domingo, 19 de abril de 2015

Tibasosa, la capital de la feijoa


Entre Duitama y Sogamoso hay una pintoresca población llamada Tibasosa. Fue fundada en 1778 -aunque ya desde el siglo XVI estuvo habitada por indígenas- y no alcanza los 13 mil habitantes. Su altitud sobre el nivel medio del mar es de 2.538 metros, su clima promedio es de 13 grados centígrados y es conocida como la capital nacional de la feijoa. Está localizada en la región del Alto Chicamocha, en el departamento de Boyacá.


Es una parada obligatoria para quien quiera explorar el paisaje y las gentes de este departamento en el que abunda el ganado lechero. Su comida va de la trucha al cuchuco de espinazo, y produce frutas como manzanas, duraznos, peras, ciruelas y chirimoyas, aunque lo llamativo en este renglón son todos los dulces, helados, postres y sabajón que elaboran con feijoa, también conocida como guayabo del Brasil. 


Pero la tranquilidad, la arquitectura y el colorido son otras riquezas de esta población bañada por el río Chicamocha. Entre cañadas y sauces aparecen las callecitas donde artistas locales han plasmado con lujo de detalles un tributo a sus abuelos y a los personajes del pueblo. Aquí les tengo los retratos que les hice a los murales.



Este es un reconocimiento a quienes con sus pinceles y dotes artísticas obsequian estas postales de tamaño real a los turistas. También una invitación a cuidar estos espacios y que permanezcan libres de pintadas y propaganda política.










Y al cierre dos imágenes de la representación que hacen de la Semana Santa en el parque de la población.



domingo, 12 de abril de 2015

Afrenta (columna de Manolo Azuero)


(Columna publicada por Manolo Azuero Figueroa en el periódico Vanguardia Liberal el domingo 29 de marzo de 2015)

Hace unos días, en el periódico El Frente, su director, el dirigente conservador Rafael Serrano Prada, le recordó al alcalde ‘Lucho’ Bohórquez no sólo que tiene muchos medios locales “a su servicio”; también que en el ocaso de su administración “se necesita una artillería pesada… capaz de defender la obra de gobierno que se habrá realizado en Bucaramanga”.

Aunque no lo dijo, dejó entrever que El Frente estaba entre los medios serviles. Y, a manera de cierre, sugirió que el Alcalde mirara “el apoyo que se hace todos los días de su obra” e invirtiera los presupuestos de publicidad en los medios locales. Es decir, Serrano Prada le pidió pauta al Alcalde y de pasó nos notificó cuál será la prioridad de su periódico, antes de que el de turno abandone el Palacio municipal. No será contar los abusos del saliente mandatario y su gavilla, ni cuestionar si cumplió las promesas con las que se hizo elegir. Todo lo contrario. Interpretando a su mismísimo Director, lo urgente, la imprescindible prioridad para El Frente es defender (seguir defendiendo) la obra del Alcalde Bohórquez, que Serrano por conveniencia reduce a mucho cemento. Así, el periódico merecerá ser otra arma más de la “artillería”, que por supuesto incluiría mucha plata en empaque de propaganda. El Director de El Frente cree que a punta de pauta y periodismo cómplice se puede reescribir la historia.

El maquillaje se desvanece, los hechos perduran; habría que devolver el tiempo para evitar que el Alcalde prometiera lo que no iba a cumplir, nombrara en cargos públicos a quienes no debía nombrar, contratara como no debía contratar, improvisara como no debía improvisar, abusara como no debió abusar de su mandato. Pero eso no es lo más grave. La mayor equivocación de Serrano es la de asumir el oficio que ejerce, el periodismo, como lo asume.

El artículo citado lo tituló “¿Quién defenderá al Alcalde Bohórquez?”, yo le pregunto: ¿Quién informará a los bumangueses? Evidentemente no será El Frente, pero debería. Un periódico sobrevive buscando la verdad y contándosela a sus lectores (no congraciándose con el poder), sin importar que ello incomode a los mandamases e implique que le cierren la llave de la publicidad oficial.


jueves, 26 de marzo de 2015

La expedición al pasado del periodista Gerardo Reyes Copello

Uno de los pioneros del Periodismo Investigativo en Colombia y actual director de Univisión Investiga (Estados Unidos) habla de su libro “Vuelo 495, la tragedia ignorada del primer secuestro en la historia de la aviación de Estados Unidos”.


