lunes, 10 de junio de 2019

Los médicos también se enferman… y hasta mueren

(Esta entrevista al médico Fernando A. Rivera -de la Clínica Mayo de Estados Unidos- la publiqué en la edición 477 de Vivir la UNAB, en circulación desde el 7 de junio de 2019)


Todo esperaban los asistentes al XVI Congreso Internacional de la Facultad de Ciencias de la Salud de la UNAB, menos que el médico Fernando A. Rivera los pusiera a verse en el espejo de su propia y cruda realidad. El título de la conferencia era “Síndrome de fatiga médica”, pero en 35 minutos este barranquillero-bumangués que trabaja en la prestigiosa Clínica Mayo (Jacksonville, Florida) les dio un campanazo en sus oídos del que ninguno de sus colegas –experimentados o novatos– salió indemne.

Con estudios y cifras en mano, como que solo en Estados Unidos se registran al menos 400 suicidios de médicos al año, Rivera les fue diciendo hasta de qué se pueden morir. Luego aceptó esta entrevista.

Nació un 2 de mayo de “hace bastantes años” –se reserva la edad– de padre valluno y madre santandereana, y aunque no tiene acento costeño, paga lo que sea por una mojarra frita con arroz con coco y patacón pisado. Se hizo bachiller en el Colegio San Pedro Claver y de allí voló a la Universidad Javeriana donde se hizo profesional, luego cursó medicina interna en un programa con la Nacional, después aprendió de cuidado intensivo con el Instituto Nacional de Cancerología, de cuya UCI sería el director por cuatro años. Posteriormente fue jefe de urgencia de la Clínica del Country, tuvo su consultorio y fue profesor de la Nacional hasta que su hermano falleció en el atentado contra el avión de Avianca en Soacha y más tarde fue secuestrado un cuñado, razones que lo llevaron a buscar mejores horizontes, siempre con el apoyo de su esposa Leonor Méndez.

Labora en la división de consulta y diagnóstico médico de la Clínica Mayo, que son los casos complejos de medicina interna, donde da la segunda opinión a una lista interminable de pacientes de Europa, Asia, África y Latinoamérica que van hasta esta institución ubicada a cinco horas en carro al norte de Miami. También hace preoperatorio. Se siente orgulloso de estar vinculado a la primera clínica del planeta que “con un don, filosofía y creatividad de familia, el padre médicoy los dos hijos cirujanos empezaron a conformar hace más de 153 años la pionera en atención multidisciplinaria y hoy en día es la más grande del mundo y la más respetada por su modelo de cuidado”.

¿Los médicos también se enferman?

Los médicos nos volvemos pacientes, a pesar de que creemos que somos invencibles, que no nos enfermamos y que somos inmunes a muchas de las enfermedades que ni siquiera pensamos que las podemos tratar para nosotros mismos.

¿Y de qué se enferman?

Depende del contexto que se mire, pero en forma general dependiendo de las especialidades hay más incidencia en los cirujanos de unas enfermedades o de los clínicos o médicos generales en otras. Pero básicamente existe hipertensión, ansiedad, depresión, diabetes, problemas hematológicos a nivel del sistema sanguíneo y también se ha podido ver desde el punto de vista psicológico la parte de fatiga profesional y del poco bienestar.

¿Son conscientes de que se están enfermando o nunca se preocupan?

En general no hay un concepto de que uno puede enfermarse o de que está enfermo. Nosotros no nos hacemos el autodiagnóstico o la autorreflexión para los problemas que podemos tener. Y es bastante complejo porque si miramos hacia atrás la forma como el sistema nos ha enseñado a reconocer la enfermedad en otros y no en uno mismo, pienso que hay una falencia que viene de muchos años. La forma como somos curadores de otros pero no de nosotros mismos, y eso está cambiando. Desde hace más de cuarenta años se viene hablando de esto, pero en la última década en países como Estados Unidos y de Europa se está dando más énfasis a que el médico debe protegerse y debe estar en bienestar para poderle dar bienestar a otros.

¿Aplicaría el refrán de “en casa de herrero, azadón de palo”?

Para ponerlo en un argot colombiano, pienso que sí. Nos creemos invencibles, que tenemos no solamente la verdad para poder tratar pacientes sino la convicción de que no nos va a pasar nada, y al cabo del tiempo vemos que los mismos estudiantes de Medicina ingresan con altas cifras en las pruebas de clasificación y en las entrevistas, y ellos mismos a partir más o menos al segundo añoempiezan a ver la poca satisfacción y el poco balance entre la vida personal y familiar y lo que se quiere en la carrera.

¿Será porque para muchos su principal afán es hacer dinero, comprar automóviles de lujo y vivir en condominios?

La situación es compleja y no solamente es por la formación que hemos tenido y la cultura que se nos ha dado. En parte no es culpa del médico, sino de la forma como la sociedad nos ha protegido. A veces hemos sido intocables, nos da nivel, nos da un buen salario cuando se compara con otras profesiones, y si usted ve en la historia muy pocos son doctores y en Latinoamérica eso marca. En estos países eso le da a uno un nivel, un estatus. Por eso cuando estamos en ese pedestal es cuando no reconocemos las propias carencias, falsedades que podemos tener y debilidades con las que a diario podemos caminar.


¿Fue eso lo que se aconteció aquel día que se miró al espejo y se dio cuenta que estaba malgeniado y hasta trataba con cinismo a los pacientes? ¿Cómo fue ese momento en el que se dio cuenta que algo delicado le estaba pasando?

El reconocerse a uno mismo es también una virtud del médico. El reconocer que uno para brindar paz, tranquilidad, seguridad, bienestar, salud en general a los pacientes, permanentemente le cuestiona a uno, independiente del tipo de médico que sea. Luego uno está cuestionándose si su labor se está entregando con eso que uno refleja en la actividad médica. Los factores sociales, comunitarios, de la carrera y económicos pesan, porque entre más tenga uno un nivel ante la sociedad, uno adquiere estos compromisos.

Creo que desde un comienzo me di cuenta. La pregunta sería. ¿qué momento determinó que usted puede también llegar a ser enfermo y a tiempo puede prevenir lo que usted está haciendo? Me he especializado en prevención médica y estoy convencido durante toda mi carrera que siendo un internista me da la posibilidad de ver todo muy integral, global, no solo para mí sino para el paciente. Y la misma formación que recibí con la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá, en el Colegio San Pedro Claver de Bucaramanga, eso me dio la oportunidad y la madurez interna para poder llegar al momento en que uno se cuestiona, que fue el año pasado, para iniciar una etapa personal.

Y termina tomando hasta un curso de cocina y preparando unos platos que ni su esposa se atrevía a probar, pero brindándose la oportunidad de hacer un alto en el camino.

(Sonríe) Claro, porque la solución al problema no es de uno ni es del sistema. La solución son varios frentes. Y yo soy un convencido por todos los años que llevo ejerciendo, después de haberme graduado en 1983, de que la solución a los problemas viene por la decisión que uno tome por ejemplo de cocinar, de hacer ejercicio, leer un buen libro, ir al teatro… hacer actividades en las cuales uno realmente pueda balancear la vida personal, la vida familiar y la vida del trabajo. La solución no está en un solo frente. Lo importante es coger esos elementos que son los esenciales para dar una solución.

