viernes, 17 de enero de 2025

Piedad Bonnett y sus revelaciones de “La mujer incierta”

(Esta nota la publiqué el 29/08/24 en ulibro.com y otros portales de la Universidad UNAB)

Piedad Bonnet Vélez se sienta y lo primero que se le viene a la mente son aquellos días que estuvo de interna en el colegio La Merced, de la ciudad de Bucaramanga, “cuando alrededor no había sino montañas y era un escenario preciosísimo”. Luego mira al frente y queda asombrada con los más 600 jóvenes y adultos que han acudido a la cita con la aclamada escritora antioqueña (Amalfi, 1951). El significado imborrable es que sus padres la enviaron a esta institución regentada por monjas como castigo por “indisciplinada y rebelde”, con la prohibición de poner las cosas en entredicho y ante la mirada vigilante de un dios compasivo y castigador a la vez.

Madrugó a tomar el avión para venir a Ulibro 2024 “Palabras Vivas” con el propósito de hablar durante una hora de su más reciente novela: “La mujer incierta”, firmar decenas de libros y luego participar en una velada poética con su colega manizaleño Juan Carlos Acevedo Ramos. “Lo que veo es avidez de cultura y de reflexión”, dijo al comienzo, recibiendo a cambio un cerrado aplauso.

Esta dramaturga, crítica literaria y columnista del diario El Espectador, que durante tres décadas dictó clases en la Universidad de los Andes (Bogotá), viene de ganar el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2024, campo de los reconocimientos al que está habituada ya que ha recibido el XI Premio Casa de América con “Explicaciones no pedidas” (2011) y el Premio de Poesía Generación del 27 con “Los habitados” (2016), entre más de media docena de galardones.

Aparte de nueve libros de poemas, Bonnett ha publicado las novelas Después de todo, Para otros es el cielo, Siempre fue invierno, El prestigio de la belleza, Donde nadie me espere y Lo que no tiene nombre.

En la XXII Feria del Libro de Bucaramanga, Bonnett se refirió a algunas experiencias personales planteadas en La mujer incierta, un texto que nació “cuando el desconcierto general frente a la pandemia me llevó a reflexionar sobre mi propia relación con la enfermedad y la muerte. Como en todo libro autobiográfico la escritura fue un camino de reconocimiento, una inmersión en la memoria que me permitió  revisar mi propia vida e ir llegando a otros temas. Pero lo que el lector encontrará en estas páginas no son unas memorias, pues en forma deliberada he dejado muchos aspectos de mi vida en la sombra. Lo subjetivo, lo íntimo, solo me interesan en el marco de la experiencia colectiva del yo dentro de la circunstancia social e histórica. La que aquí habla, pues, es una mujer de una generación que aspira a iluminar desde la singularidad de sus vivencias cómo nos determinan el origen, la política, la educación, la religión, el género, el momento y que se pregunta por el papel de la libertad, el azar y el destino en cualquier vida”.


Por ejemplo, relató que cuando embistió el covid-19 permaneció atrapada en una finca durante dos meses, sin acceso a un computador y limitada a un cuaderno y un lápiz. “Ahí se me dispararon recuerdos muy fuertes sobre esa niña incierta que fui, y sobre esa adolescente atormentada que fui, y sobre esa mujer que salió de la universidad y luchaba por creer en ella y por creer en esa vocación que tenía para la poesía y para la narrativa, desde que tuve doce o trece años”, contó, refiriéndose a una época en la que pensaba que no había podido ser la persona que quería ser.

Una imagen sucedió a otra y esta a otras tantas, en un interminable ejercicio de memoria hasta que la obsesión mostró sus garras afiladas. “Un escritor es sobre todo un ser obsesivo. Si las ideas no perseveran y empujan, quiere decir que no hay necesidad de escribir eso. Pero a mí me empujaron esas ideas, y sin embargo yo no escribí ese libro en ese momento”, dijo. Aun así, la acechanza silenciosa del virus la llevó a reflexionar sobre la familia y un sinnúmero de asuntos.

Oteando el pudor absoluto infundado por la religión y el miedo terrible al cuerpo, Bonnett admite que de niña y adolescente no le enseñaron a nombrar nada, mientras que en su pueblo natal las mujeres tenían que montar a caballo de medio lado y hay de que osaran ponerse pantalones.

Otros aspectos esbozados en su charla con la periodista Laura Camila Arévalo, aparte de los tabúes de la sociedad y la educación puritana, Bonnett se detuvo en la negación de los placeres materiales con que fue criada, y afirmó que “los recuerdos son los recuerdos, hayan pasado o no… Lo importante no son los hechos sino la manera como la memoria ha procesado lo que sucedió o no sucedió”, en línea con lo dicho hace años por el Nobel Gabriel García Márquez.

En su introspección, acotó que esta novela le permitió cobrar una pequeña venganza con quienes en su camino no se han portado de la mejor manera, en especial los maltratadores y déspotas, admitiendo de paso que siempre se ha sentido una mujer bastante cobarde.

Insistiendo en que la literatura y las palabras han sido sus salvavidas, también reivindicó la rebeldía, los cambios de paradigma y las trasgresiones, se cuestionó sobre los condicionamientos, las carencias, las presiones sociales y la libertad, cerrando su conversación con un consejo: “Todos debemos buscar no el éxito, sino la felicidad”.



