domingo, 19 de abril de 2015

Abad, la guerra y la paz (Entrevista al autor de "La Oculta")

(Esta entrevista la publiqué en la edición 432 de Vivir la UNAB que circula desde el lunes 20 de abril de 2015)


"Oía que le decían: ‘Vas a hablar o no, grandísimo hijueputa; hablá que si no te arranco las güevas con este alicate, malparido, gonorrea’. Fumaban, tomaban aguardiente, preguntaban, le subían o le bajaban el volumen a la música, pero los muchachos solamente gritaban y rogaban que no los mataran. De la parte de atrás de una camioneta sacaron una motosierra y la prendieron. Hacía un ruido que aturdía, ‘haga de cuenta como cuando están talando un cedro o como cuando pasa un avión bajito tomando fotos’, dijo Próspero. La prendían, aceleraban el motor, y les acercaban la cadena al cuello a los muchachos, con su zumbido atroz. Se carcajeaban con una maldad de locos; olía a bazuco, a aguardiente, a marihuana. Próspero no alcanzaba a ver: oía por encima de la música y las motosierras, olía, sentía, imaginaba. A ratos apagaban la motosierra. Los quemaban con cigarrillos y con la candela para prender los cigarrillos. ‘Te voy a poner esta candela en la oreja, jajajaja, mirá cómo se prende esta antorcha con el sebo de la oreja, mirá cómo se le pone negra, como la de un marrano, mirá’. Y los muchachos gritaban, lloraban, rogaban: ‘Nosotros no hicimos nada, por mi madrecita que no hicimos nada, como mucho nos robamos una jíquera de naranjas’. Los otros les decían que eran ladrones, que eran guerrilleros, que eran informantes. Al fin Próspero empezó a percibir el olor a hierro de la sangre, y un ruido como de machetazos o cuchilladas, porque los tipos gritaban que no se iban a gastar balas en esos chichipatos. Ya era noche cerrada y los gemidos empezaban a llegar más apagados, los últimos gritos, los borborigmos, los estertores. Después las motosierras volvieron a encenderse para picarlos en pedazos, para dejarlos en piezas sueltas desparramadas por el suelo, descuartizados como reses. Próspero no sabía qué era peor, si el ruido o el olor a hierro de la sangre. Lo último que hicieron fue mocharles la cabeza con las motosierras y patearlas para que fueran a dar en la zanja”. (Fragmento de la página 212 de “La Oculta”).


“En Colombia se necesita mucha memoria, mucha verdad, pero ojalá muy poco rencor. El sentimiento que menos recomiendo es el rencor. Uno no debe odiar a nadie; ni siquiera al señor Procurador”.

Esta frase sale de los labios de Héctor Joaquín Abad Faciolince (Medellín, 1958), el columnista que cada domingo pone a pensar a los colombianos con su columna en el diario El Espectador, y el escritor que el pasado 15 de abril estuvo en Bucaramanga en el lanzamiento de la Feria del Libro Ulibro, de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, UNAB (24 al 29 de agosto de 2015), y de paso promocionando su más reciente novela “La Oculta” (Alfaguara), de la que son protagonistas Pilar, Eva y Antonio Ángel, herederos de una finca escondida en las montañas del Suroeste antioqueño, donde viven los momentos más felices, no sin antes “enfrentarse también al asedio de la violencia y el terror, al desasosiego y la huida”.



Vivir la UNAB logró dialogar con el autor de “Angosta” y “El olvido que seremos”, dos de las obras que lo han catapultado a nivel nacional e internacional como uno de los escritores más respetados y galardonados. “Demasiada política”, dice al final cuando le preguntan cómo le fue en esta entrevista, repleta de reflexiones que hay que tener en cuenta a la hora de aproximarse al devenir de un país que sueña con ponerle punto final a un conflicto armado interno que ha dejado miles de muertos, huérfanos y viudas a lo largo del último medio siglo. Entre ellos su padre Héctor Abad Gómez, un médico, ensayista, parlamentario, defensor de los Derechos Humanos y profesor de la Universidad de Antioquia, que fue asesinado por sicarios en pleno centro de Medellín el 25 de agosto de 1987 después de denunciar reiteradamente los horrores cometidos por los grupos paramilitares y narcotraficantes tanto en su tierra natal como en el resto de Colombia. El activista que les decía a sus seis hijos: “Cuando todos nos muramos de viejos, el mundo será mejor”.

Abad Faciolince tiene la paciencia y la serenidad –si es que no son lo mismo–, mezcladas con conocimiento y rigor, para firmar cientos de dedicatorias con tinta azul y roja en una sola sentada, para dejarse tomar fotos o esa cosa llamada selfi una tras otra, para hablar de prosa o geopolítica, para evocar al Nobel Günter Grass, para sentenciar que (Gabriel) “García Márquez nos quitó el complejo de hijos de puta”, para no dejarse llevar por los bajos instintos cuando alguna admiradora le pasa un papel instándolo a hacer el amor, para recitar extensos e intrincados poemas de León de Greiff, para responder interrogatorios como este, con los ojos cerrados, concentrado en lo que está, así tenga dolor de cabeza, esté agotado o le aburra que le pidan autógrafos en ediciones ‘piratas’.

Este nadador, bibliotecario consumado, cantante aficionado, finquero, amante de la naturaleza, estudioso de las lenguas y literaturas modernas, comensal de tamales y cabro con pepitoria, galán de alto vuelo e hincha del equipo que algunos aún insisten en llamar “Poderoso” Independiente Medellín, fue capaz de llenar el Auditorio Mayor ‘Carlos Gómez Albarracín’ y no conforme con ello, también los otros dos auditorios de la UNAB, hablando de una novela en la que uno de los personajes es gay, aumentándole el valor a esta “mirada íntima y transgresora a una sociedad pujante y tradicionalista”, que en el mapa se puede ubicar en cercanías al Eje Cafetero y parte de la cual se sigue escandalizando hoy en día con tantos asuntos que ya han sido asimilados en otras latitudes. Y precisamente marica, advierte, ‘para que no sea adoptada por hacendados estilo ‘Ubérrimo’. Con lo cual quien haya leído al menos un periódico entenderá a qué innombrables se refiere.




