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lunes, 3 de febrero de 2014

El 'profe' Cárdenas y la marrana Santurbana



MinAmbiente descrestó en la audiencia del Páramo de Santurbán con la participación de un profesor de la Universidad de los Andes que condujo la discusión y al final hasta repartió dividendos. La delimitación tardará al menos cuatro semanas más, pero vienen las elecciones y a lo mejor el Gobierno Santos no está dispuesto a arriesgar una considerable votación.

Quienes acudieron ansiosos a la cita del pasado lunes 27 de enero con la ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Luz Helena Sarmiento, se encontraron con una sorpresa que nadie tenía en sus cálculos. Y es que en vez de conocer por fin la delimitación del Páramo de Santurbán, los asistentes vieron salir al escenario a un hombre con todos los rasgos de profesor universitario, quien marrana de barro en mano los ‘hipnotizó’ durante las diez horas que duró la audiencia en el Auditorio ‘Jesús Alberto Rey’ de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB).



El docente titular de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, Juan Camilo Cárdenas discípulo en Estados Unidos de Elinor Ostrom, la primera mujer en recibir el Premio Nobel de Economía en 2009 por su ‘análisis de la gobernanza económica, especialmente de los recursos compartidos’ puso literalmente a jugar a presidentes de multinacionales del oro, alcaldes, directores de corporaciones autónomas regionales y entes gubernamentales, sindicalistas mineros y cultivadores de cebolla y papa, entre otros.

Si bien ‘el palo no está para hacer cucharas’, Cárdenas rápidamente logró neutralizar a quienes estuvieron tentados a pararse y abandonar el recinto. Y si se quedaron fue por algo, porque aunque había Policía nadie los estaba obligando y las puertas estuvieron abiertas todo el tiempo incluso para la prensa, situación que no se había dado en los anteriores encuentros.



A 41 participantes que estaban en primera fila les entregó cinco monedas de cartón con un valor simbólico unitario de 3.000 pesos para que depositaran las que quisieran en la marrana y al final de la ronda se multiplicaran por dos y se repartieran equitativamente las ganancias transformadas en unas tarjetas canjeables de un almacén de cadena. Podían también metérselas en sus bolsillos para que ni el vecino se las viera, caso en el cual no obtendrían ningún rendimiento.

Su éxito fue tal que al final la propia ministra Sarmiento no sólo le agradeció a Cárdenas por su labor y por no cobrar un peso por realizarla, sino porque “usted logró algo que yo pensé que no íbamos a lograr: que era que construyéramos entre los santandereanos. Después de la segunda mesa (en Tona) donde mi pobre viceministro casi sale apaleado, estamos viendo que hay una construcción y que sin importar dónde esté la línea (de Santurbán) hay consensos. Consenso por ejemplo de que si hay una actividad agrícola en el Páramo tiene que ser orgánica o sostenible con el medio, y eso significa que tenemos que darle apoyo a toda la cadena como tal… O consenso en el tema de pago por servicios ambientales (los habitantes de ciudades como Bucaramanga y Floridablanca pagarían un adicional para que los campesinos de California y Vetas, por ejemplo, se dediquen a cuidar el frágil ecosistema y desechen cualquier actividad que lo ponga en peligro), de conservar el agua porque estamos viendo que no es solo para ahorita sino también para el futuro”.



Sin ahondar en el fenómeno de la megaminería y su impacto –que ha provocado media docena de marchas multitudinarias de protesta en Bucaramanga, la ministra Sarmiento afirmó que “hay el reconocimiento de todos los que estamos aquí de que los que han estado en el Páramo han conservado el agua. Que no ha sido pues la catástrofe… y que tampoco es como algunos quieren hacer ver la zona como que se está volviendo peligrosísima, con guerrilla y grupos al margen de la ley, cuando uno lo que ve es que hay un desempleo alto y una inconformidad social pero no podemos llegar a catalogarla como una zona peligrosa ni muchísimo menos”.

Mientras MinAmbiente intenta con este mecanismo de audiencias y juegos con la marrana Santurbana resolver los conflictos sociales y económicos que implica ponerle límites al Páramo de Santurbán así de paso le toque decirles a los alcaldes del área metropolitana de Bucaramanga que no les va a rogar para que asistan a estas sesiones, este es el dialogó con el profesor Cárdenas.



