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lunes, 9 de septiembre de 2013

A un milímetro de la perfección (las construcciones del Imperio Inca)

Hay quienes atribuyen a seres extraterrestres tanto los cortes precisos en las rocas como su traslado y emplazamiento. Para ellos no hay otra explicación. Pero quienes no piensan así y, por el contrario, han realizado estudios sobre la avanzada Cultura Inca, han quedado con la boca abierta (como yo), al ver en estas escarpadas montañas y en ciudades como Cusco, Pisaq y Machu Picchu los avances incuestionables que han sobrevivido seis o más siglos en este reino maravilloso que se extendió por el norte hasta lo que hoy es Nariño en Colombia y hasta Chile en el sur.
Por donde quiera que uno va de paseo, resulta fácil fijarse en los detalles de cómo los Incas encajaron rocas de tres y más toneladas en la construcción de edificaciones, terrazas de cultivo y fortificaciones.
Este es otro regalo que nos entrega el Perú mágico y para apreciarlo en su magnitud solamente hay que dejar en el hotel a los impacientes o 'internet-dependientes', para ahí sí observar con detenimiento, encuadrar la cámara y obturar, así haya quienes al regreso se asombren porque en lugar de auto retratarnos en primer plano, le hayamos hecho mil y una fotos a "unas piedras".
Una de las ventajas de este Perú de hoy es que hay policía de turismo disponible de día y de noche, con lo cual la sensación de seguridad aumenta, aunque no sobran las precauciones.
Les comparto esta muestra, en la que incluyo la célebre pieza de los Doce Ángulos, en la calle Hatum Rumiyoc -a tres cuadras de la Plaza de Armas de Cusco- y el Coricancha o Templo del Sol, arrasado por los invasores españoles. Disfrútenla.
                                                  


                                      

martes, 6 de agosto de 2013

Machu Picchu, ¡la maravilla! (fotos)





Al sureste de Lima, en el Imperio de los Incas, está Machu Picchu (Montaña Vieja), un nombre que debe pronunciarse con reverencia por tratarse de una maravilla de la creación.
















Encumbrada en los Andes y con el río Urubamba (Vilcanota) surcándole los pies, encuentro esta montaña sagrada, cuyos vestigios prueban todos los avances de una cultura arrasada por los invasores.

 


El viaje el tren desde Cusco al poblado de Aguascalientes es la antesala de un encuentro cargado de energía sobrenatural, divina, infinita... o como le quieran llamar.


Lo más recomendable es llegar el día anterior para poder tomar el bus a las 6 de la mañana que lleva a los primeros turistas al recorrido por Machu Picchu y a quienes se registración con antelación y quieren ascender a su montaña gemela, Huayna Picchu.


Machu Picchu fue construida por los incas en el siglo XV, a 2.490 metros sobre el nivel del mar (y del mal que causaron los españoles y posteriores aventureros).


 Palacio y santuario, este Patrimonio de la Humanidad es el destinado de miles de turistas peruanos y extranjeros que no quieren perderse la que es considerada una de las siete maravillas del mundo moderno, así no cuente con teleférico y en vez de avestruces tenga llamas, alpacas y cóndores -que de cuando en vez se asoman a reiterar que ellos son los amos y señores de estas cumbres devoradas por la vegetación-.


Fue redescubierto en 1911 por el profesor estadounidense Hiram Bingham, y con el paso de los años se ha convertido en uno de los sitios que hay que visitar, ya sea en plan de mochilero o con todos los lujos, aunque no se requiere tanto dinero para apreciar este tesoro. 


Ir a sus principales lugares y construcciones, así como tomar las mil y una fotografías que van apareciendo al menor movimiento de la cabeza, requiere al menos de seis horas, más si se tiene en cuenta que por la altura hay que hacer constantes pausas para descansar y tomar agua.

  

Claro que la estadía se puede extender hasta las cuatro de la tarde, hora recomendada para tomar el bus de bajada a Aguascalientes y así evitar la congestión que se produce por los visitantes que a esa hora se despiden con nostalgia de estas ruinas en las que en su momento de esplendor Pachacútec fue amo y señor.