El cocinar me abrió la perspectiva de que yo no soy cocinero y de que cocino pésimo, pero me desarrolló la destreza o por lo menos la oportunidad de darme y eso es satisfactorio. Porque al final lo que preparé, que fue un arroz converduras –que no me gustan pero que me quedaron buenas– y un pollo muy bien sazonado, dije: ¡sí se puede!

Cuando en su charla dijo que en las mañanas antes de levantarse para salir corriendo al consultorio es aconsejable pensar en cinco familiares o amigos, ¿eso es que se le está ‘corriendo el coco’ o que se metió a una secta rara?

Independientemente de la fe que se tenga, de la religión que se practique, de la forma política como vea uno la vida, uno tiene que aferrarse a la ciencia. Y por eso mencionaba que después de meditar, de hacer yoga, relajación o respiración controlada, uno se basa en la ciencia y esto es neurociencia. Por eso activar el modo enfocado del cerebro –que es parte de la neurociencia– desarrollaesa oportunidad para evitar el temor, la ira, la falsa pasión, el castigo, el comentario falso, el no ver al paciente con cariño, con ternura, con verdadero cuidado. Como no existe una medicación que lo haga, entonces cómo puedo activar esas zonas de la corteza cerebral profunda que son muy bien formadas, que son cables neuroquímicos, para que yo pueda tener esa mejor ubicación en la función. Es eso: pensar en lo agradable; no pensar en lo que nos causa más impacto negativo. No pensar permanentemente en el pago de impuestos o que me espera un trancón para llegar a la oficina, sino cosas agradables. Y qué más agradable que antes de levantarse pensar en la familia y en los seres que se quieren. Esas son técnicas de neurociencia que están escritas y validadas y que deben practicarse. Pero el trajinar diario y la dependencia de la tecnología no nos dejan. Estamos más mecanizados que naturalizados, y debemos ser naturales. Luego esas técnicas funcionan y han demostrado que reducen el estrés, que es no placentero y negación a las cosas buenas que uno como ser humano potencialmente puede dar.

¿Qué pasa con esos médicos que se la pasan renegando de esa “maldita Ley 100” o que ya no pueden convertirse en millonarios en tan corto tiempo? ¿Ellos son más propensos a enfermarse?

Esas son demostraciones tangibles de que se está pasando por una situación en la cual el balance profesional no está adecuado. Probablemente son las alertas de que algo no está en organización y en completa calma para poder brindar la paz, el cuidado, la buena salud a los pacientes que uno como derecho ha ganado hacia la comunidad.

Si los médicos hacen un juramento hipocrático y hacen promesas por todos los dioses y las diosas, ¿por qué hay unos médicos que al poco tiempo se olvidan de esos principios éticos y se convierten en máquinas registradoras o al menos en una especie de robot sin sensibilidad por los pacientes?

Nos hemos materializado. Ya no se habla de una clínica, sino de una institución; ya no se habla de un paciente sino de un cliente; ya no se habla de un médico sino de un proveedor en salud. Entonces ese factor, uno de tantos, está reflejando que realmente ha cambiado la forma de ejercer la Medicina. Todos hicimos un juramento hipocrático, independientemente de cualquier universidad de la que hayamos salido, pero ese juramento se ha pisado a través del tiempo porque no hemos sabido cultivarlo, no lo hemos procesado a diario, no lo hemos masticado, asimilado y proyectado. El sistema nos ha encarrilado en un corre-corre, en un producir y no en una satisfacción personal y para la comunidad. Podríamos hablar horas de factores que pueden estar incidiendo su personalidad, su relación con los otros, relaciones matrimoniales o amorosas, que pueden incidir en la forma como un individuo está respondiendo en su profesión o en su carrera. El juramente hipocrático (siglo V a. C.) se ha ido diluyendo porque lo ponemos como un documento y no es un documento; es una práctica, es una filosofía, es un testamento de vida. Y los factores que lo han opacado parten de uno mismo que no lo practica, y parten del sistema.


400 médicos que se suicidan en un año tan solo en un país. Eso es demasiado grave.

Esa es una parte de la crisis a la que se ha llegado. Más de cuarenta mil estudiantes en Estados Unidos están sufriendo de fatiga profesional, aun sin ser profesionales. Más de sesenta mil residentes y fellow, que se supone que ya tienen un nivel de madurez en la carrera médica, y casi medio millón de médicos que están con poca satisfacción, poco balance entre lo personal, lo familiar y la carrera. Cuando nos enfrentamos a una situación más grave que es la carencia total de la vida por suicidio, esto es terrible. Cuatrocientos médicos de Estados Unidos que mueren al año, es una cifra terrible. Pero más que ponernos a llorar, debemos cuestionarnos porque no sabemos las estadísticas en nuestros países. Aquí nos enteramos por el comentario del vecino o del periódico, pero no sabemos realmente cuántos están al borde de o han cometido suicidio. La cifra yo la tomo como una forma de medida tácita, no expresa, porque probablemente hay más y no están reportados. Hablamos de que la depresión lleva a ello; probablemente. Las estadísticas dicen que de dos mil médicos encuestados en el año 2018 por parte de la Asociación Americana de Medicina, el 32 % decían que tenían rasgos de depresión, pero no que están deprimidos, porque es un subregistro. Todavía está el estigma. Volvamos a su primera pregunta: ¿ustedes los médicos se enferman? Los médicos también hacemos ‘chancuco’ en el sentido en que no nos gusta revelar propiamente las estadísticas para decir que estoy deprimido o ansioso o estresado o al borde del abismo de lanzarme por un puente. Eso no va con el médico, porque la forma como fuimos formados y como nosotros mismos cultivamos es de ser infalibles. Eso tiene que cambiar y está cambiando. Por eso la decisión de abrir este congreso de la UNAB con un tema que no era la última píldora en cardiología o la última inyección de insulina que se ha desarrollado. Se trata de ver al médico como un paciente a través del médico. Esto es demasiado importante porque las estadísticas lo están diciendo.

Cerró usted su presentación recomendándoles a estudiantes de Medicina y colegas en ejercicio que entren a la aplicación de Apple denominada Well-beingIndex, para que cuando quieran y en pleno anonimato se miren al espejo y gestionen una herramienta científicamente desarrollada.

Eso se llama un índice de bienestar y fue desarrollado por la Clínica Mayo en Rochester (Minnesota) y por la doctora Liselotte ‘Lotte’ Dyrbye. Así como usted tiene una aplicación para su mejor música o un GPS que nos orienta sin haber estado jamás en determinado restaurante o lugar, necesitamos saber en dónde estamos ubicados, cuáles son mis coordenadas, qué tan cerca estoy de la ansiedad, de la depresión o aun del suicidio. Y esta herramienta, que es una forma métrica de medir en qué nivel estamos, es totalmente anónima y gratuita. Es hacer una introspección de cómo me comparo con el resto de la población, qué técnicas puedo aplicar y cuáles son las referencias bibliográficas para poder mejorar esa situación y lograr un bienestar.

Entonces lo puede hacer un médico de Capitanejo o Tamalameque.

Cualquiera puede hacerlo. Sencillamente entra a la aplicación Well-beingIndex, registra su nombre y su dirección electrónica. Luego contesta nueve preguntas que han sido validadas y que encaminan a su nivel de bienestar y de satisfacción, al gozo por su carrera, a cómo se ve frente a los demás y cómo brinda el cuidado. Esto le da unos indicadores comparativos con el resto de la población. A quien baje la aplicación le llegan reportes, por ejemplo, de si ha mejorado o se encuentra en el mismo nivel. Cada quien puede entrar periódicamente, cada semana, cada quince días, y va a ver sus propias estadísticas en una herramienta que está siendo efectiva para poder tener algo tangible. Acuérdese que a los humanos siempre nos toca la parte objetiva. Necesitamos palpar, oler, degustar… Y esta herramienta nos ayuda a ver en qué nivel de arriba o de abajo nos encontramos y qué debemos hacer. Y cómo están los demás. No para darnos una satisfacción de que estoy mejor, sino de que podemos mejorar en un corto tiempo.