¿Cómo es que un ‘profe’ como usted, que podría estar en una cómoda oficina de Bogotá ‘botando corriente’ sobre modelos teóricos, termina metido en este cuento tratando de solucionar el ‘chicharrón’ en el que se ha convertido la delimitación de Santurbán?

La investigación que vengo haciendo desde hace más de quince años es hasta dónde los seres humanos son capaces de cooperar en dilemas sociales en donde el interés individual y el interés colectivo van en contravía, y el caso de Santurbán es un ejemplo de eso. Los intereses privados de los sectores mineros, agrícolas, pecuarios, pueden ir en contravía eventualmente de los intereses privados de quienes quieren agua limpia en los centros urbanos, pero el interés colectivo es que todos quieren agua. Sin embargo, si empezamos a pensar sólo en el interés individual y no pensamos en el interés colectivo, al final todo el mundo queda sin el pan y sin el queso, y entonces ni hay agua ni hay medio ambiente ni hay producción ni hay empleo.

Ahora, sabemos que los humanos vienen cooperando desde hace docenas de miles de años y han resuelto este tipo de problemas a lo largo de la historia de la Humanidad. Y el caso de Santurbán es ejemplar porque va a ser pionero en la negociación de la delimitación de los páramos, que significa un gran reto para el país porque son zonas que al mismo tiempo son de conservación pero históricamente en la mayoría de ellas ha habido ocupación humana para tener ovejas y vacas, para pasar por esas trochas, para sembrar papa e incluso la minería.

Entonces es un reto importante y me pareció un desafío interesante cuando me hicieron la invitación de parte de la directora del Instituto Humboldt, Brigitte Baptiste, y de parte de la ministra, que me dijeron: todo eso que usted estudia e investiga, póngalo en la práctica, tráigalo acá y mire a ver si es posible construir consensos. Me pareció que era interesante plantear la teoría y la investigación experimental en una situación real del tamaño u complejidad que es esta de Santurbán.



Entonces le cayó como anillo al dedo y le permite darse el lujo de decir que no cobra.

(Sonríe) No, definitivamente es un reto interesante para mis temas de investigación.

Y de paso logró que por lo menos en esta jornada no enfrentaran por la fuerza, sino que cada quien dijera lo que pensaba.

Con la ministra tuvimos una conversación hace unos días muy interesante desde hasta dónde lo que llamamos la condición humana da para crear consensos o no. Y ella me dijo: ‘Yo conozco a mi gente porque soy santandereana’, y yo le dije que los santandereanos también son humanos y los humanos siempre han mostrado la capacidad y que no funcione no quiere decir que no puede. La pregunta es si usted puede crear un ambiente para que funcione. Es un comienzo, un pasito pequeño, y es generar consensos de que se puede dialogar para crear intereses comunes a partir de la diferencia, y creo que esa fue la constante durante todo este día.

A mí me gustó muchísimo que la gente cuando habló y estábamos escribiendo las palabras en la alcancía, una palabra que apareció fue la diversidad, la diversidad de opiniones, la diversidad de intereses, y la pregunta es si podemos crear consenso en medio de esa diversidad. Eso es lo que estuvimos tratando de lograr hoy.



¿Qué cara pondría si le digo que al menos dos alcaldes estuvieron a punto de pararse e irse al comienzo de la actividad porque percibían que les estaban dando ‘caramelo’, pero terminaron quedándose y hasta reclamaron las ganancias? ¿Fue un número de hipnotismo o dónde está la clave?

La clave está en que el ejercicio está diseñado para que la gente se involucre en que las decisiones de cooperación están mediadas por ese conflicto permanente entre mi bolsillo y el interés general. Y yo con estos juegos y con estos incentivos y las fichas y los bonos, lo que trato es que se metan en esa lógica, que no lo piensen como una cosa distante o hipotética, sino de verdad en ese momento. Es una dinámica sumamente pedagógica que permite que la gente diga: oiga, es que esto es en serio, tengo que pensar bien mi decisión porque de pronto puedo ganarme una platica pero por otro lado puedo afectar el bienestar de los demás y dependiendo de lo que yo haga le va mejor o peor a los demás. A través de esas fichas que sí significaban algo y era dinero real, había la posibilidad de que se involucraran en la acción colectiva y la acción individual, y cuándo esa acción individual puede llevar de manera coordinada a mejorar el binestar común.



