérdida total. Fue vendido como chatarra. Son tantas las chapucerías y desaciertos que Sierra conoció dentro de la FMG que por momentos el lector piensa que, por más inverosímil que sea la historia que está leyendo, siempre queda faltando otra soprpresa increíble a medida que se va desgranando el relato.

Sucedió con el "Ciudad de Pasto". El segundo oficial, Jorge Restrepo, reclamó 4.500 millones de pesos en demanda que presentó en Cartagena. Alegaba que, según las leyes sobre bienes abandonados en el mar, él era el dueño del buque. La demanda no prosperó. Tampoco prosperó el "Crucero Express", un buque de pasajeros que en 1994 entró en servicio entre Cartagena y Cristóbal en Panamá. Con 150 tripulantes, tres restaurantes, dos casinos, dos bares, dos orquestas y capacidad para 750 pasajeros y vehículos, contaba además con 12 bailarinas rusas contratadas de manera permanente, relata Sierra Barreneche. Poco después apenas viajaban 30 pasajeros.

Eran tantas las pérdidas que se pensó en dejar fondeado el barco en Cartagena como hotel. Pero se aproximaba la inspección del casco, que tiene lugar cada cinco años. Normalmente corre por cuenta del dueño del buque, pero el contrato de alquiler firmado por la FMG lo dejó a cargo de la Flota. Se cotizó en un millón de dólares ese trabajo. Esa cifra, más las pérdidas acumuladas en el fallido curcero inaugurado mientras el exministro de Hacienda Luis Fernando Alarcón fue presidente de la Flota Mercante Grancolombiana, llevaron a descartar la idea del hotel flotante.

Afortunadamente el ancla del "Crucero Express" no se soltó y los dueños del buque aceptaron recibirlo sin cobrar la penalidad, aunque no se había vencido el contrato. La conclusión de Sierra haría arquear una ceja al británico más impasible: "En los 22 meses de operación del Crucero Express las pérdidas alcanzaron una suma superior a los 40 millones de dólares".

Mucho más habría costado el deseo que expresó el presidente anterior, Enrique Vargas Ramírez, primo de Virgilio Barco. Cuando en 1989 vio atracar el yate de Donald Trump en Manhattan, le dijo a Guillermo Sierra: "Ingeniero, dentro de poco la gerencia de la Flota tendrá un barco como este". Antes la Flota tuvo un gerente fuera de serie, Álvaro Díaz Sarmiento, veleño como el bocadillo. Duró 40 años en el cargo, desde el inicio en 1946. Hizo crecer la empresa. Colombia en los mares. Ese fue el lema de la Flota.

Por la colección de intrigas, errores, falta de planeación y otros pecados que cuenta Sierra, hay que reconocer que la Flota fue fiel en los mares a lo que sucede en Colombia en tierra firme.



"Gloria y naufragio de un coloso"

(Columna de Edmundo Gavassa Villamizar publicada en el periódico Vanguardia, de la ciudad de Bucaramanga, el martes 17 de mayo de 2022)

Con nostalgia he repasado las hojas del libro que acaba de publicar Guillermo Sierra Barreneche y que prologa el escritor Pastor Virviescas Gómez. Cada vez que leo la triste historia de nuestro pasado, me conmuevo. La Flota Mercante Grancolombiana fue una de las grandes empresas del siglo pasado, que como otras de carácter regional, sucumbieron lentamente. El hecho de haber pertenecido Guillermo  a su nómina lo acredita para narrar la verdad de lo acontecido.

Recuerdo vivamente el escudo de la Flota que había en el edificio de Alfonso Silva Silva en donde funcionaba la agencia de esa compañía en nuestra ciudad que estaba a cargo de Mario Valderrama. Era Colombia en los mares, el orgullo de nuestro país acompañado de Venezuela y Ecuador como socios. Todos los colombianos nos sentíamos orgullosos al saber que nuestra bandera ondeaba en los mares del mundo.

Guillermo también tiene la nostalgia de quien parte de su vida en el mar, ese azul que le apasiona y que áun lleva en su corazón de marino mercanrte. Una campana que perteneció al buque "Ciudad de Armenia" retumba sus oídos como testigo de una época ya lejana en el tiempo. Fueron 32 años llenos de alegría, anécdotas, testimonios, amistades y por sobre todo, hacer lo que le gustaba, ser hombre de mar. Vivencia de los puertos del mundo, porque la Flota cubría el globo terráqueo.

La Flota Mercante Grancolombiana alcanzó a tener 25 buques propios y 80 alquilados, significa que era una verdadera empresa dedicada al transporte de carga que visitaba los principales puertos del globo terráqueo. Lamentablemente, como nos ha sucedido regionalmente, hemos tenido la mala suerte de fallar en la administración de los negocios. Cada historia que se escribe sobre las vicisitudes de nuestras empresas, nos arruga el corazón al encontrar que las fallas han sido siempre de carácter administrativo.

Este libro es un testimonio vivo de una gran empresa multinacional que murió por falta de una dirección ejecutiva que había podido salvar a la Flota Mercate Grancolombiana de haber perecido en medio de las aguas turbias del desconocimiento administrativo y, tal vez, manos inescrupulosas dieron al traste con un sueño colombiano.