Agustina Bazterrica, ni el más mínimo asomo de utopía

(Esta nota la publiqué el 01/09/24 en ulibro.com y otros portales de la Universidad UNAB)

Su profesora Liliana Díaz Mindurry no se anduvo con rodeos y la desafió diciéndole que empezaba de inmediato a escribir una novela o, sin contemplaciones, la echaría del taller literario que impartía. “Entonces ahí arranqué con ‘Matar a la niña’, que nunca jamás la voy a reeditar porque me parece que es una novela fallida”, reconoce Agustina María Bazterrica (1974). 

Aunque desde niña publicaba cuentos con faltas de ortografía en las carteleras del colegio, si la vida no le da un giro tan drástico, Agustina estaría como secretaria en una oficina de abogados en Buenos Aires (donde trabajó por más de 20 años para costearse sus gastos) y no presentando su tercera novela “Las indignas”, en la XXII Feria del Libro de Bucaramanga.


Se desempeñó como guía bilingüe en el Teatro Colón, donde se enamoró de la ópera y quiso ser cantante lírica. También cursó la carrera de artes en la Universidad de Buenos Aires. “Yo escribo antes de saber lo que es un escritor. Inclusive cuando me quise desviar de la literatura, la literatura siempre me encontró”, afirma con la convicción de quien hoy se dedica exclusivamente a este mundo de las letras. 

Desde 1998 ha recibido distinciones en 36 concursos de cuento y novela en su país y en el exterior, alzándose con el primer puesto en diez de ellos, como el Clarín Alfaguara de Novela (2017). Su otro título es “Cadáver exquisito”, a la par del libro de cuentos “Diecinueve garras y un pájaro oscuro”. Autocrítica, Agustina manifiesta: “el día que vos creas que sos buen escritor por ganarte un concurso, dejá de escribir”.

“Nos llamó indignas, como todas las veces, como lo hace cuando nos reunimos en la Capilla de la Ascensión cada tres o nueve días (nunca sabemos exactamente cuándo nos van a convocar. Pronunció otra vez la palabra ‘indignas’ y hubo una reverberación en las paredes de piedra como si su voz tuviese el poder de movilizar lo inerte”. De esta forma inicia su diario clandestino de 192 páginas en las que es frecuente hallar palabras y renglones enteros tachados, pero no porque se le haya pasado por alto a la autora o al editor de turno sino debido a que ese es su peculiar estilo similar al de quien escribe a mano. Así que en uno de ellos dice: “Quise matarla, quiero matarla. Quiero atarla, quiero golpearla, quiero destruirla, quiero romperla, quiero lamerla, quiero desnudarla, quiero torturarla, quiero matarla, matarla, matarla. Quiero”, pero el verbo querer es el único que pasa intacto.


Bazterrica le dedica su obra a una amiga que falleció en 2022, pero también “a todas las indomables, brujas, desobedientes, a las que tienen la luz”. Es de los pocos autores latinoamericanos que puede darse el lujo de decir que ha vendido más de medio millón de ejemplares, siendo traducida a más de 20 idiomas.

“Una distopía perturbadora en la que resplandece la naturaleza oscura de una falsa divinidad, un dios abusivo, pero también la forma subrepticia, aunque poderosa, de la amistad”. Esto les quedó claro a quienes abarrotaron la Sala A del centro de convenciones Neomundo y se enteraron de que en su más reciente novela “el mundo atravesó guerras por el agua y catástrofes ambientales. Los días pasan de gélidos a sofocantes en cuestión de horas, el aire esta saturado de olores pestilentes y el cielo se cubre con nieblas espesas y pegajosas como telas de araña. En este presente desolador, confinadas en la Casa de la Hermandad Sagrada, varias mujeres sobreviven sometidas a los designios de un culto religioso y son objeto de torturas y sacrificios en nombre de la iluminación. Todas se encuentran bajo el mando estricto de la Hermana Superior, por encima de quien solo se erige ‘Él’. ¿Quién es ‘Él? Poco se sabe; nadie puede verlo, pero desde las sombras las domina”.

Gustan o no gustan. Con los libros de Agustina Bazterrica no hay medias tintas. Lo suyo no son las novelas románticas ni la prosa ligera. Se enfoca en el dolor, en la injusticia, en la podredumbre moral, en el hambre, en el consumismo, en la contaminación, en la alienación, entre tantas plagas de la humanidad, porque si considerara que el mundo está bien como está, sencillamente no escribiría y seguiría de asistente en el bufete bonaerense. Se quiere escapar de la distopía, pero esta la tiene atrapada con sus 19 o más garras.

Escribe sobre catástrofes con el anhelo de conjurarlas y que no ocurran, o para estar preparada cuando sucedan, si es que sobrevive cinco minutos. “Al final todos seremos devorados”, enfatiza. Pero de utopías ni el más mínimo coqueteo. Y que cada lector de “Las indignas” se cuestione sobre el amor como energía universal (no el romántico, insiste) y dónde está lo sagrado. 



Andrés Rugeles y su libro responden hacia dónde va América Latina

(Esta nota la publiqué en ulibro.com y otros portales de las Universidad UNAB (Bucaramanga, Colombia) el 21/11/24)

Puede que las 992 páginas de “América Latina: la visión de sus líderes” provoquen ansiedad en quienes estén habituados a leer resúmenes, pero este libro del politólogo Andrés José Rugeles Pineda está llamado a convertirse en la herramienta que permita comprender las tareas pendientes, las aspiraciones y los frentes claves del trabajo para el futuro de la región, así como los riesgos potenciales.