Primero vinieron seis y ahora ya son doce los médicos de la Clínica de Mayo que vienen a este Congreso de la UNAB. ¿Cuál es el imán? ¿Qué buscan?

Yo he estado viviendo 23 años en Estados Unidos y el 1 de mayo de 1996 empecé mi carrera de nuevo porque ya tenía mi carrera acá. Empecé comprometiéndome con la comunidad de pacientes y con las instituciones que me dieron la oportunidad como la Universidad de Miami y la Clínica Mayo, que me abrieron las puertas. La satisfacción personal no es única para sentirme bien, a pesar de que estoy hablando de bienestar. Sería egoísta pensar que los triunfos que he conseguido sean míos. Son de la comunidad y del sistema que me brindó la capacidad y la madurez con la experiencia, de poder ‘brincar el charco’ y llegar a Estados Unidos. Sería mezquino de mi parte si yo disfruto de ese bienestar, sin saber que de donde yo vengo y cuales mis orígenes son pertenecen a algoa quien yo le guardo gratitud.

Ustedes en la UNAB tienen el potencial, el mismo del cual yo tomé y cultivé la experiencia que me dio esa fachada, que en los Estados Unidos me atendieron y me promovieron en el ejercicio de mi carrera. Es aquí donde está la energía que a mí me dio el mensaje de que uno tiene que ser bueno, pero no para uno, no por el sueldo, no por el renombre, es por la calidad de trabajo y de cuidados que se le brindan a gente. Entonces qué mejor forma de retribuir a la misma comunidad que me vio surgir. ¿Por qué la UNAB y no otra universidad? Porque la vida está hecha de momentos y como estamos hablando de balance de vida y profesión, hubo momentos sociales y académicos de reuniones previas en las cuales me encontré con colegas como Gustavo Parra, Claudia Sossa y Juan José Rey, que me dieron esa posibilidad de comunicarnos, hacer un plan conjunto, no a nombre mío sino de la comunidad que nos dio y que nos da el diario vivir de la medicina. Pero si usted me dice que debo ir a los barrios de la salida a Cúcuta que necesitan que los muchachos sean educados en cualquier tipo de prevención, allá voy. La Medicina como ciencia no le pertenece a uno ni a dos ni a un grupo, es de la humanidad. Los médicos somos un espejo que nos reflejamos en la comunidad a la cual servimos.

¿Usted vive ‘picho en plata’?

¡No! La felicidad de mi vida no es material, sino la satisfacción de lo que dice siempre la gente buena: el deber cumplido. Estaré feliz de seguir esa senda y retribuirle a la sociedad que me vio nacer y que me formó, para que sean más sanos cada día. Mi apostolado fue la Medicina y me siento feliz no solamente de estar con pacientes sino de participar en congresos como este de la UNAB, compartiendo estos momentos académico-científicos.

Eso quiere decir que los jesuitas que lo formaron no perdieron el esfuerzo con usted.

Está en lo cierto. Creo que el mensaje de los jesuitas se cumplió y lo veo como esta senda de servicio. A mí me marcó la formación jesuita y eso lo confirma de que lo hice en el San Pedro y en la Javeriana. Me falta mucho, pero he recorrido un buen trayecto. Creo que ahí voy…


“Toda esa suciedad” en ocho cuentos


(Esta nota la publiqué en la edición 477 de Vivir la UNAB, en circulación desde el viernes 7 de junio de 2019)


Con los ocho cuentos de “Toda esa suciedad”, Juandiego Serrano –docente del Programa de Literatura de la Universidad Autónoma de Bucaramanga– ganó la Convocatoria Primer Libro de Creación Literaria UIS, colección Emergentes.

A lo largo de las 213 páginas de “10-02”, “Míster Cuquita”, “El cucarachón”, “Alina entre las cuerdas”, “El cuento de la vaca”, “Déjavú en el jardín de las flores”, “Unión libre”, “Kansligheten” y “En el reproductor”, el lector tiene la opción de dejarse llevar por la ironía y el humor, sin saber qué sorpresa le deparará el final de cada párrafo.

Para la muestra un botón de Serrano: “El legado fue un discurso social donde todo se puede, pero no nada se da. Se puede el sexo; el aborto no. El amor se quiere; los vicios no. La familia se puede; el fracaso no. La libertad se promulga y el error se castiga. Nadie es analfabeto, pero hay muy pocos letrados. Y el hombre común, el hombre bueno, el que anda a pie, vive encerrado. Forma una familia y se encierra como una mujer. Engendra un entorno de familia donde la familia misma es una especie que se defiende de otras especies. O no tiene hijos, y se encierra como un marica. Escribe literatura anónima, compone música independiente, redacta libretos de cine sin pantalla y vive de mamá y papá”.

“Toda esa suciedad” no pasaría la censura de Torquemada ni de Ordóñez, pero tendrá por descontado el abrazo de su padre, Orlando Serrano. Hagan la prueba: “Me gusta hacer amistad con las putas. En especial, me gusta cuando les pago por no tener sexo. Encontrar a una puta amiga no es difícil: lo complicado es encontrar una puta dilecta, capaz de ser una puta en mi cabeza. Es extraordinario el momento en que una logra ser capaz de satisfacer mis diálogos, acostados los dos en el atrio de su profesión, no en el de la mía. Eso es hablar como un putas con una puta de vocación”.

“Frente a la hechura de los cuentos, como persona y como sujeto moral, sobre todo, dejo de participar en el libro para que los diálogos entre los personajes, para que las circunstancias que se presentan como escenario no sean cohibidas por X o Y motivo. Este libro además tiene como colofón la autopsia de la localidad. Autopsia porque esta ciudad tiene muchas características de morbimortalidad, a pesar de la vida que se expresa en sus días”, manifiesta este historiador y gestor cultural a quien por su pinta recatada nadie reconoce como el director de un programa radial de rock.

Serrano es punzante, así corra el riesgo de granjearse la enemistad de quienes a pies juntillas se refieren a esta como ‘La Barcelona suramericana’ o ‘La Suiza latinoamericana’. “Bucaramanga tiene el estatus jurídico de una iglesia de garaje, porque somos una congregación más que una ciudad como tal. Si algún escritor de literatura de terror se dirigiera a un lugar como Bucaramanga, encontraría todos los indicios de una ciudad fantasma”, asevera.

Razones tendrá este profesor de 34 años de edad para expresar, escalpelo en mano, que la historia y desenvolvimiento cotidiano parecen todo el tiempo estar recabando en las nostalgias de los que recogen oro y con su brillo se obnubilan dentro de su propia soledad y le dan vida a una ciudad que a pesar de que crece, de la vida ya está respuesta.

