martes, 18 de septiembre de 2018

¡Maldita violencia! (Hora de visitar la exposición de Botero en UNAB Bucaramanga)


(Esta nota la públiqué en la edición 469 de Vivir la UNAB en circulación desde el 14 de septiembre de 2018)


Aunque no vino en persona como aquella tarde del 26 de enero de 2011 cuando fue desvelada su‘gorda’ (“Mujer de pie desnuda" es su nombre oficial) en el parque San Pío de Bucaramanga (el mismo en el que el hoy embajador de Colombia en la OEA, Alejandro Ordóñez, quemaba libros), el espíritu del artista antioqueño Fernando Botero Angulo está latente a pocas cuadras de allí, en La Casona de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB) de la calle 42 con carrera 34. Tan solo que esta vez el visitante se encuentra en la puerta con un advertencia: “Esta exposición tiene un contenido de violencia explícita y queda a discreción de padres y tutores la entrada a menores de edad”.

Así que quien vaya buscando las tentadoras mujeresde desproporcionados senos y caderas -características del pintor y escultor antioqueño-, no las hallarán, pero en cambio se chocarán de frente con una exposición que conmueve hasta al más indiferente o al más ignorante de lo que ha pasado en este país en materia de barbarie.


“Fernando Botero reconoce que para un artista que dedica su talento a temas amables ‘por convicción’, ha sido difícil plasmar en sus óleos y dibujos la violencia en la que vive inmerso desde hace décadas su país, nuestra Colombia. La ‘otra’ cara de Botero entró con esta donación al Museo Nacional, convirtiéndose en un acontecimiento cultural que pretende ser también un llamado a la reflexión”, afirmó el rector de la UNAB, Alberto Montoya Puyana, en el acto inaugural llevado a cabo en la noche del jueves 30 de agosto con la participación del director del Museo Nacional de Colombia, Daniel Castro Benítez.


Maldita violencia que, para citar solo unas cuantas cifras, en el periodo comprendido entre los años 1958 y 2012 dejó 218.094 víctimas, de las cuales 40.787 eran combatientes y 177.307 civiles, según los estudios del Centro Nacional de Memoria Histórica, con 11.751 seres humanos masacrados en 1982 acciones armadas entre 1985 y 2012, sin contar las 25.007 personas desaparecidas en el mismo periodo y los más de 10,4 millones de compatriotas desplazados forzosamente por culpa del conflicto armado interno que al día de hoy algunos insisten en negar.


“Para su tratamiento artístico, Botero recurre a la historia de la pintura. Previsiblemente la inspiración le vino de la obra de dos antiguos maestros: los españoles Francisco de Goya y Pablo Picasso, quienes en su momento se encontraron ante circunstancias parecidas, y con sus obras ‘Los fusilamientos del 3 de mayo’ (1808) y la serie de grabados ‘Los desastres de la guerra’ y ‘Guernica’ (1937) inmortalizaron la crueldad de la guerra como arquetipo de todas las guerras. Sin renunciar nunca a su particular estilo de representación de las formas haciendo énfasis en el volumen, Botero (nacido en 1932 en Medellín) se nutre de algunos de los elementos pictóricos y compositivos empleados por estos maestros, especialmente en el manejo del color y de la luz”, acotó el rector Montoya Puyana.


El mismo Botero Angulo ha dicho que aunque la mayor parte de su vida la ha pasado en el exterior, la violencia comenzó a rondar su cabeza hasta que un día sintió que tenía que pintar y “hacer una declaración del horror que sentía ante ese panorama del país”, reconociendo que por un momento se vio obligado a abandonar el placer de expresar la ironía en sus figuras coloristas y voluptuosas para poner su pincel al servicio de la denuncia social, y como cualquier colombiano conmovido por la guerra, Botero ha insistido en que su obra “debe simbolizar la búsqueda de la paz en medio del pavoroso remolino de la violencia”.


