lunes, 16 de marzo de 2015

Wake... ¿qué?

El wakebord es un deporte en el que sí se valen los 'trucos'. Y es que así le denominan sus practicantes a los saltos y maromas que realizan, mientras una lancha los lleva a alta velocidad tirados por una cuerda y parados en una tabla de fibra de vidrio, espuma y resina.


Me topé a una veintena de estos jóvenes y adultos en el lago que el Club Campestre tiene en la Mesa de los Santos (Santander), a pocos kilómetros de donde se halla uno de los nidos sísmicos más activos de este planeta.


Participaban en un encuentro llamado I Abierto Nacional de Wakeboard, que en la práctica corresponde a una mezcla de esquí, esquí acuático y snowboard (tabla sobre nieve).


Su origen está en Australia, remoto y despoblado país al que cientos de colombianos se han marchado soñando con encontrar un trabajo o estudiar.


No es como el atletismo, en el que lo más costoso son las zapatillas o el uniforme. El wakeboard requiere una tabla, que cuesta al menos un millón de pesos, más un chaleco de $250 mil, una cuerda de otros $250 mil, traje de baño, guantes y...


una lancha de miles de dólares, así como un lago en el que se puedan hacer recorridos de 400 metros de longitud.


Los jueces permiten una caída del deportista, porque al segundo chapuzón queda descalificado de manera fulminante, sin derecho a pataleo.


Quienes practican el wakeboard deben, además de hacer las rurinas en el agua para llevar a cabo sus 'trucos', mantenerse en forma acudiendo regularmente a un gimnasio.


Los jueces solamente se fijan en tres aspectos: ejecución, estilo e intensidad.


Claro que la técnica es fundamental, pero sin 'nervios de acero' este deporte no es apto para quienes el verbo nadar nos resulta tan desconocido como pronunciar en alemán Rindfleischetikettierungsüberwachungsaufgabenübertragungsgesetz, que en criollo santandereano significa: Ley para la transferencia de tareas de supervisión en el etiquetado de la carne vacuna. O decir sin titubear el nombre de la proteína conocida como: Exaquisquiliopentaquisquiliotetracosiohexacontapentagonalis.


Ellos emplean unas palabras en inglés para referirse a los saltos sobre la estela de agua que deja la lancha, pero es mejor no complicarse tratando de descifrar esa jerigonza (sin n antes de la g).


No importa que tan fría o caliente esté la superficie, pero los expertos recomiendan aguas calmas y le temen a las ráfagas de viento.


Pues ahí les dejo las fotografías de este deporte en el que algunos santandereanos se destacan, por ahora, a nivel nacional, porque ya medírsele a australianos, estadounidenses, indonesios, tailandeses, argentinos y peruanos, entre otros, mandan la parada.


Las pueden reenviar o reproducir, siempre y cuando me den el crédito (Pastor Virviescas Gómez), porque para tomarlas tuve que madrugar, luego asolearme y después soportar el caos vehicular entre la Mesa de los Santos y 'La pequeña Manhattan' que algunos creen ver en Bucaramanga.














lunes, 9 de marzo de 2015

Tango Sinfónico, una noche de bandoneón con nostalgia de Gardel

(Esta nota la publiqué en Vivir la UNAB del 9 de marzo de 2015)

No es cierto que hayan muerto Carlos Gardel, Aníbal Carmelo ‘Pichuco’ Troilo y el clásico Astor Pantaleón Piazzolla -calificado en su momento por los ortodoxos como el ‘asesino del tango’-.
Eso es lo que sienten sus seguidores y lo que percibieron en la noche del
pasado martes 3 de marzo los 850 asistentes que llenaron el Auditorio Mayor
‘Carlos Gómez Albarracín’ de la Universidad Autónoma de BUcaramanga (UNAB), donde durante una hora y 45 minutos
de Tango Sinfónico la nostalgia se apoderó de sus corazones.




Dirigida en esta ocasión por la maestra Silvia Restrepo, la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Bucaramanga
contó con dos invitados de excepción: la bandoneonista Carla Algeri y el
cantor Eduardo Horacio Pulis. Ella haciendo resoplar su instrumente fabricado en 1929 y él con sus tonadas de arrabal. Ambos argentinos de porte y sangre, y eso que dejaron en el camerino sus sombreros y el lunfardo (lenguaje) que identificó a la clase baja de la ciudad de Buenos Aires y que hoy es patrimonio cultural de los porteños.

No digamos que parecía Medellín, porque allí el tango se vive con pasión
abrumadora, pero sí que fue un espectáculo que sorprendió gratamente a
quienes hasta terminaron llevando el compás de “Por una cabeza”, esa
composición que hace rato entró por la puerta de la leyenda, bien en la pantalla grande o
en un boliche de la Calle Corrientes por donde deambularon los inmigrantes en el pasado y de turistas seducidos por la magia de una música que ellos llevan en la sangre y de la que se sienten orgullosos.