Sueños, amores, revanchas, desilusiones y esperanzas, una mezcla de contradicciones y flagelos que tienen como epicentro una finca heredada bajo la condición de no venderla jamás y un pueblo de Jericó, sin murallas como la ciudad bíblica ubicada a orillas del río Jordán -en Cisjordania-, pero sí con barreras, fantasmas y tabúes en la mente de quienes se pasean por sus 334 páginas.

Los 18 minutos no alcanzaron para hablar de su expulsión de una universidad de curas -debido a unas críticas que lanzó al Papa de turno-, ni por qué si olía que tarde o temprano lo iban a censurar en un periódico godo de su tierra insistió en escribir en él una columna sobre homosexualismo. Tampoco para escarbar en tantas ‘joyas’ que ha parido su tierra natal o extasiarse con sus crónicas de viaje por la Toscana italiana. Nada de eso. Guerra y paz. ¡Y punto! Esta es la entrevista.



¿“La Oculta” es una hacienda de un millón cien mil kilómetros cuadrados llamada Colombia? ¿Finca donde han ocurrido y seguirán pasando todo ese tipo de barbaridades que usted narra?

“La Oculta” tiene las dimensiones que cada uno le quiera poner. Puede tener las dimensiones de ese bonito cuento de (León) Tolstói (1828-1910) que se llama: “¿Cuánta tierra necesita un hombre?”, que son simplemente las dimensiones de una tumba, dos metros por un metro; pero puede tener también dimensiones muy grandes, como las de un país. De todas maneras yo creo que los seres humanos de cualquier latitud –los antioqueños, los santandereanos, los de Israel, los de Palestina, los franceses, los rusos…–, tenemos todos una relación particular con la tierra. Un apego particular bien sea a un país, o a un terreno o a una casa, a algo que tenemos o que tuvimos, y que queremos conservar o que tenemos nostalgia por haber perdido, o que queremos alcanzar emigrando a otra parte. “La Oculta” habla de esa relación de amor y de odio por una tierra que se tiene o que se pierde o que se quiere perder. Y sí, de alguna manera sin yo quererlo pues está incluida parte de la historia de Colombia y parte de la historia sobre todo del campo colombiano, de las dificultades, de los sueños de los desplazados, de la gente que llegó al campo como una tierra prometida y que salió de allí como de un infierno del que los movieron. Una novela es muchas cosas y una novela puede tener muchas lecturas, y cada lector ve en una novela probablemente su propia historia, su propio cuento con la finca o con la tierra. Entonces esta novela de “La Oculta” yo aspiro a que sea por lo menos como un poliedro que tenga en cada cara un espejo y una historia muy distinta en la que cada uno se pueda reflejar.


¿Cómo víctima de la violencia en esta locura de país, Héctor Abad Faciolince conoce las palabras perdón y olvido? ¿O esas son fórmulas que aplican para los demás pero para usted no?

Yo diría que ‘requeteconozco’ la palabra perdón y la palabra olvido. Las palabras desterradas de mi mundo interior son las palabras venganza o rencor. Afortunadamente lo que mi papá nos dio mientras estuvo vivo fue los elementos para soportarlo casi todo. Fue tanto amor el que nos dio que podemos soportar las ofensas, sin que los que intentaron destruirnos consigan en realidad destruirnos. Porque hay como una carga interior en que a pesar de la tristeza, a pesar del dolor, a pesar de la ira inicial momentánea, uno se sobrepone y se sobrepone de una manera firme pero no rencorosa, para recuperar la alegría y recuperar las ganas de vivir y las ganas de que otros vivan mejor y sin correr el riesgo de que les maten a alguien.


¿Usted se ha despertado en estos últimos tiempos con la sensación de por fin vivir un día en paz, o esta es una ilusión que usted jamás verá hacerse realidad?

Yo espero vivir en los años que me queden en un país en el que la violencia cada año disminuya y disminuya y disminuya. No creo que podamos construir sobre la tierra ni en este país ni en ningún país un paraíso, pero sí creo que podemos aproximarnos y apuntarle siempre a un país soñado, a un país mejor. Y creo que debemos luchar para eso, y hay ejemplos de personas que nos dicen cómo luchar. Por ejemplo mi querido amigo Carlos Gaviria Díaz (1937-2015), que acaba de morirse, y a quien yo le dediqué junto con Alberto Aguirre “El olvido que seremos”, es una persona que en medio de las críticas muy fuertes que le hacía a las injusticias, a la violencia, a la corrupción de este país, sabía también siempre marcar un camino de esperanza y de reconciliación.

Yo no me levanto con sueños, pero sí me levanto con muchas ganas de apoyar un proceso de paz que me parece bueno.


¿Ese dicho popular de que todos en Colombia queremos la paz, usted se lo cree?

No todos queremos la paz; la guerra es un negocio para mucha gente. El conflicto mantiene muchas cosas rodando de cierta manera. El conflicto impide que lleguen el Estado y la Justicia, así como las intervenciones modernas a zonas del campo en donde hay intereses de narcotraficantes, de ‘caciques’ terratenientes, de gente que ha despojado tierras de campesinos, que las compraron baratas después de desplazarlos. Hay gente además llena de miedo. No siempre son malas intenciones. Hay gente que piensa que si se firma la paz entonces Colombia caerá en las garras del ‘castrochavismo’ y que las votaciones de las masas serán por ellos. Realmente yo creo que cuando la gente actúa por el miedo, pues puede ser muy grave. Ese movimiento de reacción contra la paz por el miedo es el peor consejero de todos.


¿Y la verdad? ¿Dónde quedará la verdad? ¿O será que en aras de la paz es mejor ‘echarle tierra’ a la verdad?

Yo diría que la verdad es siempre muy importante. A lo que podemos echar un poco de tierrita es a la justicia plena. La guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) tiene que aceptar una cierta dosis de justicia, de justicia transicional, para que el país acepte que entren en la política. Pero verdad de parte de ellos y de parte de los paramilitares y de parte del mismo Estado, siempre será necesaria. Verdad no para el rencor, ni para la venganza, y ni siquiera para la justicia plena, sino porque la verdad produce una especie de tranquilidad, porque uno no pasa el resto de la vida haciendo hipótesis e imaginándose cosas, sino que entiende lo que sucedió. Y entender es siempre algo que nos serena, que nos calma y que nos reconcilia con la historia del país.