Uno de los cuadros más desgarradores de la exposición es el titulado “Motosierra”, como el aparato que utilizaban los paramilitares para desmembrar a sus víctimas, dificultando su reconocimiento y enviando un mensaje atroz a quienes se cruzaran en su camino. “Giotto di Bondone (1267-1337) presta el modelo iconográfico que parece seguir Botero con importantes diferencias. En el fresco de Giotto sobre este tema, ‘La masacre de los inocentes (1302), en la capilla Scrovegni en Padua (Italia), se presenta a Herodes asomado desde uno de los balcones que sirven de marco para que se desarrolle la horrible matanza. En cambio, en la obra de Botero la escena de la matanza ocurre frente a una iglesia rural pintada de rosado que permanece cerrada y mustia frente al pavor que siente la madre ante el verdugo de sus hijos. Más allá se extiende el marco general de una población campesina afable y de una naturaleza tranquila. En contraste, el victimario ejecuta su acción con brutalidad pero sin expresión visible de emoción. Toma a la mujer del pelo y ésta, mientras trata de interponerse en el asesinato de uno de sus hijos con el brazo derecho, sostiene con el izquierdo el cadáver pálido de otro pequeño. El acto violento cometido a la luz del día, en la plaza principal (extrañamente vacía de testigos) y frente a la iglesia, parece a ludir a una forma de violencia aceptada (aunque no ordenada) por la propia comunidad ante quien se realiza”, explica Mario Alejandro Molano Vega en “La Violencia en Colombia según Fernando Botero”.

Para hacer realidad este hecho que no puede pasar desapercibido en una tierra santandereana y en una ciudad capital sitiadas por la indiferencia, con brochazos burdos de vallenato y reguetón, Gloria Clotilde Oviedo Chávez, directora de la sala de arte de La Casona UNAB, contó con el apoyo invaluable de Laura Castelblanco Matiz, comisaria de la exposición; Angélica María Díaz Vásquez, asistente de museografía de la UNAB; y Elena Arenas, coordinadora cultural del Centro Colombo Americano, porque la exposición de 64 obras es compartida con esa institución ubicada a un costado del Parque Bolívar, correspondiéndole a la UNAB 32 cuadros de la llamada “Donación Botero 2004-2005 Museo Nacional de Colombia”. Siendo el Ministerio de Cultura, el director del Museo Nacional y la Asociación de Amigos del Museo Nacional los grandes artífices de que Bucaramanga pueda tener esta exposición abierta hasta el próximo 7 de octubre.

Según Oviedo Chávez, su montaje tuvo un costo para la UNAB de cerca de 70 millones de pesos invertidos en cumplir a cabalidad con las condiciones de tener un circuito cerrado de televisión, aire acondicionado con mediciones de humedad y temperatura, iluminación,  sistema antiincendios y vigilancia, porque los visitantes se toparán con celadores armados y apostados las 24 horas del día en La Casona UNAB, dedicados expresamente a cuidar la muestra y evitar la sorpresa de quien quiera llevarse de souvenir un cuadro de Botero. Esta colección en particular tiene un valor que excede con creces el de los bodegones que hay en las salas de todos los hogares bumangueses sumados, pero a manera de referencia hay que decir la póliza supera los 800 millones de pesos. Los cuadros, entre los que predominan los óleos y los carbones sobre tela, fueron traídos a esta ciudad en un camión acondicionado con guacales refrigerados y el aislamiento para que no vibren, más un carro de escolta. Y así regresarán a Bogotá.


Así que aún están a tiempo para que visiten esta exposición de Botero. La Casona UNAB les espera y la entrada es gratuita. Vendrán nuevas exposiciones con el apoyo decidido del director del Museo Nacional, tal como lo anunció esa noche al rememorar sus comienzos en el trabajo museográfico precisamente en Bucaramanga.



lunes, 17 de septiembre de 2018

El comentarista Iván Mejía Álvarez no dejará de disparar sus dardos

(Esta nota la publiqué en la edición 469 de Vivir la UNAB, en circulación desde el 14 de septiembre de 2018)


–¿Qué le falta al Atlético Bucaramanga para algún día darles a los aficionados su primera estrella del fútbol profesional colombiano?

–Le falta un presidente, le falta un técnico, le faltan once jugadores buenos, le sobra hinchada y le falta juego… Con esta nómina no pueden aspirar más allá de entrar en el octavo lugar.