Carla Algeri cautivó al público interpretando un instrumento que
tradicionalmente está reservado a los hombres. Como es su costumbre, se entregó al máximo y con su voz romántica, su belleza, su pie izquierdo descalzo golpeando la tarima y su frenesí, arrancó suspiros y aplausos. Pulis, por su lado, hizo que varias
parejas se tomaran de la mano y que todos fueran “Uno” buscando llenos de esperanzas ‘el camino que los sueños prometieron a sus ansias”, y que tímidamente le acompañaran con aquello que sabiamente dice que esos besos borran la tristeza y calman la amargura. 



Parecía como si Algeri estuviera poseída por el espíritu de sus maestros, entre ellos Osvaldo Pugliese y Rodolfo Mederos; era como si el bandoneón que su padre le compró a Alejandro Barletta respirara agitadamente con sus fuelles y no parara de lamentarse; como si el instrumento cobrara vida y supiera que era el protagonista de la velada.




Mujer y bandoneón fundidos en un solo ser, como ella misma lo manifestó a Vivir la UNAB minutos antes en el camerino, mientras con los ojos cerrados repasaba por enésima vez “Adiós Nonino”, esa composición tan terriblemente triste con la que Piazzolla le rindió homenaje a la memoria de su padre y la cual es considerada la más magistral de sus obras.

Y es que el embrujo alcanzó tales dimensiones, que ni el intermedio de diez permitió que los asistentes huyeran, como suele suceder en esta capital hipnotizada por esa cosa que llaman vallenato de la nueva era, cuando no es reguetón o corridos prohibidos.



Faltaron la milanesa y el vino, pero ochocientas y tantas almas libaron el néctar de aquel “Volver” -de Alfredo Lepera-, y se embriagaron con “El día que me quieras” y, por supuesto, “Mi Buenos Aires querido”, también de la pluma de Lepera y la música del ‘Zorzal Criollo’ que un 24 de junio de 1935 le dio por marcharse de esta dimensión, dejando a quienes ochenta años después aún lo lloran desconsolodamente.

Por supuesto que faltó “La cumparsita”, como también “A media luz”, “Caminito” y “Adiós, Muchachos”, pero es sabido que no hay felicidad completa y que ‘cuesta abajo’ hay que arrastrar la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser’, aunque basta con que a flojos y ciegos nos comprendan ‘el valor que representa el coraje de querer’ y que en el mundo jamás cabría ‘toda la humilde alegría de nuestros pobres corazones’.




Este fue el regalo de la Facultad de Música de la UNAB y la Orquesta Sinfónica, habitualmente dirigida por Sergio Acevedo Gómez. Una semana después del concierto, por las ventanas del Auditorio Mayor que dan al barrio El Jardín, hay quienes dicen que siguen oyendo ecos de bandoneón y que esas sombras no son de los caracolíes, sino de Gardel, Troilo y Piazzolla que conversan alegremente, viendo el reflejo de la luna llena en el río de la Plata.


Manuel Alcántara: un intelectual de peso, sin blog ni tableta

(Esta nota la publiqué en Vivir la UNAB del 9 de marzo de 2015)

Manuel Alcántara Sáez jamás ha sido usuario del “Rincón del vago”, ni “Taringa”, ni “Yahoo Answers” o “Wikipedia”. Y no lo ha hecho, primero que todo por convicción, y segundo porque ama la lectura y sabe que por ese atajo no llegaría a ‘ningún Pereira’. Tampoco viste de saco y corbata, no lleva un séquito que le cargue sus documentos, interactúa descomplicadamente con ‘el resto de los mortales’ y cuando puede monta en bicicleta, sin el membrete de investigador.



No por accidente este politólogo y profesor de la Universidad de Salamanca así como de la Maestría en Ciencias Políticas de la UNAB y de la Universidad Georgetown (Estados Unidos), figuró en la lista de “Los 50 intelectuales iberoamericanos más influyentes en 2014” –elaborada por www.esglobal.org– en la que comparte ese honor con figuras de la talla del venezolano Moisés Naim, el colombo-español Miguel Ángel Bastenier, el peruano Mario Vargas Llosa, el mexicano Jorge Volpi, el nicaragüense Sergio Ramírez, la chilena Isabel Allende y el costarricense Óscar Arias.