El periodista Alberto Donadio sostiene que conoce a Juan Manuel Santos Calderón desde hace varias décadas cuando trabajaban juntos en el diario El Tiempo –el primero como miembro de la Unidad Investigativa y el segundo como subdirector del periódico– y sostiene que no cree en la palabra del hoy presidente. ¿Usted se fía en el mandatario?

Las personas somos mucho más complejas de lo que uno piensa. Un novelista tiene que mirar a un personaje desde todas sus facetas. Los políticos no suelen ser personas ideales, personas que llevan un tipo de vida perfecto, que no traicionan nunca, que no se contradicen jamás, que no tienen que tomar decisiones espantosas a veces e incluso inmorales. Pero él está dedicado a ese ejercicio político, yo no voté por él la primera vez, yo pensé que era un personaje que iba a continuar las mismas políticas del Gobierno anterior (el de Álvaro Uribe Vélez). Él afortunadamente traicionó esas políticas del Gobierno anterior. Hay traiciones buenas y traiciones que a uno le parecen correcciones en el camino, que yo en el caso de Santos celebro, y las políticas que él está haciendo en algunas materias –en la paz sobre todo, pero también en salud y en educación–, a mí no me parecen negativas. Entonces con todos los bemoles que pueda tener este presidente y con todas las desconfianzas que pueda despertar, yo sé lo complejo que es el personaje y mientras en ciertos aspectos importantes para el país él esté haciendo lo que a mí me parece que es lo correcto, como por ejemplo adelantar este proceso de paz en La Habana (Cuba) con unos comisionados serios y respetables, pues en esos puntos tendrá mi apoyo. También mi crítica en otras cosas. No estoy de acuerdo con la venta de Isagén o con ciertas partes de la política minera, por ejemplo. Pienso muy distinto en muchos temas, pero las personas son complejas y hay que apoyarlas en lo bueno y criticarlas en lo malo.


¿Cómo novelista tendría usted la capacidad de crear un personaje que toma agua de valeriana, que hace yoga, que declama poemas, pero que a la vez transpira sed de venganza y quien cada vez se queda con menos amigos porque la Corte Suprema o los jueces los están hallando culpables y condenando?

Admiro muchísimo a García Márquez, pero hay una faceta de García Márquez que yo no admiro tanto, y es la fascinación que él sentía por el poder y por ciertos personajes poderosos y muy fuertes. Si yo tuviera esa parte de García Márquez dentro de mí, yo quisiera tener otras pero esta no, tal vez me interesaría mucho por el personaje de Uribe. Aún siendo antioqueño, aún habiendo sido él durante algunos meses o semanas novio de una hermana mía, nunca he sentido fascinación por el personaje. No me desvelan sus trinos, no me trasnocha su ira y no entiendo esa fascinación de amor o de odio que muchos sienten por él. Yo tengo una posición como mucho más tranquila en la que lo jubilé dentro de mi mente y lo siento como un presidente jubilado y los presidentes jubilados son más o menos muebles viejos y ese es el sitio que a él le corresponde en este momento. Él ya hizo lo que hizo, lo que pudo hacer para bien o para mal, y para mí es un presidente del pasado.

Los comandantes de las FARC han manifestado que no están dispuestos a pagar un día de cárcel, pero que tienen la voluntad para parar ponerle punto final a este conflicto armado interno.

Creo que deben pagar algunos días o meses o añitos de cárcel, y creo que si el Estado colombiano les garantiza lo que ellos más temen, y es que se desmovilicen, que entreguen las armas y que entonces los maten, si el Estado logra garantizarles eso, desarmados, y no pasa lo que pasó con algunos del M-19, con el EPL (Ejército Popular de Liberación), con otros procesos de desmovilización, si el Estado les garantiza la seguridad, yo creo que las FARC pueden estar dispuestas a aceptar un tipo de justicia transicional mientras  preparan a su gente o a los que no tengan delitos atroces para hacer política. Ese es el escenario mejor que veo yo para el futuro próximo de Colombia.


Como Santos Calderón no se puede presentar para un tercer periodo presidencial, si en las elecciones de 2018 usted tuviera que escoger entre votar por el conservador Alejandro Ordóñez Maldonado –catalogado por el periódico El Frente como ‘la conciencia moral de la Nación– o el exilio en Siria o Kenia bajo los fundamentalistas del Estado Islámico (EI), ¿qué haría?

Una Presidencia de un personaje antisemita, lefebvrista -movimiento que niega el Holocausto y niega los campos de concentración-, fanático religioso, fanático político, un personaje creo yo capaz de infamias sin nombre, me llevaría sí al exilio. Espero que ese exilio fuera en Italia como la primera vez, o en España o en Estados Unidos, y no en el equivalente del procurador en tierras islamistas, que es más o menos lo mismo, simplemente cambiando a Cristo por Mahoma. Confío en la inteligencia de los colombianos que no vamos a escoger como presidente a un fanático religioso y a una persona que limitaría hasta extremos intolerables las libertades civiles y las libertades personales. Ése señor hace mucho tiempo alcanzó su nivel de incompetencia y no es competente ni siquiera como procurador, mucho menos podría ser competente como presidente. Pero si eso llegara a pasar como usted dice, no quedaría otro remedio que el camino del exilio.


¿”La Oculta” es solamente para los canosos y calvos o también para que la lean los jóvenes?

Es sobre todo para los jóvenes. Mi novela yo sé que les puede llegar a muchos jóvenes porque ellos también crecen y lo hacen con unos apegos a la tierra. Yo confío muchos en los jóvenes, en su capacidad de ensoñación, de lectura, de ilusión. No tengo ninguna duda de que los jóvenes van a hacer un país mejor que el que nosotros hicimos, los que ya estamos pasando a la vejez o los que ya somos viejos como usted tan amablemente me dice. Tengo dos hijos muy jóvenes y ellos me parecen mucho mejores que yo, y tengo muchos sobrinos jóvenes que también me parecen mucho mejores. Confío en ellos mucho más que en mi generación, y ellos a su manera leen, son sensibles, se preocupan y harán un país mejor. Yo no soy pesimista. Si fuera pesimista ya me habría ido, antes de la llegada de Ordóñez.