Gerardo Reyes y su libro "Vuelo 495", de Grijalbo./ Foto PVG

Este periodista y abogado cucuteño de 57 años no es una máquina de hacer libros -como algunos autores que cada tres están sacando al mercado un nuevo título-, pero cuando lo hace se convierte en un punto de referencia obligatorio para quienes quieren profundizar en determinado personaje o situación y, en todo caso, buscan historias bien contadas.

Ya lo hizo con “Julio Mario Santo Domingo: biografía no autorizada”, en la que se atrevió a contar la ‘vida, obra y milagros’ de uno de los magnates que ha tenido Colombia. También publicó “Nuestro hombre en la DEA”, con el que reveló detalles de Baruch Vega como “operativo encubierto en negociaciones secretas de la CIA, el FBI y la DEA con la izquierda y narcos colombianos”, y quien vivió y ‘rumbeó’ en la ciudad de Bucaramanga por aquellos años de estudiante. Libro éste que le valió a Reyes Copello el Premio de Periodismo Planeta 2007.

Claro que si de premios trata hay que empezar porque Gerardo, junto a un grupo de reporteros del diario The Miami Herald recibió en 1999 un Premio Pulitzer por la serie Dirty Votes, The Race for Miami Mayor; el Premio María Moors Cabot, de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) en 2004 y un Premio EMMY en 2014 por su investigación sobre la vida del capo mexicano Joaquín Archivaldo ‘El Chapo’ Guzmán.

Gerardo, junto a Daniel Samper Pizano y Alberto Donadio, conformó la Unidad Investigativa del diario bogotano El Tiempo, que en la década de los 80 destapó más de un escándalo político y financiero, ante la mirada escrutadora de Hernando Santos.


Los periodistas y primos Alberto Donadio y Gerardo Reyes en un restaurante de Bucaramanga, momentos previos a este diálogo sobre el libro "Vuelo 495"./ Foto PVG


Este es el diálogo que sostuve con Gerardo Reyes el pasado 19 de marzo, en Bucaramanga, a donde vino invitado por la Asociación de Facultades de Comunicación (Afacom), para hablar de “Comunicación y Postconflicto”, poniendo a pensar a más de uno de los asistentes cuando expresó su temor a que así como un avión de la DEA vino en mayo de 2008 y se llevó extraditados a jefes paramilitares como Salvatore Mancuso y alias ‘Don Berna’, lo mismo pueda ocurrir cuando un juez estadounidense decida echarles mano a los comandantes de las FARC que estén acusados de narcotráfico.

“Los periodistas investigadores somos ante todo exhumadores; llegamos cuando los periodistas del día se han ido y reconstruimos la historia desde cero, y muchas veces son historias como ésta, que nadie quiere contar”, dice Reyes cuando le pregunto por qué razón habría que leer su libro editado por Grijalbo.

Y él mismo resume: “El vuelo 495 de Cubana de Aviación salió de Miami a Varadero el primero de noviembre de 1958 y nunca llegó a su destino en Cuba. A menos de dos meses del triunfo de la revolución, cinco jóvenes secuestraron el avión a nombre del 26 de Julio, el movimiento que lideraba el comandante guerrillero Fidel Castro. Llevaban armas, municiones y posiblemente dinero. Fue el primer acto de piratería aérea en la historia de Estados Unidos, con un agravante: la operación terminó en una tragedia en la que perdieron la vida más de la mitad de los pasajeros”.

Foto PVG.

Lo que hizo Gerardo fue entonces dedicarle largas jornadas a rescatar del baúl de los recuerdos estos hechos, localizar a sobrevivientes y testigos de excepción y descubrir documentos secretos inéditos  e incluso inverosímiles, como aquel en el que a pocos días de la victoria de ‘los barbudos’, el embajador estadounidense en la isla “le pregunta a su gobierno si el movimiento de Castro está penetrado por el comunismo o no, y admite lo siguiente: ‘Nuestra información es peligrosamente inconclusa’”. O ese otro en el que Raúl Castro amenaza con llevar al paredón a los autores del secuestro por la “estupidez no autorizada pero heroica”.