La pregunta es de un aficionado ‘leopardo’, la respuesta es del comentarista deportivo Iván Mejía Álvarez y el lugar es el Auditorio ‘Jesús Alberto Rey’ de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB).

Aconteció a las nueve de la mañana del pasado jueves 23 de agosto, cuando este multifacético y controvertido hombre de medios llegó acompañado por su discípulo Felipe Zarruk para atender una invitación del Programa de Comunicación Social. Venía con el propósito de hablar de más de cinco décadas de trabajo y de paso recibir la ‘Torre de Cristal’, de manos del rector de la UNAB, Alberto Montoya Puyana, como un reconocimiento a su trayectoria.

Este periodista caleño (16 de septiembre de 1950) que hoy labora en Caracol Radio y el canal de televisión WinSports, además de ser columnista del diario El Espectador, se ha caracterizado por decir las cosas a su estilo, ganándose el apreciode colegas como Hernán Peláez Restrepo y César Augusto Londoño, así como la simpatía de miles de oyentes y televidentes, pero también granjeándose la enemistad de quienes son blanco de sus críticas–especialmente dirigentes deportivos– y de los que no asimilan el calibre de sus apreciaciones.


Está claro que el próximo 22 de diciembre será su último ‘Pulso del Fútbol’ –programa que tiene 594 mil oyentes en vivo más 250 mil vía streaming, pero no su retiro definitivo a los cuarteles de invierno, razón por la cual muchos ya lo echan de menos y otros, como Ramiro Gallego, manifiestan alborozados: “¡Gracias Espíritu Santo por el favor recibido!… Nadie es eterno en el mundo”.

Mejía Álvarez no tiene pelos en la lengua para afirmar que “la ignorancia del dueño del Bucaramanga –Óscar Álvarez–es de marca mayor…”, anotando: “Creo que le iría mejor a Felipe Zarruk como técnico que el que va a llegar”… y que no llegó porqueaunque fue anunciado con bombos y platillos el argentino Flavio Horacio Robatto, a los pocos días el equipo dio por canceladas las negociaciones, dejando con ese ‘chicharrón’ a Óscar Serrano y Robert Villamizar.

Se inició en 1965 en el periódico La Patria, de Manizales, luego dio el salto a El País (Cali), y La República (Bogotá) y para los tres medios escribía en simultánea, teniendo que hacer tres crónicas diferentes de un mismo partido, las cuales dictaba por teléfono o despachaba por teletipo –un aparato del que las nuevas generaciones de comunicadores no tienen la más remota idea de su existencia–. En 1968 Wbeimar Muñoz lo puso en la mira y lo fichó para la radio. Después pasaría por los noticieros de televisión Contrapunto, Criptón, De las 7 y del Mediodía, sin olvidar ‘Los Tenores del Fútbol’ en el canal Fox Sports.


“Yo no puedo decir que me voy del todo. No sé si sea capaz de resistir ver un partido importante y no comentar. No sé si mi corazón o mi cabeza estén decididas a aceptar que no voy a tener opinión. No sé si mi ego, porque soy ególatra como todos son ególatras,me permitirá no opinar sobre si ese es buen técnico o mal técnico, sobre si Colombia se equivocó o no… No sé, pero lo voy a intentar. Voy a intentar decirle adiós a algo que ha sido mi compañero desde los dieciocho años –tengo 68–, soy feliz, he conseguido todo lo que tengo gracias a la profesión, pero siento que es hora de hacer algo diferente por tu vida Iván, es hora de tener el día libre, es hora de hacer cualquier cosa diferente”, confiesa.

Preparar cada capítulo del ‘Pulso del Fútbol’ le demanda tres horas diarias de preparación e investigación, “y los periodistas de antes aprendimos a razonar e íbamos a los entrenamientos, porque además antes no había Internet ni Google ni celular. El periodismo deportivo de hoy y lamentablemente tengo que decirlo, se reduce a abrir Wikipedia y pare de contar. Pase la página y siga. Cantidad de cositas y daticos sin ninguna profundidad. Son como los bachilleres que saben de todo y a la vez no saben de nada. Lo de hoy es tan liviano y tan flojo a pesar de que tienen todas las ventajas y posibilidades. La nueva generación tendría que entrar a pensar si se van a quedar con el dato simple de Google o si van a reformar la manera en que están haciendo periodismo”.