--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

De ancestros, anhelos y medios de comunicación

Bucaramanga es la tierra de los bisabuelos de Héctor Joaquín Abad Faciolince –José Joaquín García fue el autor del libro “Las crónicas de Bucaramanga”– y es de aquí de donde el novelista asegura que le viene la vena por el lenguaje y la escritura. Ese santandereano que está sepultado en el Cementerio Central de la calle 45, fue a su vez el padre de varios sacerdotes entre ellos Joaquín García Benítez, quien llegó a ser arzobispo de Medellín y quien crió a la madre del novelista.

“Tío Joaquín, como le decíamos en la casa, era muchísimo más moderno que el señor procurador, y aunque era un obispo de los chapados a la antigua, era mucho más tolerante que ‘monseñor’ Alejandro Ordóñez, que parece del siglo XIX”, resalta Abad Faciolince.

No le halaga mucho que le digan que tiene cara de seminarista, pero admite que un tío por parte de su padre también es cura –Javier Abad Gómez– y nada menos que del Opus Dei, la orden personal de José María Escrivá de Balaguer. De hecho, se graduó como bachiller en el Gimnasio Los Alcázares, cuyo modelo está basado en un "humanismo cristiano".

"Afortunadamente", subraya el autor de “La Oculta”, fue educado en el iluminismo francés y el positivismo inglés, pese a que su madre –Cecilia Faciolince– sigue siendo “muy católica”, aunque su papá era agnóstico. "Nunca en mi casa se habló de cilicio, de mortificaciones, ni de ese tipo de cosas" -que acostumbran los numerarios en el Opus Dei, precisa.

Sus maestros, al menos para poder escribir con la calidad que lo hace,han sido Francisco de Quevedo, Lope de Vega, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Jaime Gil de Biedma, Porfirio Barba Jacob, León de Greiff, Aurelio Arturo y el nortesantandereano Eduardo Cote Lamus, por citar unos cuantos de los que se ha leído todo lo que le ha llegado a sus manos. 

Con el dinero que ganó por “El olvido que seremos” -la primera vez que obtenía algo de plata con un libro-, Abad Faciolince compró “una finquita” en La Ceja, “y ahí me di cuenta que tenía la misma locura de muchos antioqueños de querer tener un pedazo de tierra, de tener dónde caerme muerto, como se dice allá y supongo que aquí también”, admite.

“Para la paz de Colombia sería muy importante devolverle su pedacito de tierra a los campesinos que salieron desplazados de tantas zonas del país o darles la oportunidad a los que no tienen nada de que tengan una parcela donde puedan sembrar algo, donde puedan tener algo que defender”, sentencia este columnista de El Espectador a quien le gustaría ver un país de pequeños propietarios, no de grandes terratenientes y gente sin un centavo y sin un centímetro cuadrado de tierra. 

“Un país donde a uno le guste tanto vivir y esté tan apegado porque le dio algo. Le dio por ejemplo una tierra que le guste mirar, que le guste sembrar o donde le guste descansar. En ese sentido ‘La Oculta’ habla de ese anhelo que muchos colombianos tienen de poder volver a su tierra, bien sea ricos o pobres o de clase media que tuvieron que irse de sus fincas, o de poder tener en algún momento de la vida un pedazo de tierra o una casa en algún lado”, concluye.

“Nadie me paga por hablar a favor o en contra del proceso de paz. De lo que se trata es de disminuir la violencia y que en vez de poner minas, echar bala y tirar cilindros-bomba, pues que echen lengua y votamos bien poquito por ellos”, asevera.

Se atreve a cuestionar a su paisano Fernando Vallejo Rendón y dice que no le extraña la posición y las críticas recientes con las que se despachó contra el país y contra las negociaciones en Cuba. "Él siempre ha sido un laureanista y el estilo de su discurso es típicamente laureanitas. Yo me sentía como oyendo a monseñor (Miguel Ángel) Builes, un obispo muy famoso de Santa Rosa de Osos, que mandaba a decir que no era pecado matar a los liberales. Para Fernando Vallejo no es pecado matar a los feos o a los pobres. Eso le parece a él y que deberían prohibirles reproducirse. Él tiene un discurso laureanista, es decir falangista, un poco fascista y muy facilón, porque cualquier político para él es un 'hp', cualquier político para él es un corrupto, todo es espantoso. Entonces es muy fácil también hablar pestes del proceso de paz sin proponer nada a cambio. Afortunadamente él no es la  única persona que puede hablar aquí", acota.

En cambio, del magistrado y candidato presidencial por el Polo Democrático, Carlos Gaviria Díaz -fallecido el pasado 31 de marzo-, Abad Faciolince afirma: "Un gran líder de izquierda, pero sobre todo un profesor, un humanista, un defensor de los derechos humanos, un hombre pacífico, y para mí como un hermano o como una especie de padre sustituto, porque él era amigo de mi papá y cuando a mi papá lo mataron él de alguna manera me adoptó". También lamenta la desaparición del empresario antioqueño Nicanor Restrepo Santamaría, una de las principales 'piedras en el zapato' que ha tenido el expresidente antioqueño, caballista y hoy senador por el Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez.

Y de los medios de comunicación dice: "Yo trabajé en El Colombiano hasta que me colgaron una columna a favor de los gays. Después me volvieron a llamar y estuve trabajando otro tiempo hasta que renunciamos porque nos prohibieron opinar de las elecciones a la Alcaldía de Medellín cuando era (Sergio) Fajardo candidato por primera vez, y ellos querían apoyar al candidato conservador. Ahí nos salimos Alonso Salazar, Alberto Aguirre, Aura López y yo, que recuerde. Yo había visto un cambio positivo de parte de Martha Ortiz, en El Colombiano, pero el retiro de (Yohir) Akerman y otras cosas que han hecho recientemente en el periódico me han vuelto a alejar de un periódico que leo porque da las noticias de mi región, pero que me deja perplejo muchas veces. El Espectador, para el que trabajo, es el periódico que más respeto en Colombia. Creo que es un periódico de verdad libre e independiente. Nunca me han dicho qué debo hacer, su director Fidel Cano (Correa) es una persona ecuánime y tranquila, y los dueños no se meten en la línea editorial del periódico. Yo me he sentido muy cómodo trabajando allí. En El Tiempo no he trabajado nunca. Sé que es el periódico que más se lee en Colombia. Yo lo leo menos que tantos colombianos".