¿El “Vuelo 495” es la confirmación de que a Gerardo no se le olvidó hacer periodismo investigativo? “Al menos exhumatorio, sacar cosas que nadie recuerda, tratar de documentarlas y ampliarlas con testimonios e ir armando la historia”, manifiesta.

¿Pretende molestarle la vida al comandante Fidel Castro, quien a sus casi 89 años de edad no debe estar interesado en cazar nuevas peleas? (Sonríe) “No, contar una historia que a la gente se le olvidó y en una época que a mí me parece fascinante que es cuando Miami era castrista y Washington estaba enamorado de Fidel Castro. Porque si esta tragedia ocurre en otra época o se da a conocer como debiera haber sido divulgada, yo creo que hubiera descarrilado la Revolución Cubana. Por cosas menores que habían ocurrido antes, Estados Unidos incluso amenazó con invadir a Cuba, pero Estados Unidos le estaba apostando a Fidel”, afirma Reyes.

¿Fusilaron a los ‘piratas’ aéreos o la amenaza terminó en nada? “No, eso es un chiste, porque primero que todo ellos sabían y segundo, los dos secuestradores sobrevivientes vivieron en Cuba a sus anchas, tuvieron puestos oficiales, y celebraban fiestas y matrimonios con Raúl Castro, tenían un contacto social con él”, dice Gerardo, quien no espera una reacción destemplada del gobierno de La Habana, porque cree que “ellos ya dan eso como una historia sepultada en el pasado”.

Este periodista busca con “Vuelo 495”, “desnarcotizar un poco la crónica”, con un relato que “conjuga una serie de factores fascinantes como es una historia que nadie conoce, encontrar a uno de los secuestradores, revelar documentos secretos de Estados Unidos que nadie había leído… Todos los componentes para armar una historia interesante, sin ser novela en ninguna parte porque la historia se defiende y se cuenta sola”.

En cuanto al facsímil referido de la página 233, en el que el embajador no tiene certeza sobre los propósitos e intereses de los hermanos Castro -que suena a paradójico a esas alturas ‘del partido’-, Gerardo Reyes recuerda que Fidel va después a Naciones Unidas (ONU) y dice que regresará a La Habana  a combatir el comunismo. “Y todos lo aplaudieron y se tomaron fotos con él, pero él regresó fue a construir el socialismo”, subraya Reyes.

¿Tuvo dificultad para acceder a esos cables secretos o esta es la demostración de que cualquier periodista puede hallar ese tipo de pruebas? “Eso me lo enseñó Alberto Donadio: ir a mirar en los Archivos Nacionales de Estados Unidos. La gente piensa que los únicos archivos que se pueden ver son los de WikiLeaks, pero estos son WikiLeaks clasificados  y no robados, están ahí y casi nadie en América Latina los consulta”.

Finalmente, ¿qué interés puede despertar en Colombia este libro? “En Colombia hay muchos lectores a quienes les interesa la saga de los Castro, la historia de Cuba, las historias subterráneas de Miami, la clandestinidad, la política, el doble discurso de Washington frente a Cuba y en sí la historia dramática de los sobrevivientes y el secuestro; tiene de todo”, concluye Reyes Copello.


Gerardo Reyes (Cúcuta, 1958), espera que su libro "Vuelo 495" se convierta en un éxito en ventas en el Estado de la Florida y Colombia./ Foto PVG.