Disección en la que explora la psicología que hay detrás de la capital santandereana y la misma historia a través de las conductas compartidas, pretendiendo tomar toda esa materia más que para vilipendiarla, para sacar de su esencia, de sus pequeñas historias, ese nivel de localidad que puede ser asimilable en cualquier lugar del mundo pero que aquí tiene un respirar particular. En “Toda esa suciedad”, Serrano busca rescatar todos esos territorios que parecen muertos y así poder otorgar un contacto con la vida, recordando al compositor Álvaro Serrano (Q.E.P.D.) cuando decía que la mayor cualidad de Bucaramanga es no tener ninguna.

Juandiego no se enfoca en los héroes provinciales de quienes tan urgidos están sus paisanos, sino que en su libro les da luz a espacios como la tienda, el vecindario y a personajes como el celador, sin que se convierta en literatura urbana.

Ya veremos cómo les cae a los ortodoxos esta inmersión de Serrano en ese sujeto perdido en su propia subjetividad como lo es el bumangués de todos los pelambres, que en no pocos casos adopta posiciones megalómanas para poder subsistir en esa especie de depresión controlada que provee una ‘metrópoli’ sin alicientes espirituales pero con el componente de la pertenencia. Un libro que sirve de pretexto para no buscar el exilio en Tamalameque o Caparrapí.

lunes, 13 de mayo de 2019

Alma Guillermoprieto: “El mundo está en llamas”


(Esta la entrevista la publiqué en la edición 476 de Vivir la UNAB, en circulación desde el 3 de mayo de 2019)


El rector Juan Camilo Montoya Bozzi confirmó las novedades que tendrá este año la Feria del Libro de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Ulibro pasará de seis días a siete, por lo que se realizará del lunes 26 de agosto al domingo 1 de septiembre y ya no en el Campus Central sino en las instalaciones del Centro de Convenciones Neomundo. Nuevamente habrá país invitado y esta vez será Corea del Sur. Entre las figuras confirmadas para esta edición denominada “Palabras maestras”, están María Jimena Duzán, Humberto de la Calle, Jesús Abad Colorado, Pablo José Montoya, Héctor Abad Faciolince, Evelio Rosero, Yolanda Reyes, Diana Uribe y Juan Gabriel Vásquez, entre otros.

“Desde hace 17 años la UNAB le apuesta a Ulibro, el evento cultural más representativo del Oriente colombiano y una de las ferias del libro más importante de Colombia, que tiene como objetivo promocionar el hábito de la lectura con actividades dirigidas a niños, jóvenes y adultos, quienes se congregan en un mismo escenario para conversar y escuchar a sus escritores favoritos, y para disfrutar también de la música y del arte”, expresó Montoya Bozzi, recalcando que se quiere consolidar Ulibro proyectándola mucho más hacia la ciudad metropolitana y la región entera, e incluso habrá programación en el municipio santandereano de Barichara del 23 al 25 de agosto.

A los estudiantes, profesores y personal administrativo de la UNAB, el rector les anunció que se dispondrá de la logística de transporte, así como de la coordinación académica para garantizar el disfrute y aprovechamiento de esta semana de cultura.


El lanzamiento de Ulibro se efectuó el pasado miércoles 24 de abril en el Auditorio Mayor ‘Carlos Gómez Albarracín’ con una charla entre la reportera mexicana Alma Estela Guillermoprieto (1949) y la periodista radial Claudia Morales en el Auditorio Mayor 'Carlos Gómez Albarracín', refiriéndose a sus libros, entre los que se incluyen “Desde el país de nunca jamás”, “La Habana en un espejo” y “Al pie de un volcán te escribo”, así como al ejercicio periodístico y temas internacionales que fueron de la crisis de Venezuela a la ola de migrantes.

Sus consideraciones apuntaron, por ejemplo, a que “el momento de (Juan) Guaidó vino y se fue”, “los de La Habana son de lo mejorcito que ha habido en materia de acuerdos de paz en el mundo”;y en cuanto al oficio de informar: “así se vayan a manejar una cámara de televisión, necesitan saber escribir porque eso es lo que les organiza la mente” o “sobre todo los jóvenes se acostumbraron a que todo tiene que ser gratis en el periodismo y en Internet. Si ustedes quieren acabar con el periodismo y ser desinformados, sigan así”.

Luego entrevisté durante 10 minutos y 41 segundos a la ganadora del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2018, y quien ha trabajado para publicaciones como The Guardian, Newsweek y The New Yorker, desempeñándose como tallerista en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano de Gabriel García Márquez.


En 2008 estuvo en Ulibro el escritor mexicano Carlos Monsiváis Aceves y con su singular ironía me respondió en una entrevista: “Venir a Bucaramanga y después morir”. Para Alma Guillermo Prieto, ¿venir a Bucaramanga y después qué?

¡Vivir!

El 24 de mayo de 1993 pistoleros al servicio de los capos Arellano Félix recibieron la orden de matar a su rival Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán en Guadalajara, pero terminaron asesinando al cardenal Juan Jesús Posadas. Luego se descubrirían las relaciones non sanctas entre narcotraficantes y autoridades. ¿Fue en ese momento que ‘se jodió’ México o el cáncer ya venía de antes?

No, yo creo que la crisis del narcotráfico que padecemos no solo en México sino en toda América Latina, la inauguró Estados Unidos. Si tú quieres se jodió México en 1973 cuando el presidente (Richard) Nixon le declaró la guerra a las drogas, sabiendo como sabemos que no se mata una mata de coca, sino que se mata a una persona. Llevamos más de un millón de muertos.

La frase “Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos” se la atribuyen al dictador mexicano Porfirio Díaz (1830-1915). ¿Esa es la condena de su país?

Pues debería de ser en muchos sentidos la ventaja, porque fíjate que México que da al lado del mercado más grande del mundo, y en ese sentido es una ventaja geográfica enorme. Pero obviamente quedar al lado de la que es hoy por hoy, no sé por cuánto tiempo más, la potencia comercial y política más grande del mundo pues sí, uno paga el precio.


Jesús Blancornelas, fundador del Semanario Zeta y quien sufrió un feroz atentado en 1997, narra en su libro “El Cartel”, que conoció en los años setenta a un jefe de prensa al que le decían ‘El lechero’ porque tenía gran afición por ‘ordeñar’ los sobres del Gobierno para los periodistas. ¿Qué porcentaje de los periodistas mexicanos de hoy son ‘chayoteros’ (vendidos)?

No me atrevería a contestarte. Durante una breve época, en el salinato (Gobierno de Carlos Salinas de Gortari que abarcó de 1988 a 1994) parece que en la Secretaría se suspendió la práctica del chayote. Ahora creo que ha vuelto a ser una práctica general de todos los poderes del Estado, pero sería absurdo que yo te dijera cuántos periodistas mexicanos aceptan el chayote. La cantidad que sea se debe en gran parte a que sobre todo en provincia los sueldos de los reporteros y las condiciones de trabajo son absolutamente miserables. No dan para hacer un periodismo digno.

Si la solución a los problemas de México no es el actual presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), un líder social de izquierda no convencional y en 2004 calificado como el segundo mejor alcalde del mundo, ¿entonces quién puede serlo?

No sé. No tengo la menor idea.  No hay candidatos, no hay partidos, no hay programas realistas para los enormes problemas que enfrenta México. No veo a nadie.


La senadora uribista María Fernanda Cabal hace cinco viernes santos envió al infierno a ‘Gabo’. ¿Cree en el Infierno? ¿Está dispuesta a hacerle compañía a su amigo o preferiría meterse a las filas de los Legionarios de Cristo para ganar el Cielo?