Tibasosa, la capital de la feijoa


Entre Duitama y Sogamoso hay una pintoresca población llamada Tibasosa. Fue fundada en 1778 -aunque ya desde el siglo XVI estuvo habitada por indígenas- y no alcanza los 13 mil habitantes. Su altitud sobre el nivel medio del mar es de 2.538 metros, su clima promedio es de 13 grados centígrados y es conocida como la capital nacional de la feijoa. Está localizada en la región del Alto Chicamocha, en el departamento de Boyacá.


Es una parada obligatoria para quien quiera explorar el paisaje y las gentes de este departamento en el que abunda el ganado lechero. Su comida va de la trucha al cuchuco de espinazo, y produce frutas como manzanas, duraznos, peras, ciruelas y chirimoyas, aunque lo llamativo en este renglón son todos los dulces, helados, postres y sabajón que elaboran con feijoa, también conocida como guayabo del Brasil. 


Pero la tranquilidad, la arquitectura y el colorido son otras riquezas de esta población bañada por el río Chicamocha. Entre cañadas y sauces aparecen las callecitas donde artistas locales han plasmado con lujo de detalles un tributo a sus abuelos y a los personajes del pueblo. Aquí les tengo los retratos que les hice a los murales.



Este es un reconocimiento a quienes con sus pinceles y dotes artísticas obsequian estas postales de tamaño real a los turistas. También una invitación a cuidar estos espacios y que permanezcan libres de pintadas y propaganda política.










Y al cierre dos imágenes de la representación que hacen de la Semana Santa en el parque de la población.



domingo, 12 de abril de 2015

Afrenta (columna de Manolo Azuero)


(Columna publicada por Manolo Azuero Figueroa en el periódico Vanguardia Liberal el domingo 29 de marzo de 2015)

Hace unos días, en el periódico El Frente, su director, el dirigente conservador Rafael Serrano Prada, le recordó al alcalde ‘Lucho’ Bohórquez no sólo que tiene muchos medios locales “a su servicio”; también que en el ocaso de su administración “se necesita una artillería pesada… capaz de defender la obra de gobierno que se habrá realizado en Bucaramanga”.

Aunque no lo dijo, dejó entrever que El Frente estaba entre los medios serviles. Y, a manera de cierre, sugirió que el Alcalde mirara “el apoyo que se hace todos los días de su obra” e invirtiera los presupuestos de publicidad en los medios locales. Es decir, Serrano Prada le pidió pauta al Alcalde y de pasó nos notificó cuál será la prioridad de su periódico, antes de que el de turno abandone el Palacio municipal. No será contar los abusos del saliente mandatario y su gavilla, ni cuestionar si cumplió las promesas con las que se hizo elegir. Todo lo contrario. Interpretando a su mismísimo Director, lo urgente, la imprescindible prioridad para El Frente es defender (seguir defendiendo) la obra del Alcalde Bohórquez, que Serrano por conveniencia reduce a mucho cemento. Así, el periódico merecerá ser otra arma más de la “artillería”, que por supuesto incluiría mucha plata en empaque de propaganda. El Director de El Frente cree que a punta de pauta y periodismo cómplice se puede reescribir la historia.

El maquillaje se desvanece, los hechos perduran; habría que devolver el tiempo para evitar que el Alcalde prometiera lo que no iba a cumplir, nombrara en cargos públicos a quienes no debía nombrar, contratara como no debía contratar, improvisara como no debía improvisar, abusara como no debió abusar de su mandato. Pero eso no es lo más grave. La mayor equivocación de Serrano es la de asumir el oficio que ejerce, el periodismo, como lo asume.

El artículo citado lo tituló “¿Quién defenderá al Alcalde Bohórquez?”, yo le pregunto: ¿Quién informará a los bumangueses? Evidentemente no será El Frente, pero debería. Un periódico sobrevive buscando la verdad y contándosela a sus lectores (no congraciándose con el poder), sin importar que ello incomode a los mandamases e implique que le cierren la llave de la publicidad oficial.


jueves, 26 de marzo de 2015

La expedición al pasado del periodista Gerardo Reyes Copello

Uno de los pioneros del Periodismo Investigativo en Colombia y actual director de Univisión Investiga (Estados Unidos) habla de su libro “Vuelo 495, la tragedia ignorada del primer secuestro en la historia de la aviación de Estados Unidos”.


Gerardo Reyes y su libro "Vuelo 495", de Grijalbo./ Foto PVG

Este periodista y abogado cucuteño de 57 años no es una máquina de hacer libros -como algunos autores que cada tres están sacando al mercado un nuevo título-, pero cuando lo hace se convierte en un punto de referencia obligatorio para quienes quieren profundizar en determinado personaje o situación y, en todo caso, buscan historias bien contadas.

Ya lo hizo con “Julio Mario Santo Domingo: biografía no autorizada”, en la que se atrevió a contar la ‘vida, obra y milagros’ de uno de los magnates que ha tenido Colombia. También publicó “Nuestro hombre en la DEA”, con el que reveló detalles de Baruch Vega como “operativo encubierto en negociaciones secretas de la CIA, el FBI y la DEA con la izquierda y narcos colombianos”, y quien vivió y ‘rumbeó’ en la ciudad de Bucaramanga por aquellos años de estudiante. Libro éste que le valió a Reyes Copello el Premio de Periodismo Planeta 2007.

Claro que si de premios trata hay que empezar porque Gerardo, junto a un grupo de reporteros del diario The Miami Herald recibió en 1999 un Premio Pulitzer por la serie Dirty Votes, The Race for Miami Mayor; el Premio María Moors Cabot, de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) en 2004 y un Premio EMMY en 2014 por su investigación sobre la vida del capo mexicano Joaquín Archivaldo ‘El Chapo’ Guzmán.

Gerardo, junto a Daniel Samper Pizano y Alberto Donadio, conformó la Unidad Investigativa del diario bogotano El Tiempo, que en la década de los 80 destapó más de un escándalo político y financiero, ante la mirada escrutadora de Hernando Santos.