También tiene pertrechos para sus colegas, o por lo menos otra dosis de garrote: “Entiendo esta profesión para decir verdades, no como un acto de sumisión ni de mantenerme arrodillado, como sí la entienden muchos. Hay mucho ‘lameculo’ en el periodismo deportivo colombiano y mucho ‘sapo’ entregado a los directivos, a las causas de los dueños de los equipos, de los dueños de la Federación y de los dueños de la Dimayor. En esto para poder uno lograralgo hay que ser absolutamente independiente y se ha ido perdiendo la independencia”. Guardando un cartucho para quienes además se dedican a comercializar sus espacios de radio y televisión: “Si estás en el tema de ventas, vas a ser un periodista mediocre y no vas a tener la libertad conceptual”.


Hay que ir a las prácticas y hacer camerinos antes de subir a la cabina a hacer comentarios, dictamina a quienes quieren saltar a la fama con el trampolín del periodismo deportivo. “Aquí pasan de poner discos a convertirse en comentaristas de la noche a la mañana”. Reforzando su ataque: “Muchas mujeres y hombres quieren ser periodistas deportivos como Hernán Peláez o Carlos Antonio Vélez o como Iván Mejía y tener un apartamento frente al mar y jugar golf… pero esto no es fácil. No es coger un micrófono y mañana ya estás con apartamento en Santa Marta. Eso no es así. Esto está muy complicado. Y no es por desterrarlos, sino para decirles que váyanse haciendo a la idea de que si tienen la vocación háganle para adelante, pero hay que sufrir y para poder triunfar en el periodismo deportivo primero hay que estudiar y luego hay que estar predispuestos a trabajar como unas mulas”.

En resumen, seguir sus pasos no es solamente cuestión de ganas, de pinta o de influencias. “Se necesita capacidad de raciocinio, se necesita valor para decir las cosas, se necesita tener lenguaje y saberlo aplicar, se necesita entereza para afrontar las verdades del mundo de hoy que va cambiando, y la tecnología irá evolucionando. Cada día serán más los periodistas de universidad que los empíricos, pero a ellos no les están enseñando todo lo que hay que enseñarles. El mundo por fuera de la universidad es diferente”.

Luego se refiere a sus comienzos y a ese primer mundial que cubrió, organizado por la dictadura Argentina en 1978 para encubrir tantos crímenes de Estado. Desde entonces ha estado en España 82, México 86, Italia 90, Estados Unidos 94, Francia 98, Corea-Japón 2002, Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y el reciente de Rusia en el que el equipo colombiano tuvo que conformarse con el noveno puesto bajo la dirección del argentino José Néstor PékermanKrimen. Del télex y la máquina de escribir, Mejía Álvarez brincó al fax y las microondas, adaptándose años más tarde a Internet y el teléfono celular, que hoy le permiten hacer el programa desde su casa en Cartagena o desde cualquier estadio u hotel en el planeta.


“He sido siempre una mula para trabajar y no tengo problema en levantarme a las cinco de la mañana y terminar a las doce de la noche. Pero el periodismo deportivo me ha dejado tantas cosas bellas, me ha permitido conocer el mundo y conocer a mi esposa, quien desde entonces me acompaña para arriba y para abajo. En el periodismo he encontrado de todo como en la vida, gente bella y grandes amigos, así como gente muy mala, perversa y envidiosa. La vida es como el árbol de guayaba, que si lo meces cae la madura, la verde y la pintona. Si uno mueve el árbol de la vida caen putas, maricos, ladrones, narcotraficantes… cae de todo. Uno encuentra de todo”, manifiesta, soltando una sonrisa socarrona.

Dice que solamente tiene palabras de agradecimiento y que por fortuna no tiene problemas económicos, ufanándose de que aunque lo que le fascina es escribir, tendría que hacer mil columnas de opinión al mes para ganarse lo que recibe por trabajar en la radio y adicionalmente en la televisión.