¿Pero no hay algo de perverso en el ejercicio, que es que si no hay plata de por medio entonces no cuido el medio ambiente?

Ese ha sido un debate constante y lo he tenido muchas veces, que es que si lo que estamos haciendo es pagar por conservar o pagarle a la gente por participar, y no, porque dependiendo del resultado de las decisiones puede ser mayor o menor el interés común o el interés individual, y es el problema de coordinar las acciones de los intereses distintos, y al final la gente ya no tiene ese reclamo. Después de haber participado, la gente ya no queda con esa impresión y dice: ¡ah, ya entendí!, se trata de que la cooperación paga y me genera una retribución indidivual y a mi comunidad una retribución colectiva, y eso es lo que tratamos de construir a lo largo de hoy. Un poco el símbolo de eso es que tuvimos la marrana del comienzo y la marrana del final y logramos subir aún más el nivel de confianza mútuo. Una de las claves de la cooperación es la confianza y lo que estábamos buscando era confianza mútua, pero no una confianza en el papel sino una confianza de verdad en un ejercicio real, cara a cara, en el que cada uno tenía que decir qué iba a hacer.

¿El profesor Cárdenas aparece un día de enero de 2014 y como el mago Merlin desaparece?

No, yo estoy todo el tiempo investigando el tema. Estamos trabajando en varias regiones de Colombia, haciendo un proyecto sobre el agua y el sistema de riego del arroz en el país y replicándolo en otros países. Es un montón de proyectos con varios tipos de comunidades y regiones, y en el caso de Colombia si somos capaces de ponernos de acuerdo. Vuelvo a Bogotá donde tengo 140 estudiantes esperándome para dictar clase, pero el tema de Santurbán sigue en la cabeza y ahora tenemos un montón de insumos para seguir escribiendo, y esperar cómo el Ministerio de Ambiente va a responder con esta información y con las dinámicas de lo que pasó hoy, y seguir colaborando con ellos.

¿Espera que sus conclusiones las lea la ministra o que al menos no se refundan en la maleta de un asesor?

Estoy esperando que alguien del Ministerio me llame dentro de unas semanas y me diga: hemos logrado esto más o esto que se acordó ese día en la UNAB se convirtió en esta consulta técnica o en esta consulta jurídica y esto se está resolviendo así, y se lo vamos a contar a esos actores que convocamos, porque estos actores que vinieron hoy fueron el resultado del compromiso de lo que pasó en la reunión de Tona. En Tona se acordó que esta gente viniera hoy, y vinieron la mayoría. Hubiéramos querido que hubiera más representación de las ONG ambientales y de la gente que está más radical frente a la conservación del agua y en contra de la minería, pero creo que eso se trajo aquí a la mesa y se logró percibir. Esperamos que de aquí resulte un compromiso un poquito mayor, porque aquí hay que seguir trabajando y que se dé respuesta a lo que salió hoy. Así que a mí lo que me interesa no es que lean o no un informe que entregue; lo que me interesa es que me cuenten es que esta gente recibió una retroalimentación del Ministerio en respuesta a lo que pasó hoy y creo que así es como vamos construyendo poco a poco.

¿Cuáles son los tres puntos fundamentales que usted percibió en las conclusiones?

Vi la importancia de visibilizar a los pequeños agricultores, mineros y jornaleros que trabajan en distintas actividades, y hoy quedaron más visibles. Vi que es problemático el que se afecten los derechos de propiedad de mineros y agricultores y demás por la línea de páramo, y que se van a tener que construir soluciones muy concretas para que la gente no pierda el valor de su capital, de su título minero o de su finca que van a estar dentro del Páramo. Ahí veo un reto importante en lo jurídico, en lo financiero y en lo económico. Vi que hay un consenso grande de que todo el mundo quiere agua y me pareció muy fluido el que al final nadie cuestionaba la importancia de que hay que producir agua para todo el mundo: para la minería, para la agricultura, para los habitantes urbanos. Vi propuestas novedosas y promisorias de reconversión de la producción agropecuaria desde quienes tienen el arraigo de la tierra en las zonas de páramo y son consientes que tienen que hacer una conversión tecnológica pero no se quieren ir y sin embargo están abiertos a encontrar caminos de construcción de paquetes tecnológicos sostenibles, más amigables con el tema de los suelos y el agua. Veo que todavía hay tensiones entre la gran minería y los riesgos frente al agua, pero creo que vi muchas más posibilidades de que la pequeña minería busque caminos de manejos mineros menos amenazadores del medio ambiente, sin cianuro, sin mercurio, con manejo de agua y con otro tipo de tecnología.