Los periodistas y primos Alberto Donadio y Gerardo Reyes en un restaurante de Bucaramanga, momentos previos a este diálogo sobre el libro "Vuelo 495"./ Foto PVG


Este es el diálogo que sostuve con Gerardo Reyes el pasado 19 de marzo, en Bucaramanga, a donde vino invitado por la Asociación de Facultades de Comunicación (Afacom), para hablar de “Comunicación y Postconflicto”, poniendo a pensar a más de uno de los asistentes cuando expresó su temor a que así como un avión de la DEA vino en mayo de 2008 y se llevó extraditados a jefes paramilitares como Salvatore Mancuso y alias ‘Don Berna’, lo mismo pueda ocurrir cuando un juez estadounidense decida echarles mano a los comandantes de las FARC que estén acusados de narcotráfico.

“Los periodistas investigadores somos ante todo exhumadores; llegamos cuando los periodistas del día se han ido y reconstruimos la historia desde cero, y muchas veces son historias como ésta, que nadie quiere contar”, dice Reyes cuando le pregunto por qué razón habría que leer su libro editado por Grijalbo.

Y él mismo resume: “El vuelo 495 de Cubana de Aviación salió de Miami a Varadero el primero de noviembre de 1958 y nunca llegó a su destino en Cuba. A menos de dos meses del triunfo de la revolución, cinco jóvenes secuestraron el avión a nombre del 26 de Julio, el movimiento que lideraba el comandante guerrillero Fidel Castro. Llevaban armas, municiones y posiblemente dinero. Fue el primer acto de piratería aérea en la historia de Estados Unidos, con un agravante: la operación terminó en una tragedia en la que perdieron la vida más de la mitad de los pasajeros”.

Foto PVG.

Lo que hizo Gerardo fue entonces dedicarle largas jornadas a rescatar del baúl de los recuerdos estos hechos, localizar a sobrevivientes y testigos de excepción y descubrir documentos secretos inéditos  e incluso inverosímiles, como aquel en el que a pocos días de la victoria de ‘los barbudos’, el embajador estadounidense en la isla “le pregunta a su gobierno si el movimiento de Castro está penetrado por el comunismo o no, y admite lo siguiente: ‘Nuestra información es peligrosamente inconclusa’”. O ese otro en el que Raúl Castro amenaza con llevar al paredón a los autores del secuestro por la “estupidez no autorizada pero heroica”.

¿El “Vuelo 495” es la confirmación de que a Gerardo no se le olvidó hacer periodismo investigativo? “Al menos exhumatorio, sacar cosas que nadie recuerda, tratar de documentarlas y ampliarlas con testimonios e ir armando la historia”, manifiesta.

¿Pretende molestarle la vida al comandante Fidel Castro, quien a sus casi 89 años de edad no debe estar interesado en cazar nuevas peleas? (Sonríe) “No, contar una historia que a la gente se le olvidó y en una época que a mí me parece fascinante que es cuando Miami era castrista y Washington estaba enamorado de Fidel Castro. Porque si esta tragedia ocurre en otra época o se da a conocer como debiera haber sido divulgada, yo creo que hubiera descarrilado la Revolución Cubana. Por cosas menores que habían ocurrido antes, Estados Unidos incluso amenazó con invadir a Cuba, pero Estados Unidos le estaba apostando a Fidel”, afirma Reyes.

¿Fusilaron a los ‘piratas’ aéreos o la amenaza terminó en nada? “No, eso es un chiste, porque primero que todo ellos sabían y segundo, los dos secuestradores sobrevivientes vivieron en Cuba a sus anchas, tuvieron puestos oficiales, y celebraban fiestas y matrimonios con Raúl Castro, tenían un contacto social con él”, dice Gerardo, quien no espera una reacción destemplada del gobierno de La Habana, porque cree que “ellos ya dan eso como una historia sepultada en el pasado”.

Este periodista busca con “Vuelo 495”, “desnarcotizar un poco la crónica”, con un relato que “conjuga una serie de factores fascinantes como es una historia que nadie conoce, encontrar a uno de los secuestradores, revelar documentos secretos de Estados Unidos que nadie había leído… Todos los componentes para armar una historia interesante, sin ser novela en ninguna parte porque la historia se defiende y se cuenta sola”.

En cuanto al facsímil referido de la página 233, en el que el embajador no tiene certeza sobre los propósitos e intereses de los hermanos Castro -que suena a paradójico a esas alturas ‘del partido’-, Gerardo Reyes recuerda que Fidel va después a Naciones Unidas (ONU) y dice que regresará a La Habana  a combatir el comunismo. “Y todos lo aplaudieron y se tomaron fotos con él, pero él regresó fue a construir el socialismo”, subraya Reyes.

¿Tuvo dificultad para acceder a esos cables secretos o esta es la demostración de que cualquier periodista puede hallar ese tipo de pruebas? “Eso me lo enseñó Alberto Donadio: ir a mirar en los Archivos Nacionales de Estados Unidos. La gente piensa que los únicos archivos que se pueden ver son los de WikiLeaks, pero estos son WikiLeaks clasificados  y no robados, están ahí y casi nadie en América Latina los consulta”.

Finalmente, ¿qué interés puede despertar en Colombia este libro? “En Colombia hay muchos lectores a quienes les interesa la saga de los Castro, la historia de Cuba, las historias subterráneas de Miami, la clandestinidad, la política, el doble discurso de Washington frente a Cuba y en sí la historia dramática de los sobrevivientes y el secuestro; tiene de todo”, concluye Reyes Copello.


Gerardo Reyes (Cúcuta, 1958), espera que su libro "Vuelo 495" se convierta en un éxito en ventas en el Estado de la Florida y Colombia./ Foto PVG.