No niega que es hincha del América de Cali desde que en 1958 fue a ver en El Campín el partido en el que Millonarios le empacó 4-1 a los ‘rojos’. “Y me gusta ese equipo y sufro tanto viendo al América, qué mal que estamos, qué tristeza”, asevera, sin saber que el domingo 9 de septiembre ‘La Mechita’ le ganaría 2-3 al Bucaramanga en el ‘Alfonso López’. También dice que aunque es más amigo de Carlos Antonio Vélez que de Peláez –con quien trabajó 17 años–, con el primero tiene profundas discrepancias en materia futbolística y no sería capaz de compartir una transmisión con él, “porque estoy seguro que a los cinco minutos nos matamos”.

Admite que fue un pésimo estudiante, que fracasó en sus estudios de Derecho, que la relación con su papá siempre fue “tormentosa y mala”, y que incluso su padre dejó de hablarle por dedicarse al periodismo deportivo, hasta que un día lo llamó y le dijo: “Lo único que le pido es que sea bueno”. Iván le respondió que iba a ser el mejor. “Creo que estuve cerca. ¡Le pegué al palo!”, exclama.

Dos horas entretenidas de charla en las que alentado por Zarruk, Iván Mejía repasó su juventud y madurez, y en las que aseguró que el mejor jugador que ha visto en el mundo es el argentino Lionel Messi –así no haya sido ni será campeón mundial– y en Colombia a Willington Ortiz.Sin reservarse que la Selección no puede seguir dándose el lujo de contratar un técnico que por trabajar apenas un mes y medio al año reciba cuatro millones de dólares –más de 11 mil millones de pesos–.

Tiempo después del cual recibió aplausos y abrazos de los asistentes, trepando su ego hasta el Everest y un poco más allá. Luego caminó presuroso hacia el parqueadero. “No me la hagás sacar”, dice Iván Mejía Álvarez con el acento típico de los nacidos en el Valle del Cauca, cuando le solicité una fotografía con la Universidad de fondo para publicar en Vivir la UNAB. No precisó si la torre de cristal o la ‘piedra’, porque se le notaba la prisa por acondicionarse para el programa de radio y porque tanto toque de popularidad lo tenía ya de malas pulgas. Así es el ‘Gordo’ Mejía.


miércoles, 15 de agosto de 2018

Denise Najmanovich, una ventana al pensamiento

(Esta entrevista la publiqué en la edición 468 de Vivir la UNAB en circulación desde el 10 de agosto de 2018)


Si es la primera vez que ve los nombres de Parménides, Heráclito, Sócrates, Platón, Aristóteles, Ptolomeo, Cicerón, Da Vinci, Kepler, Galileo, Bacon, Descartes, Newton, Hobbes, Spinoza, Locke, Hume, Laplace, Kant, Russell, Popper, Kuhn, Feyerabend, Lakatos, Prigogine, Maturana (pero no el sabio colombiano de la frase ‘perder es ganar un poco’), von Foerster, Gergen, y Morin, no importa, nadie lo está espiando. Así que puede seguir leyendo porque esta entrevista no es para iluminados.

Denise Najmanovich dejó a un lado la bioquímica de la que se graduó en la Universidad de Buenos Aires, para incursionar en la metodología de la investigación científica y doctorarse en Brasil en un campo al que pocos se le miden: la Epistemología, que para decirlo de una forma sencilla es la teoría de los fundamentos y métodos del conocimiento científico. Un terreno en el que esta profesora argentina se mueve como pez en el agua y sin tener que apelar a esa jerigonza con la que algunos que han alcanzado ese nivel de formación impresionan y confunden al resto de los mortales.


Invitada por la Dirección de Docencia y la Vicerrectoría Académica de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Najmanovich estuvo durante una semana en la UNAB hablando con docentes, investigadores, decanos, directores de programa y hasta con el grupo del Proyecto Educativo Institucional (PEI), profundizando en la construcción del saber, el pensamiento complejo y los nuevos paradigmas de la educación, en un ejercicio en el que puso a pensar a los asistentes y a más de uno le generó un remezón casi tan fuerte como los que tienen epicentro el municipio de Los Santos.