Felizmente García Márquez no creía en el Infierno, como el Papa Francisco tampoco cree. Hace mucho que el Infierno dejó de ser dogma desde El Vaticano. Yo creo que la manera de ver la vida de cualquier reportero es hacerlo desde los puntos de vista más complicados posibles, entonces yo vivo apartándome del sí y del no.

El presidente Iván Duque Márquez aseguró el 1 de febrero que “a la dictadura de Venezuela le quedan muy pocas horas”, pero ya han pasado –al momento de esta entrevista- 1.968 horas. ¿Habrá Nicolás Maduro para rato? ¿Colombia está casando una pelea equivocada?

Creo que obviamente el presidente Duque se equivocó, porque tú bien hiciste la cuenta. Yo no soy optimista y creo que al régimen chavista, no sé si a Maduro específicamente, todavía le queda tiempo y la pretensión de asfixiarlo que tuvo (Donald) Trump, en realidad lo que ha hecho ha sido, a mi manera ver, fortalecerlo un poco más.


Usted cubrió la revolución sandinista (1979-1990) que puso fin a la dictadura de los Somoza. Desde hace un tiempo uno de sus comandantes y actual presidente se ha convertido en más que un dolor de cabeza para los nicaragüenses, sobre todo en el tema de los derechos humanos. ¿Qué le espera a ese país centroamericano?

Daniel Ortega jamás fue el personaje súper relevante del sandinismo que se ha pretendido sino que llegó a presidente porque era el que menos ofendía entre las facciones sandinistas. Nicaragua tiene mucha menos posibilidad de una vida económica propia como la tuvo y la volverá a tener, eso espero, Venezuela. Entonces está en una situación más vulnerable. Por otro lado, Nicaragua no le importa a tanta gente y eso le da libertad de acción a Ortega, pero ojalá en el futuro le dé una posibilidad a Nicaragua ser libre de los Ortega e inventarse así misma según sus propias reglas.

El 23 de abril en un debate por las objeciones de Duque y la derecha a la Justicia Especial de Paz (JEP), el senador Álvaro Uribe llamó tres veces “sicario” al senador Gustavo Petro y dijo que prefería “80 veces al guerrillero en armas que al sicariato moral difamando”. ¿Usted que vivió en Colombia considera que los acuerdos con las Farc fueron un craso error del presidente Juan Manuel Santos, o por el contrario defiende la salida negociada?

Yo creo que un país sin guerra es mejor que un país con guerra. El mundo está en llamas. El mundo está muy radicalizado. Es un fenómeno que no es nacional, es mundial.


Cuando usted recibió el Premio Princesa de Asturias sostuvo que a pesar de tanta confusión el mundo nos necesita a los periodistas y que sin los medios de comunicación viviríamos como en una especie de siglo XI. ¿Pero puede con su pluma enfrentar los megapoderes del presidente Trump?

No, yo me pregunto qué pueden hacer los periodistas de Estados Unidos frente a este ser increíblemente tonto e increíblemente hábil que es Donald Trump. Hasta el momento en Estados Unidos, pese a toda la lucha que hacen y toda la batalla que da el periodismo estadounidense para desenmascarar a Trump, no ha ganado ni siquiera tres puntos de popularidad. Ese es un fenómeno.

México, con al menos 144 periodistas asesinados en los últimos 19 años, es el país más peligroso para ejercer este oficio, exceptuando los que están en guerra. Su colega y entrañable amigo Javier Valdez fue obligado a arrodillarse por matones que le pegaron 12 tiros en 2017 en Culiacán. ¿De dónde sacan tanto valor esos reporteros y editores que entregan su vida por la causa?

Me lo pregunté mucho con respecto a Javier Valdez. No sé. Uno se subió a un avión como piloto y cuando el avión empieza a fallar no dice: bueno, ahí los dejo y se baja del aparato. Es el oficio de uno.

Jaime Garzón recomendaba: ‘señor periodista, hágase bachiller’. En esa misma línea, ¿qué les dice a los estudiantes de periodismo?

Lean y estudien otros oficios para que su actividad como reporteros se vea nutrida por una gama amplia de información. Su vida será más interesante y sus textos serán más interesantes.




miércoles, 8 de mayo de 2019

“El periodismo no está hecho para los sumisos, los ineptos y los cínicos”: Omar Rincón


(Esta entrevista la publiqué en la edición 476 de Vivir la UNAB, en circulación desde el 3 de mayo de 2019)


“Mi solución para esa crisis tan jodida en la que está RCN es poner a (Álvaro) Uribe de presentador de noticias. Sería rating total. Diría: ‘Buenas noches compatriotas. Al país hoy le fue mal pero a (Iván) Duque le fue bien. Vean ahora los titulares’. Y después de cada noticia él comentándola, elevaría el rating y soluciona el problema. ¿Por qué? Porque estamos buscando cabecitas que piensen, aunque sea mal pero que piensen”. Este sarcasmo sale de la boca del jurásico docente de la Universidad de los Andes, crítico de televisión del diario El Tiempo (medio de propiedad del banquero Luis Carlos Sarmiento) y doctor en Ciencias Humanas y Sociales, Omar Rincón, quien no deja títere con cabeza y así lo corrobora en esta entrevista.

Estuvo en la Universidad Autónoma de Bucaramanga el pasado 5 de abril, a instancias del Programa de Comunicación Social, hablando de “La crisis y reinvención del periodismo” y afirmando, por ejemplo, que “a los profesores nos pagan por dar criterio, no por decir qué es bueno o malo”, que “si el periodismo está en crisis, la formación de periodistas también lo está” o que “en las salas de redacción no hay quien les enseñe a los jóvenes absolutamente nada”.


Con más manillas que Carlos ‘El Pibe’ Valderrama, una arracada en su oreja izquierda, alpargatas de campesino, barba de leñador y su cabeza calva, Rincón apunta y dispara ante un público congregado en el Auditorio Menor que queda zurumbático: “Si los periodistas hicieran su trabajo no tendrían eco los trinos de (Álvaro) Uribe, porque ninguno es verdad”. Y sin rodeos recarga: “El periodismo se hizo para joder al poder”, consciente de que es alérgico a los cocteles y que sus comentarios generan urticaria.

¿Cómo hacerles entender a tantos jóvenes que estudian periodismo que de entrada no se crean García Márquez y que de paso no se frustren?

Hay que decirles que aspirar a ser García Márquez puede ser posible, pero que lo primero que hay que hacer y es lo que aprende todo gran artista como ‘Gabo’, que si uno no sabe el oficio no puede llegar allá. Entonces el oficio es como en la cocina, donde hay que aprender para qué sirve cada ingrediente, cómo se mezclan y cómo se sazona. Uno no puede llegar al nivel de García Márquez sin oficio, sin conocer las herramientas y sin poder ‘cocinar’ bien las historias. Por eso deben aprender a ‘cocinar’ las historias antes de ser García Márquez.


Usted afirma que el periodismo del siglo XX ha dejado de existir e incluso María Teresa Ronderos sostiene que el periodismo murió. ¿Puede haber optimismo entre tanto caos generado por la crisis en los medios de comunicación, los despidos masivos y el despiporre que ha creado tanta basura que circula en las redes sociales?