El primer párrafo de “Vuelo 495” dice: “Patricia vio por última vez a su padre desde el comedor de su casa mientras sacaba de su bolsita los dulces que había recogido esa noche de Halloween. Todavía tenía pintados los bigotes de gata cuando escuchó a su papá decir que pasaría unos minutos a saludar a su vecino Alfredo Costa, un piloto que vivía a pocas casas de la suya en el reparto habanero de Marianao. Eran como las nueve de la noche del 31 de octubre de 1958. Ruskin Medrano no se cambiaba por nadie en el mundo en su nueva posición de piloto de Cubana de Aviación, la legendaria aerolínea para la que había trabajado durante los últimos  diez años. De operador de la torre de control del aeropuerto Rancho Boyeros, en la capital,  pasó a copiloto y luego a piloto de DC-3. Ahora se estrenaba como comandante de los nuevos aviones  turbohélice Vickers Viscount de la serie 700, que habían sido adquiridos por la empresa en agosto del año anterior para cubrir la ruta La Habana-Miami-Varadero”.


Para el conocer el resto hay que comprar el libro, que se puede 'digerir' en una noche, al calor de un par de tazas de café o unos cuantos mojitos. 

lunes, 23 de marzo de 2015

La consagración del profesor Antonio Bohórquez Orduz

(Esta nota la publiqué en Vivir la UNAB, edición del lunes 23 de marzo de 2015)

“Pensante, silencioso y estudioso”. Con estas tres palabras es que el profesor Juan Omar Rivero Arango define a su colega de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB), Antonio Bohórquez Orduz, quien -empleando términos deportivos- ‘la sacó del estadio’ al hacerse merecedor de la distinción Cum Laude que le otorgó la Universidad Externado de Colombia tras culminar con honores su Doctorado en Derecho.



Con su trabajo de grado, el profesor Bohórquez Orduz le rindió un homenaje a Fernando Hinestrosa Forero (1931-2012), magistrado de la Corte Suprema de Justicia y rector de la Universidad Externado de Colombia (Q.E.P.D.) 

Nacido en Barichara (Santander) el 7 de abril de 1954 en una familia de origen conservadora, Bohórquez Orduz dice que por su trabajo en la Rama Judicial jamás ha militado en ningún partido político, aunque “sí tengo un pensamiento bastante liberal, en el Derecho especialmente”.

De niño contempló la posibilidad de hacer la carrera sacerdotal, “pero ya con el paso de un par de años me di cuenta que eso no era para mí”, reconoce. Cuando concluyó el bachillerato técnico en el Tecnológico de Bucaramanga y merced a sus conocimientos de dibujo técnico, pensó en convertirse en ingeniero civil, pero pudo más su atracción por la historia, la sociología, la filosofía, la literatura y el buen manejo del español, por lo que consideró que también tenía vocación de abogado. “Me senté a sopesar las dos posibles vías para mi futuro y me decidí por el Derecho”, anota.

“¿Para qué más estudio? ¿Tantos años estudiando y quiere estudiar más?”, le dijo su padre, al oírle a su hijo que prefería ir a la universidad que aceptar un puesto de docente en Garagoa (Boyacá). “De manera que si yo hubiera aceptado ese cargo por allá estaría jubilado de profesor en algún pueblo”, manifiesta sonriendo.

“Siempre pensé en que nunca me iba a quedar con el bachillerato”, dice Bohórquez Orduz, quien no tuvo ningún pariente abogado, como para decir que de él recibió la influencia. Y escogió la UNAB, porque una amiga le contó cómo eran el ambiente y las características de la UNAB, y además le aceptaron las pruebas del Icfes, “que eran bastante buenas”, a cambio del examen de admisión que se acostumbraba en esa época.

También porque contaba con la facilidad de recibir clases de 6 a 8 am y de 6 a 10 de la noche. “Eso me llamó la atención porque yo tenía que pagarme mis propios estudios y pensé que podía trabajar al mismo tiempo”. Lo hizo como profesor en el colegio San Pedro, después marcando con un pantógrafo anillos y trofeos en una joyería, y luego vendiendo elementos de decoración y fachadas en una empresa.




Se recibió como abogado en la UNAB en 1982 e hizo su judicatura como juez civil municipal en Cimitarra (Santander). Al poco tiempo lo nombraron juez civil municipal en Barbosa (Santander), de allí pasó a ser juez civil de circuito en Socorro (Santander). “Estando allí (1989) y como consecuencia del primer concurso de méritos y de conocimientos para magistrados, fui designado magistrado del Tribunal Superior de Bucaramanga en la Sala Civil”, cargo en que ya superó los 25 años de permanencia.