La presentación de la obra se llevó a cabo el 20 de noviembre de 2024 en el Auditorio Mayor Carlos Gómez Albarracín, de la Universidad UNAB, bajo la moderación del rector Juan Camilo Montoya Bozzi, y la participación del autor, así como del exfiscal y exembajador Alfonso Valdivieso Sarmiento; el excanciller y presidente del Consejo Colombiano de Relaciones Internacionales (CORI), Guillermo Fernández de Soto; y la decana de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, Elisa María Martín Peré.


Atendiendo la invitación de la Feria del Libro de Bucaramanga, Rugeles Pineda señaló que el punto de partida fue una pregunta siempre vigente: ¿Hacia dónde va América Latina? Para ello realizó 30 entrevistas a presidentes, expresidentes, ministros y altos funcionarios e incluyó 55 artículos elaborados por autoridades y expertos en la materia.

Escrito desde la Universidad de Oxford (Inglaterra) y la London School of Economics (LSE), bajo el sello de Editorial Planeta, este libro gira en torno a seis ejes temáticos: pobreza y desigualdad; crecimiento y productividad; medio ambiente; democracia; integración regional; e inserción internacional.

“Esta obra pretende constituirse en un aporte colectivo ––una suerte de bien público global y regional–– para pensar América Latina en el presente y el futuro, encontrando respuestas a sus principales desafíos”, manifestó su autor, quien se ha desempeñado como embajador y representante alterno de Colombia ante la Organización de Naciones Unidas (ONU), representante en Argentina de la Corporación Andina de Fomento (CAF), jefe de gabinete del secretario general de la Comunidad Andina y, en la actualidad, vicepresidente del CORI, así como miembro del consejo editorial de las revistas Foreign Affairs y Latin Trade.

Convencido de que así como la India para el año 2075 se convertirá en la segunda economía del mundo (después de China), priorizando la inversión intensiva en capital humano, prestación de servicios con altas calificaciones e innovación de productos manufactureros, basados en el conocimiento y la creatividad, está seguro que de la misma manera Latinoamérica debe ‘pavimentar’ su propio destino.

Sin embargo, este analista con ancestros santandereanos advierte que: “Nos encontramos inmersos en un escenario global que es lo más parecido a un torbellino sin fin y con velocidades inconmensurables. La incertidumbre parece ser la nueva normalidad… Estamos como humanidad en un profundo proceso de ‘cambio de época’, que es un punto de inflexión”.

Identifica entonces seis tendencias: nueva geopolítica y geoeconomía, democracias frágiles, triple crisis global (alimentaria, de combustible y financiera), proyecciones económicas nada alentadoras, desafíos en materia de cambio climático y agua, sin dejar de lado las armas de destrucción masiva y el uso de nuevas tecnologías.


Su carrera profesional de más de 25 años, así como su constante interés por el asunto, le permiten indicar que “América Latina arriba a este cambio de época en una posición frágil y dividida, en medio de diferentes trampas del desarrollo en materia social, productividad económica, ambiental, institucional y de gobernanza. Ha perdido importancia relativa en el mundo y la calidad de su inserción externa se ha deteriorado”.

Plantado en la orilla de los optimistas, Rugeles Rivera se la juega porque América Latina alberga el potencial de constituirse en una “región solución”, dadas sus enormes riquezas, teniendo un papel que jugar y un capital que aportar en recursos naturales, materias primas, cambio climático, energías limpias y alimentos. “En efecto, la Amazonia absorbe una cuarta parte del CO2 del planeta, tenemos el 60 % de las reservas de litio del mundo, podemos alimentar a 1.300 millones de personas y somos la región más dinámica después de la India en capital de riesgo y ‘unicornios’”, asevera.

Desde su perspectiva, la oportunidad que tiene Latinoamérica no se puede desperdiciar, pero exige liderazgos renovados. La región tiene el imperativo de construir visiones de largo plazo, pensar en grande, actuar de forma pragmática y llevar a cabo amplios consensos sobre las reformas estructurales que se requieren para asegurar un futuro más próspero e incluyente, acota.

En su opinión, los líderes de América Latina deben apuntarle a un norte común, buscando un nuevo contrato social, basado en pactos sectoriales y el irrestricto apego a la democracia, pasando de la ideología a la acción, para la construcción de un nuevo modelo de desarrollo que priorice la transformación productiva, alcanzando más acciones climáticas y dejando la retórica, enfrentando el desencanto democrático que  abre las puertas a los ‘autócratas 2.0’, profundizando el camino posible para la integración regional, con pragmatismo y sin ideologías, y asumiendo el reto de construir una vía latinoamericana de inserción en el mundo que privilegie un multilateralismo renovado y potencie nuestra voz y relación simultánea con los Estados Unidos, China, Unión Europea, India y el Sur Global.

Andrés José Rugeles se tomó su tiempo para hablar de asuntos complejos como el de la situación política de Venezuela. “Lo que ocurrió fue un golpe de Estado de un régimen cada vez más dictatorial, violento, corrupto y vinculado con el crimen internacional. El dictador (Nicolás) Maduro rompió con todas las normas básicas de democracia, la libertad y los contrapesos institucionales. Su único propósito es mantenerse en el poder al precio que sea”, afirmó.