Autora de libros como “El mito de la objetividad” y “Epistemología para principiantes”, aceptó este diálogo, más impresionada por el verde las montañas que rodean el Campus Central que por la flojísima actuación en el Mundial de Rusia del equipo en el que Lionel Messi pasó sin pena ni gloria. Ella piensa y afirma cosas en público como que: “Toda la estructura universitaria que tenemos está finamente organizada para que los investigadores salgan de la facultad lo menos posible, estudien cosas sobre las que raramente tienen una capacidad de modificación y lo que es peor, no les interesa modificarlas”.

¿Por qué hablar de Epistemología a estas alturas de un partido en el que el consumismo e Internet marcan la vida de millones de personas?

Voy a contestar como lo decía mi maestro Heinz von Foerster (el austríaco que vivió de 1911 a 2002 y es considerado pionero de la cibernética), quien decía que “todos tenemos una epistemología, muchos no lo saben y otros tienen una muy mala”. La cuestión clave es que trabajar en el conocimiento sin preguntarse por el conocimiento es una forma de empobrecer la práctica, es una puerta abierta al autoritarismo y es también una forma de captura y de dogmatismo. Pero no se trata de tanto de tener una asignatura para tal fin o no tenerla, sino de tener la amplitud de considerar los problemas epistemológicos como un campo problemático que será siempre un debate. El problema es que cuando esto se arma en una asignatura cada uno da como verdad la mirada propia, entonces da lo mismo que diga Paleontología o que diga Epistemología. La cuestión no es tanto si dictar o no la materia, sino si nosotros abrimos la universidad como un espacio de pensamiento en vez de ser, como son la mayoría de universidades, profesionalistas en un sentido eficientista de producir prácticamente un objeto profesional titulado en vez de dar la oportunidad de producir una persona pensante que ha explorado ciertas áreas del saber en todo caso. Esa es la diferencia y esta es una decisión ético-política.

¿Más que la loable intención de tal o cual profesor, debe ser entonces la decisión que adopte la institución universitaria?

El conjunto de la institución tiene que promover la posibilidad de construir espacios de pensamiento, porque aunque lo dijera la cabeza si esto no está en el espíritu del colectivo no va a funcionar tampoco.


¿Pensamiento va con el apellido crítico o puede haber pensamiento así solo?

Yo detesto el apellido. Creo que el apellido si bien en algunos lugares ha tenido un sentido de oponerse a lo establecido, en general más bien está promovido por gente que cree que ellos solo piensan y los demás más, entonces le agregan crítico para desvalorizar a los otros. El pensamiento es algo mucho más interesante que crítica; el pensamiento es crear, es construir. La crítica siempre va a estar capturada por aquello que se está criticando, entonces prefiero usar el término pensamiento y en algunos casos me he visto obligada a agregarle el término ‘vital’, para distinguirlo de la concepción intelectualista.

¿Quién le dice a una persona que puede tener ese pensamiento? ¿Los padres? ¿Los amigos? ¿La sociedad? ¿Los maestros? ¿O ella misma debe descubrirlo?

Nadie puede enseñarte y nadie tiene el derecho de etiquetar el pensamiento de otro. Todos nacemos con la potencia de pensar, todos pensamos de hecho y todos pensamos distinto. Los que le agregan apellidos muchas veces lo que buscan es que pensemos igual. El apellido ‘vital’ en ese sentido juega de una manera paradójica, pero definitivamente nadie puede pensar por uno.

Pero el lingüista y filósofo estadounidense Noam Chomsky habla de una reducida clase pensante y poderosa, por un lado, y un colectivo inmenso de seres que se comportan como borregos, dejándose manipular por los primeros.

Creo que los sistemas en los que vivimos tienden a promover la obediencia y no el pensamiento. Cualquier sistema de dominación y no importa el apellido, porque puede llamarlo capitalismo o comunismo, cualquier sistema no va a promover el pensamiento. Y no diría que en este sentido estén mejor los que se llaman a sí mismos o se otorgan el lugar de líderes  o las clases acomodadas, que las clases populares. El pensamiento no depende de la clase social. De ahí que el desafío es cómo construimos colectivos capaces de promover el pensamiento y la vida. No hablo del pensamiento como una cuestión intelectual, sino del pensamiento que promueve la vida para todos. En ese sentido Chomsky se cree portador de la verdad, por eso aunque en algunas cosas pueda coincidir, no coincido ni en su ética ni en su estética de ser el gran iluminado que se queja de los demás. Tenemos que buscar otros modos de promover el pensamiento, pero que no sea obligarnos a que ahora digamos esto nuevo que es el verdadero y real pensamiento. Esa película ya la vi.