En ese terreno de lo conflictivo, ¿en qué aspectos notó que no hay acercamientos?

La gran minería tiene que resolver cómo va a trabajar en la región, porque todavía tiene que definir cuál es el paquete tecnológico que va a poner incluso si queda por debajo de la línea de páramo, por los riesgos hidrogeológicos de la infraestructura subterránea que es probable que quieren proponer para el Páramo de Santurbán. Ese es un reto grande pero de poquitos actores que deben sentarse a la mesa y resolver cosas: qué es legal y qué es ilegal, qué sí tiene licencia y qué no tiene licencia.

Siento que en este Ministerio de Ambiente y con esta ministra, tiene las herramientas y la disposición política a pisar duro, y lo hizo con la Drummond en el caso del carbón en Santa Marta, que les dijo: Ustedes llevan años y años haciendo esto y no pasa nada. Tienen hasta tal fecha y si no cumplen les cerramos, y les cerró la operación.

Ese es el tipo de cosas que necesita un país que si crea una legislación es para cumplirla. Yo siempre he dicho que las reglas son para cumplirlas o para cambiarlas, no para ‘pasárselas por la galleta’. Tener una regla que nos ‘pasemos por la galleta’ es lo peor que le puede suceder a un país y para eso es mejor no tener regla, pero regla incumplida es peor que no tener regla. En ese sentido construir una clara y transparente para esa gran minería para el caso del Páramo de Santurbán, es de los difíciles todavía de resolver porque creo que hay incertidumbre científica de qué tanto amenazan la excavación de estos grandes túneles, así sea por debajo de la línea de páramo, todo el ciclo hidrogeológico que va afectar la oferta natural de agua en un montón de sitios. Esa me parece que es grave y difícil. Las otras tienen espacios de acción con los pequeños mineros porque es una infraestructura de mucho menos impacto y se puede tratar de hacer sin cianuro y mercurio; con los pequeños agricultores porque puede haber paquetes de reconversión, compensaciones con pagos por servicios ambientales, transiciones a otros regímenes de propiedad de la tierra… Hay un montón de caminos por trabajar.

¿Se cometió un error al tomar primero la decisión de la delimitación y venir ahora a hacer este tipo de conciliaciones?

Me lo he preguntado y no tengo una respuesta clara. Igualmente he pensado en el escenario: hubiéramos podido hacer esto primero y luego delimitar el páramo. Pero también es problemático porque aquí vienen los que van a pisar duro para decir me corre la línea para allá o me la corre para acá. Es acertado que la línea de páramo tenga el sustento de un instituto científico como el Humboldt, que ‘no tiene velas en el entierro’ en términos ni económicos ni políticos. El Humboldt no gana ni pierde por mover la línea para un lado o para el otro. Es fundamental que el Humboldt tenga la independencia para poder formular esa línea de páramo. De ahí se pasa a que MinAmbiente coje eso, hace una evaluación de un modelo económico de compensación y formula a partir de esa recomendación técnica y hace unos ajustes pero que probablemente van a ser muy parecidos a lo que venía de las recomendaciones técnicas.

Lo que pasa es que formular la línea de páramo no es suficiente; el problema es implementarla. Hay que formular alguna y con esa arranquemos de ahí para adelante.

Y después hacerla respetar.

Claro, las leyes son para cumplirlas o para cambiarlas, pero no para ‘pasárselas por la galleta’.

¿Qué pasa si los científicos del Humboldt dan su concepto, pero a ‘la hora del té’ el Gobierno mete la mano y cambia ‘unas curvitas’?