En una región en la que se percibe un creciente desencanto democrático y donde lo que antes era indiferencia se ha convertido en abierta desafección, Rugeles Pineda subraya que hay que repensar la democracia y para ello plantea cinco elementos: construcción de una concepción integral que materialice un principio: democracia es mucho más que un gobierno de las mayorías, y elecciones libres y transparentes. Condiciones como los derechos humanos, económicos, libertades de expresión y prensa, y participación ciudadana son también fundamentales. El segundo es el fortalecimiento de la capacidad de los gobiernos para brindar resultados y soluciones oportunas a los problemas más agobiantes de la población. Buen gobierno para la eficiencia, y gobernanza para dotar a las instituciones de las capacidades necesarias para satisfacer las necesidades y expectativas de la gente.

El complemento es una reforma del sistema político y electoral que fortalezca a los partidos y congresos, y blinde los organismos electorales, poniendo de presente que los esfuerzos para fortalecer la democracia no deben circunscribirse solo a espacios nacionales y que la acción conjunta regional y global es un elemento transversal en esta tarea. En consecuencia, resulta prioritaria la actualización de la Carta Democrática Interamericana y la negociación de un protocolo adicional.

“Es urgente pasar del papel a la acción integral, con herramientas renovadas y cláusulas para enfrentar las nuevas amenazas a la democracia por parte de gobiernos autoritarios que llegaron al poder por la vía electoral, así como contrarrestar los desafíos de los populismos emergentes”, concluyó.



Chivatá, el librero de las 22 ferias

(Esta nota la publiqué en ulibro.com y otros portales de la Universidad UNAB el 3 de septiembre de 2024)

Rafael Chivatá Sabogal tiene un récord difícil de igualar: no se ha perdido ninguna de las veintidós ediciones de la Feria del Libro de Bucaramanga. Y es que para este bogotano, Ulibro se convirtió desde 2002 en un punto obligatorio de su agenda anual de eventos a lo largo y ancho del territorio nacional.

Con su estand de Ártemis Libros ubicado a la entrada de la muestra editorial en Neomundo, Rafael afirma que ha sido testigo de excepción del crecimiento exponencial de Ulibro ya que la vio nacer en el Campus El Jardín de la Universidad UNAB, luego en tiempos de pandemia en el Centro de Servicios Universitarios (CSU) y posteriormente en este centro de convenciones.

Es domingo, tercer día de feria, y Chivatá Sabogal hace una pausa de nueve minutos para atender al periodista, sin dejar de fijar su mirada gran angular en los visitantes de todas las edades y preferencias que se aproximan a su muestra, unos más interesados por un autor específico, otros por determinada temática y otros simplemente llevados por la curiosidad o las ganas de disfrutar un plan diferente en la capital interplanetaria del vallenato y las cumbias peruanas.

“Los que tenemos buenos libros para los docentes, para los estudiantes y para la gente del común volvemos año tras año a esta feria que se ha fortalecido tanto que considero está a la altura de las de Cali y Medellín”, manifiesta.

Con el proceso evolutivo experimentado por Ulibro, Rafael ha notado que de un público inicial netamente conformado por la comunidad académica, se pasó al que se ha consolidado como el principal evento cultural del Nororiente colombiano, con la presencia de miles de niños, jóvenes y adultos de todas las condiciones y bolsillos provenientes no solo del área metropolitana de Bucaramanga sino de otros departamentos que no se pueden dar el gusto de contar con eventos similares e incluso carecen de librerías de cierto calado.


Diseño, feminismo, gastronomía, música, arte, historia, filosofía y en general las humanidades, son los fuertes de la oferta nacional e importada de Rafael, quien con su constancia ha logrado conformar una selecta clientela que a la vez es un ramillete de amigos que vienen por un texto específico, aprovechan la ocasión para hacerle encargos y no se despiden sin antes darle un abrazo o ponerse cita para un café.

Participar en Ulibro no es una tarea sencilla o improvisada. Al menos un mes antes, Rafael se mete de lleno a realizar una labor dispendiosa equivalente a una curaduría. Se encierra en la bodega ubicada en Bogotá y empieza a llenar cajas y cajas de cartón en las que empaca los libros que en su criterio despertarán el interés de su público.

“La bruja”, del francés Jules Michelet, más la obra del chef Carlos Gaviria Arbeláez y los clásicos del Nobel Gabriel García Márquez encabezados por “Cien años de soledad”, son los primeros que tiene en cuenta a la hora de alistar el despacho, ya que son los más solicitados por el público.    

Chivatá ha traído hasta 30 cajas de libros con el propósito de venderlos todos, aunque tiene consciencia de que al menos en este país ese es por ahora un objetivo remoto. En esta oportunidad cargó 700 títulos diferentes, que junto a los que seleccionaron otros cuatro expositores amigos, treparon a un camión y sumaron 5.000 kilogramos de alimento para la mente y el espíritu. Él y sus colegas se darán por bien servidos si logran vender el 20 por ciento de su valioso tesoro.


El 2025 será un nuevo capítulo de este gratificante pero duro oficio. Rafael asegura que tiene cuerda para rato y que seguirá con este trasegar varios años más. Con su empresa le rinde un homenaje a la hija de Zeus y diosa griega de la caza y las doncellas.