El primer párrafo de “Vuelo 495” dice: “Patricia vio por última vez a su padre desde el comedor de su casa mientras sacaba de su bolsita los dulces que había recogido esa noche de Halloween. Todavía tenía pintados los bigotes de gata cuando escuchó a su papá decir que pasaría unos minutos a saludar a su vecino Alfredo Costa, un piloto que vivía a pocas casas de la suya en el reparto habanero de Marianao. Eran como las nueve de la noche del 31 de octubre de 1958. Ruskin Medrano no se cambiaba por nadie en el mundo en su nueva posición de piloto de Cubana de Aviación, la legendaria aerolínea para la que había trabajado durante los últimos  diez años. De operador de la torre de control del aeropuerto Rancho Boyeros, en la capital,  pasó a copiloto y luego a piloto de DC-3. Ahora se estrenaba como comandante de los nuevos aviones  turbohélice Vickers Viscount de la serie 700, que habían sido adquiridos por la empresa en agosto del año anterior para cubrir la ruta La Habana-Miami-Varadero”.


Para el conocer el resto hay que comprar el libro, que se puede 'digerir' en una noche, al calor de un par de tazas de café o unos cuantos mojitos. 

lunes, 23 de marzo de 2015

La consagración del profesor Antonio Bohórquez Orduz

(Esta nota la publiqué en Vivir la UNAB, edición del lunes 23 de marzo de 2015)

“Pensante, silencioso y estudioso”. Con estas tres palabras es que el profesor Juan Omar Rivero Arango define a su colega de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB), Antonio Bohórquez Orduz, quien -empleando términos deportivos- ‘la sacó del estadio’ al hacerse merecedor de la distinción Cum Laude que le otorgó la Universidad Externado de Colombia tras culminar con honores su Doctorado en Derecho.



Con su trabajo de grado, el profesor Bohórquez Orduz le rindió un homenaje a Fernando Hinestrosa Forero (1931-2012), magistrado de la Corte Suprema de Justicia y rector de la Universidad Externado de Colombia (Q.E.P.D.) 

Nacido en Barichara (Santander) el 7 de abril de 1954 en una familia de origen conservadora, Bohórquez Orduz dice que por su trabajo en la Rama Judicial jamás ha militado en ningún partido político, aunque “sí tengo un pensamiento bastante liberal, en el Derecho especialmente”.

De niño contempló la posibilidad de hacer la carrera sacerdotal, “pero ya con el paso de un par de años me di cuenta que eso no era para mí”, reconoce. Cuando concluyó el bachillerato técnico en el Tecnológico de Bucaramanga y merced a sus conocimientos de dibujo técnico, pensó en convertirse en ingeniero civil, pero pudo más su atracción por la historia, la sociología, la filosofía, la literatura y el buen manejo del español, por lo que consideró que también tenía vocación de abogado. “Me senté a sopesar las dos posibles vías para mi futuro y me decidí por el Derecho”, anota.

“¿Para qué más estudio? ¿Tantos años estudiando y quiere estudiar más?”, le dijo su padre, al oírle a su hijo que prefería ir a la universidad que aceptar un puesto de docente en Garagoa (Boyacá). “De manera que si yo hubiera aceptado ese cargo por allá estaría jubilado de profesor en algún pueblo”, manifiesta sonriendo.

“Siempre pensé en que nunca me iba a quedar con el bachillerato”, dice Bohórquez Orduz, quien no tuvo ningún pariente abogado, como para decir que de él recibió la influencia. Y escogió la UNAB, porque una amiga le contó cómo eran el ambiente y las características de la UNAB, y además le aceptaron las pruebas del Icfes, “que eran bastante buenas”, a cambio del examen de admisión que se acostumbraba en esa época.

También porque contaba con la facilidad de recibir clases de 6 a 8 am y de 6 a 10 de la noche. “Eso me llamó la atención porque yo tenía que pagarme mis propios estudios y pensé que podía trabajar al mismo tiempo”. Lo hizo como profesor en el colegio San Pedro, después marcando con un pantógrafo anillos y trofeos en una joyería, y luego vendiendo elementos de decoración y fachadas en una empresa.




Se recibió como abogado en la UNAB en 1982 e hizo su judicatura como juez civil municipal en Cimitarra (Santander). Al poco tiempo lo nombraron juez civil municipal en Barbosa (Santander), de allí pasó a ser juez civil de circuito en Socorro (Santander). “Estando allí (1989) y como consecuencia del primer concurso de méritos y de conocimientos para magistrados, fui designado magistrado del Tribunal Superior de Bucaramanga en la Sala Civil”, cargo en que ya superó los 25 años de permanencia.

Una vida dedicada a la Justicia, que le permite al profesor Antonio Bohórquez definir al Derecho como: “Un instrumento compuesto por muchas piezas, que debe servir para solucionar de manera correcta los conflictos humanos”.

Por eso cuando le pregunto por la frase del abogado Abelardo de la Espriella, según el cual: “La ética no tiene nada que ver con el Derecho”, reacciona con molestia y señala: “Está lamentablemente equivocado. El Derecho tiene una pretensión de corrección. Es decir, el derecho siempre busca decisiones correctas, y la única manera de ponderar posibles soluciones para saber si son correctas es mediante juicios de valor y para los juicios de valor necesitamos no solamente la ética, sino también todo lo que ha construido la humanidad alrededor de principios y de la moral incluso”.

Contratos Civiles y Comerciales (desde 1990), y Acciones Judiciales Ciudadanas (desde 1996), son las dos materias que ha dictado en la UNAB y que han hecho que cientos de abogados manifiesten que “sus clases jamás se olvidan”. Igualmente ha sido docente de posgrados en Comercial, Procesal Civil, Seguros, Penal y Derecho de Familia. Está a punto de finiquitar el diseño de la Maestría en Derecho, que la UNAB espera ofrecer en el año 2016.

Su legado primordial espera que sea “el amor por el conocimiento del Derecho. Yo siempre les digo que el Derecho es una obra humana genial, que está en construcción, que nunca acabará de ser elaborada y que ellos están llamados a participar en esa elaboración. De modo que espero ser aquel maestro que les da a los estudiantes las herramientas para superarme, porque les he insistido muchas veces que el alumno no puede superar al maestro, sino que debe superarlo, ya que de lo contrario la humanidad no progresa”.

¿Pero por qué si nadie lo obligaba decidió realizar un Doctorado en Derecho? ¿Y cuál fue el tema que llevó a los jurados -entre quienes estaban Édgar Cortés, Mauricio Renjifo, Juan Carlos Peláez, Carlos Alberto López Cadena y Aída Elia Fernández de los Campos- a laurear lo argumentado en las 630 páginas?