Una vida dedicada a la Justicia, que le permite al profesor Antonio Bohórquez definir al Derecho como: “Un instrumento compuesto por muchas piezas, que debe servir para solucionar de manera correcta los conflictos humanos”.

Por eso cuando le pregunto por la frase del abogado Abelardo de la Espriella, según el cual: “La ética no tiene nada que ver con el Derecho”, reacciona con molestia y señala: “Está lamentablemente equivocado. El Derecho tiene una pretensión de corrección. Es decir, el derecho siempre busca decisiones correctas, y la única manera de ponderar posibles soluciones para saber si son correctas es mediante juicios de valor y para los juicios de valor necesitamos no solamente la ética, sino también todo lo que ha construido la humanidad alrededor de principios y de la moral incluso”.

Contratos Civiles y Comerciales (desde 1990), y Acciones Judiciales Ciudadanas (desde 1996), son las dos materias que ha dictado en la UNAB y que han hecho que cientos de abogados manifiesten que “sus clases jamás se olvidan”. Igualmente ha sido docente de posgrados en Comercial, Procesal Civil, Seguros, Penal y Derecho de Familia. Está a punto de finiquitar el diseño de la Maestría en Derecho, que la UNAB espera ofrecer en el año 2016.

Su legado primordial espera que sea “el amor por el conocimiento del Derecho. Yo siempre les digo que el Derecho es una obra humana genial, que está en construcción, que nunca acabará de ser elaborada y que ellos están llamados a participar en esa elaboración. De modo que espero ser aquel maestro que les da a los estudiantes las herramientas para superarme, porque les he insistido muchas veces que el alumno no puede superar al maestro, sino que debe superarlo, ya que de lo contrario la humanidad no progresa”.

¿Pero por qué si nadie lo obligaba decidió realizar un Doctorado en Derecho? ¿Y cuál fue el tema que llevó a los jurados -entre quienes estaban Édgar Cortés, Mauricio Renjifo, Juan Carlos Peláez, Carlos Alberto López Cadena y Aída Elia Fernández de los Campos- a laurear lo argumentado en las 630 páginas?

“Varias cosas me motivaban. Hace mucho tiempo hice una Especialización en Derecho Comercial aquí en la UNAB en convenio con el Externado. Después de eso se me dieron las oportunidades de hacer otras especializaciones, y algunos colegas míos tienen cinco, seis, siete… especializaciones, pero desde el primero momento decidí que sólo hacía una y el siguiente paso tenía que ser Maestría o Doctorado, pero el primero doctorado en Derecho apenas se instrumentó en Colombia hace 14 años.

“Dejé pasar algunos años y cuando fui al Externado a averiguar, me dijeron que un requisito era tener Maestría y eso me descorazonó porque no la tenía. Sin embargo, hablando con algunos directivos de esa universidad me dijeron que como profesor había publicado algunos libros y eso para ellos era muy importante. Entonces en cierto modo homologaron los tres libros que había escrito como equivalente a la Maestría y me admitieron en el Doctorado”.




El Doctorado es en Derecho ‘puro y duro’ y la investigación que llevó a cabo tiene un título extenso: “Principio de completitud de la ley escrita y creación judicial del Derecho en conflictos contractuales civiles”, una inquietud que Bohórquez Orduz tenía desde hacía rato, “porque me parecía que estos estudios de la Teoría del Derecho eran demasiado académicos y entonces yo quería hacer algo desde el punto de vista del juez y estudiando lo que hacemos los jueces. No lo que decimos que hacemos, sino lo que realmente hacemos. Y por eso mi tesis tiene mucho componente filosófico, de Teoría del Derecho, y mucho componente jurisprudencial, en donde muestro de qué manera la jurisprudencia contribuye a la construcción de esto que llamamos el Derecho actual”.