Hay optimismo radical porque es que lo estamos necesitando con urgencia por la democracia, que está bajando su calidad basada en que hay mal periodismo. Exactamente si nos cargamos al periodismo, nos cargamos la democracia. Y segundo, porque los jóvenes de hoy vienen cada vez siendo más rebeldes sin causa. El periodismo es una causa buena para ejercer la rebeldía. El periodismo no está hecho para los sumisos, para los ineptos o para los cínicos, sino para gente que quiera comprometerse con eso. Y tercero, el periodismo tiene futuro porque están de moda las fake news (noticias falsas) y todo el mundo está preocupado por las fake news, desde los políticos hasta los académicos y las oenegés, y se requiere buen periodismo para luchar contra ellas. Si hubiera buen periodismo no habría fake news, porque el periodismo consiste en la lucha eterna contra las fake news históricamente. Y la cuarta razón es porque hay una pasión del ser humano por contar historias por el mundo de la vida real y esa pasión no la puede matar nadie, luego el periodismo va a seguir existiendo. Lo que María Teresa Ronderos y mucha gente dicen es que probablemente deberíamos cambiarle el nombre a la profesión, porque en español periodismo significa de periódico y el periódico está desapareciendo; que es distinto en inglés que es journalism, que es como lo que cuenta el diario. El nombre no importa y el periodismo sigue siendo una pasión que seduce a jóvenes y adultos, y que se requiere por democracia y por vida.


Usted está metido de cabeza en el Centro de Estudios de Periodismo (Ceper) de la Universidad de los Andes, pero si le dijeran que debe ser decano de periodismo por un día, ¿qué materias incorporaría y cuáles eliminaría de un plumazo?

Más que materias, cambiaría la intencionalidad de los semestres. Hay que comenzar a pensar los semestres no por materias, sino por formar conceptos. Yo haría algo así como, por ejemplo, en primer semestre hacerlos ciudadanos colombianos y todas las materias serían sobre formar colombianidad. En el segundo semestre, ‘pensar con la propia cabeza’. En tercer semestre, construir una mirada. Cuarto semestre, investigar para producir historias. Quinto semestre, cómo contar con palabras. Sexto semestre, cómo contar con sonidos. Séptimo semestre, cómo contar con el cuerpo. Hoy en día cada materia es como Independiente Santa Fe de las otras. Un estudiante entra a un semestre y no entiende la lógica de ese semestre. Otra idea que tengo relacionada por ejemplo con aprender a contar historias: el estudiante puede tomar Géneros Periodísticos en Comunicación, Narrativa Audiovisual en Artes y Objetos en Diseño en Diseño, porque todo es contar historias. Entonces le organizamos el semestre en función de un objetivo. Al final lo evaluamos respecto a si aprendió de ese concepto y no cuánto sabe de mi materia. Deberíamos perder un poquitico la solemnidad y la arrogancia del conocimiento propio, para ganar la interdisciplinariedad como un proyecto del que no sé nada de entrada pero al final sé algo.


¿Un requisito para cursar la Maestría en Periodismo es que al menos los aspirantes tengan lectura crítica?

La universidad hace un solo test y es que sean capaces de escribir sujeto, verbo y predicado. O sea que sepan contar bien contado ‘mi mamá me mima’ y que sepan contar en un párrafo una historia chiquita. Es como que tenga potencial escritural, porque seguimos confiando en el potencial escritural, más el digital, y en el futuro vamos a tener que pedirle que sea capaz de hacer un blog y de tener esas herramientas con las que cuenta historias, porque eso es lo único que no podemos enseñar. Eso se puede pulir y enfatizar, pero no se puede enseñar a hacer algo que no pasa por ahí.

Con el garrote que les da en sus columnas, ¿habría algo peor en el mundo que los canales de televisión RCN y Caracol?

La televisión colombiana no es tan mala. RCN y Caracol en lo informativo técnicamente son impresionantes. La forma como las chicas presentan, como los periodistas informan, las cámaras que usan, la tecnología, la diagramación y el diseño del noticiero son de los mejores del mundo. Informativamente el de RCN está dedicado al activismo político y a la militancia uribista, mientras que el de Caracol está dedicado a contar lo que pasa en las cámaras de seguridad de la Policía Nacional. Entonces en ese sentido están mal, pero técnicamente y persona por persona son competentes. El problema es de concepto de información y de concepto de política. Somos muy buenos haciendo ficción, nos hemos inventado la bionovela y la narconovela, el formato de telenovela lo hemos vuelto siete mil cosas, lo mismo en comedias y realities somos maravillosos. Somos muy buenos haciendo el noticiero de mediodía como un magazín en el que se habla de familia, de farándula, de muertos, de ecología… Eso es una cosa interesante y creo que en el mundo no existe otro noticiero –que no es noticiero sino que lo llamaría ‘el magazín de la realidad’– que dure tres horas. Eso es único en el mundo y ahora lo está copiando CNN, que es como esas tres horas pero 24 horas al día, sino que lo dividen de a media hora cada uno. También creo que son muy malos en humor. ‘Sábados Felices’ es homofóbico, racista y clasista, así le vaya muy bien en sintonía, y son muy malos en innovación, porque como son dos que parecen uno entonces no les gusta experimentar en formatos y géneros. En general, y es triste lo que estoy diciendo, pero la televisión de Colombia es de las mejores de América Latina, sino la mejor con Brasil, en noticias y en ficción.


Pero queda el consuelo de Noticias Uno.

Noticias Uno es como CM& muy buen periodismo, pero no tiene la suficiencia técnica y logística de Caracol y RCN. Son noticieros básicos y clásicos, y eso se agradece. Es la noticia-noticia. En ellos triunfa la noticia sobre el show y sobre el efecto técnico, estético y visual. Es muy bueno estar en ese tipo de periodismo de Noticias Uno.

Uno al ser crítico de televisión critica muchas cosas, pero podría decir que inclusive en los canales regionales aunque hagan noticieros de estilo viejo cumplen una función social muy interesante de informar de lo cercano. Que se podría hacer mejor, sí, pero el informativo de cada canal regional es bueno y en cada uno de ellos se han inventado algún programita interesante. Señal Colombia tiene “Los puros criollos”, Telecaribe “La niña Emilia”, Teleantioquia tiene “Serenata”… Cada uno tiene algo, lo que pasa es que el papel de crítico lo hace a uno mirar solamente pequeños momentos y no la totalidad de la industria audiovisual colombiana.

¿Por eso es que a RCN le hace la sugerencia de que le iría mejor poniendo al senador Uribe Vélez de presentador?

Lo que digo es que el informativo colombiano se ha desconectado del ciudadano, porque siguen jurando que ellos son transparentes, objetivos y neutrales, y la gente ya sabe que RCN son las noticias uribistas y Caracol son las noticias de la Policía, entonces si asumieran eso el ciudadano lo agradecería mucho. Por favor no seamos objetivos, pero seamos transparentes y nos sigan diciendo que están contando la realidad, sino que andan mostrando la realidad desde un vínculo. El vínculo de RCN es con Álvaro Uribe y el de Caracol con tener rating como sea. Segundo concepto: yo ya no quiero tener presentadores que me leen teleprónter y que sé que no son autónomos con su cabeza. Quiero tener gente que me interprete la enunciación. Que no hablen de Uribe, sino que él mismo presente las noticias en RCN y eso sería superinteresante para ver él cómo comenta la realidad. De pronto Caracol decide tener a Sergio Fajardo, pero también puede ser un intelectual como William Ospina o Héctor Abad Faciolince, o que el presentador lo haga desde un punto de vista más farandulero, pero que asumamos que el que presenta no es presentador, sino comentador e interpretador de la información. Yo quiero seguir a gente que sí piensa con su propia cabeza; no quiero seguir a gente que piensa con el teleprónter. Los noticieros de RCN y Caracol se parecen en el 95 %. En el 5 % que se diferencian es que mientras el de Caracol huye de la política, el de RCN alaba a Uribe y habla mal de Maduro. De resto en agenda son idénticos.