Cada vez que algún librero le pregunta si vale la pena pegarse el trote hasta Ulibro, Chivatá les aconseja no dudarlo y sumarse a esta apuesta de la Universidad UNAB.

Estos diez días de fiesta literaria, artística y gastronómica de Ulibro –que finalizarán el domingo 1 de septiembre– son de pleno ajetreo para quien lleva 38 de sus 54 años dedicado a promocionar libros. Trabajar, sufrir y gozar, son los tres verbos que conoce al dedillo, ya que cuatro de los doce meses del año permanece por fuera de su hogar, amparado por Ártemis (Diana en el mundo romano), su séquito de ninfas y su jauría de lebreles (galgos, para quien no tenga un diccionario en casa).

lunes, 30 de enero de 2023

El precursor de los 'viaductos' al sur de la ciudad

(Esta reportaje fue publicado por Luis Álvaro Rodríguez Barrera en el periódico Vanguardia, de Bucaramanga, el domingo 29 de enero de 2023)

El puente Puyana fue una de las primeras obras que conectó a Bucaramanga con Floridablanca, a comienzos del siglo XX. A diario lo transitan cientos de conductores que toman la carretera antigua y que buscan llegar a Lagos del Cacique, La Floresta y Terrazas, entre otros barrios del oriente de la ciudad.

¿Es usted de los que se estresa por quedar atrapado en los trancones de la hora pico, en el cruce al cementerio Jardínes La Colina, el barrio La Floresta y el municipio de Floridablanca, en la carretera antigua?

A lo mejor, en medio de la espera y del paso que un agente de Tránsito da a los carros y motos, ¿ha notado que hombres con pala en mano sacan decenas de sacos de la arena que se acumula en la orilla de la quebrada La Iglesia que pasa por este punto de la ciudad?

Y si usted es aún más detallista y al conducir en sentido norte-sur mira por la ventana de su vehículo ve unas barandas desgastadas y pintadas de color amarillo, notará que son la barrera de un pasadizo que tiene una historia propia. Se llama el Puente Puyana, conocido en los anaqueles de la historia como el primer 'viaducto' de la ciudad.

Una fotografía que hizo parte de la exposición 'Postales Bumanguesas', con motivo de los 400 años de la ciudad, organizada por la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB) y que contó con la curaduría del periodista Pastor Virviescas Gómez y el fotógrafo Saúl Meza Arenas, sacó a la luz este viaducto considerado el primero que tuvo Bucaramanga y el área metropolitana, según el sociólogo e historiador Emilio Arenas.

Antes de los viaductos Benjamín García Cadena (1970) y Armando Puyana Puyana (1995), existía este puente mucho más angosto que los anteriores, pero que garantizó con sus reformas la única vía hacia Floridablanca y, por tanto, el camino hacia la capital del país, desde 1907.

Un pueblo en recuperación

Para esa primera década del siglo XX, Bucaramanga era entonces un lugar que no pasaba de 19.000 habitantes. Ya había servicio de energía, pero el acueducto seguía en veremos. Como opción para recoger agua, se debía ir hasta las Chorreras de Don Juan y pagarle a un hombre por el servicio de las tres 'b' (bobo, burro y barril) para que la llevara a los domicilios.

Las casas eran, en su mayoría, de una sola planta, hechas unas en bahareque y otras en tapia, con techos de paja.

Las vías de los que hoy se conoce como el centro de la ciudad eran empedradas aunque desgastadas por el paso de los animales de carga y el transporte era a pie, a lomo de mula o en coches tirados por animales.

En ese entonces solo existían nueve calles y 22 carreras abiertas para la circulación y el barrio más cercano a la quebrada La Iglesia era La Concordia.

La zona urbana crecía entre las quebradas Seca y Bucaramanga (ahora llamada La Rosita) y lejos estaba la ciudad de los inmensos edificios que hoy impiden la vista desde Cabecera hacia el centro. La vía que se conoce como la 'antigua', lejos de tener algún asomo de pavimento, era una trocha que iban ensanchando para el paso de los coches halados por animales.

Durante esa primera década, Bucaramanga se reponía de los estragos de la Guerra de los Mil Días (1899-1902), un sangriento conflicto civil entre liberales y conservadores que terminó con la victoria del gobierno conservador. "Después de la guerra hubo mucha inseguridad en Bucaramanga. La economía de esa época apenas se está recuperando de esa guerra y lo hizo con la industria de los tabacos y cigarrillos, que va tener su expansión en la siguiente década, años 10 y 20", explica Armando Martínez Garnica, presidente de la Academia Colombiana de Historia.

Familia vecina

Roso Abel Rincón Jaimes (59 años) aún recuerda las tardes de juego con sus once hermanos en inmediaciones del puente Puyana, en la orilla de la quebrada La Iglesia.

En 1959, su papá, José Vicente Rincón Reátiga, y su mamá, Elodia Jaimes Rojas, compraron este predio al que, según cuenta Roso y confirma su hermana María Isabel (65 años), se fueron a vivir en 1963, cuando pudieron vender la finca que tenían en Guaca.