“En estos tiempos de urgencias e inmediatez en los que la narración –el famoso storytelling– prevalece sobre el contenido, podría parecer que la tarea de pensar, y de contar lo que se ha pensado, ha quedado relegada como hábito del pasado. Y sin embargo, hoy las ideas son precisamente más necesarias que nunca”, manifiesta Esglobal, al tiempo que advierte que “los criterios para elaborar esta lista han sido muy sencillos: que sean personajes vivos y activos, que desempeñen al menos parte de su tarea en español o portugués y que tengan influencia en el entorno iberoamericano o internacional”.

Su independencia y su carácter firme lo llevan a afirmar con contundencia que “no estoy al servicio de nadie. Quien me paga es la Universidad de Salamanca y es la institución a la que me debo. Fuera de eso no tengo ningún otro patrón”.



Vivir la UNAB abordó a Alcántara Sáez (Madrid, 1952), autor de los libros “El Oficio del político” y “Sistemas políticos de América Latina”, entre otros; doctor en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense, doctor honoris causa de la Universidad de San Martín (Argentina) y quien recibió de manos de la presidenta chilena Michelle Bachelet la Orden Bernardo O’Higgins.

Mientras intentaba tomarse un tinto de los de termo, Alcántara Sáez expresó que se siente satisfecho de ver a los nueve graduados de la primera cohorte de la Maestría en Ciencias Políticas de la UNAB y los felicitó porque sus trabajos de investigación “no son un mero ejercicio intelectual que supone la excelencia y un reconocimiento de lo que se ha aprendido, sino un aporte al conocimiento de la realidad política de Colombia, partiendo de un problema social y político candente al que han aportado una solución”.

“Me atrevo a asegurar que esta Maestría de la UNAB y las sucesivas cohortes van a dejar un sello indudable en esta ciudad y en el departamento de Santander, pero también en el país. Esta es mi apuesta, pero también la apuesta de la Universidad de Salamanca, la más iberoamericana de todas las universidades españolas –la que proporcionalmente tiene más estudiantes latinoamericanos en ese país–”, expresó.

La Ciencia Política es una disciplina reciente tanto a nivel internacional como colombiano –apenas hace cuatro años se creó la Asociación Colombiana de Ciencia Política–, y Alcántara Sáez animó a los graduados y a quienes han seguido sus pasos en esta Maestría en la Universidad Autónoma de Bucaramanga –que ya va por su tercera cohorte– para que hagan su aporte efectivo. También felicitó a la UNAB “por seguir confiando en este proyecto, que es un proyecto de calidad y absolutamente necesario para este departamento”.

¿Qué significa figurar en esa lista de los 50 intelectuales de más peso, que seguramente le caerá mal a algunos?
No me lo creo. Todavía tengo los pies en el suelo. Esto me ha servido porque ha dado la casualidad que he estado leyendo últimamente sobre intelectuales y política, ensayos muy distintos como algo que acaba de publicar César Antonio Molina en España sobre el papel de los intelectuales y entonces como que tengo fresco qué significa ser intelectual y a la vez tengo dudas sobre lo que significa ser intelectual en un mundo en el que los canales de difusión de las ideas son tan nuevos y se mueven a una velocidad tan vertiginosa. Hoy parecería que para ser intelectual, por ejemplo, y es algo que yo no tengo, hay que tener un blog o un espacio en una página web donde colgar las cosas, y yo eso no lo tengo. No porque no me interese, sino simplemente por descuido y porque estoy en otras cosas.

Dicho esto, la palabra intelectual para mí tiene un peso como muy grave. Yo cierro los ojos y puedo pensar en alguien que murió cuando yo era muy joven, como (José) Ortega y Gasset (autor de la frase: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”) o en alguien hoy que se llama Vargas Llosa. Podría pensar en ellos dos, que siendo personas muy distintas –el uno se mueve en el ámbito universitario y de la Filosofía, mientras que el otro se mueve más bien en el ámbito de la creación–, y por eso no me creo para nada cerca de ellos.

Mi tarea es más clásica, de docencia, de tener a finales del año cientos de estudiantes que han seguido mis cursos y que eventualmente leen lo que haya publicado en ese año, y que a la vez son cosas muy erráticas. Pongo por caso que los dos trabajos más recientes que he hecho son: uno sobre las elecciones en América Latina en los últimos tiempos, y otro sobre Neuropolítica. Son cosas que tienen muy poco que ver y que son las que presento en mis conferencias y en mis clases.

¿Para qué sirve un intelectual en una sociedad en la que el consumismo determina el futuro de miles de millones de personas, mientras que las ideas importan tan poco?
¡Ese es el drama! Pero la tarea intelectual y la función de intelectual como persona que probablemente le dedica un tiempo a pensar en temas que otros no tienen tiempo para pensar en  ellos o a lo mejor incluso no tienen capacidad o atributos para hacerlo, sigue siendo necesario. Creo que los intelectuales tienen la capacidad de enfadarnos y de provocarnos, y a su vez tienen la capacidad de hacernos pensar, aunque sólo sean cinco minutos. Esos cinco minutos que tenemos todos antes de que el sueño nos vence por la noche, en la que no están las tabletas, no está el Twitter, uno está desconectado de todo y al final se queda uno solo consigo mismo y a lo mejor esa idea, esa provocación, esa sugerencia de aquel intelectual pueda generar un pensamiento para la acción para el día siguiente.