Entonces el profesor Bohórquez, Constitución Nacional en mano ahonda en el concepto: “La Revolución Francesa impuso para Francia y nosotros heredamos eso, la idea de que en el Código Napoleónico estaba contenido todo el Derecho. De tal suerte que los jueces, decía el Barón de Montesquieu, eran la boca de Ley, y lo único que tenían que hacer era mirar el Código y ahí encontraban todo. Así lo suponían y así se ha manejado el Derecho desde el siglo XIX hasta casi terminando el siglo XX, pero en el mundo empezaron a cambiar las cosas con la llamada Postmodernidad, que influyó necesariamente en el Derecho, con la aplicación de principios y valores en el Derecho Continental Europeo, principalmente en Alemania, y eso se vino hacia Colombia con la Constitución de 1991. Y muchos de nuestros juristas creen que el Artículo 230 impuso el principio de completitud del Derecho, porque dicen que el juez está sometido al imperio de la Ley. Eso dice la norma, entonces todo parecería indicar que para el Constituyente la ley escrita es suficiente y el juez está sometido al imperio de la Ley”.

Y aquí viene la carga de profundidad: “Pero es sólo apariencia, porque al mirar el Inciso 2, dice que los principios generales de Derecho, la equidad, la doctrina, la jurisprudencia, serán criterios auxiliares de la actividad judicial. O sea: señor juez, no es sólo la Ley. La misma norma le está diciendo que el sistema legal es incompleto, y a fuerza que es incompleto porque es una obra humana hecha a lo largo de tres siglos y naturalmente pues tiene contradicciones, incoherencias, vacíos y toda clase de problemas”, explica Bohórquez Orduz.

No es ‘darle palo’ a la Constitución Nacional, sino hacer valer los principios y valores contenidos en la Carta Magna “que es el producto no solamente de una Asamblea Constituyente en 1991, sino la recopilación de un diálogo histórico que traemos desde la época de la Independencia”, concluye.

domingo, 22 de marzo de 2015

"En la 'finca' de los Aguilar"


(Columna publicada en el periódico Vangurdia Liberal, de Bucaramanga, el domingo 22 de marzo de 2015)

Por Manolo Azuero Figueroa

Hay poderosos que usan el poder para servir al público, a ‘la gente’, y otros que lo usan para servirse; a sí mismos y a su rosca. El gobernador Richard Alfonso Aguilar Villa, aunque sea el “más popular de Colombia” y esté ‘bendecido’ por gran parte de la prensa local y por ‘distinguidos’ líderes empresariales, entra en el segundo grupo.

“De fiesta con la mejor compañía, mi Karina Aguilar Negrita, el ‘bro’ svelez8 y la cuñis Vanesita1321”, escribió Juan Camilo Vélez Arango en vísperas de Navidad, el pasado de 20 de diciembre, desde Twitter.

Karina Aguilar Negrita es Karina Aguilar Villa, la hermana del gobernador Richard Aguilar, otra hija del coronel (r). Vélez Arango, un ingeniero informático de 32 años, oriundo de Antioquia, es el novio de Karina al menos desde 2012, su prestatario (para la compra de un carro) y también su ‘socio’ en “IQ Fit”, un Centro de Acondicionamiento Físico que inauguraron en Ruitoque Country Club, con presencia del Gobernador.

Esta historia “familiar” podría pasar desapercibida, pero hace días Vélez Arango fue designado Secretario TIC de la Gobernación de Santander. Su ‘cuñado’, el Gobernador, lo nombró. La prensa cepilló la noticia y lo presentó como el experto ideal para la cartera de las tecnologías de la información y las comunicaciones. Se refirieron a su experiencia en consultoras como Ernst & Young y Deloitte, y a las asesorías a diversas empresas desde allí, pero según su hoja de vida (de explicaciones difusas) en ninguna de esas dos firmas cuajó una carrera de más de un año. La verdad más reciente es que, además de dedicarse a la venta de productos de belleza y salud Nuskin, entre otras cosas, durante los últimos tres años, desde que Richard Aguilar ejerce de gobernador (2012), Vélez Arango ha sido un afortunado contratista de la gobernación: antes de asumir como Secretario, y en menos de 36 meses, alcanzó a firmar seis contratos que suman más de 300 millones de pesos para prestar sus servicios de ingeniero. Seis contratos con la entidad pública que dirige el hermano de su novia. Nepotismo rampante.