Esta familia proveniente de la provincia de García Rovira, se dedicaba a la ganadería y a la venta de quesos y cuajadas. Como parte de esos viajes que hacía su papá para vender uno que otro animal en el mercado de Girón, Roso cuenta que este se animó a comprar ese terreno en Bucaramanga y que esto le permitió estar más cerca de las grandes ventas de ganado, actividad que con el paso de los años heredó.

"A él le gustaba el sitio, porque quedaba al pie de la carretera. Acá llegaban todos los 'paisanos' y se tomaban un descanso del camino", cuenta Roso, mientras camina por los alrededores de la quebrada canalizada desde hace unos años.

¿1907 o 1909?

La imagen que hizo parte de la exposición de la UNAB fue tomada por el fotógrafo Quintilio Gavassa y se encuentra también en el libro "Fotografía Italiana Quintilio Gavassa (1878-1958)". En total son tres fotos que conserva en su archivo Saúl Meza Arenas; las dos restantes son una social en la que posan hombres, mujeres y niños con trajes elegantes para el lente de Gavassa. Y la otra es una foto en la que se aprecian toldos en los que se resguardaban los asistentes al evento de inauguración.

En sus apuntes, Gavassa las señala como tomadas en 1909, mismo año en el que fallece don David Puyana Figueroa, dueño de la hacienda Cabecera del Llano, tierras prósperas en las que se producía café, tabaco, caña panelera y ganadería. Este terreno era vecino del punto en el que se encuentra el puente. Sin embargo, hay dos diarios que apuntan a que la inauguración del viaducto ocurrió realmente el 21 de julio de 1907, como parte de la conmemoración de la independencia del país.

En sus diarios, don Bartolomé Rugeles López anotó el acontecimiento el 21 de julio de 1907. En un par de líneas apuntó: "A mediodía desfile de carros y carricoches de La Concordia al Puente Puyana que bendijeron. Hubo mucha concurrencia. Regresé 5:30 con los niños". En esos escritos, Rugeles recogía con minucia datos y cifras de la ciudad entre 1899 y 1938, que van desde señalar el precio del café del día hasta la salida del primer automóvil, el 7 de agosto de 1910, propiedad del comerciante libanés Antonio Chedraui.

Mucho más despliegue tiene el evento en el libro "Real de Minas de Bucaramanga", de Ernesto Valderrama Benítez, quien narró en detalle el programa de los tres días de celebración en la ciudad por el aniversario 97 de la independencia. El tercer día, el domingo 21 de julio de 1907, a eso de las 10:00 de la mañana, comenzaría el desfile del Batallón 4 de Infantería con destino al campamento de la quebrada Puyana. Horas después saldría desde La Concordia la comitiva oficial y de civiles para ese puente aunque con serias dificultades: el transporte, razón por la cual, dice el relato, fue necesario convocar a una reunión general de carreteros para que alquilaran esos vehículos que poseían, pues de nada valía tanta elegancia para la ocasión si el camino agreste embarraba los trajes.

"Después de vencer grandes dificultades se pudieron conseguir diez carromatos de dos ruedas metálicas y adaptarlos para que fueran tirados por yuntas de bueyes, para mayor seguridad", cuenta ese relato y añade que esos animales fueron dirigidos por agentes de la Policía, vestido con uniformes de gala y grandes cascos.

Solucionado el inconveniente partieron a la celebración con "jóvenes ciclistas" al frente del 'pelotón'. Al sitio llegaron las comitivas y posaron para las fotografías. Helí Otálora, cura de la Sagrada Familia, fue el encargado de la bendición del puente. Pasado el acto solemne, las personas más pudientes gozaron de la comida: "señoritas y señores" disfrutaron de un "lonche muy bien servido", Mientras que los hombres pasaron a otros toldos, bien atendidos recibieron comida y bebida. Pero ese banquete oficial fue para unos pocos, pues la mayoría del pueblo solo veía a lo lejos, mientras pasaban saliva. No faltó el inconforme, relata Valderrama, que luego de encontrar ollas y botellas vacías, se atrevió a cuestionar la celebración. Esto dijo un personaje, el 'chueco' Bolívar, sobre la celebración: "Qué sacamos a estas horas / con macarela y sachicha / con tanto gozo y contento / y tan estupenda chicha, / si los pavos de la fiesta / ni siquiera los probamos / y todo salió al fin y al cabo /purita descrestadera".

Años después, se comienza a hablar de se puente y de la promesa de la vía para comunicar con el sur de lo que hoy se conoce omo área metropolitana, pero que para entonces era inimaginable. En 1892, en su informa a la Asamblea, el gobernador del departamento, José Santos, menciona la estructura y el funcionamiento 'a medias' de la misma. "Sobre la quebrada La Iglesia se levantó un puente de arco de mampostería con piedra labrada, contratado con el señor Jesús Prados, quien no lo ha entregado aún por estar sin concluir; sin embargo, ya presta medianamente su servicio", señala ese documento.

Para no olvidar

En la casa de fachada roja, junto al viaducto Puyana, sigue abierto el micromercado 'El Puente', al que llegan vecinos de ese sector de la carretera antigua a comprar los alimentos a diario. Uno de los méritos del lugar, señala Roso Abel Rincón Jaimes, es que el local no ha sucumbido a la tristeza que llevan algunos visitantes que bajan del cementerio, en busca de una cerveza para pasar la pena.