Pero van a ser ‘curvitas’ muy pequeñas, asociadas con actores muy particulares. Lo que pasa es que esas ‘curvitas’ siempre crean las dudas de que hubo aquellos intereses o los otros. Pero teniendo la línea base del Instituto Humboldt, más la parte técnica que hace el  Ministerio, eso se está haciendo de cara al país. La línea de páramo del Humboldt ya está y se puede consultar en Internet. De ahí para adelante va a ser transparente también cuando se formule hasta dónde hubo o no esto. Si eso se hace de frente al país, toda la ciudadanía va a poder coger los mapas y decir: ¡Ay, juemadre!, a éste la ayudaron aquí o le ayudaron allá. Ese es el tipo de cosas que tenemos que sentarnos todos a hacer sobre la mesa, con transparencia a la ciudadanía.

El exministro de Ambiente, Manuel Rodríguez Becerra, y colega suyo en Los Andes, ha insistido en que aquí no hay discusión porque el páramo y los ecosistemas derivados son intocables.

Manuel tiene una posición más radical con respecto a la minería de gran escala irresponsable. Él lo que está es siendo muy claro en que en Colombia no puede existir gran minería irresponsable y que se salga con la suya. Ese es un planteamiento que también comparto porque la gran minería irresponsable le hace mucho daño a un país. Repito lo que pasó con la Drummond y lo que podría pasar aquí o en otras zonas de alta montaña o de páramo donde hay riesgos muy grandes si se hace minería a gran escala irresponsable. De ahí para adelante hay muchos espacios de zonas grises muy complejas con los pequeños mineros, con los pequeños productores, con los ocupantes del páramo…





El profesor Juan Camilo Cárdenas trajo a Bucaramanga su experimento de la marrana Santurbana, que permitió al menos que “no se sacaran los ojos ni se tiraran la puerta, sino que se quedaran las diez horas conversando y tratando de acercarse en algo” un número considerable de las partes que tienen que ver con la conservación -o destrucción- del Páramo de Santurbán. / FOTO PASTOR VIRVIESCAS GÓMEZ

viernes, 13 de septiembre de 2013

Gregorio Mesa marca los puntos sobre las íes de la 'minería ambiental'

Gregorio Mesa Cuadros es de esos abogados que no solo no se han dejado tentar por los salarios jugosos que ofrecen las compañías mineras que con tanto ímpetu arriban a Colombia, sino que en todos los eventos académicos donde le dan cabida advierte sobre las repercusiones de eso que el presidente Juan Manuel Santos ha dado en llamar la “Locomotora minera”.

Conferencista en el Coloquio Internacional “La protección del medio ambiente: un reto para el Derecho”, realizado el 23 de agosto por la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (Colombia) con el respaldo del Icetex, Mesa Cuadros aceptó este diálogo sobre un debate que sigue candente. Él es doctor en Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid (España), su tesis sobre derechos ambientales en perspectiva de integralidad fue calificada sobresaliente cum laude y se desempeña como profesor en los universidades Nacional, Rosario y Javeriana.
¿Si todo ‘está bien’ y la minería es la ‘salvación’ como aseguran sus impulsores, para qué seguir hablando de protección del medio ambiente y de defender el agua?Justamente hay que seguir discutiendo y hablando de esos temas porque no hay tal conservación del ambiente y no hay tal protección de los derechos. En mi perspectiva lo que existe es la ‘indignidad ambiental’, que no es más que la indignidad de un grupo significativo de seres humanos afectados por esas formas de producción basadas en explotación intensiva de lo que llaman recursos naturales, sin ningún límite y sin ninguna consideración ni con los derechos de los seres humanos, ni con los derechos del ambiente y la naturaleza.

Las empresas mineras se gastan una ‘guaca’ en publicidad promocionando las ventajas de su negocio y hablando de ‘minería sostenible’. Juan Pablo Ruiz Soto, columnista de El Espectador así como magíster en teoría económica y en asuntos ambientales, afirma que “la minería sostenible no existe”. ¿Son compatibles esos dos términos?