La noción de ética del Gobernador no impidió este abuso. Tampoco la del ahora secretario Vélez. En estas manos estamos, Santander.


lunes, 16 de marzo de 2015

Wake... ¿qué?

El wakebord es un deporte en el que sí se valen los 'trucos'. Y es que así le denominan sus practicantes a los saltos y maromas que realizan, mientras una lancha los lleva a alta velocidad tirados por una cuerda y parados en una tabla de fibra de vidrio, espuma y resina.


Me topé a una veintena de estos jóvenes y adultos en el lago que el Club Campestre tiene en la Mesa de los Santos (Santander), a pocos kilómetros de donde se halla uno de los nidos sísmicos más activos de este planeta.


Participaban en un encuentro llamado I Abierto Nacional de Wakeboard, que en la práctica corresponde a una mezcla de esquí, esquí acuático y snowboard (tabla sobre nieve).


Su origen está en Australia, remoto y despoblado país al que cientos de colombianos se han marchado soñando con encontrar un trabajo o estudiar.


No es como el atletismo, en el que lo más costoso son las zapatillas o el uniforme. El wakeboard requiere una tabla, que cuesta al menos un millón de pesos, más un chaleco de $250 mil, una cuerda de otros $250 mil, traje de baño, guantes y...


una lancha de miles de dólares, así como un lago en el que se puedan hacer recorridos de 400 metros de longitud.


Los jueces permiten una caída del deportista, porque al segundo chapuzón queda descalificado de manera fulminante, sin derecho a pataleo.


Quienes practican el wakeboard deben, además de hacer las rurinas en el agua para llevar a cabo sus 'trucos', mantenerse en forma acudiendo regularmente a un gimnasio.


Los jueces solamente se fijan en tres aspectos: ejecución, estilo e intensidad.


Claro que la técnica es fundamental, pero sin 'nervios de acero' este deporte no es apto para quienes el verbo nadar nos resulta tan desconocido como pronunciar en alemán Rindfleischetikettierungsüberwachungsaufgabenübertragungsgesetz, que en criollo santandereano significa: Ley para la transferencia de tareas de supervisión en el etiquetado de la carne vacuna. O decir sin titubear el nombre de la proteína conocida como: Exaquisquiliopentaquisquiliotetracosiohexacontapentagonalis.


Ellos emplean unas palabras en inglés para referirse a los saltos sobre la estela de agua que deja la lancha, pero es mejor no complicarse tratando de descifrar esa jerigonza (sin n antes de la g).


No importa que tan fría o caliente esté la superficie, pero los expertos recomiendan aguas calmas y le temen a las ráfagas de viento.


Pues ahí les dejo las fotografías de este deporte en el que algunos santandereanos se destacan, por ahora, a nivel nacional, porque ya medírsele a australianos, estadounidenses, indonesios, tailandeses, argentinos y peruanos, entre otros, mandan la parada.


Las pueden reenviar o reproducir, siempre y cuando me den el crédito (Pastor Virviescas Gómez), porque para tomarlas tuve que madrugar, luego asolearme y después soportar el caos vehicular entre la Mesa de los Santos y 'La pequeña Manhattan' que algunos creen ver en Bucaramanga.














lunes, 9 de marzo de 2015

Tango Sinfónico, una noche de bandoneón con nostalgia de Gardel

(Esta nota la publiqué en Vivir la UNAB del 9 de marzo de 2015)

No es cierto que hayan muerto Carlos Gardel, Aníbal Carmelo ‘Pichuco’ Troilo y el clásico Astor Pantaleón Piazzolla -calificado en su momento por los ortodoxos como el ‘asesino del tango’-.
Eso es lo que sienten sus seguidores y lo que percibieron en la noche del
pasado martes 3 de marzo los 850 asistentes que llenaron el Auditorio Mayor
‘Carlos Gómez Albarracín’ de la Universidad Autónoma de BUcaramanga (UNAB), donde durante una hora y 45 minutos
de Tango Sinfónico la nostalgia se apoderó de sus corazones.