El televidente de noticias se molestó tanto por la arrogancia con que hablan a favor de Postobón y en contra del proceso de paz, y a favor de Uribe y en contra de (Nicolás) Maduro como el único lugar informativo, que nunca pasa por ahí y no volvió. Eso demuestra que el televidente es un tipo que piensa y que cuando una vez se molesta, se molestó definitivamente. Caracol en cambio todo el tiempo lo cuida y lo consiente, y por eso tiene el doble de rating en todos los programas sin hacer nada, sin mirar calidad ni nada. Es un problema de fidelidad a la pareja. Ahora, si no cuidan el cambio generacional, nosotros los jurásicos nos vamos a morir muy pronto y el joven viene desconectado de los informativos, lo cual es gravísimo porque RCN y Caracol se están quedando sin jóvenes, y en un punto sin jóvenes no habrá paraíso.


¿Por qué a los jóvenes estudiantes y graduados de periodismo de hoy les cuesta tanto convertirse en la piedra en el zapato de los poderosos y gobernantes, y en algunos casos optan es por congraciarse con ellos?

Lo que pasa es que las formas de rebeldía son distintas. Colombia es un país muy sumiso. Culturalmente somos muy sumisos. En Colombia disentir en público es de mala educación. Aprendimos desde la época de Santander y Bolívar que se acata pero no se obedece. Entonces somos la primera democracia de América Latina pero se mata a los líderes sociales; somos un país de los más alegres, pero hablamos a espaldas de los demás. Es un país que no ha sido capaz de conversar en público y saber que disentir en público no es odiar al otro. Tenemos que aprender que las cosas no son personales, sino que hay que elevar la conversación pública y que hay principios fundamentales para eso. Disentir con el poder significa que usted lo haga con altura, con respeto, con datos, con fuentes. Significa no meterse en la vida íntima. Significa pensar de otra manera. Esas son las cosas que hay que comenzar a trabajar y a poner en funcionamiento. Nos toca enseñar es más a argumentar y disentir en público. Enseñar en qué consiste la cultura de la conversación. Nos debe interesar conversar con el otro para aprender los argumentos del otro. El mundo es muy infeliz cuando todos están de acuerdo con uno.  


  
“Hay que aprender a leer no por leer, sino que se aprende a leer para escribir”: Omar Rincón

 “El noticiero de Caracol debería llamarse Noticiero de la Policía Nacional. ‘Con las cámaras de seguridad cubrimos el país’. Pero para eso no necesitamos periodistas”: Omar Rincón

lunes, 8 de abril de 2019

Julián de Zubiría habla sin tapujos de la universidad


(Esta nota la publiqué en la edición 475 de Vivir la UNAB, en circulación desde el 31 de marzo de 2019)


Desde la primera hasta la última de sus reflexiones lleva una carga de profundidad. Julián de Zubiría Samper es un ‘execonomista’ graduado con honores en la Universidad Nacional, que además de desempeñarse como director del calificado Instituto Alberto Merani, de asesorar a entidades del orden nacional e internacional como Naciones Unidas, ser columnista de Semana Educación y haber escrito 17 libros, es de aquellos que se permite decir en público lo que piensa porque es una autoridad en la materia.

Así que con la excusa de dictar la charla “Reformas pedagógicas pendientes en la universidad”, De Zubiría Samper estuvo en el Auditorio Menor ‘Alfonso Gómez Gómez’ de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB), donde durante casi dos horas formuló sus planteamientos, lanzando gran parte de un arsenal de ideas y desafíos que al día de hoy siguen retumbando en la cabeza de decanos, directores de programa, docentes y expertos en pedagogía.

Corriendo el riesgo de poner en aprietos a sus anfitriones de la Facultad de Ciencias Económicas, Administrativas y Contables, el profesor De Zubiría empezó preguntándoles a los 128 asistentes: “¿Cambian sus estudiantes sus estructuras para pensar a lo largo del tránsito por la universidad? ¿Si yo hiciera una prueba de argumentación hoy y volviera en un año, argumentarían mejor? ¿Si aplicáramos una prueba de lectura crítica, leerían más críticamente en uno o dos años sus alumnos? ¿Si yo les preguntara quién es usted, se conocen más sus alumnos o no? ¿Son más sensibles? ¿Son más éticos?”.

¿Pero por qué esas preguntas? “Porque ese es el papel de la educación, que no es que el estudiante aprenda. En eso estamos confundidísimos. El papel de la educación es formar mejores ciudadanos, es formar individuos más éticos, más críticos, más soñadores… ¿Sueñan mejor sus estudiantes al terminar el semestre? ¿Se enamoran más de la vida? ¿Construyen sus proyectos de vida en las universidades? ¿Sirve ir a la universidad? ¿Agrega valor?”.

Tamaño de interrogantes con los que de entrada puso a mirarse en el espejo a los concurrentes, algunos con evidente desasosiego y otros intentando digerir el reto. Con un tono pausado, como si estuviera relatando un cuento de los hermanos Grimm, De Zubiría prosiguió con sus sorpresivos enfoques: “La Universidad Pedagógica no tiene un Saber Pro muy alto, pero puedo demostrar que agrega más valor en lectura crítica que las universidades más prestantes; por lo tanto puedo decir que es mejor universidad porque los toma en un nivel bajo y no los entrega donde los entregan las principales universidades privadas, pero sí cerca. Así es como debería evaluarse también un docente: ¿dónde llegó el estudiante y dónde lo entregó? Todas las clases, de todo el planeta Tierra, deberían empezar con unas pruebas diagnósticas que determinen dónde llegaron y dónde acabaron”.

Entonces se deslizó a la necesidad de repensar la educación universitaria, esgrimiendo dos argumentos elementales: “El primero es porque el mundo cambió. Yo, que dediqué mi vida a cambiar la educación básica, les confieso que nunca había visto un sector más conservador que el de la universidad. Estoy impactado porque me he encontrado con un sector muchísimo menos partidario de las transformaciones, convencidos de que el problema no es de ellos sino de la básica. No, ambos tienen problemas y en esencia son los mismos. El mundo se nos hizo global, flexible, con profundos cambios sociales y económicos, pero la universidad no cambia. Lo que pasó en el mundo no ha tocado a la universidad como debería.  Y el segundo factor es que sabemos que los jóvenes en los colegios no aprenden a pensar, a leer, a escribir, a analizar. Entonces fracasó el sistema en la básica y en la media. En la superior tenemos muchas dudas del valor que agrega, porque agrega mucho menos de lo que creíamos”.

El panorama que dibujó es el de un planeta impresionantemente intercomunicado, llámese globalización, tercera ola o sociedad poscapitalista. Que aplica para todos los sistemas, menos para el educativo, construido sobre unas bases opuestas y desde la fragmentación. De tal forma que la primaria no tiene que ver con la secundaria, la media no tiene que ver con la superior. “La universidad va de para atrás. Porque la ruta que adoptó fue la de la especialización, que hace que cada vez el nivel de especialización sea más alto. El problema es que el mundo lo que necesita es otra cosa. Para hablar de temas de salud, lo que necesita el mundo son médicos generales pero lo que ofrece el sistema educativo son médicos altísimamente especializados. Lo que se requieren es un pensamiento interdisciplinario”, subrayó. Disciplinariedad o transdisciplinariedad de la que todos hablan, pero que al revisar las estructuras curriculares se encuentra que no existe.