¿Será que ser intelectual hoy en día es ser peligroso para el sistema?
No necesariamente, porque hay intelectuales muy acomodaticios, que digamos están perfectamente vinculados o situados en el establishment (la élite que ostenta el poder o la autoridad) y sea el establishment que sea, porque hoy se puede ser intelectual chavista o bolivariano e intelectual neoconservador o neoliberal, y se puede ser también intelectual católico de la rama del Papa Francisco o de los sectores más integristas de la Iglesia como el Opus Dei.

Esa visión del intelectual romántico, no vinculado al Romanticismo, sino ligado a una visión idealista del intelectual, que es el intelectual francés de mitad del siglo XX, por cierto que es un intelectual que el propio Raymond Aron (filósofo y sociólogo francés que decía que “no podemos juzgar a nuestros adversarios como si nuestra propia causa estuviera identificada con la verdad absoluta”) se encargó de eliminar. Aron no tenía nada que ver con (Jean-Paul) Sartre, que sería el epítome del intelectual al que me estoy refiriendo.

En esa lista de intelectuales brillantes el único colombiano que figura es el maestro catalán del periodismo, don Miguel Ángel Bastenier, quien recibió la nacionalidad colombiana en 2003. ¿Qué opina de esta escasez, así él represente tan alto a este país?
Es un déficit increíble en esa lista y que no haya un colombiano-colombiano me parece terrible. Pero también es un síntoma de que Colombia en algunos momentos ha estado muy fuera de los circuitos en general. Colombia a veces se ha ensimismado mucho en sus problemas y se ha dejado además vencer –por desgracia– por una ‘mala prensa’, en la que lo colombiano era sinónimo del narcotráfico y de la violencia, y cuando se marca eso en los medios y en las colectividades, pues al final hace que Colombia no cuente. Creo que eso se está cambiando por fortuna rápidamente, pero en cualquier sigo pensando que ese es un gran déficit de esa lista, y que esa lista no es buena precisamente porque no hay colombianos.

Miguel Ángel Bastenier es un hombre al que yo admiro y respeto muchísimo, con una trayectoria admirable en el periodismo, al que leo constantemente. Porque además es rara avis (ave extraña) que puede hablar perfectamente del Medio Oriente y de América Latina, pero también de (Vladímir) Putin (presidente de Rusia) o recordarnos qué supuso la guerra de Argelia para Francia. Es un hombre que tiene una visión de la historia y de la sociedad en términos complejos, y que él incorpora a todos sus análisis. Por otra parte, ese es un factor que todo intelectual tiene que tener: su capacidad de conectar temas distintos que para un lector del común se preguntaría qué tienen que ver, pero finalmente tienen que ver. Y eso Miguel Ángel lo hace muy bien.

De tanto venir a Colombia y a la UNAB, usted ya podría ser un colombiano más.
Me encantaría y tengo pedido a ver si me conceden la nacionalidad, pero no lo consigo.

¿Realmente cuenta Colombia para Europa o es un cuento que nos hemos creído?
En términos reales y cuando digo reales me estoy refiriendo por desgracia a la economía, por supuesto que cuenta. Basta ver los datos de los flujos económicos hacia uno y otro lado del Atlántico, las inversiones, el nivel de comercio, etcétera, pero sin embargo luego, en términos simbólicos, cuenta menos. O sea, cuenta menos que países que en una visión clásica como es mirar a un país por el tamaño de su población, pues son mucho más pequeños que Colombia y también menos relevantes que Colombia. Yo que doy clases sobre América Latina y que analizo los sistemas políticos, les pregunto a mis estudiantes que dejando de lado Brasil y México, por razones obvias de tamaño y población, cuál es el siguiente país de América Latina. La respuesta es clara: Colombia, y sin embargo nadie lo sabe. La mayoría dice que es Argentina e incluso otros llegan a decir Perú, Venezuela o incluso Chile. ¡Cosas insólitas! Y eso es una evidencia de que Colombia ha perdido mucho tiempo en algo que ha sido un desastre, como es toda esta época de la violencia, que ojalá se cierre ya de una vez.