Y la historia de este importante punto de la ciudad, que reposa en los libros, tampoco ha quedado en el olvido. Así que si usted no se quiere aburrir en el trancón, cuéntela a su copiloto. Si viaja solo o sola, recuérdela como parte del ejercicio de hacer memoria de Bucaramanga, porque lo que sí es cierto es que aún transitamos por caminos que fueron construidos hace más de cien años.

miércoles, 25 de enero de 2023

La reina de 106 años que vive radiante en Bucaramanga

(Esta nota fue transmitida en Caracol Radio Bucaramanga el 23 de enero de 2023, por Juan Carlos Ordóñez Bermúdez, director de noticias)

El primero de enero de 1937, Anastasio Somoza García asumió como presidente de Nicaragua con el apoyo de Estados Unidos. También comenzaba la décima segunda edición de la Copa América en Argentina. Ese mismo año, las tropas de Francisco Franco fusilaban personas en plena Guerra Civil Española. En mayo, se incendió el dirigible alemán LZ 129 Hindenburg. El 7 de julio, Japón invadió China y el 26 de noviembre, Italia se unió a Alemania y Japón en la Segunda Guerra Mundial. Hitler incoporaba Austria a Alemania en la denominada Anschluss. Entre tanto, en Colombia era noticia un hecho menos trascendental, el Reinado Nacional del Deporte. En el certamen participó una bumanguesa, Mary Puyana Menéndez, quien aún vive.

La candidata por el departamento de Santander al certamen celebró 106 años este 17 de enero de 2023. El hecho fue registrado por el periodista Pastor Virviescas Gómez.

Carlos Andrés González León, nieto de la señora Puyana, contó que ella es la última de las hijas e hijos de don Manuel Enrique Puyana y descendiente de las tres ramas O'Farrell".

La señora Puyana Menéndez Vda. de González nació en 1917 en plena Primera Guerra Mundial. Era aún muy joven cuando se desató el segundo conflicto bélico causado por Hitler; despidió el siglo XX; tuvo que vivir el confinamiento por la pandemia de Covid-19, sobrevivió a ella y fue testigo de la llegada del primer presidente de izquierda en Colombia, Gustavo Petro Urrego.

Manuel Enrique González Puyana, uno de los ocho hijos de Mary, asegura que vive con los achaques naturales de la edad. "Ha perdido un poquito la memoria", expresó al describir el estado de salud de su mamá.

La reina del deporte en 1937 estuvo casada con el ingeniero y arquitecto Luis Carlos González Mutis, quien estudió en Bélgica y fue el diseñador de edificios como la Gobernación de Santander y el Banco de la República en Bucaramanga, lo mismo que de mansiones como la actual sede de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB) en la calle 42 con 34 y la residencia de Alejandro Galvis Galvis en la Avenida González Valencia (barrio Bolarquí) que hoy sirve como una de las sedes de la FOSCAL.

"Cuando fue coronada en 1937, uno de los pajecitos fue Carlos Ardila Lülle, quien luego se convirtió en uno de los empresarios más importantes del país", recuerda Manuel Enrique.

domingo, 20 de noviembre de 2022

Coronel vs. coronel

(Nota de Alberto Donadio Copello publicada en la edición 2.111 de la revista Semana (12 al 19 de noviembre de 2022)

Un coronel del Ejército que combatió a los paramilitares fue esencial para condenar al coronel de la Policía y exgobernador de Santander, Hugo Heliodoro Aguilar Naranjo.

Se sabe que Hugo Aguilar se alió con grupos paramilitares para ser elegido gobernador de Santander entre 2004 y 2007. La Corte Suprema de Justicia lo condenó a 108 meses de prisión por ese delito. Pero casi no se sabe que fueron unos paramilitares los que dieron la primera voz de alerta que llevó a la condena de Aguilar.

En 2007 se realizaron operativos en San Rafael de Lebrija, corregimiento de Rionegro (Santander), en que fueron capturados varios desmovilizados de las autodefensas. Como acusaron a políticos, se abrió una investigación en la Corte Suprema de Justicia. Los desmovilizados señalaron que si los magistrados querían saber de paramilitarismo en Santander, entrevistaran al comandante del batallón Luciano D’Elhuyar “que nos dio muy duro”.

Fue entonces cuando la Corte citó al coronel del Ejército Julio César Prieto Rivera. Prieto llegó en diciembre de 2003 a San Vicente de Chucurí (Santander) como comandante del batallón, que lleva el nombre de un prócer de la independencia de padres franceses. Estuvo dos años como comandante. “Cuando yo llegué era muy marcado el contubernio que existía entre los paramilitares y la fuerza pública –Policía y Ejército–, y con vergüenza lo digo. Casos donde miembros del batallón les suministraban los datos a los paramilitares de quiénes habían entregado información, y esas personas eran asesinadas”, dijo Prieto al periodista Pastor Virviescas.

Cuando llegó a la región, Prieto mandó a imprimir 20.000 tarjetas personales de presentación con su celular personal y su correo electrónico, y las repartió entre la población. La gente se refería al batallón como el batallón de los paracos o el batallón del cartel de la gasolina. Los paramilitares robaban gasolina del poliducto. Por la emisora del batallón, Prieto afirmaba que “la guerrilla y los paramilitares eran prácticamente lo mismo, que cometían las mismas fechorías y delitos, que la única diferencia era la supuesta causa que los motivaba; a los primeros, la igualdad de clases y a los segundos, la seguridad del pueblo”, recordó en su libro “Desenmascarando al hombre que mató a Pablo Escobar”.