“Estamos formando gente que sabe muchísimo pero de un aspecto muy particular. Medicina es un ejemplo claro y en campos como la anatomía hay hasta 16 profesores porque cada uno está especializado en un pequeño aspecto. El problema es que nada se puede interpretar desde una sola ciencia. ¿Por qué vivimos una guerra? Eso no se puede explicar solamente desde una perspectiva económica y nos tocaría involucrar factores políticos, culturales e históricos. Es decir, interdisciplinariamente. La fragmentación no deja ver lo global. Los árboles no dejan ver el bosque y lo que necesitamos es tener más claro los bosques”, agregó.

La segunda contradicción es que hay acuerdo en que el mundo es totalmente flexible e incierto, pero la universidad mantiene alto énfasis en lo rutinario. Un caso palpable es el relacionado con el Cálculo, en el que se siguen enseñando algoritmos mecánicos, descontextualizados y rutinarios, resolviendo problemas formales e impertinentes.

Julián de Zubiría estudió economía en la Universidad Nacional, pero recuerda que en los tres niveles de Cálculo que cursó y en los que sacó 5,0, “no entendí una sola idea, nada. No me quedó ni un concepto. ¿Cómo puedo sacar cinco sin entender? No, yo aprendí”. Así que en las derivadas de X al cubo, sabía que cubo era ese 3 chiquito que estaba arriba y lo que hacía era bajar el 3 sin ponerle mucha tiza, para luego escribir la X. De la misma forma en que a los matemáticos se les llena la boca cuando pronuncian “a la n”. “Cálculo es un muy buen ejemplo de lo que no hay que hacer en educación”, razón que lo lleva a sentenciar que los profes de cálculo están perdidísimos. Si hay un buen ejemplo de educación tradicional y de hacer cosas absurdas y sin sentido, ese es Cálculo 1, 2 y 3. Son procesos de carácter mecánico donde no hay conceptos ni interpretación. ¿Qué le pasa al mundo sin derivadas? Ni idea. Nunca vimos esos temas y siempre era derive, derive y derive”.

Es la antítesis del mundo anterior estático, en el que alguien que trabajaba en Ecopetrol lo hacía toda la vida y aspiraba a que su hijo lo sucediera. “Se estima que en los últimos diez años se ha creado tanto conocimiento como se creó en los dos mil años anteriores, entonces la universidad está equivocada si quiere transmitir conocimiento”, dijo, recordando que aprenderse la tabla periódica en el colegio le sirvió para pasar el examen de Química y para llenar crucigramas.

Pero el más complejo de los problemas, en su opinión, “es que cualquier joven de hoy sabe más que Aristóteles. Tiene 25 siglos de conocimiento de la historia humana. Sabe de todo, física, matemáticas… pero ojo, no piensa mejor. Ese es el núcleo del problema pedagógico. El problema no es saber; el problema es pensar. ¿Qué hacen ustedes: enseñan la ciencia o enseñan a pensar científicamente? ¿Enseñan economía o a pensar en términos económicos? ¿Enseñamos conocimientos administrativos o enseñamos a pensar y actuar con criterios administrativos? Es distintísimo”.

Como si con estasojivas no fuera suficiente, De Zubiría Samper apuntó que el problema es que el colegio y la universidad no se dieron cuenta de un hecho que se agudizó hace 50 años en la historia humana: no guardamos la información en el cerebro, sino de manera externa. “Construimos unos aparaticos llamados celulares. ¿Cuántos números saben si se les pierde? Todo está guardado en la ‘nube’ y un programa como Spotifytiene 150 millones de canciones, por lo que tendría uno que vivir 200 vidas y no oiría ni la mitad. La universidad sigue centrada en la transmisión de teorías y no en el desarrollo del pensamiento. El sistema educativo sigue transmitiendo información que uno no guarda en su cerebro. Si ustedes en los exámenes a sus estudiantes no les dejan sacar el libro, es porque el examen no es para pensar. Si esas preguntas que ustedes hacen las meto a Google y salen las respuestas, es porque esas preguntas no son para pensar. Así de categórico porque Google no piensa, sino que es un depósito de información. El sistema educativo está totalmente confundido”.

Echando mano a más piezas de su artillería, Julián de Zubiría expresó que cuando uno les pregunta a los decanos y rectores cómo ven la universidad, dicen que muy bien, pero cuando esa pregunta es para el mundo laboral, responden que muy mal. “Uno de los dos está equivocado. Cuando uno les pregunta a los empresarios de Colombia cómo ven la formación en las universidades dicen que muy mal, pero al insistirles por qué, ninguno dice que es que no saben resolver ecuaciones diferenciales de segundo orden o que tienen un problema con las integrales, todos en cambio dicen algo más importante y es que no saben trabajar en equipo, no tienen iniciativa, no toleran la frustración, tienen bajo liderazgo, muestran poco emprendimiento, muy reducido pensamiento crítico, no tienen ideas originales y para completar no saben leer, además que su escritura y comunicación no son claras. Les falta, nada más y nada menos, que inteligencia intra e interpersonal”.

Mirando a los ojos a cada uno de los asistentes, De Zubiría disparó: “¿Cuántas veces en sus exámenes ustedes les dicen a sus estudiantes que formulen una pregunta original? El ser humano es muy poco original porque lo castigan. Al que piensa, habla, dice, cree, se viste distinto, lo castigan, y uno de los sistemas que tiene es la educación. No se cuida la originalidad en la escuela ni en la universidad. Por el contrario, se atropella todo el tiempo. Hay una desconexión entre lo que hace el profesor y lo que le pasa al joven, todos ellos leyendo en celular y ahora sacaron un proyecto de ley para quitarnos el celular. Están mal de la cabeza. Cuando lo que necesitamos es que todos saquen el celular”.

Sin dejarlos reponer del impacto, De Zubiría sentenció: “Hay una enorme disparidad entre lo que se hace en la escuela y lo que pide la vida. Y ahora nos han dicho que la universidad es para preparar para el trabajo. No les crean. Porque no solo vinimos al mundo a trabajar. También vinimos a enamorarnos, a soñar, a leer poesía, a ver un amanecer, a convivir, a pensar, a analizar, a discutir políticamente… ¿Entonces dónde vamos a aprender eso? Si  quieren que no se haga ni en el colegio, ni en la universidad, ni en el chat, ni en la familia, entonces dónde. Ahora sí autistas nos vamos a volver”.

En la siguiente diapositiva tenía guardada el equivalente a su bomba atómica. Para ello citó al expresidente uruguayo Pepe Mujica, quien afirma que “tal como vamos, los depósitos de conocimiento no van a estar dentro de nuestras cabezas, sino ahí afuera. Ahí va a estar toda la información, todos los datos, todo lo que ya se sabe. En otras palabras, van a estar todas las respuestas. Lo que no van a estar son todas las preguntas. En la capacidad de interrogarse va a estar la cosa. En la capacidad de formular preguntas fecundas, que disparen nuevos esfuerzos de investigación y aprendizaje”.

En palabras de Julián de Zubiría: “Uno va a la universidad no a oír las respuestas, sino a generar las preguntas. Uno debería ir a la universidad a hacerle preguntas a la vida. ¿Así es la universidad? ¡No!”.