A menudo usted cita aquella frase del novelista y crítico francés Marcel Proust que dice que “el acto real de conocimiento no consiste en encontrar nuevas tierras sino en ver con nuevos ojos”.

Esa frase me gusta muchísimo y me permito agregarle que siempre que uno ve con nuevos ojos descubre nuevas tierras. Considero que el juego está en eso. Pensar es eso, es tener otro modo de relación con el mundo, que amerite experiencias diferentes y que esas experiencias diferentes puedan estar trabajadas desde uno en su posibilidad de crecerlas, pero que no hay ningún dogma, ningún sistema y ningún paradigma que se apropie del pensamiento. Eso es fachismo.

Pero al atreverse a mirar más allá de la nariz o de estas montañas que muchos creen el centro del universo, se corre el riesgo de darse cuenta del atraso o de que al menos hay culturas más evolucionadas.

Siempre que se busca un modelo afuera es malo. No está mal abrir los horizontes para tener nuevas experiencias. Todo lo contrario. Soy sumamente partidaria de la exploración. Pero si la exploración se hace con un objetivo comparativo es perder el tiempo, porque cada cultura como cada persona es otra y tiene otro recorrido, otro contexto, y la comparación es absurda. Lo que es interesante es la nutrición. Hay una propuesta que hicieron los brasileños del movimiento antropofágico, que es ‘comerse’ al otro. Comerse en el sentido de nutrirse del otro. Los indígenas cuando se comían al enemigo porque lo respetaban, porque si fuera basura no se lo comían. Se comían al valiente, al valioso, al gran guerrero, desde sus valores. Y creo que está muy bueno salir al mundo a comernos todo aquello que pueda nutrirnos y abrir nuestros horizontes, pero es algo muy peligroso cualquier pretensión de medir una cultura con respecto a otra o a una persona con respecto a otra.

¿Qué perspectiva tiene de los ránquines que miden y clasifican a las universidades, incidiendo en los estándares para ser admitidos en la Organización para Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)?

Uno de los peligros más importantes de la situación contemporánea es la confusión entre el éxito y la virtud. El éxito depende siempre de una cantidad enorme de variables que exceden a cualquier persona; en cambio lo que estoy llamando virtud, que no es un término moral sino que recupero el sentido etimológico que es potencia, nada tiene que ver con la jerarquía construida desde algún parámetro cualquiera que sea el seleccionado por el sistema de poder finalmente. Uno de los desafíos más interesantes para cualquier persona es ser capaces de salir de la captura del éxito, no para caer en la idiotez del fracaso propia del pensamiento dicotómico, sino para pensar qué es aquello que está en su potencia y promoverlo, en vez de estar permanentemente siguiendo los espejitos de colores que el éxito indicaría. Hay mucha gente que llega a ese lugar supuesto del éxito y se suicida, porque encuentran efectivamente que no era por ahí, y hay otros que enloquecen porque hicieron todo el esfuerzo aunque algo les dijera que no valía la pena porque no era lo que desarrollaba su potencia. Baruch Spinoza (el holandés considerado al lado de Descartes y Leibniz como los tres grandes racionalistas de la Filosofía) hablaba claramente en el siglo XVII de la impotencia del tirano. Nosotros podemos hoy hablar de la impotencia del exitoso. Y eso nos lleva a construir otro tipo de relación de uno con el mundo y de uno con el colectivo.


Hay quienes cuestionan el ‘éxito’ como un invento del capitalismo 'gringo'.

Es un valor muy típico de la cultura americana, que ha tenido distintos significados pero que en este momento está en apogeo por el reflorecimiento de esa ‘psicología positiva’. En una de las universidades de élite de ese país, en la carrera de Economía la materia que tiene más inscritos es ‘Felicidad I’. Felicidad en esa cultura es igual a éxito. La que ha denunciado esto con la máxima claridad y contundencia es la investigadora Bárbara Ehrenreich, que tiene un libro fascinante que se llama “Sonríe o muere: la trampa del pensamiento positivo”. El capitalismo neoliberal contemporáneo es una cultura de la pasión y el éxito. El nuevo pensamiento de la alegría está todo el tiempo apuntando a la buena onda, como si nosotros mereciéramos un salario más o menos digno en función de la onda y no en función de las relaciones de poder entre las clases.