Por fin parece que hay una luz al final del túnel con los diálogos en La Habana (Cuba). ¿Usted piensa que esto va por el camino que es o que también es una ilusión?
Ahí tendría que ser más especialista de lo poco que soy de Colombia para tener una opinión más formada. La historia me indica que este es un conflicto que uno puede enlazar por ejemplo desde 1948. Es el conflicto más largo en términos de continuidad, de intensidad y del desastre que ha generado para todo el país, entonces uno podría decir que si eso ha sido así porqué no va a poder seguir siendo así. Es como cuando estudiamos la Guerra de los Treinta Años (librada en Europa Central entre 1618 y 1648 y que dejó cuatro millones de muertos), pero luego la Guerra de los Cien Años (librada por Francia e Inglaterra entre 1337 y 1453 y que dejó más de 110 mil muertos y heridos). Es decir, si alguna vez determinadas sociedades, en una determinada época, estuvieron en conflicto durante cien años, uno podría decir por qué no Colombia todavía treinta años más de conflicto. Ahora, hay factores nuevos para señalar que no debería ser así y para pensar que estamos en la recta final. En primer lugar el Estado colombiano, ya sé que son otras instituciones pero representado por la Presidencia de la República y por un grupo político muy importante, así en el Poder Legislativo pueda haber una oposición también importante a cómo se están haciendo las cosas. Pero en un país presidencialista como es Colombia, que la Presidencia de la República esté tirando sin ningún tipo de duda hacia abrir el proceso de paz, me parece que es obvio. También debería ser obvio, pero ahí conozco menos porque es un mundo mucho más opaco, que desde la perspectiva de la insurgencia sus posibilidades son minúsculas de alcanzar el poder o incluso de seguir manteniendo una posición semimarginal de control de cierto territorio. Primero porque la supuesta ambivalencia de la política de haber un bloque del socialismo real, que podría ser un referente para la guerrilla, eso ya no existe y ha dejado de existir hace veinte años. Los flujos y todo lo que supone el mundo oscuro del narcotráfico es igual, se ha trasladado y ahora lo están sufriendo dramáticamente los mexicanos. Parecería que ese es un tema, no digo que esté resuelto, pero diría que ya deja de echar combustible al conflicto y parecería que ya está agotado. El hecho de que también haya una implicación de Cuba, porque sigue teniendo una fuerza simbólica muy importante en América Latina y ser anfitriones, yo no creo que La Habana estuviera dispuesta a que su nombre se ligara a un fracaso. Cuba va a poner de su mano todo lo que sea para que el proceso sirva.


También hay un cambio generacional. Colombia cambió enormemente. Este no es el país que encontré cuando vine por primera vez a finales de los años ochenta. Lo veo por lo estudiantes colombianos que hoy tienen veintitantos años. Ahí hay un material humano que está presto a tomar el relevo de un nuevo escenario. Eso es lo que me hace ser optimista.


Cumbre de comunicadores para cranear el postconflicto en Colombia

(Esta nota la publiqué en Vivir la UNAB del 9 de marzo de 2015)

El nuevo vicepresidente de la Asociación Colombiana de Facultades y Programas Universitarios de Comunicación y decano de la UNAB, Santiago Humberto Gómez Mejía, está por estos días más atareado que nunca. La razón es que los días 19 y 20 de marzo la Universidad Autónoma de Bucaramanga acogerá la XXXVIII Asamblea Nacional de Afacom, y además servir de anfitrión a decenas de decanos, investigadores, docentes y estudiantes, todos ellos se sentarán a debatir qué hacer desde los medios de comunicación con respecto a los diálogos Gobierno-Farc y de cara a una Colombia que por fin pueda dejar atrás el conflicto armado interno.



Esta es la entrevista de Vivir la UNAB al decano Gómez Mejía, quien -como si esto fuera poco-, también está trabajando con su equipo en la renovación de las acreditaciones nacional e internacional con las que cuenta el Programa de Comunicación de la UNAB.

¿Por qué razones y cómo fue escogida la UNAB para realizar esta Asamblea?
La UNAB fue elegida como sede hace un año en la Asamblea realizada en Cartagena de Indias. En dicha reunión se reeligió al Consejo Directivo del que la UNAB hace parte desde junio de 2013 y la mayoría de los votos de los asociados apoyaron el hecho de que este año nos reuniéramos en Bucaramanga. Es un reconocimiento a la labor que la UNAB ha hecho para fortalecer Afacom. Las otras ciudades que se postularon fueron Montería y Bogotá, pero el hecho de que los directores de programa y decanos de al menos 7 de las 57 universidades vinculadas sean egresados de la Facultad de Comunicación de la UNAB, pudo ser también decisivo.