No se movía una hoja sin el visto bueno de las autodefensas, dice el libro. Ellos cobraban 400 pesos por cada cerveza que se vendía, 200 pesos por gaseosa, 10 pesos por kilo de cacao producido, 5.000 pesos al año por cada cabeza de ganado y 20 por ciento por cada compraventa de inmuebles.

Prieto empezó a darse cuenta de que el batallón estaba infiltrado, pues los operativos de captura de paramilitares fracasaban porque recibían preaviso. Trajo entonces soldados del Catatumbo. Supo que un sargento viceprimero acompañaba a los paramilitares a romper el poliducto para hurtar gasolina y que el suboficial abrazaba el tubo diciendo: “Mi amor, papito” y le daba besos.

Menos de dos meses después de su posesión, cinco campesinos visitaron a Prieto en su oficina y le pidieron la devolución de equipos de comunicaciones incautados a paramilitares. Alegaron que ellos tenían una ONG y mencionaron a un individuo que era cabecilla de un frente del bloque Magdalena Medio de las autodefensas. Dijeron que ese cabecilla, Alfredo Santamaría Benavides, no quería enfrentarse al Ejército, sino trabajar con los militares y que podía pagarle al coronel Prieto 40 millones mensuales y cinco muertos con fusil, es decir, cinco falsos positivos. Prieto les contestó que iba a hacer de cuenta que no había escuchado nada y que él iba a combatir a todo el que estuviera por fuera de la ley, indica el libro.En las veredas, a Prieto le decían: “Coronel, esa causa suya es una causa perdida, los paracos tienen el apoyo de los políticos que mandan en la región, siempre ha sido así”.

El mes siguiente a la posesión de Prieto, se presentó a la base militar de El Carmen de Chucurí el diputado Luis José Arenas Prada con varios comerciantes. En su libro, Prieto señala que el diputado le dijo que ellos estaban preocupados, pues él como comandante había llegado con ideas contrarias a las que se habían manejado en la región y que no se debía perseguir a campesinos que habían sacado a la guerrilla y que Santamaría Benavides había hablado con ellos para que hablaran con Prieto.

Según el libro, Prieto contestó que no le interesaban las relaciones con personas al margen de la ley y que el diputado era tan autoridad como él y que ambos tenían como misión “combatir a los ilegales y no actuar a favor de ellos”. Meses después, monseñor José Antonio Arenas Prada invitó a almorzar al coronel Prieto en el Club del Comercio de Bucaramanga. Monseñor le dijo a Prieto que era hermano del diputado, señala el libro, y que quería invitarlo a una reunión con su hermano para limar asperezas. Prieto cuenta que le preguntó al clérigo si podía confesarse. Monseñor replicó: “Coronel, a eso no vinimos”. Prieto recuerda que le dijo: “No importa, monseñor, deseo confesarme con usted. Monseñor, su hermano Luis José es un político aliado de los paramilitares, su hermano Luis José me ha buscado y me ha hecho ofrecimientos en nombre de los paramilitares, su hermano es un hombre malo, que se ha convertido en mi enemigo porque yo estoy combatiendo a los paramilitares que tenían sometida la región”. Luis José Arenas Prada es actual concejal de San Vicente de Chucurí.

A mediados de 2004, el gobernador Hugo Aguilar convocó a una reunión en la V Brigada en Bucaramanga. Allí, el secretario de gobierno de Aguilar, Óscar Josué Reyes Cárdenas, le dijo al coronel Prieto en voz baja, según cuenta el libro: “Coronel, usted es un tipo muy joven, muy inmaduro, usted no conoce de la vida todavía, no busque problemas, hombre; no joda tanto en esa región, no se meta con esa gente, hombre; tenga la gente contenta, mire que hasta lo pueden trasladar”. En 2012, el exsenador Reyes Cárdenas fue condenado por el delito de promover grupos armados al margen de la ley.

En septiembre de 2004, en una visita del presidente Álvaro Uribe Vélez a El Carmen de Chucurí, en presencia de la comunidad, el gobernador Hugo Aguilar le pidió al presidente el traslado del coronel Prieto a otra región. No fue trasladado, aunque tres meses antes el comandante del Ejército, general Martín Orlando Carreño Sandoval, le contó a Prieto que el presidente en tres ocasiones le había pedido ese traslado. Las presiones de los políticos de Santander llegaban a la Casa de Nariño.

En 2006, cuando ya Prieto había terminado su misión en Santander, Uribe Vélez dijo en un consejo de seguridad en Barrancabermeja: “Él hizo una gran labor porque fue un hombre eficaz e imparcial, del coronel Prieto no se puede decir que es aliado de la guerrilla, ni que es aliado de los paramilitares, es un hombre imparcial”. En la misma reunión, el padre Francisco de Roux señaló: “Todo el mundo le creía a Prieto, y le creía porque Prieto fue muy duro con las autodefensas y muy duro con la guerrilla”.

En una sentencia, la Corte Suprema de Justicia señaló: "Tanto fue el compromiso, apoyo y patrocinio del grupo paramilitar por los líderes políticos de la época que pretendieron torpedear la labor que desarrolló el coronel Prieto". Pero esa labor no fue premiada con el ascenso a general.