¿A todos los profesores les interesa promover ese pensamiento vital o hay quienes opten por seguir llenado tableros y recetando fotocopias?

No sé qué esté en la cabeza y en el cuerpo de cada quien, pero creo que en la mayoría de los que han elegido ser profesores había un genuino interés por el conocimiento y por el otro, que la estructura del sistema educativo fue aplastando metódicamente. Tengo la convicción de que la gran mayoría, no diría que todos, acogería con gran alegría la posibilidad de salir de la cárcel en la que ellos mismos se metieron. Este es el problema. Bertrand Russell (matemático británico que en 1950 ganó el Premio Nobel de Literatura) decía “coman mierda, millones de moscas no pueden estar equivocadas”. Atenta mucho contra eso el imaginario colectivo que sigue sosteniendo estos modos de enseñanza mecánicos, de transmisión, de desconexión… y algunos se confortan en echar culpas, pero creo que la gran mayoría encontraría infinitamente más satisfacción en reencontrar esa potencia del pensamiento y esa alegría no de enseñar a pensar a otros, porque insisto es imposible, pero sí de crear un ambiente donde el pensamiento del otro pueda florecer. Esa es una tarea profundamente vivificante para cualquiera. Trabajar en encontrar esas condiciones es algo que por lo menos a mí me llena de satisfacción aunque sea un camino largo y difícil.


¿Hay prisa por contratar profesores con doctorado sin preguntarse antes qué papel real es el que van a cumplir?

No haría ninguna excepción de Colombia porque creo que esto es algo mundial el modelo académico que está encerrado dentro de sus muros, entonces qué es lo que va a considerar o no valioso tanto a qué problemáticas investigar sino también el modo en que se investiga. La relación entre el modo y la producción de sentido ha sido algo totalmente invisibilizado, entonces buena parte de la producción académica tiene que ver con la promoción profesional del académico y no con su aporte a la sociedad. Esto no quiere decir que no hayan muchos académicos profundamente involucrados en producir aportes significativos para la cultura en la que viven, muchos lo son, pero en principio el sistema lo que promueve es la carrera académica y así van a ser evaluados, así van a ser promovidos y buena parte de las investigaciones se quedan en las bibliotecas y no llegan nunca a ningún otro lugar. En la modernidad uno de los grandes cambios respecto a la cultura medieval fue el paso de la nobleza de sangre a lo que se llamó nobleza de toga, que construyó altos muros que la separan de sus sociedades, con valiosas excepciones porque ningún sistema de dominación logra dominar a tal punto, pero sobre todo en las Ciencias Humanas y Sociales ha sido donde más se ha impuesto este modelo. Hay muchos doctores que están convencidos que solo se trata de construir discurso y sus propuestas están desvinculadas de la vida, pero no se dan cuenta y en muchos casos creo que tampoco les importa.



Uno de los peligros del pensamiento académico tradicional es creer que las cosas ocurren en función de la dinámica exclusivamente propia, que no existe. Si otras universidades empiezan a dar cursos online con la misma titulación, a precios distintos y con otras posibilidades,  pues muchos se van a ver obligados a cambiar, y muchos van a lamentar que no lo pensaron antes, ni vieron qué es el aporte que puede dar a su comunidad y al mundo una universidad afincada en un territorio en vez de creerse la existencia de un universo abstracto, afirma la epistemóloga argentina Denise Najmanovich, quien estuvo en la UNAB poniendo a pensar a directivos, decanos, investigadores y docentes.
/ FOTOS PASTOR VIRVIESCAS GÓMEZ

martes, 7 de agosto de 2018

Animales de Bucaramanga (Colombia)

Esta es una muestra de la cantidad de aves, insectos y otros animales que se encuentran en Bucaramanga (Colombia). Ejemplares que he podido retratar gracias a la cámara Nikon P900, que cuenta con un zoom de maravilla. Fotos Pastor Virviescas Gómez