Es posible la sostenibilidad en la minería, pero dependiendo del tipo o la concepción de la minería que uno tenga. Hay una concepción que considera que es compatible la extracción minera y la conservación. En particular considero que es posible pero en casos totalmente excepcionales. El primer criterio para que haya sostenibilidad en la minería sería una minería que use muy poquito la naturaleza, por ejemplo que saque muy pocos elementos de la naturaleza. Y en segundo lugar, que además de eso lo haga con tal cuidado que eso que haga no use elementos contaminantes. Es imposible hablar de minería sostenible si lo que sacamos de la naturaleza es millones de toneladas de tierra, para extraer solo unos gramos de oro, y además le incorporemos cianuro, mercurio y los demás elementos. Eso en estricto sentido se trabaja en el Derecho Ambiental desde el ‘Principio de responsabilidad compartida pero diferenciada’ y el ‘Principio de responsabilidad de la cuna a la tumba’.
¿Qué significa eso?

Que lo que haga con la naturaleza, yo como empresa, como particular o como Estado soy responsable desde el momento en cuando incorporo algo en el ambiente, hasta cuando ese producto deja de producir impactos ambientales negativos. Entonces si incorporo cianuro y mercurio en el páramo de Santurbán, seguramente los impactos ambientales negativos, la degradación del suelo y de las aguas va a tardar miles de años, ¿entonces quién paga y quién compensa eso?

El concepto de la sostenibilidad tiene que ver con la permanencia en el tiempo, así que la minería no puede ser sostenible si los impactos ambientales negativos se suceden en el tiempo; salvo que uno sea depredador y contaminador, entonces  hablará de minería sostenible. ¿Qué significará la minería sostenible para el contaminador y el depredador? Significa que la contaminación y la depredación se sostienen en el largo plazo, pero  en lo ambiental es todo lo contrario, es que eso no suceda. Por eso el principio básico en Derecho Ambiental es la prevención más que la precaución y más que tener que pagar por la contaminación o tratar de volver las cosas al estado anterior porque habrá determinados asuntos que no se pueden hacer.
¿Será que a los legisladores colombianos les falta al menos tomar un diplomado en el asunto o es tan complejo que lo mejor es tener fe ciega en el Gobierno y en las empresas mineras y sus gremios aliados?

Habría como tres niveles que uno podría trabajar. En todo caso es necesario precisar conceptualmente de qué se está hablando. Yo tengo claro que el legislador sabe y conoce de qué está hablando, pero unas charlas que puedan dar otras visiones del mundo no sobran. Los seres humanos hablamos y decimos las cosas desde el lugar y la visión que nosotros tenemos. Eso lo llamo Teorías del Derecho. Entonces es distinta la teoría que tiene la empresa Eco Oro (antes Greystar), de la teoría que manejan los campesinos en el páramo de Santurbán o de los bumangueses que necesitan del agua que viene de Santurbán para poder sobrevivir. Entonces cada quien tiene su visión del mundo y ve el ambiente de manera distinta; lo interesante es poner a dialogar esas múltiples visiones.

El primer elemento es formación e información para precisar de qué se está hablando. El segundo es que los legisladores, en el lugar que sea, no siempre son los que dicen ser los que hacen las normas. En Derecho a eso lo llamamos el legislador material. No siempre el legislador material coincide con el legislador formal. En Colombia el legislador formal es el Congreso ordinariamente, y extraordinariamente el Ejecutivo –el Gobierno Nacional o los gobiernos territoriales–, pero desconocemos que hay un legislador material. Es decir, quién materialmente y de verdad hace las reglas, incluyendo las normas ambientales.

Usualmente las normas ambientales no son hechas por aquellos que podrían tener un estándar más exigente en términos ambientales: que se haga con cuidado las cosas, que no se saque demasiado, que se cuide para el futuro, que se piense en otros… Sino usualmente quienes terminan haciendo las normas como legislador material son los principales y grandes grupos de interés. Hoy los principales y grandes grupos de interés son las empresas mineras. En últimas las grandes empresas nacionales y trasnacionales que quieren ahora con la idea del desarrollo, o del mal desarrollo, extraer ilimitadamente elementos de la naturaleza sin ningún control y usualmente sin ningún estándar o con estándares ambientales chiquiticos.