¿Cómo y cuándo nació Afacom y qué es hoy?
Nació en 1979 por iniciativa del sacerdote Joaquín Sánchez que acogió las sugerencias de conformar asociaciones nacionales a partir de lo establecido en el I Encuentro Latinoamericano de Facultades de Comunicación Social realizado en Lima (Perú) ese año. Universidades como la Javeriana, Externado, del Valle y Tadeo Lozano, junto a otras cuatro universidades fundaron la Asociación. Hoy Afacom reúne a 57 programas que geográficamente están distribuidos en seis regionales (Antioquia, Centro, Oriente, Suroccidente, Eje Cafetero y Caribe) y cada año recibimos solicitudes de nuevos programas y universidades que aspiran pertenecer a la Asociación.

Con los vaivenes propios de una organización de estas características, la evolución de Afacom ha pasado por diferentes etapas, algunas difíciles pero que afortunadamente han sido superadas, hasta tener hoy una Asociación posicionada desde lo académico, con capacidad de interactuar con lo público para opinar y aportar en la construcción de políticas relativas al campo disciplinar propio de las facultades que hacen parte de ella. Hoy Afacom es protagonista en diversos procesos como la construcción de las pruebas Saber Pro con el Icfes y es capaz de sentar posiciones públicas consensuadas frente al presente y el futuro del ejercicio profesional de sus graduados.

¿Desde cuándo la UNAB es miembro de Afacom y qué le ha representado?
Desde la fundación de la Facultad de Comunicación en 1982. Su decano-fundador, Carlos H. Gómez, fue su presidente durante varios periodos en la década de los ochenta. Eso le significó a la Facultad el reconocimiento como una de las pioneras en el impulso al ejercicio profesional de periodistas y comunicadores en el país. Su participación en Afacom le valió también en su momento a la Facultad el pertenecer a las directivas de la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social (Felafacs).

La Asociación le da hoy a la Facultad visibilidad, le permite trabajar en redes académicas para fortalecer la investigación en las áreas disciplinares. En temas mucho más concretos le ha permitido en los últimos dos años acceder a ejercicios de formación que benefician a sus docentes y estudiantes que la Facultad no sería capaz de financiar en un 100 por ciento. Hace un mes firmamos un convenio de movilidad entre asociados y en este momento estamos examinando la posibilidad de gestionar becas para financiar la participación de jóvenes y docentes en el Encuentro Latinoamericano de Felafacs a realizarse en Medellín en octubre próximo.



¿Por qué motivos escogieron “Comunicación y postconflicto en Colombia” como tema central?
El tema surgió de la propuesta hecha en un Consejo Directivo que realizamos en Barranquilla el año pasado. Los profesionales de la comunicación, los periodistas y los estudiantes en formación deben asumir con responsabilidad el reto de contar lo que sucede en este país de manera seria y veraz. Los periodistas son la memoria histórica de un mundo tan interconectado como el actual y por tanto deben entenderse como la piedra angular de lo que sucede hoy en el país frente a las negociaciones que pretenden dar fin al conflicto. Independiente de si el proceso es el adecuado o no, de si se llegara a buen desenlace o si el camino es el correcto, nuestros profesionales deben aprender a comunicar este tipo de fenómenos.

¿Cuál será el evento central, quiénes serán los protagonistas y a quiénes está dirigido?
Desde el año pasado en Cartagena, la Asamblea se acompaña de una jornada previa que denominamos Encuentro Académico. Eso nos permite vincular a estudiantes, docentes y egresados a participar de ejercicios formativos y debates coyunturales sobre lo más actual de la disciplina. Este año tendremos como invitados a Xavier Giró Martí, de la Universidad Autónoma de Barcelona, director de un posgrado en “Comunicación de los conflictos y la paz”, doctor en periodismo y máster en periodismo y asuntos públicos; Gerardo Reyes Copello, fundador del equipo investigador de Univisión, ganador de un Pulitzer en 1999, co-creador de la Unidad Investigativa de El Tiempo; Juanita León, directora de La Silla Vacía y Olga Behar, periodista valluna de  trayectoria a nivel nacional e internacional que se ha destacado en varias etapas de su vida por el cubrimiento y análisis del conflicto armado en el suroccidente del país.

¿Por qué plantear un tema coyuntural y espinoso como la comunicación y el postconflicto, y mejor no quedarse en alguna aproximación a Jürgen Habermas?
Precisamente por coyuntural y espinoso. Habermas como referente teórico es revelador, pero una realidad tan compleja como la descrita por el conflicto armado en Colombia, transversal a la historia del país en su último siglo, con las aristas tan diversas y heterogéneas que representa, debe ser entendida y explicada a los públicos que convoca este Encuentro por los periodistas y los comunicadores. A Habermas ya lo leemos lo suficiente en clase. A Giró, Reyes, León y Behar no. Este es un escenario para traerle a la comunidad académica y a la ciudad, los debates de coyuntura que deben ser objeto de la profesión hoy.