Dirigida en esta ocasión por la maestra Silvia Restrepo, la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Bucaramanga
contó con dos invitados de excepción: la bandoneonista Carla Algeri y el
cantor Eduardo Horacio Pulis. Ella haciendo resoplar su instrumente fabricado en 1929 y él con sus tonadas de arrabal. Ambos argentinos de porte y sangre, y eso que dejaron en el camerino sus sombreros y el lunfardo (lenguaje) que identificó a la clase baja de la ciudad de Buenos Aires y que hoy es patrimonio cultural de los porteños.

No digamos que parecía Medellín, porque allí el tango se vive con pasión
abrumadora, pero sí que fue un espectáculo que sorprendió gratamente a
quienes hasta terminaron llevando el compás de “Por una cabeza”, esa
composición que hace rato entró por la puerta de la leyenda, bien en la pantalla grande o
en un boliche de la Calle Corrientes por donde deambularon los inmigrantes en el pasado y de turistas seducidos por la magia de una música que ellos llevan en la sangre y de la que se sienten orgullosos.



Carla Algeri cautivó al público interpretando un instrumento que
tradicionalmente está reservado a los hombres. Como es su costumbre, se entregó al máximo y con su voz romántica, su belleza, su pie izquierdo descalzo golpeando la tarima y su frenesí, arrancó suspiros y aplausos. Pulis, por su lado, hizo que varias
parejas se tomaran de la mano y que todos fueran “Uno” buscando llenos de esperanzas ‘el camino que los sueños prometieron a sus ansias”, y que tímidamente le acompañaran con aquello que sabiamente dice que esos besos borran la tristeza y calman la amargura. 



Parecía como si Algeri estuviera poseída por el espíritu de sus maestros, entre ellos Osvaldo Pugliese y Rodolfo Mederos; era como si el bandoneón que su padre le compró a Alejandro Barletta respirara agitadamente con sus fuelles y no parara de lamentarse; como si el instrumento cobrara vida y supiera que era el protagonista de la velada.




Mujer y bandoneón fundidos en un solo ser, como ella misma lo manifestó a Vivir la UNAB minutos antes en el camerino, mientras con los ojos cerrados repasaba por enésima vez “Adiós Nonino”, esa composición tan terriblemente triste con la que Piazzolla le rindió homenaje a la memoria de su padre y la cual es considerada la más magistral de sus obras.

Y es que el embrujo alcanzó tales dimensiones, que ni el intermedio de diez permitió que los asistentes huyeran, como suele suceder en esta capital hipnotizada por esa cosa que llaman vallenato de la nueva era, cuando no es reguetón o corridos prohibidos.



Faltaron la milanesa y el vino, pero ochocientas y tantas almas libaron el néctar de aquel “Volver” -de Alfredo Lepera-, y se embriagaron con “El día que me quieras” y, por supuesto, “Mi Buenos Aires querido”, también de la pluma de Lepera y la música del ‘Zorzal Criollo’ que un 24 de junio de 1935 le dio por marcharse de esta dimensión, dejando a quienes ochenta años después aún lo lloran desconsolodamente.

Por supuesto que faltó “La cumparsita”, como también “A media luz”, “Caminito” y “Adiós, Muchachos”, pero es sabido que no hay felicidad completa y que ‘cuesta abajo’ hay que arrastrar la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser’, aunque basta con que a flojos y ciegos nos comprendan ‘el valor que representa el coraje de querer’ y que en el mundo jamás cabría ‘toda la humilde alegría de nuestros pobres corazones’.




Este fue el regalo de la Facultad de Música de la UNAB y la Orquesta Sinfónica, habitualmente dirigida por Sergio Acevedo Gómez. Una semana después del concierto, por las ventanas del Auditorio Mayor que dan al barrio El Jardín, hay quienes dicen que siguen oyendo ecos de bandoneón y que esas sombras no son de los caracolíes, sino de Gardel, Troilo y Piazzolla que conversan alegremente, viendo el reflejo de la luna llena en el río de la Plata.