Entonces hay que saber cuál es el discurso de las empresas, y sobre todo mirar si esos discursos de ellos tienen o predican un estándar ambiental de verdad, no solo que se tiñan de verde como Eco Oro, que se cambia el nombre siendo Greystar, porque si me tiño de verde seguramente me pueden dar la licencia. Es saber efectivamente qué tan verde es ese tipo de argumentación y de conceptos que esgrimen las empresas.

También falta mucho de formación e información, no tanto del Estado y de las autoridades a la ciudadanía, sino especialmente hay que educar a nuestros servidores públicos y a nuestras empresas para recordarles que hay unos mínimos constitucionales ambientales que es necesario tener en cuenta. Si uno es coherente con el discurso del cuidado y la conservación, en el sentido de que  no solamente es la generación actual la única que tiene derechos sino las generaciones futuras, eso es vital. Segundo, que no solo yo independientemente de mis vecinos es el único que tiene derechos, sino también ellos. Mis vecinos pueden estar no solamente al lado de mi finca, de mi casa, de mi calle, de mi barrio,  sino también pueden estar mucho más lejos. Pensar la vecindad es pensar en una idea que en Derecho Ambiental se llama solidaridad, en el sentido de ser responsable por el presente y el futuro de nuestros más cercanos hasta nuestros más lejanos en el tiempo y en el espacio. Eso justamente indica que si mis afectaciones por sacar algo de la naturaleza llamado un mineral, yo soy responsable no solo por enriquecerme o por generar empleo, sino que también soy responsable por los impactos o efectos ambientales negativos. Es decir, no solo soy responsable por lo positivo o bueno, sino por lo negativo y por lo que afecte, y tendré que responder por eso.

¿Qué valor tiene la consulta popular llevada a cabo en el municipio de Piedras (Tolima), donde 2.971 habitantes de 2.995 votos válidos– le dijeron NO a la exploración y explotación de oro?

En mi perspectiva teórica y práctica lo que ha decidido la ciudadanía en el municipio de Piedras no es más que el ejercicio básico del ser sujetos de derecho, ciudadanos. Han ejercido el poder que ejerce el constituyente primario. El pueblo se ha manifestado diciendo no y todos los demás, incluidos los legisladores, son poderes derivados. El poder principal, el poder constituyente es el pueblo, entonces si uno cree en la democracia y echa la ‘carreta’ de la democracia, tiene que ser coherente de si el criterio que toma una sociedad avanza en un estándar ambiental, esa es una muy buena decisión a tener en cuenta.

Porque también me pregunto: ¿Y qué pasaría en el evento en que el noventa o el noventa y cinco por ciento de un municipio –que podría suceder aquí en Santurbán– decida que lo que hay que hacer es autorizar la entrada de las empresas sin ninguna restricción, ‘porque se va a generar empleo, y vamos a ganar, y todos ricos y el mundo feliz’; entonces yo digo ¡no! Me interesa y me sirve la democracia, pero el concepto clave de la democracia no puede ser aséptico sino que debe pensar un estándar ambiental. La democracia no será democracia en un sentido material, si la comunidad en su momento toma una decisión contraria a la conservación de la vida, porque entonces tendríamos que aceptar lo que hizo (Adolfo) Hitler en su momento matando a los judíos y respaldado por los alemanes. Lo que distingue a una democracia, es cuando el gobierno del pueblo y para el pueblo está decidiendo sobre las formas de vivir dignamente y justamente una manera de vivir dignamente es con estándares ambientales significativos; sino pues estamos haciendo lo que siempre se ha hecho en la cultura humana y es depredar y contaminar unos pocos en contra del resto.

La gente de Piedras se manifestó porque puso en primer lugar la vida y el futuro. Esa gente no solamente se está expresando como ciudadanos, sino como seres humanos que están pensando el presente y el futuro. La decisión de Piedras involucra no solo a esa comunidad sino a los futuros seres humanos de Piedras, y de otros lugares de Colombia y del mundo, y ese es un muy buen ejemplo para el planeta. La democracia tiene mayor sentido cuando lo que defiende es la vida, y no la depredación y la contaminación. Me parece bastante curioso que algunos teóricos, políticos y empresas terminen defendiendo la contaminación y la depredación bajo el supuesto de que van a generar empleo. Por eso con mayor razón se requiere estudiar más, ser más crítico, y conocer, formar e informar adecuadamente.