Y no se trata de adoptar una posición política frente al tema de las negociaciones. Se trata de hacer una discusión académica de alto nivel, con invitados cualificados, que genere preguntas, debates y aprendizajes para los asistentes. Esto es un ejercicio sustancialmente formativo. Para aprender a hacer comunicación hoy en Colombia hay que entender los fenómenos de la guerra y la paz, entre muchísimos otros. Para hacer buen periodismo hay que depender menos de los contactos, las relaciones públicas y las amistades y más de la honestidad inquebrantable y de la verificación de la información, más del análisis derivado de la comprensión profunda de los fenómenos que se investigan y comunican y menos de los padrinazgos. Este es el verdadero aporte de Afacom a esta discusión que hoy cobra un carácter no solo nacional sino internacional.

¿Para qué cargo fue usted designado? ¿Quiénes lo decidieron y por qué?
Fui nombrado vicepresidente de Afacom el pasado 20 de febrero en el Consejo Directivo que se celebró en Ibagué. Jesús Arroyave, anterior vicepresidente, dejó su cargo como director de programa en la Universidad del Norte de Barranquilla. Los estatutos de la Asociación establecen que cuando ello sucede, el Consejo Directivo nombra uno de sus miembros en su reemplazo. En Ibagué, la UNAB fue elegida de manera unánime por los asistentes al Consejo. En ese sentido, debo asumir el período de este equipo directivo, que finalizará en un año. Las funciones del vicepresidente están definidas en los estatutos y se remiten al reemplazo de las funciones presidenciales cuando así se requiera. Actualmente, la presidencia está ocupada por Rafael González Pardo de la Universidad del Tolima.

¿Qué significa para la UNAB ser el organizador de esta Asamblea Nacional?
Organizar la Asamblea de este año es una oportunidad interesante para mostrar lo que se está haciendo desde la decanatura para elevar los niveles de calidad en la formación que ofrecemos. En el marco del proceso de renovación de la acreditación nacional que ya iniciamos y teniendo en cuenta que tendremos que empezar a trabajar en renovar la acreditación internacional otorgada por el Consejo Latinoamericano de Acreditación de la Educación en Periodismo (Claep), la Asamblea es un escenario importante para medirnos contra nuestros pares. No todos los días tiene uno a 57 decanos y directores de programa mirando con lupa lo que hacemos bien y mal.

Y ya lo decía, hospedar esta Asamblea nos ayuda a cumplir con los requisitos de visibilidad, trabajo en red, movilidad y calidad establecidos en el Plan de Desarrollo 2013-2018.

¿Qué requisitos deben llenar quienes quieran participar en la Asamblea?
La Asamblea del 20 de marzo es un evento administrativo en el que los asociados nos sentamos a hacer una evaluación del 2014 y a planear el 2015. Allí procuramos direccionar los esfuerzos de Afacom al cumplimiento de los objetivos trazados. Es un ejercicio al que solo asisten los miembros asociados. Hasta hace dos años las Asambleas se quedaban en eso. Con la inclusión del Encuentro Académico el 19 de marzo, se le abren las puertas a estudiantes, docentes, directivos, egresados y demás interesados a que asistan a participar de los grandes debates disciplinares que hacen parte de la agenda pública nacional e internacional.

Al Encuentro Académico puede asistir cualquier persona interesada, no solo comunicadores o periodistas. Invitamos a toda la comunidad académica. Estudiantes de la UNAB y de otras universidades, docentes, egresados y todos aquellos que quieran hacerlo, pueden acompañarnos. La entrada al Auditorio Mayor ‘Carlos Gómez Albarracín’ será libre y no se requiere de inscripción previa.

¿Los comunicadores organizacionales también están convocados?
Por supuesto. Como dije, no solo organizacionales o comunicadores. No solo periodistas. Ojalá esta temática convoque abogados, sociólogos, psicólogos, antropólogos, economistas. Todos están convocados. Varias universidades de la región ya han pedido que invitemos a sus estudiantes y así lo hemos hecho de manera formal.

La Unión Europea (UE) en línea con Derecho de la UNAB

(Esta nota la publiqué en Vivir la UNAB el lunes 9 de marzo de 2015)

El mismo Mark Sciriha lo dice: “Queríamos tener una información más profunda de lo que está haciendo la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, y al parecer es un trabajo muy importante, con un enfoque interdisciplinario y haciendo énfasis en lo social”.



Se trata del primer secretario de la Sección Política, Prensa e Información de la Delegación de la Unión Europea (UE) en Colombia, quien se reunió con el decano Jorge Eduardo Lamo Gómez y su equipo, tras lo cual atendió esta entrevista en la que sostiene que: “Muy válidamente esta Facultad está buscando con su papel tener un enlace con la comunidad para que el Derecho no sea solamente una herramienta jurídica ahí en el aire, pero que la aplicamos en la sociedad”.