“Varias cosas me motivaban. Hace mucho tiempo hice una Especialización en Derecho Comercial aquí en la UNAB en convenio con el Externado. Después de eso se me dieron las oportunidades de hacer otras especializaciones, y algunos colegas míos tienen cinco, seis, siete… especializaciones, pero desde el primero momento decidí que sólo hacía una y el siguiente paso tenía que ser Maestría o Doctorado, pero el primero doctorado en Derecho apenas se instrumentó en Colombia hace 14 años.

“Dejé pasar algunos años y cuando fui al Externado a averiguar, me dijeron que un requisito era tener Maestría y eso me descorazonó porque no la tenía. Sin embargo, hablando con algunos directivos de esa universidad me dijeron que como profesor había publicado algunos libros y eso para ellos era muy importante. Entonces en cierto modo homologaron los tres libros que había escrito como equivalente a la Maestría y me admitieron en el Doctorado”.




El Doctorado es en Derecho ‘puro y duro’ y la investigación que llevó a cabo tiene un título extenso: “Principio de completitud de la ley escrita y creación judicial del Derecho en conflictos contractuales civiles”, una inquietud que Bohórquez Orduz tenía desde hacía rato, “porque me parecía que estos estudios de la Teoría del Derecho eran demasiado académicos y entonces yo quería hacer algo desde el punto de vista del juez y estudiando lo que hacemos los jueces. No lo que decimos que hacemos, sino lo que realmente hacemos. Y por eso mi tesis tiene mucho componente filosófico, de Teoría del Derecho, y mucho componente jurisprudencial, en donde muestro de qué manera la jurisprudencia contribuye a la construcción de esto que llamamos el Derecho actual”.

Entonces el profesor Bohórquez, Constitución Nacional en mano ahonda en el concepto: “La Revolución Francesa impuso para Francia y nosotros heredamos eso, la idea de que en el Código Napoleónico estaba contenido todo el Derecho. De tal suerte que los jueces, decía el Barón de Montesquieu, eran la boca de Ley, y lo único que tenían que hacer era mirar el Código y ahí encontraban todo. Así lo suponían y así se ha manejado el Derecho desde el siglo XIX hasta casi terminando el siglo XX, pero en el mundo empezaron a cambiar las cosas con la llamada Postmodernidad, que influyó necesariamente en el Derecho, con la aplicación de principios y valores en el Derecho Continental Europeo, principalmente en Alemania, y eso se vino hacia Colombia con la Constitución de 1991. Y muchos de nuestros juristas creen que el Artículo 230 impuso el principio de completitud del Derecho, porque dicen que el juez está sometido al imperio de la Ley. Eso dice la norma, entonces todo parecería indicar que para el Constituyente la ley escrita es suficiente y el juez está sometido al imperio de la Ley”.

Y aquí viene la carga de profundidad: “Pero es sólo apariencia, porque al mirar el Inciso 2, dice que los principios generales de Derecho, la equidad, la doctrina, la jurisprudencia, serán criterios auxiliares de la actividad judicial. O sea: señor juez, no es sólo la Ley. La misma norma le está diciendo que el sistema legal es incompleto, y a fuerza que es incompleto porque es una obra humana hecha a lo largo de tres siglos y naturalmente pues tiene contradicciones, incoherencias, vacíos y toda clase de problemas”, explica Bohórquez Orduz.

No es ‘darle palo’ a la Constitución Nacional, sino hacer valer los principios y valores contenidos en la Carta Magna “que es el producto no solamente de una Asamblea Constituyente en 1991, sino la recopilación de un diálogo histórico que traemos desde la época de la Independencia”, concluye.

domingo, 22 de marzo de 2015

"En la 'finca' de los Aguilar"


(Columna publicada en el periódico Vangurdia Liberal, de Bucaramanga, el domingo 22 de marzo de 2015)

Por Manolo Azuero Figueroa

Hay poderosos que usan el poder para servir al público, a ‘la gente’, y otros que lo usan para servirse; a sí mismos y a su rosca. El gobernador Richard Alfonso Aguilar Villa, aunque sea el “más popular de Colombia” y esté ‘bendecido’ por gran parte de la prensa local y por ‘distinguidos’ líderes empresariales, entra en el segundo grupo.

“De fiesta con la mejor compañía, mi Karina Aguilar Negrita, el ‘bro’ svelez8 y la cuñis Vanesita1321”, escribió Juan Camilo Vélez Arango en vísperas de Navidad, el pasado de 20 de diciembre, desde Twitter.

Karina Aguilar Negrita es Karina Aguilar Villa, la hermana del gobernador Richard Aguilar, otra hija del coronel (r). Vélez Arango, un ingeniero informático de 32 años, oriundo de Antioquia, es el novio de Karina al menos desde 2012, su prestatario (para la compra de un carro) y también su ‘socio’ en “IQ Fit”, un Centro de Acondicionamiento Físico que inauguraron en Ruitoque Country Club, con presencia del Gobernador.

Esta historia “familiar” podría pasar desapercibida, pero hace días Vélez Arango fue designado Secretario TIC de la Gobernación de Santander. Su ‘cuñado’, el Gobernador, lo nombró. La prensa cepilló la noticia y lo presentó como el experto ideal para la cartera de las tecnologías de la información y las comunicaciones. Se refirieron a su experiencia en consultoras como Ernst & Young y Deloitte, y a las asesorías a diversas empresas desde allí, pero según su hoja de vida (de explicaciones difusas) en ninguna de esas dos firmas cuajó una carrera de más de un año. La verdad más reciente es que, además de dedicarse a la venta de productos de belleza y salud Nuskin, entre otras cosas, durante los últimos tres años, desde que Richard Aguilar ejerce de gobernador (2012), Vélez Arango ha sido un afortunado contratista de la gobernación: antes de asumir como Secretario, y en menos de 36 meses, alcanzó a firmar seis contratos que suman más de 300 millones de pesos para prestar sus servicios de ingeniero. Seis contratos con la entidad pública que dirige el hermano de su novia. Nepotismo rampante.

La noción de ética del Gobernador no impidió este abuso. Tampoco la del ahora secretario Vélez. En estas manos estamos, Santander.