¿Pero por qué los estudiantes de la UNAB deberían interesarse en la Unión Europea y no seguir únicamente mirando hacia Estados Unidos o simplemente sin mirar más allá de estas fronteras? Sciriha responde que “la UE es un conjunto de vientiocho países y tiene una historia con Colombia porque hay una base cultural y de amistad. Nosotros como UE somos un conjunto socio y amigo de este país y de todos sus ciudadanos. Además, creo que lo que nos une más son los valores. Valores que en algunos países están más desarrollados que en otros, pero siempre lo que buscamos es un diálogo sobre los valores y cómo podemos profundizarlos y cómo llevar a nuestra sociedad y a la sociedad colombiana algo mejor”.

Nacido en la isla de Malta –un archipiélago situado en el centro del Mediterráneo, a medio camino entre Italia y Túnez–, este joven diplomático afirma que aunque son indiscutibles las cifras positivas que registra la economía colombiana en los últimos años, “es innegable que tenemos que seguir trabajando con países como éste y si las condiciones de desarrollo mejoran, que es lo que buscamos porque la Unión Europea quiere un nivel de desarrollo global basado en la justicia y en el libre comercio, seguramente vamos a seguir adelante. Es por eso que tenemos un acuerdo comercial que ahora está en vigor, y al mismo tiempo en el terreno de la cooperación sabemos que Colombia ha mejorado mucho su desarrollo y no se puede considerar del Tercer Mundo o menos desarrollado –dependiendo del término que se prefiera–, pero que sigue teniendo muchos retos”.

“Lo que hace la UE, junto al Gobierno Nacional pero también con los actores en el terreno como es la sociedad civil –recalca Sciriha–, es buscar formas de colaborar, entonces en absoluto descartamos cooperar porque hay muchos asuntos en los cuales Colombia con su nivel de desarrollo que ahora tiene puede ser un socio muy importante. Por ejemplo estoy pensando en medio ambiente y cambio climático, donde la Unión Europea y Colombia trabajan de la mano para lograr un acuerdo vinculante a nivel global”.

Tan es así, que la UE anunció el pasado 11 de febrero el proyecto “Páramos: Agua y Biodiversidad en los Andes del Norte”, con el que promoverá la conservación de siete páramos de Perú, Ecuador y Colombia entre los que se encuentra el de Santurbán (Santander y Norte de Santander). Para ello hará efectivos más de trece mil millones de pesos. “El objetivo es fortalecer la capacidad de gestión de las comunidades e instituciones involucradas en el manejo de estos páramos para el uso sostenible de los servicios ecosistémicos (...) además de compartir buenas prácticas entre los países involucrados”, explicó, consciente de que Colombia tiene el 90 por ciento de estos frágiles ecosistemas en el mundo y más de la mitad de los 46 millones de habitantes depende del agua que regulan los páramos.



Sciriha subraya que no estuvo en Bucaramanga de paseo y que lo que sigue en esta relación Unión Europea-UNAB es que con el conocimiento que se lleva de la Facultad de Derecho y de iniciativas como la Clínica Jurídica de Interés Público y Derechos Humanos, el Instituto de Estudios Políticos y el Centro de Investigaciones Socio-Jurídicas, entre otras, se deben concretar oportunidades de colaboración y profundizar en temas que la UE o la UNAB creen que “son muy importantes sobre todo en este proceso de negociaciones de paz y toda la construcción de un país que va más allá de un conflicto armado interno. Compartiremos ideas y conocimiento de la UE, que en muchos aspectos de construcción de paz está más avanzada que Colombia, y también aprenderemos de lo que por ejemplo están haciendo desde esta Universidad y desde esta región”.

“Vinimos a escuchar y dialogar, y con nuestra perspectiva de puertas abiertas me llevaré el espíritu de la UNAB, que me parece coincide con los valores de la Unión Europea, que son democracia, libertad y humanismo”, concluye Sciriha.


Los 28 países de la UE suman una población de más de 510 millones de habitantes, su moneda es el euro –que al cambio reciente equivale a 2.815.36 pesos–. Su lema oficial es “Unida en la diversidad” y su himno tiene origen en la “Oda a la Alegría”, escrita por el filósofo y poeta alemán Friedrich von Schiller en 1785 y musicalizada por su compatriota Ludwig van Beethoven. El Día de Europa se celebra cada 9 de mayo y el año pasado Bucaramanga –con la UNAB a bordo–, fue escogida por la embajadora María Wilhermina Josepha Antonia van Gool para llevar a cabo una variada agenda cultural.